CHARLA PARA JÓVENES SOBRE SEXUALIDAD
Esta charla tiene como objetivo
principal ayudar a los jóvenes de 4.º y 5.º de secundaria a comprender la
sexualidad desde la moral católica, de manera sencilla, positiva y cercana,
descubriendo que la sexualidad no es algo malo, sino un don de Dios orientado
al amor verdadero, al respeto y a la dignidad de la persona.
Introducción
Queridos jóvenes, iniciemos nuestra
charla formativa con una dinámica inicial. Por eso le pregunto: ¿Ǫué es lo
primero que se les viene a la mente cuando escuchan la palabra “sexualidad”?
¿Creen que la Iglesia está en contra de la sexualidad? Compartamos de manera
espontánea lo que creemos al respecto.
Luego de escuchar algunas respuestas
de ustedes, procedo a aclarar unos puntos importantes. Lo primero que nos debe
quedar claro es que la Iglesia -a la que todos pertenecemos- no está en contra
de la sexualidad. La Iglesia enseña que la sexualidad es algo hermoso, creado
por Dios, y que debe vivirse con amor, respeto y responsabilidad. Los animo a
seguir con atención estas ideas que voy a desarrollar a continuación.
¿Ǫué es la sexualidad?
Empecemos por definir la palabra
“sexualidad”. La sexualidad no es solamente “tener relaciones” o “el cuerpo”.
La sexualidad incluye el cuerpo, los sentimientos, la manera de amar, la
identidad como hombre o mujer, la forma de relacionarnos con los demás. La
sexualidad forma parte de toda la persona. Somos seres sexuados.
Como idea clave les invito a pensar
un momento en el plan de Dios, remontémonos al primer libro de la Biblia para
comprender cómo Dios nos creó hombre y mujer para amar y ser amados. Vayamos a
texto bíblico, busquemos en nuestras Biblias la siguiente cita bíblica Gn 1,27
“Dios creó al ser humano a su imagen; hombre y mujer los creó”.
Detengámonos un momento para pensar
qué significa esto de que somos imagen de Dios y qué implicancias tiene esto
para la vivencia de nuestra sexualidad. Si somos imagen de Dios, nuestra
sexualidad debe vivirse de acuerdo al plan de Dios.
La dignidad del cuerpo
Ahora veamos el tema de la dignidad
del cuerpo humano. Y lo primero en precisar es que el cuerpo no es un objeto.
La sociedad muchas veces enseña a usar a las personas olvidando su dignidad,
enseña también que hay que mostrar el cuerpo para llamar la atención, invita
casi siempre a vivir relaciones superficiales. Pero la Iglesia enseña que tu
cuerpo vale mucho porque tú vales mucho.
El cuerpo merece respeto, no debe ser
usado, expresa quién eres. Ni nuestro cuerpo, ni el de los demás, debería ser
usado como instrumento de mero placer, sin sentido, sin sobrenaturalidad.
Pensemos, por ejemplo, cuando alguien ama de verdad no presiona, no obliga, no
utiliza, respeta tiempos y decisiones.
Diferencia entre amor y enamoramiento
Avancemos un poco y entendamos los
conceptos de “amor” y “enamoramiento”, puntos clave para la vivencia de nuestra
sexualidad. Por un lado, enamoramiento hace referencia a una emoción fuerte,
atracción, ilusión y esto puede cambiar rápidamente. Por otro lado, el amor
verdadero busca el bien del otro, sabe esperar, respeta, es responsable,
permanece incluso en dificultades. Dicho esto, podemos preguntarnos para
respondernos personalmente ¿me he enamorado alguna vez? ¿he sabido amar a mis
familiares y amigos?
Ǫuedémonos con esta frase sencilla:
Amar no es usar a alguien para sentirse bien; amar es buscar el bien de la otra
persona.
La afectividad
Para vivir bien la sexualidad, desde
nuestra perspectiva de fe, es preciso analizar el tema de la afectividad, que
es la capacidad de expresar sentimientos, como el cariño, la amistad, la
ternura, la empatía y el respeto. Pensemos ahora, de este grupo: ¿quién es el
más cariñoso? ¿Ǫuién es el más respetuoso con los demás?
Los sentimientos son buenos, pero
necesitan guía. Por eso, no todo lo que siento debo hacerlo automáticamente.
Por ejemplo, sentir cólera no significa golpear; sentir atracción no significa
actuar impulsivamente. Es bueno actuar con prudencia y madurez, y en este
sentido, la madurez consiste en aprender a pensar, decidir, dominarse y actuar
correctamente. Podemos pensar en lo siguiente, para respondernos personalmente
¿alguna vez me he dejado llevar por los sentimientos? ¿Cómo me he sentido
después?
Una tarea bonita sería investigar
entre todos cuáles han sido los sentimientos de Cristo que se nos narran en los
evangelios, para comprender como Jesús, Dios y hombre verdadero, supo vivir los
afectos humanos, sin herir a nadie, haciéndolo todo bien.
La castidad: entenderla bien
Este punto, el de la castidad, es muy
incomprendido, pero ustedes hoy tienen la oportunidad de comprenderlo, para
vivirlo. Empecemos diciendo que muchos creen que “castidad” significa
simplemente represión, prohibiciones, o “no hacer nada”. Pero no es eso.
Preguntémonos, a ver si alguno puede decir algo sobre esto.
¿Ǫué es la castidad?
Y luego de escucharlos, es bueno
saber que la castidad, explicado de la manera más sencilla, es aprender a amar
de manera correcta y limpia. La castidad enseña autocontrol, respeto, paciencia
y libertad interior. Apuntemos esta idea sencilla en nuestros cuadernos, y
hagamos de ella un lema de vida: “La castidad no es “no amar”; es aprender a
amar bien.”
El valor de esperar
Antes hemos dicho que la afectividad
y sexualidad deben vivirse bien. Pues bien, la Iglesia enseña que la unión
sexual tiene un lugar especial, que es el matrimonio. ¿Por qué? Porque la
sexualidad une profundamente, implica responsabilidad, puede dar origen a una
nueva vida. Las relaciones sexuales no son cosa de juego, es algo muy serio,
porque Dios ha pensado que a través de ellas los seres humanos demos
continuidad a su creación, al traer nuevos hijos al mundo.
Por eso la Iglesia propone esperar.
No porque el sexo sea malo, sino porque es muy valioso. Y ustedes, jóvenes de
secundaria, no están ahora mismo en la capacidad de desarrollar su vida sexual
desde las relaciones sexuales, pues su obligación ahora es estudiar y preparase
bien para poder ser más adelante buenos padres y madres para los hijos que
quieran tener dentro del matrimonio.
En las relaciones sexuales se entrega
lo más valioso que tenemos, nuestro cuerpo, que es sagrado, porque Dios lo ha
hecho a su imagen y le ha dado ser “templo del Espíritu Santo”. Algo muy
valioso no se entrega de cualquier manera.
Peligros actuales que afectan la
sexualidad
Estimados jóvenes, ahora quiero
hablarles con claridad y sencillez sobre los peligros actuales que afectan
nuestra vida sexual. Trataré el tema de la manera más directa, explicando
conceptos básicos que ustedes mismos ya deberían comprender
Pornografía. Por pornografía
entendemos la representación explícita de actos sexuales que busca producir
excitación; material escrito, fotográfico, audiovisual, etc. La pornografía
convierte a las personas en objetos, daña la mente y el corazón, crea falsas
ideas del amor y puede generar dependencia, además de que es altamente
adictiva.
La pornografía ocurre cuando actos
sexuales, reales o actuados, son mostrados públicamente —por videos, imágenes o
internet— para que otras personas los vean con intención de provocar placer
sexual. La Iglesia enseña que esto afecta la dignidad humana y el verdadero
sentido de la sexualidad, porque convierte a las personas en objetos de consumo
o diversión, en lugar de reconocerlas como personas valiosas y dignas de amor y
respeto.
Además, la pornografía puede crear
una visión falsa del amor, de las relaciones y del cuerpo humano. Muchas veces
lleva a las personas a vivir la sexualidad de manera superficial, egoísta o
alejada del verdadero afecto y compromiso. Por eso, la Iglesia considera que la
pornografía hace daño tanto a quienes la producen como a quienes la consumen,
especialmente porque puede generar dependencia, afectar la manera de
relacionarse con los demás y distorsionar la idea del amor auténtico. La
invitación cristiana es a cuidar la mirada, el corazón y la mente, aprendiendo
a vivir la sexualidad con respeto, pureza, responsabilidad y verdadero amor.
Presión social. Muchos jóvenes hacen
cosas por presión, por miedo a quedar mal, para sentirse aceptados o para
experimentar deliberadamente sin ningún tipo de responsabilidad. Hay algo
claro, no necesitas hacer lo que todos hacen para valer más.
Relaciones tóxicas. No es amor cuando
controlan tu vida, revisan todo tu celular, manipulan, amenazan o presionan
sexualmente. La libertad y la transparencia es clave para comprender las
relaciones sanas.
Masturbación. Es la estimulación de
los órganos genitales o las zonas erógenas con la mano o por otro medio para
proporcionar goce sexual. La Iglesia enseña que la sexualidad es un regalo de
Dios y que está pensada para vivirse de manera plena en el amor verdadero entre
esposos. Por eso, la masturbación se entiende como buscar placer sexual a
solas, usando voluntariamente el propio cuerpo fuera de la relación de amor y
entrega que existe en el matrimonio.
Según la enseñanza católica, esto no
corresponde al sentido completo de la sexualidad, porque separa el placer de la
entrega mutua, el amor y la apertura a la vida. Por eso la Iglesia considera
que no es el camino que Dios quiere para vivir la sexualidad humana. Sin
embargo, la Iglesia también pide comprender a cada persona con respeto y
misericordia. Antes de juzgar, hay que tener en cuenta que muchos jóvenes
pueden pasar por dificultades emocionales, inseguridades, hábitos, angustias,
presión social o falta de madurez afectiva. Todas estas situaciones pueden
disminuir la responsabilidad personal.
Por eso, más que condenar, la Iglesia
invita a los jóvenes a crecer en el dominio de sí mismos, en la pureza del
corazón, en la oración y en el aprendizaje de un amor auténtico y responsable.
La libertad verdadera
Dios nos ha creado libres para ser
felices. Ser libre no es “hacer lo que quiero”. Ser libre es “hacer el bien,
aunque cueste”. La verdadera libertad incluye responsabilidad, conciencia,
respeto y dominio propio. La libertad es la capacidad que tiene cada persona
para decidir y elegir por sí misma lo que quiere hacer. Somos libres cuando
podemos actuar con conciencia, escogiendo entre el bien y el mal, haciendo o
dejando de hacer algo.
Dios nos creó libres porque quiere
que aprendamos a amar y a actuar responsablemente, no por obligación. Por eso,
la verdadera libertad no significa “hacer lo que me da la gana”, sino elegir
aquello que nos hace mejores personas y que hace bien a los demás. La libertad
ayuda al ser humano a crecer, madurar y vivir en la verdad y en el bien. Cuando
una persona usa bien su libertad, se acerca más a Dios y encuentra una
felicidad más profunda y verdadera. Por eso, la libertad alcanza su sentido más
grande cuando orienta nuestra vida hacia Dios, que es quien quiere nuestro
verdadero bien y nuestra felicidad.
Dios siempre acompaña
Ǫueridos jóvenes, todos somos
imperfectos. Puede haber errores, heridas, caídas y malas decisiones. Pero Dios
no deja de amar, perdona, sana y ayuda a comenzar de nuevo. Tu pasado no define
tu valor. Dios siempre puede levantar tu vida. Dios es amor. Él no vive en
soledad, sino en una perfecta comunión de amor. Por eso, cuando creó al hombre
y a la mujer, los hizo a su imagen y semejanza, es decir, con la capacidad de
amar, de relacionarse y de vivir en comunión con los demás.
Cada persona ha sido creada para amar
y ser amada. Por eso, en el corazón humano existe el deseo de amistad, familia,
entrega y compañía. Amar no es solo sentir algo por alguien, sino aprender a
darse, respetar, ayudar y buscar el bien del otro. Además, Dios nos da la
responsabilidad de vivir ese amor de manera auténtica y sana. La verdadera
felicidad no está en el egoísmo o en usar a los demás, sino en construir
relaciones basadas en el respeto, la confianza y el amor verdadero.
Conclusión
Repasemos, para finalizar esta
charla, las ideas principales de todo lo que hemos dicho. En primer lugar, que
la sexualidad es un regalo de Dios, no algo malo o dañino cuando se vive según
el plan divino. En segundo lugar, es bueno recordar que el cuerpo tiene
dignidad, porque somos hechura de Dios y él lo hizo todo bien. Como tercer
punto importante, amar no es usar, sino respetar, valorar y tratar bien a los
demás. En cuarto lugar, no olvidemos que la castidad es aprender a amar bien,
respetándonos a nosotros mismos y a los demás. En el quinto punto vimos cómo la
verdadera libertad incluye responsabilidad y es el camino para hacer siempre el
bien. Y, finalmente, en sexto lugar, recordemos siempre que Dios quiere nuestra
felicidad auténtica, porque nos ama y nos ha creado libres para ser felices
amando.
Les dejo esta famosa frase de San
Agustín de Hipona: “Ama y haz lo que quieras”. Con esta frase, San Agustín no
quiere decir que una persona pueda hacer cualquier cosa sin límites. Lo que
enseña es que, cuando alguien ama de verdad — a Dios y a los demás—, sus
acciones buscarán el bien y no el daño.
Preguntas para diálogo final
Como lluvia de ideas en la que pueden
participar libremente, les propongo responder en voz alta estas preguntas.
¿Ǫué significa amar de verdad? ¿Ǫué
cosas dañan hoy la visión del amor? ¿Por qué creen que cuesta vivir la
castidad? ¿Cómo podemos respetarnos más entre hombres y mujeres?
Frases cortas para proyectar o
repetir
Les repartiré impresas alguna de
estas frases para que la interioricen y las plasmen en sus cuadernos. También
puede hacer un grafiti en alguna pared de la institución, con la autorización
de los directivos.
• “Tu cuerpo
tiene dignidad.”
• “El amor
verdadero sabe esperar.”
• “No eres un
objeto.”
• “La castidad
es aprender a amar.”
• “La libertad
necesita responsabilidad.”
• “Dios no te
quita felicidad; te enseña a amar mejor.”
Oración final
Ǫueridos jóvenes, hagamos juntos esta
oración:
SEÑOR JESÚS, GRACIAS POR LA VIDA Y
POR NUESTRO CUERPO. AYÚDANOS A VALORAR NUESTRA DIGNIDAD, A RESPETARNOS UNOS A
OTROS, Y A APRENDER A AMAR DE VERDAD.
DANOS UN CORAZÓN LIMPIO, LIBRE Y
SINCERO, PARA VIVIR NUESTRA JUVENTUD CON ALEGRÍA Y RESPONSABILIDAD. AMÉN.


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