“PARA MÍ LA VIDA ES CRISTO Y EL MORIR
UNA GANANCIA”
INTRODUCCIÓN

La elección del texto de la Carta a los
Filipenses (1, 19-26) encuentra su razón en un testimonio sacerdotal, y
desde preguntas constantes en la vida propia, como; ¿Qué es la vida? ¿Qué
sentido tiene la vida? ¿Por qué san Pablo decía que la vida para él es Cristo?,
cuestionamientos firmes que forman parte de vida vocacional, interrogantes que
fueron clave para elegir este camino. Así mismo, el testimonio de un sacerdote
que decía con mucha convicción, que para él “la vida es Cristo…”; eso me generó
mucha atracción, de cómo así llegó a tal punto de repetir las mismas palabras
de Pablo. Desde luego, la pregunta seguía presente cuando tenía momentos
existenciales o crisis de carácter vocacional. De igual modo, por la
profundidad y radicalidad del texto con respecto a la vivencia en la fe. En ese
sentido, quiero profundizar en estos versículos y entrar en sintonía con la
vida de fe en Cristo, como lo vivió el Apóstol de los gentiles, san Pablo, a
quien festejaremos el próximo sábado 29 de junio.
PROFUNDIZACIÓN
El texto elegido Flp. 1, 19-26 en griego koiné:
19
οἶδα Γγὰρ ὅτι τοῦτό μοι άπο- βήσεται εἰς σωτηρίαν διὰ τῆς ὑμῶν δεήσεως καὶ ἐπιχορη- γίας τοῦ πνεύματος Ἰησοῦ Χριστοῦ
20
κατὰ τὴν Γἀπο- καραδοκίαν καὶ ἐλπίδα μου, ὅτι ἐν οὐδενὶ αἰσχυνθήσο- μαι ἀλλ' ἐν πάση παρρησίᾳ ὡς πάντοτε καὶ νῦν μεγαλυν- θήσεται Χριστὸς ἐν τῷ σώματί μου, εἴτε διὰ ζωῆς εἶτε διά θανάτου.
21
Ἐμοὶ γὰρ τὸ ζῆν Χριστὸς καὶ τὸ ἀποθανεῖν κέρδος.
22
(εἰ δὲ τὸ ζῆν ἐν σαρκί, τοῦτό μοι καρπὸς ἔργου, καὶ τί Γαἱρήσομαι οὐ γνωρίζω.
23
συν- έχομαι δὲ ἐκ τῶν δύο, τὴν ἐπιθυμίαν ἔχων Θεἰς τὸ ἀνα- λῦσαι καὶ σὺν Χριστῷ εἶναι, πολλῷ [γάρ] μᾶλλον) κρεῖσσον·
24
τὸ δὲ Γἐπιμένειν ο[ἐν] τῇ σαρκὶ ἀναγκαι- ότερον δι' ὑμᾶς.
25
καὶ τοῦτο πεποιθώς οἶδα Γὅτι μενῶ καὶ παραμενῶ πᾶσιν ὑμῖν εἰς τὴν ὑμῶν προκοπὴν καὶ χαρὰν τῆς πίστεως,
26 ἵνα τὸ καύχημα ὑμῶν περισσεύῃ ἐν Χριστῷ Ἰησοῦ ἐν ἐμοὶ διὰ τῆς ἐμῆς παρουσίας πάλιν πρὸς ὑμᾶς
Para el desarrollo del presente trabajo
exegético, utilizaremos la cuarta edición, totalmente revisada, de la Biblia de
Jerusalén de la Conferencia Episcopal Española, aprobada el 18 de febrero de
2009.
19
yo sé que esto servirá para mi salvación, gracias a vuestras oraciones y a
la ayuda prestada por el Espíritu de Jesucristo
20
pues espero firmemente no sentirme en modo alguno fracasado. Por el
contrario, tengo la plena seguridad, ahora como siempre, de que Cristo será
glorificado en mi cuerpo, por mi vida o por mi muerte
21
pues para mí la vida es Cristo, y el morir una ganancia.
22
pero si el vivir en el cuerpo significa para mi trabajo fecundo, no sé qué
escoger…
23
me siento apremiado por ambos extremos. Por un lado, desearía partir y estar
con Cristo, lo cual, ciertamente, es con mucho lo mejor;
24
más, por otro, quedarme en el cuerpo es más necesario para vosotros.
25
con esta convicción, sé que me quedaré y seguiré con vosotros para progreso
y gozo de fe,
26
a fin de que tengáis por mi causa un nuevo motivo de satisfacción en Cristo
Jesús, cuando yo vuelva estar entre vosotros.
UBICACIÓN DEL TEXTO
(1, 19-26) EN EL CONTEXTO DE LA CARTA A LOS FILIPENSES
Este apartado
lo desarrollaremos en cuatro aspectos importantes: la situación epistolar o de la comunidad; quién es el
autor de la carta, su autenticidad y su remitente; cuál es la tesis general y
los temas de la carta; y finalmente, cuál es la estructura de la misma y cómo
podemos ubicar nuestra perícopa en ella.
Autor y fecha
La mayoría de
los exegetas confluyen en que Pablo escribió esta carta hacia el año 56 en Éfeso, sin
embargo, hay quienes mencionan que pudo hacerlo hacia el 61-63 desde Roma, o incluso
antes, por los años 58-60 desde Cesarea. Está
dirigida a la comunidad de los cristianos de Filipos, una colonia romana (como
lo refiere Hch. 17, 12) en donde los veteranos recibieron tierras para
asentarse tras las batallas de las guerras civiles (42. a.C.). Como Tesalónica
(situada más a Occidente), era Filipos un importante centro comercial en la Via
Egnatia. Esta comunidad fue evangelizada por Pablo hacia el año 50 en su
segundo viaje misionero. En la misma línea, Filipos se encuentra en la actual
Grecia, a 180 m.s.n.m. Fue conquistada por el rey macedonio Filipo II de
Macedonia (padre de Alejandro Magno) y en el 360 a.C. fue tomada de los tasios
por ser estratégicamente un paso de control de las minas de oro de la zona, la
ciudad tenía una mina aurífera importante, por lo cual fue motivo de grandes
batallas.
En Filipos no había sinagogas judías,
ni comerciantes judíos por la zona, posiblemente por ser muy conflictiva. En el
aspecto religioso la ciudad era considerada como un lugar de profunda presencia
pagana y supersticiosa. Sin
embargo, Pablo, apóstol destacado para la fecha, tal como hace mención, se
encuentra en prisión, no se sabe con exactitud ni dónde ni cuándo, pero sí que se
encuentra bajo una situación de privación de su libertad. La situación lo lleva
a pensar sobre su “herencia” y la alegría, aún en la adversidad. Invita a los
filipenses a seguir su ejemplo, y mejor, a seguir el ejemplo de Cristo.
Autoría de san pablo
La Carta a los Filipenses en cuanto a
su autoría no se puede dudar de su autenticidad, pues efectivamente Pablo la
escribió, o más precisamente la dictó; y con respecto a la unidad textual,
ciertamente hay muchas discuciones frente a ello, incluso los investigadores
están divididos al cincuenta por ciento, es decir, se encuentran repartidos en
dos grupos, es así como hay quienes defienden que un redactor combinó dos o
tres cartas para formar Flp, pero la defensa de la unidad tiene también
argumentos muy fiables.
JUSTIFICACIÓN DE LA UNIDAD LITERARIA
Pablo se expresa aquí momentáneamente,
como si no estuviera prisionero de los romanos. Su decisión, sus proyectos no
proceden de un análisis empírico de la situación, sino de una necesidad
religiosa, de un imperativo salvífico que siente él que, ante todo es apóstol
del Evangelio. Quizás se le pueda reprochar su falta de sentido práctico, pero
no es posible dejar de admirar el celo que saca de su fe.
La dicotomía, prisión - libertad o
muerte - vida, es analizada por Pablo en (Flp 1, 19-26) como dos posibilidades
idénticas de vivir en Cristo. Por eso, la lectura general del texto escogido es
de una profunda fe y esperanza en el Señor, pues ante cualquier circunstancia,
desde la prisión o volviendo a compartir con los filipenses, desde una muerte
martirizada -que finalmente padeció Pablo- o desde una salvación (libertad) de
las cadenas, Pablo encuentra su plena realización, el sentido de su existencia
en la glorificación de Cristo a través de él, de su vida como de su muerte.
ESTRUCTURA DE LA CARTA
Saludo (1,1-2).
Acción de gracias y súplica (1,3-11).
Situación personal de Pablo (1,12-26).
Lucha por la fe (1,27-30).
Unidad en la humildad. La “kénosis” (2,1-11).
Trabajar en la obra de la salvación (2,12-18).
Misión de Timoteo y Epafrodito (2,19-30).
El verdadero camino de la salvación cristiana (3,1-4,1).
Últimos consejos (4,2-9).
Agradecimiento por la ayuda recibida (4,10-20).
Despedida (4,21-23).
La perícopa tomada (1, 19 – 26) plantea
la línea general de la Carta a los Filipenses, donde Pablo es totalmente consciente
de las exigencias de la llamada y se plantea la disyuntiva de optar por Cristo
definitivamente con la muerte o servir a la comunidad de la cual se siente
responsable.
EXÉGESIS POR VERSÍCULO
Filipenses 1, 19-26 es un pasaje del
Nuevo Testamento que contiene las palabras del apóstol Pablo, donde expresa su
confianza en el propósito divino a través de las dificultades que enfrenta. Vamos
a proceder con una exégesis del pasaje, fruto de la reflexión personal y en
sintonía con las principales interpretaciones sobre esta perícopa paulina. El
versículo, enunciado con el número encarnado se presentará en cursiva, y la
reflexión posterior en redonda.
19 yo sé que esto servirá para mi
salvación, gracias a vuestras oraciones y a la ayuda prestada por el
Espíritu de Jesucristo
Pablo, citando a el libro de Job 13, 16
comienza expresando su confianza en que su situación (probablemente su
encarcelamiento) cambiará debido a las oraciones de los filipenses y la
provisión del Espíritu Santo. Esto muestra su firme creencia en el poder de la
oración y la intervención divina. Aunque privado de su libertad, no se reconoce
solo, todo lo contrario, la presencia de Dios y los suyos a quienes escribe le
hacen de compañía.
20 pues espero firmemente no sentirme
en modo alguno fracasado. Por el contrario, tengo la plena seguridad, ahora
como siempre, de que Cristo será glorificado en mi cuerpo, por mi vida o por mi
muerte
Aquí Pablo revela su motivación
principal: “que Cristo sea glorificado”, ya sea que continúe viviendo o que
muera. Su enfoque principal no está en su propia situación, sino en cómo su
vida puede reflejar la gloria de Cristo, independientemente del resultado. La
cárcel plantea a Pablo una hipotética derrota de su ministerio, pensamiento que
no prospera pues está seguro de que su opción por el evangelio, dando
testimonio con su muerte o continuando con la predicación a las comunidades,
tendrá el éxito de los trabajan para Dios.
21 pues para mí la vida es Cristo, y
el morir una ganancia.
Este verso es uno de los más famosos de
san Pablo en la Carta a los Filipenses. En él el autor expresa su convicción de
que vivir significa servir a Cristo y que morir significaría estar con Él en su
plenitud, lo cual considera una ganancia superior. Como lo refiere más adelante
en el capítulo 3, versículo 8, todo lo considera basura con tal de poseer
Cristo, y con esto se refiere el Apóstol a un vínculo vital íntimo. El
pensamiento fariseo del autor le asegura la vida después de la muerte y esto
sin duda compagina con la propuesta central de la predicación de Jesús de Nazaret.
Frases como esta compendian del Corpus Paulino toda la existencia de su autor;
ciertamente ha sido el texto elegido para el epitafio de san pablo en Roma. Ahora
bien, nosotros nos preguntamos: ¿por qué la muerte es ganancia para Pablo?, y
nos respondemos sabiendo que desde la perspectiva cristiana, el trance de la
muerte no es simplemente el fin de la vida terrena, sino que es propiamente la
entrada en el gozo de Dios, la posesión total de Jesucristo, ya no por la fe
sino en visión cara a cara.
22 pero si el vivir en el cuerpo
significa para mi trabajo fecundo, no sé qué escoger…
Aquí Pablo reflexiona sobre la dualidad
de su deseo: por un lado, le gustaría morir y estar con Cristo, pero, por otro
lado, ve que su vida en la tierra aún puede ser útil para el ministerio y la
obra de Dios. La intuición profética de Pablo nunca descartó la posibilidad del
martirio, sin embargo, todo apunta a una preferencia por la vida debido al
provecho espiritual de los filipenses y de otras comunidades fundadas por él y
en estrecha relación epistolar.
23 me siento apremiado por ambos
extremos. Por un lado, desearía partir y estar con Cristo, lo cual,
ciertamente, es con mucho lo mejor;
Pablo revela su inclinación personal
hacia la muerte, porque sabe que esto significaría estar con Cristo, lo cual
considera extremadamente superior a cualquier cosa que esta vida pueda ofrecer.
Vida y muerte son dos modos de estar con Cristo. Lo característico de este
versículo sería la profunda convicción de Pablo de sentirse, a través de la
muerte, encaminado de inmediato a la gloria del Señor sin esperar la resurrección
universal final, de la cual desarrolla él mismo su teología.
24 más, por otro, quedarme en el
cuerpo es más necesario para vosotros.
A pesar de su preferencia personal por
estar con Cristo, reconoce que es más necesario para la iglesia en Filipos que
él permanezca en la tierra para continuar ministrando y fortaleciendo a los
creyentes. Pablo, fundador de comunidades, fomentó un vínculo paternalista o
pastoral que lo llevó a desarrollar una comunicación eficaz a través de sus
cartas, en las que, tratando diversos temas teológicos, no dejó de manifestar
su amor por aquellos a quienes había engendrado en el Evangelio.
25 con esta convicción, sé que me
quedaré y seguiré con vosotros para progreso y gozo de fe,
Pablo concluye diciendo que está seguro
de que permanecerá con ellos para contribuir a su crecimiento espiritual y su
alegría en la fe cristiana. El deseo del Apóstol de regresar personalmente a Filipos
es evidente en este versículo pues, escribiendo desde Éfeso, (o Roma o Cesárea),
deja abierta la intención de seguir construyendo la fe de los filipenses con su
presencia; lejos de sentirse el protagonista, Pablo actúa siempre en referencia
a Cristo, su norte, su vida, el motor de su existir.
26 a fin de que tengáis por mi causa un nuevo
motivo de satisfacción en Cristo Jesús, cuando yo vuelva estar entre vosotros
Finalmente, Pablo expresa su deseo de
que la presencia y el ministerio continuado entre ellos resulten en una mayor
gloria para Cristo, mostrando cómo su vida y servicio pueden ser un testimonio
poderoso para la iglesia en Filipos. El orgullo que Pablo quería, para los
filipenses, concebido por su presencia entre ellos, se tradujo después en que
fue la vida testimonial de esta comunidad la fuente del orgullo de Pablo.
En resumen, Filipenses 1, 19-26 muestra
la profunda fe y la perspectiva centrada en Cristo de Pablo, así como su
disposición a enfrentar la vida o la muerte con confianza, sabiendo que ambas
situaciones están bajo el cuidado y el propósito divino, sintiendo su
protección y la cercanía de la oración de los suyos.
SÍNTESIS TEOLÓGICA
¿Qué es la vida y la muerte para el
Apóstol?
Pablo
ve toda su vida como una vida consagrada al servicio de Cristo. La muerte es una aparente
pérdida. Pero Pablo la ve como una
ganancia, porque significa tener para siempre a Cristo, como lo plasmó en su Carta a los Gálatas
2, 20: Ya no vivo yo, es Cristo quien vive en
mí. Pablo manifestó la intención de
permanecer con vida hasta la parusía. En Flp reconoce que, vivo o muerto, igual
gozará de Cristo. La inmediatez que expresa el Apóstol es característica y
determinante en la interpretación de su fe. Para su bien propio Pablo prefiere
la muerte, pero en bien de las necesidades apostólicas prefiere estar con vida.
Pablo cree que Dios quiere esto último, que siga viviendo.
¿En qué sentido es la muerte una
ganancia?
No sentido filosófico, que creía
liberarse de la corporeidad, sino en la intensificación de la unión con
Cristo, unión que Pablo ya vive
desde su bautismo. Jesucristo
confiere sentido a la existencia del Apóstol, pues para el la vida es Cristo, es decir,
el sentido de la existencia.
Dejar la vida para Pablo no es una opción voluntaria, sino que es disposición
del Señor. Para Pablo vivir significa ir multiplicando los frutos del Evangelio. Mientras que morir es
solo una ganancia personal.
Ambas cuestiones se encuentran en la carrera cristocéntrica del Apóstol. La
muerte para Pablo es la introducción en el perfecto conocimiento de Cristo, y en la unión completa con
él.
La muerte no es la simple liberación de
los males. La vida en sí misma no es atrayente para él, sino el bien que puede
obrar en beneficio del prójimo, Pablo afirma que la vida
es un bien no solo del tiempo presente, sino también venidero, como lo refiere en Rm 6,
1-11. La verdadera vida
no se sujeta a los límites del mundo presente, apuntó en Rm 7, 1-13.
APLICACIÓN PASTORAL
En su
epistolario Pablo demostró cuán convencido estaba de su llamada, por eso desde
su encuentro personal con Cristo, cambió radicalmente, hasta de nombre, dejando
de ser Saulo de Tarso, para llamarse Pablo, el Apóstol de los gentiles, a
quienes engendró en el Evangelio y comunicó su pasión por el Señor.
La
vocación del Apóstol es, sin lugar a duda, un ejemplo para los que se sienten
actualmente llamados por Dios a desarrollar una tarea específica en la Iglesia
desde el ministerio sacerdotal ordenado. Pablo procura llevar a cabo su
vocación y mantiene firme su esperanza en no sentirse fracasado (Flp 1, 20). La
posibilidad del fracaso en la vocación puede ser una barrera para que ella
misma tenga la posibilidad de abrirse camino en la vida de los llamados.
La configuración total con la
persona de Cristo a la que están invitados los que se preparan al sacerdocio,
fue aquella que experimentó san Pablo en su vida, y fue tal el nivel de
identificación con el Señor, que estuvo seguro de que en su vida o en su
muerte, Cristo mismo sería glorificado (Flp 1, 20), he aquí un eje primordial
que no se puede perder de vista: no es Pablo el que se gloría en Cristo, sino
Cristo mismo a través del cuerpo (vida-testimonio) de Pablo, ya sea en vida o
en muerte.
El fin último de nuestra vocación
cristiana es la santidad, es decir, la salvación, en lo que se gloría Dios que
nos ha creado para que tengamos vida, y la tengamos en abundancia (Jn 10, 10).
Cristo mismo dijo de sí que él era el camino, la verdad y la vida (Jn 14, 6). San
Pablo reflexiona a cerca de esta aseveración evangélica y joánica, por eso
concluye que, efectivamente, para él la vida es Cristo (Flp 1, 21).
En el versículo 22, Pablo menciona un
vivir, el del cuerpo, dando a entender que existe otro vivir, el del espíritu. La
vida que Cristo ofrece es plena, en cuerpo y espíritu. Ciertamente hemos sido
creados para ser plenos en Dios, y para eso es necesario traspasar la
temporalidad y mortalidad de nuestros cuerpos, para gozar de la visión
beatífica que solo en el cielo se puede obtener, de ahí que, para Pablo, la
muerte sea una verdadera ganancia (Flp 1, 21).
Ahora, bien, ¿creemos en la actualidad
en un mensaje tan esperanzador? La realidad de nuestras vidas nos indica que
estamos muy lejos de esta teología paulina, pues es común pensar en la muerte
solo como aquel trance de sufrimiento y fatalidad para los seres queridos, e
incluso para aquellos que la han experimentado, es decir, de ninguna manera
vemos el lado positivo de la muerte corporal, ¿será que se nos olvida el
mensaje de la resurrección?
El credo nos lo recuerda
constantemente, cuando en las eucaristías dominicales, previo a la petición de
los fieles, renovamos nuestra fe en la profesión del Credo, cuando conscientes
o inconscientes repetimos “creo en la resurrección de la carne y en la vida
eterna...”.
Pablo en su discurso en el Areópago
(Hch 17, 28) profetizó lo que más adelante en su vida habría de testimoniar,
que la existencia plena, el moverse, el vivir está solo en Dios, “en él
vivimos, nos movemos y existimos”, así, pues, la existencia del cristiano es
una constante invitación a descubrir a Cristo en sus hermanos, sobre todo,
desde el servicio desinteresado en la medida en que hayamos recibido de Dios
los dones que él nos quiso dar para servirle gratuitamente.
La vida es, en definitiva, el espacio
temporal que Dios nos otorga para demostrarle nuestro amor en una entrega desinteresada
y constante por los demás, desde cada misión o vocación especial que tengamos
en el corazón. Esta corresponsabilidad en la obra salvífica de Cristo, la
compartimos con el pensamiento de san Pablo, cuando supo concluir que “quedarme
en el cuerpo es más necesario para vosotros” (Flp 1, 24), pues consciente de su
misión evangelizadora, prefería permanecer, o al menos manifestar a los
filipenses su intención de volverlos a ver, para da continuidad a la obra que
Dios le había permitido iniciar en esta comunidad cristiana, como en tantas
otras a las que también dedicó sus epístolas. Ciertamente, una vida y una
vocación bien vivida es, para Dios y para el pueblo fiel, un motivo de
satisfacción (Flp 1, 26).
En conclusión, hemos de encaminarnos
también nosotros a desear, como Pablo, que el Señor que nos llamó sea
glorificado cada día en nuestra entrega y servicio, en el ejercicio de nuestra
vocación, solo así podríamos pronunciar con san Pablo que nuestra vida es
Cristo y el estar con él, en vida o en muerte, es la mejor de las ganancias.
BIBLIOGRAFÍA
Biblia de Jerusalén (2009), Conferencia Episcopal
Española, Barcelona, España.
Federico, P. (2009), Corpus Paulino
II, Desclée de Brouwer, Heano, España.
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Vanni, U. (2002) Las Cartas de Pablo,
Claretiana, Buenos Aires, Argentina.
Autores: CHOQUE ARIAS, Juan Sixto y
GARCÍA BARILLAS, Pedro Andrés