jueves, 2 de abril de 2026

Mensaje de Jueves Santo

OREMOS POR LOS SACERDOTES

A orillas del lago, Jesús llamó a sus discípulos. Nos dice el evangelio que los llamó para que estuvieran con él, para enviarlos a predicar, pero en el contexto del lago los llamó para que fueran pescadores de hombres.

Es lo que quiero recordar en este Jueves Santo, día en el que la Iglesia conmemora la institución de la Eucaristía y ese llamado tan especial de Jesús a sus apóstoles, a ser sus seguidores, a ser pescadores de hombres.

A orillas del lago Jesús predicó. A orillas del lago Jesús llamó a sus amigos para que estuvieran con él. Y esa es entonces la vocación que recibimos todos los cristianos desde el bautismo, pero de una manera muy especial aquellos que nos sentimos llamados por Dios al sacerdocio ministerial, uno de los siete sacramentos instituidos por Cristo.

Un sacramento muy especial, el que otorga el poder de hacer presente a Dios en la Eucaristía, administrando los sacramentos, acercando la palabra de Dios.

Qué importante es que, en este día, Jueves Santo, conmemoración de la Última Cena del Señor, institución de la Eucaristía, recordemos a aquellos sacerdotes que han formado parte de nuestra vida.

El sacerdote que nos bautizó, que nos introdujo a esta gran familia de la Iglesia; el sacerdote que nos dio la primera comunión, el Cuerpo de Cristo, la Sangre de Cristo, alimento para la vida eterna; el sacerdote que perdonó nuestros pecados desde la infancia y a lo largo de toda nuestra vida, que nos acerca a la misericordia de Dios; el sacerdote o el obispo que nos confirmó en la fe, derramando sobre nosotros el gran don del Espíritu Santo; el sacerdote que nos acerca a Dios todos los días, que nos predica la palabra.

Oremos en este Jueves Santo por todos los sacerdotes, por nuestros amigos sacerdotes, por la fidelidad de todos ellos y también oremos por tantos jóvenes que sienten este llamado, por nosotros que nos estamos preparando en este camino para decirle sí al Señor.

Un sí con alegría, con generosidad, porque queremos darlo todo a Él en el servicio de su Iglesia santa, del pueblo santo de Dios.

Que en este día jueves, cuando iniciamos el Santo Triduo Pascual, aprovechemos para recordar ese gran regalo del sacerdocio, de la Eucaristía, del llamado de Dios a aquellos hombres elegidos para que estuvieran con Él, para enviarlos a predicar, para ser pescadores de hombres.

miércoles, 1 de abril de 2026

Charla sobre el Padrenuestro a los niños de Cabana

PADRE NUESTRO

Gracias, profesores; gracias, padres de familia. Nos alegra porque parte de nuestra misión es encontrarnos con todos, con ustedes de manera especial, con los alumnos. Ahora venimos del colegio, donde también estuvimos reunidos en la formación, hablando y recordando todo lo de la Semana Santa, cosas muy importantes que ya las sabemos, pero que es necesario recordarlas, volverlas a decir para poder vivirlas y estar atentos.

Ya hemos hablado suficiente de la Semana Santa. Ahora yo quisiera que meditáramos rapidito esa oración que hicimos al principio, con la que iniciamos este día. ¿Cómo se llama la oración? El Padre Nuestro, ¿verdad? ¿Quién inventó esa oración? Jesús. No la inventó ningún profesor, ningún alumno, ni nadie, sino Jesús, el Hijo de Dios. Eso significa que, si es la oración que hizo Jesús, es la mejor oración, la más perfecta, la más completa.

¿Con qué palabra comienza? “Padre nuestro”. Muy bien. ¿Dónde está ese Padre? En el cielo. Dice Jesús: “Padre nuestro que estás en el cielo”. Si Dios es nuestro Padre, ¿qué somos nosotros? Sus hijos. Y si somos hijos de Dios, ¿qué somos entre todos nosotros? Hermanos. Muy bien. Esa es la gran verdad: somos hijos de un único Padre que está en el cielo y, por tanto, todos somos hermanos.

“Padre nuestro que estás en el cielo”. ¿Qué viene después? “Santificado sea tu nombre”. Eso significa algo muy hermoso: que Dios es santo y quiere que también nosotros lo seamos. Dios es santo, Dios es bueno, Dios nos ama y quiere que también nosotros seamos santos, seamos buenos, que nos amemos, nos respetemos y nos cuidemos. Eso es el amor, eso es la santidad.

Después, ¿qué viene? “Venga a nosotros tu reino”. El reino de Dios significa que, además de ser Padre, también es Rey. ¿Y cómo es un rey? Tiene poder, gobierna, es justo, es majestuoso. Pues bien, Dios es el Rey de nuestra vida. Por eso le pedimos: “Venga a nosotros tu reino”. Y recordando la Semana Santa, a Jesús lo crucificaron y en la cruz pusieron un letrero que decía: “Jesús Nazareno, Rey de los judíos”. Jesús es Rey de los judíos y de todos nosotros.

¿Cuál es la siguiente frase? “Hágase tu voluntad así en la tierra como en el cielo”. ¿Cuál es la voluntad de Dios? Que todos seamos felices, que vivamos alegres, que vivamos contentos, que a nadie le falte nada, que todos tengamos lo suficiente para crecer y desarrollarnos como personas. Y si tenemos un poquito más, compartir con aquel que no tiene. Esa es la voluntad de Dios. Y, por supuesto, que después de este mundo vayamos con Él en el cielo: esa es la salvación.

¿Qué otra frase tenemos? “Danos hoy nuestro pan de cada día”. El pan, la comida, el alimento que necesitamos. Pero también hay otro pan, otro alimento: la Palabra de Dios. También podemos decir que en estas aulas se recibe el alimento de la ciencia, de la sabiduría, de los aprendizajes que son necesarios para crecer. La Biblia dice: “No solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que procede de la boca de Dios”. Por un lado, los alimentos; por otro, la Palabra de Dios, la ciencia y la sabiduría.

¿Qué otra frase tenemos? “Perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden”. Eso está muy claro: hay que perdonar. Cuando algún compañero me molesta, lo perdono y no le devuelvo el mal. Cuando me sucede algo que no me gusta, trato de tomarlo con calma y perdonar. Para que Dios me perdone, yo también perdono.

Luego decimos: “No nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal”. Es decir, líbranos de todo aquello que no nos hace bien.

De modo que, queridos alumnos, cada vez que recemos el Padre Nuestro, hay que rezarlo con fuerza, que se escuche. Y lo que decimos, lo recordamos en la mente, lo meditamos, porque es la oración más perfecta, la oración que Jesucristo nos enseñó.

Muy bien. Un aplauso para Dios.

lunes, 30 de marzo de 2026

Charla de Semana Santa a los niños de Cabana

EN CABANA SEMANA SANTA ES JESÚS

Semana Santa es Jesús. Semana Santa es un tiempo que, como la palabra lo dice, dura desde el Domingo de Ramos hasta el Domingo de Resurrección, en donde se ve, se piensa, se reflexiona y se recuerda la vida de Jesús.

Ahora, ¿quién será Jesús? ¿Quién es Jesús? ¿Alguien sabe decir algo acerca de Jesús?

Jesús, cuando estaba muriendo crucificado, había dicho: “Padre, no les hagas nada, porque no saben lo que están haciendo”. Muy bien, gracias. ¿Cuál es su nombre? Dylan. Gracias, Dylan. Tome asiento. Muy bien, qué bonito.

Ahora, Dylan ha dicho muchas cosas ciertas e interesantes. En primer lugar, que Jesús murió crucificado. Hemos visto en alguna oportunidad una imagen de Jesús crucificado, ¿no?

Otro estudiante comenta que Jesús fue crucificado en una cruz junto a otros dos, y que dijo: “Hoy estarás conmigo en mi reino”. ¿Cómo es su nombre? Luis. Muy bien.

Dylan y Luis nos están recordando detalles importantes: Jesús murió en la cruz, extendió los brazos, y dijo palabras como: “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen”.

¿Qué más recordamos de ese momento?

Otra estudiante menciona que cuando Jesús murió, el cielo se oscureció, hubo tinieblas, la tierra tembló y las rocas se partieron. ¿Cómo es su nombre? Quillari. Muy bien, excelente.

Qué importante debió ser ese momento para que ocurrieran esos fenómenos: la tierra tembló, las rocas se partieron y el día se volvió oscuro.

Ahora pensemos: ¿por qué tuvo que morir Jesús en la cruz? Hay una razón. Por nuestros pecados. Jesús se sacrificó por nosotros.

También recuerdan las tentaciones y momentos en que le decían que se salvara a sí mismo, pero Él permaneció firme.

Entonces reflexionamos: Dios creó el mundo, ¿verdad? Y solo una vez decidió destruirlo, en el episodio del arca de Noé. Después de eso, Dios prometió que nunca más destruiría la tierra. Dios no quiere nuestra ruina, ni nuestro sufrimiento. Dios es amor.

La muerte de Cristo en la cruz tiene un sentido de salvación: murió por nuestros pecados para abrirnos el cielo. Dios no es destrucción ni castigo; es amor, bondad y misericordia.

El nombre de Jesús significa “Dios salva”. Ese es el sentido de su vida y su misión.

Entonces, ¿qué recordamos en Semana Santa? Que Jesús dio la vida por nosotros. ¿Cómo murió? Crucificado, en una cruz, con los brazos extendidos y clavados. Murió por amor, para salvarnos.

Jesús es nuestro creador y nuestro salvador. Por eso, Semana Santa es un tiempo para detenernos, hacer una pausa y pensar en Él.

Ahora, ¿quiénes crucificaron a Jesús? No fueron sus apóstoles; ellos huyeron por miedo. Solo uno permaneció cerca: Juan. Los que lo crucificaron fueron los soldados romanos y quienes no creían en Él.

Jesús hacía milagros: curaba a los enfermos, daba vista a los ciegos, hacía caminar a los paralíticos, resucitó a Lázaro, multiplicó los panes, caminó sobre el agua y perdonó los pecados.

Sin embargo, por envidia, celos y rechazo, lo llevaron a la cruz.

También hubo alguien muy importante que nunca se separó de Él: María, su madre. Ella lo acompañó hasta el final. Imaginemos el dolor de una madre viendo sufrir a su hijo. María permaneció firme, acompañándolo con amor.

Eso también lo recordamos en Semana Santa.

Por eso, queridos alumnos, durante esta Semana Santa debemos participar en las celebraciones, escuchar la palabra de Dios y reflexionar sobre todo lo que Jesús sufrió para salvarnos.

Porque Jesús significa “Dios salva”. Él muere en la cruz, pero no todo termina allí. Después, ¿qué sucede?

Resucita.

domingo, 29 de marzo de 2026

Reflexión del Domingo de Ramos en Huacaña

SEÑOR DE RAMOS

Queridos hermanos y hermanas, acabamos de escuchar este largo relato de la pasión del Señor. Cada detalle, cada episodio nos recuerda todo lo que tuvo que sufrir Jesucristo, nuestro Señor, antes de morir en la cruz, para que muriendo en ella nos alcanzara la salvación, el perdón de los pecados.

Pero antes, en la procesión con la que iniciábamos esta liturgia del Domingo de Ramos, veíamos a un Jesús entrando de manera triunfal en la ciudad santa de Jerusalén. Por eso, las palmas que llevábamos en nuestras manos, los himnos, los cantos, los salmos que escuchábamos nos recordaban el triunfo del Mesías, que entra glorioso a la ciudad santa. Los niños hebreos cantan vivas y hosanas. Los hombres y mujeres ponen sobre el suelo sus mantos, cortan ramas de olivos y palmas y alfombran aquel lugar por donde pasará el rey de los judíos.

Pero este rey, aunque ingresa triunfante, victorioso, en medio de una multitud que le alaba y que lo proclama, es a su vez un rey humilde. El evangelio con el que inicia esta procesión de ramos nos indica que Jesús mandó buscar un asno, un burrito. Y nosotros también hemos traído la imagen del Señor de Ramos sobre un burrito con su pollina. Esto significa mucho. Es un rey poderoso, pero a la vez es un rey humilde que no ingresa en los mejores animales, no ingresa a caballo, no ingresa con una multitud que le protege o que le cubre. Al contrario, entra pobre y humilde, montado sobre un burrito y con niños, hombres y mujeres humildes también que le proclaman rey, que le proclaman el hijo de David.

Ese episodio lo hemos vivido nosotros también de manera simbólica con esta imagen del Señor de Ramos, con nuestra procesión por las calles del pueblo, en cada estación rezando y escuchando un fragmento del Evangelio y de las Sagradas Escrituras para revivir y para conmemorar también nosotros, como fieles católicos, esa entrada triunfal de Jesús.

Queridos hermanos y hermanas, a propósito de esta entrada de Jesús en el burrito, el gran santo Agustín de Hipona, en uno de sus sermones recordaba y recomendaba que así como se hicieron de un pequeño animal para cargar en sus espaldas al Rey de Reyes y Señor de Señores, para que todos lo vieran, para que todos le proclamaran, así también de igual manera nosotros, los cristianos, podemos ser como ese burrito. Es decir, cargar a Jesús en nosotros, de modo que todo aquel que nos vea, vea a Jesús reflejado en nuestro testimonio, en nuestra humanidad.

Sí, queridos hermanos y hermanas, nosotros, los hombres y mujeres cristianos de este siglo XXI, podemos reflejar a Jesús, podemos llevar a Cristo con nosotros, con nuestra vida, con nuestro testimonio, con nuestras palabras y obras. Y de esta manera somos apóstoles y evangelizadores, que es la vocación que hemos recibido desde el principio cuando fuimos bautizados.

De modo que, al recordar en este Domingo de Ramos a Jesús sobre la espalda de un burrito, cargado por las calles del pueblo, por la ciudad santa de Jerusalén, hagamos el compromiso de nosotros también llevar a Jesús en nuestra vida, conocerlo a través de su palabra y vivir con las actitudes que él ha vivido, que pasó por este mundo, nos dicen las Sagradas Escrituras, haciendo el bien.

Sin embargo, queridos hermanos, en esta liturgia del Domingo de Ramos, al escuchar el largo relato de la pasión del Señor, sabemos que aquel a quien en principio alababan y gritaban vivas y hosana, finalmente terminan crucificándolo. Aquel a quien proclamaban su rey y Mesías, luego piden para él la crucifixión.

Y esta es la vida de Jesús. Estos fueron sus últimos momentos en este mundo terrenal, de la gloria que para muchos era su entrada triunfal a la verdadera gloria de la cruz, donde muriendo restaura nuestra vida, restaura nuestra humanidad pecadora y nos abre así triunfalmente las puertas del cielo.

Esto, queridos hermanos y hermanas, hay que comprenderlo. Por eso, en la Semana Santa que iniciamos hoy con el Domingo de Ramos, vamos a acompañar a Jesús paso a paso en los últimos instantes de su vida, para comprender cómo fue ese amor tan grande que nos tuvo para aceptar la cruz, para dejarse traicionar por uno de los suyos, de sus discípulos, para dejarse apresar, los azotes, los insultos, los salivazos, los golpes, las bofetadas que sufre Jesús.

Y finalmente, al extender sus brazos en la cruz, nos habla de un gran amor. El mismo evangelio lo dice: nadie tiene más amor por sus amigos que el que da la vida. Y el Señor así lo manifiesta: “A mí nadie me quita la vida —dice Jesús—, yo la doy”. Él la entrega libremente por cada uno de nosotros.

Hermanos y hermanas, meditemos en este gran regalo. Aprovechemos una vez más esta Semana Santa 2026 que hoy iniciamos para encontrarnos con Jesús, para ver en cada una de las actividades de esta semana mayor los misterios de nuestra salvación. Acudamos con confianza al Señor. Dejémonos también acompañar por la Santísima Virgen María, la Virgen de los Dolores, nuestra madre que nos acompaña, que sufre también junto a su Hijo, junto a su pueblo fiel.

Y adquiramos nosotros en nuestra vida las actitudes de humildad y de sencillez de este Jesús, que siendo rey entra triunfante en un pequeño burrito, manifestando así su humildad, su pobreza, su caridad. Que, durante esta semana, al reunirnos aquí en este sagrado templo, casa de Dios, nos adentremos con profundidad y con convencimiento de corazón en ese misterio de nuestra salvación.

Porque aquel que muere en la cruz resucita y glorioso nosotros le veremos en esa resurrección, el domingo de Pascua, cuando le veamos triunfar sobre la muerte.

Que así sea. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

jueves, 19 de marzo de 2026

Diez décimas piadosas a san José

JOSÉ, CARPINTERO BENDITO

Oh, glorioso san José,
que recibiste aquel día
a la joven santa María,
la virgen de Nazaret,
por esposa, reina a merced,
aceptando el designio de Dios
que en sueños su Ángel te dio.
Ahora yo, humilde, te pido:
presta a mi súplica oído
y atiende mi petición.

Hombre valiente y audaz,
que, por librarlos de Herodes,
a Egipto y sus pormenores
corriste buscando paz.
Misericordioso tú, haz
que a más nadie se persiga
y que halle una mano amiga
a quien el peligro lo tiente,
y sano de cuerpo y mente
en ti consuelo consiga.

Custodio del sacerdote,
a quien Jesús obedeció,
y en tus brazos conoció
de Dios heredad y lote;
que, sin querer que se note,
pues muy humilde tú fuiste,
y en su corazón abriste
la mayor compasión y ternura,
del Padre Eterno figura;
su voluntad tú cumpliste.

José obrero paciente,
Patrono del trabajador,
apoya con tu favor
al que perdido se siente,
y que en tu ejemplo encuentre
perseverancia total,
bendición en su jornal
y el patrocinio seguro
de que, con trabajo duro,
tendrá salvación final.

Esas virtudes tuyas
las quiero yo para mí:
la castidad y el vivir
siempre en silencio, sin bulla;
pues de ti no hay rumor que fluya
o palabra en el Evangelio,
pero sí el honroso ingenio
de la humildad y el trabajo,
que levanta a los de abajo
y da gloria como premio.

Dame, José piadoso,
el amar a María y Jesús,
tu hijo muerto en la cruz,
tus dolores y tus gozos.
Dame, padre bondadoso,
esa paciencia locuaz,
un testimonio eficaz
que me transforme la vida,
me devuelva la alegría
y a mi alma dé la paz.

Con esta canción te ruego
que abrases siempre mi alma,
encendida en la calma
de tu sacrosanto fuego,
y con este don yo, luego,
trabaje con toda franqueza
para acabar la pobreza
de tantos hombres rendidos,
por el pecado hundidos
en la herida naturaleza.

José, carpintero bendito,
humilde santo glorioso,
cólmame de tus gozos,
escucha atento mi grito,
que solo pido un poquito
de tus virtudes copiosas,
y para María mil rosas,
y para Jesús mi vida,
sin procurar nunca huida
tras sus huellas amorosas.

Protector de pobres y migrantes,
y Patrono de la Iglesia universal,
protégenos de todo mal;
asiste a los agonizantes,
muestra el rumbo a los errantes,
otórganos la conversión
que nace de corazón,
aceptándose humillados
los numerosos pecados
cuando pedimos perdón.

Yo, como madera en tu mano,
espero ser bien tallado
y quedar transfigurado
como quieras, artesano.
Estate de mí cercano,
modela en mí tu dulzura,
que acabe con tal finura
los rasgos de Jesucristo;
modélame como él, insisto,
y como la Virgen Pura.

Amén.

En esta composición procuré reflejar una riqueza teológica que se sostenga con fidelidad en la tradición bíblica y espiritual sobre san José. Veamos algunos puntos que me gustaría resaltar:

1. José en el plan de la salvación (dimensión bíblica). Desde la primera décima se presenta a san José como hombre obediente al designio divino: “aceptando el designio de Dios / que en sueños su Ángel te dio”. Esto remite directamente a Evangelio según san Mateo (Mt 1,20-24), donde José recibe en sueños la revelación y responde con obediencia inmediata. Teológicamente, esto lo sitúa como justo (Mt 1,19), no solo en sentido moral, sino como hombre que vive en total apertura a la voluntad de Dios.

2. José, protector del Redentor (historia de la salvación). La huida a Egipto está bien integrada: “por librarlos de Herodes… corriste buscando paz”. Esto corresponde a Mt 2,13-15. Aquí subrayo un punto clave: José es instrumento activo en la protección del misterio de la Encarnación. No es figura pasiva, sino cooperador real en la historia de la salvación. Además, la súplica: “que a más nadie se persiga”, actualiza esa misión en clave social: José como protector de migrantes y perseguidos, una aplicación muy coherente con la teología contemporánea.

3. José como padre en el orden de la gracia. Cuando digo: “en tus brazos conoció / de Dios heredad y lote”, toco un misterio profundo: Jesús, siendo Hijo eterno del Padre, aprende humanamente la filiación en el hogar de José (cf. Lc 2,51-52 en el Evangelio según san Lucas). Aquí se refleja una idea muy trabajada en la teología: José ejerce una verdadera paternidad legal y afectiva, que tiene consecuencias reales en la humanidad de Cristo.

4. Espiritualidad del silencio y la humildad. Una de las intuiciones más finas del texto es: “no hay rumor que fluya / o palabra en el Evangelio”. Efectivamente, José no pronuncia palabras en los Evangelios. Esto ha sido interpretado por la tradición como signo de su silencio contemplativo. Esta décima conecta ese silencio con la castidad, la humildad y el trabajo. Es una síntesis lograda de la espiritualidad josefina.

5. José trabajador: teología del trabajo. “José obrero paciente… Patrono del trabajador”. Aquí se entra en la línea de la doctrina social de la Iglesia, especialmente desarrollada por san Juan Pablo II en Laborem Exercens. El trabajo aparece como medio de santificación, camino de dignidad y participación en la obra creadora. El verso: “bendición en su jornal”, refuerza la idea del trabajo como gracia, no solo como esfuerzo.

6. Dimensión pascual: dolores y gozos. “tus dolores y tus gozos”. Esto conecta con la tradición devocional de los “Siete dolores y gozos de san José”. Aunque José no presencia la cruz, la expresión: “tu hijo muerto en la cruz” es teológicamente válida en sentido espiritual: José participa anticipadamente del misterio redentor por su unión con Jesús.

7. Conversión y antropología cristiana. “otórganos la conversión / que nace de corazón”. Aquí hay una teología muy clara de la conversión como: interior, humilde y ligada al reconocimiento del pecado: “aceptándose humillados / los numerosos pecados”. Esto está en plena sintonía con la enseñanza bíblica (cf. Sal 50).

8. José como modelo de transformación espiritual. La imagen final es especialmente poderosa: “como madera en tu mano… artesano”. Aquí desarrollo una mística del tallado espiritual, donde José aparece como formador del alma, en analogía con su oficio. Esto tiene resonancias bíblicas (Jr 18, el alfarero) y cristológicas: “los rasgos de Jesucristo”. La meta es la configuración con Cristo, núcleo de la vida cristiana (cf. Rom 8,29).

9. Dimensión eclesial y universal. “Patrono de la Iglesia universal”. Este título, proclamado por Pío IX, está bien integrado en la oración. Se presenta a san José como intercesor, protector y guía espiritual para toda la Iglesia.

En conclusión, con estas décimas quise lograr una síntesis equilibrada entre: Biblia (Mateo y Lucas), tradición espiritual (silencio, humildad, dolores y gozos), teología (paternidad, trabajo, conversión, santificación) y aplicación pastoral (migrantes, pobres, trabajadores). No es solo un poema devocional, sino una catequesis poética sobre san José, con coherencia doctrinal y profundidad espiritual.




martes, 17 de marzo de 2026

Entrevista a Froy Gerardo Quispe Blas

ORDENACIÓN DIACONAL

Amigos del seminario San Pío X, bienvenidos a una nueva entrevista. En esta oportunidad nos encontramos con nuestro hermano Gerardo, quien será ordenado diácono junto a Julio el próximo jueves en la solemnidad de San José en la catedral de Huancayo. Gerardo, bienvenido al seminario. Gracias por aceptar esta entrevista con nosotros. Coméntanos acerca de tu vocación. Nos interesa siempre conocer, saber cómo nace, cómo surge la vocación en tu caso particular.

Bueno, el detalle siempre que manejo en mi vida es con respecto más desde una iniciativa propia y también planteando siempre lo que ha sido un poco de orgullo, viendo una familia que yo tengo de parte de papá que son en gran número católicos. Entonces ahí es donde empieza a surgir siempre esa perspectiva y esa idea de buscar algo más. Y en ese buscar algo más es donde surge querer conocer a Dios y se me abrieron las puertas para poder ingresar a un seminario mayor en lo que es la realidad de vida religiosa. Por ahí inició.

Y viendo también el ejemplo de un gran sacerdote, quien es el padre José Guavilazo, que él ha sido casi el promotor de mi vida vocacional. Y entre ellos también recordando al padre Belealdo, que siempre con sus palabras, con sus enseñanzas, con su sencillez, es donde ha surgido bastante en mí ese deseo primero de la vocación, pero más por un punto, como ya les explicaba, de orgullo, de ir, de conocer más, de aprender más. Entonces ahí empezó el llamado en mi vida.

Esto que nos recalca Gerardo es importante, cómo la vocación va naciendo y se va fortaleciendo con los testimonios, con la vida que compartimos. Resalta Gerardo algunos sacerdotes y por supuesto también en lo que es la formación como tal. Gerardo, ya en el seminario, ¿cómo fue este momento de estudios, este momento de la rutina propia de una casa de formación religiosa o diocesana?

Lo que siempre he detallado y admirado es la forma de la convivencia. Muchos jóvenes en la búsqueda de la vocación siempre tratan de detallar y a la vez también de llevarlo y cultivarlo en su vida. Unas experiencias distintas a lo que vivimos en la sociedad afuera, y eso se encuentra dentro, y eso lo encontré. Está el aspecto del estudio, el aspecto comunitario, pero lo que más voy a resaltar es el espiritual.

Cuando vivimos en la vida diaria, en la familia, en los amigos, siempre he visto que no le damos un detalle a la oración, pero cuando uno está dentro del seminario es parte de la vida, lo hace suyo, y eso es lo que va alimentando y eso es lo que ha alimentado dentro de mi vocación. Y con ello también dándole un rango a lo que es el estudio: conocer, indagar, investigar la vida de los santos, los testimonios de ellos, los estudios teológicos, las ramas de la teología, como también la filosofía. Ha sido parte muy importante que me ha ido dando ese deseo, ese apetito de seguir adelante, de conocer, de saber, y más todavía en la labor pastoral donde miraba muchos sacerdotes, de cómo ellos trabajaban, daban su vida, su empeño, sus enseñanzas, su momento, su tiempo. Entonces, por ahí ha surgido bastante dentro del estudio y la formación del seminario en mi vida.

Gerardo nos indica entonces que es la oración lo que sostiene, lo que mantiene y lo que afianza una vocación. Con los estudios, con la rutina, con las amistades, no puede faltar allí la oración. Ahora, Gerardo, sabemos que una vez concluyes tus estudios dedicas un espacio a la pastoral. Coméntanos en qué ha consistido este tiempo de pastoral previo a la ordenación diaconal.

Bueno, ha habido varios ámbitos donde he ido desarrollando la pastoral. Entre ellos tenemos la formación de lo que es sacramentos de iniciación, especialmente bautizo de niños. Luego también sacramentos de iniciación en los catecúmenos, que ha ayudado bastante el trabajo. Algunos temas propios para lo que es la vida matrimonial, para el sacramento del matrimonio. Entre ellos también algunos aspectos directos en lo que es el trabajo dentro de la parroquia, en los grupos parroquiales, sea de jóvenes, sean de adultos, en los grupos de oración, los grupos de liturgia, siempre presente eso.

Y algo más puntual en el trabajo que se ha dado, y lo que me ha ayudado también a alimentarme más, son los días lunes que llevamos la lectio divina, que sería algo muy importante tenerlo presente también en las parroquias, porque hay muchas personas que se alimentan y de ello también ellos van enseñando, y es una cadena en esa parte de la evangelización y el trabajo pastoral. Entonces, hay mucho mérito en eso y no dejarlo. Por otro lado también lo que es el sentido de estar al lado del Señor en la Eucaristía, los jueves, que es la adoración al Santísimo, que es la fortaleza de todos nosotros como cristianos católicos.

Así es. Esto es precisamente el trabajo en concreto de un seminarista, de un próximo diácono: la pastoral, el compartir con las familias, con las personas, adultos, jóvenes, niños en nuestras parroquias, en lo que compete, pero de una manera muy particular en la vida sacramental. Gerardo, sabemos que junto a Julio han participado de un retiro espiritual previo a la ordenación. Coméntanos un poco de esta experiencia y cómo ha fortalecido ya estos días previos a recibir el orden sagrado.

Sí, los temas que se han desarrollado en el retiro han ido por dos puntos evangélicos. El primero, Jesús en el lavatorio de los pies; y luego, la vida de San Esteban, primer diácono. Desde esos dos puntos, lo que nos ha llevado bastante a la reflexión, y más en mí, ha sido, por ejemplo, el servicio. Y creo que esa es la parte y el motor de todas las personas que se consagran, no solamente desde la vida vocacional, sino desde la vida entregada ya al seminario. Es el llamado, ya nosotros debemos estar siempre teniéndolo presente y llevándolo por un buen camino: el servicio, que es como nuestro sello indeleble. Porque todos estamos llamados siempre a servir desde Cristo, que nos enseña con su vida, con sus obras, con sus ejemplos y con su entrega, a seguir ese camino.

Todos estamos llamados a servir. Qué gran frase, hay que interiorizarla. Pero, ¿de qué manera sirve en lo concreto un diácono?

Siempre el diácono va a estar presente, como bien lo manda, desde los principios propios del trabajo del diácono en el servicio y apoyo al obispo y al presbítero, pero eso es más desde el aspecto litúrgico. Pero vamos ahora también al aspecto directamente del trabajo pastoral y también social: el servicio, enseñar, dirigir, estar con las personas que lo necesitan, escuchar. Por ejemplo, hoy en día tantas personas que necesitan ser escuchadas por distintos problemas o conflictos que pueden estar pasando. Entonces, el servicio va por ahí: siempre estar atento a ellos, a las necesidades, y más todavía espirituales.

Aunque el diácono no puede confesar, eso es propio ya del presbítero, pero siempre estar presente ahí para las personas que necesitan quizás una palabra de apoyo, que necesitan un aliento, que necesitan encontrar a Cristo desde la palabra, desde el Evangelio. Entonces ahí yo creo que vamos a dar el primer sentido de nuestro servicio: estar con ellos, ser parte de ellos y caminar con ellos, porque eso es lo que nos enseña Cristo, un líder, estar siempre cargando y estando delante de todo. Entonces yo creo que ahí el servicio siempre se va a hacer bastante grande y sobre todo va a dar muchos frutos.

El orden de los diáconos, sabemos, se puede recibir de manera transitoria, como lo será el caso de nuestro hermano Gerardo y Julio, y también de manera permanente. Esto que nos comenta Gerardo nos llama a la atención para pedir en la Iglesia la vocación al servicio, la vocación al diaconado y al sacerdocio. Hermano Gerardo, ya para finalizar esta entrevista, un mensaje final, unas palabras suyas al corazón de aquellos jóvenes que se plantean también la vocación y que están en este proceso de discernimiento.

Una frase que siempre a mí me ha llamado la atención es en las palabras del Santo Padre Juan Pablo II: el amor todo lo vence. Y eso lo vamos a tener siempre presente en nuestra vida, jóvenes. Si sienten ese pequeño deseo, ¿por qué resistirse? El amor es tan grande, te va a llamar donde estés, como estés, con quien estés. Te va a llamar desde la humildad, te va a llamar desde las pequeñas experiencias de la vida. Háganle caso. Cristo moldea el corazón, Cristo te guía. Y no solo a ti, guía a toda tu familia, guía a todas las personas cercanas y te llama a guiar también a los demás. Te quiere hacer instrumento, no te niegues. Tiende la mano, ábrele el corazón y acéptalo. Y dile sí.

Vamos a acompañar todos juntos como comunidad del seminario San Pío X, como feligresía de la Arquidiócesis de Huancayo, a nuestro hermano Gerardo y a Julio este jueves en la catedral en su sagrada ordenación diaconal. Gerardo, muchas gracias.

Gracias.

 

domingo, 15 de marzo de 2026

Entrevista a Julio Díaz

LA VOCACIÓN ES SERVIR

Amigos del seminario San Pío X de Huancayo, en esta oportunidad nos encontramos con nuestro hermano Julio, quien el próximo jueves 19 de marzo recibirá el orden del diaconado por imposición de manos de Monseñor Luis Alberto Huamán Camayo O.M.I., arzobispo de Huancayo. Nosotros, sus hermanos seminaristas, hemos querido venir hasta su parroquia, donde ha llevado un tiempo de pastoral, para conversar con él, para entrevistarle propiamente acerca de su vocación, de cómo se ha preparado para recibir este orden del diaconado y de tantas otras cosas que surgen en la vida de un candidato al sacerdocio como lo es nuestro hermano Julio. Por eso les invitamos a quedarse en esta entrevista donde conoceremos más acerca de su persona y de seguro que aquellos jóvenes que se animan también y que sienten el llamado, con el testimonio de nuestro hermano que recibirá el orden del diaconado, recibirán ese impulso para decirle sí al Señor como lo estamos haciendo nosotros, como lo hará el día jueves 19 de marzo en la catedral de Huancayo nuestro hermano Julio.

Julio, bienvenido.

Acá estamos en esta casa donde usted nos recibe con mucho gusto para entrevistarlo, para conocer un poco más de su vida, de su vocación, porque sabemos que este camino es marcado, es iniciado por la vocación. En primer lugar, coméntanos qué es para ti la vocación y cómo sentiste propiamente la vocación en tu vida, el llamado de Dios.

Bueno, muchas gracias, Pedro, por venir a mi casa para poder tener esta entrevista. En primer lugar, para mí la vocación es un llamado de Dios, es un llamado que hace Dios a todos, pero en especial ese llamado Dios me ha hecho a mí. Un llamado, un camino que yo he tenido durante todo este tiempo de formación, de proceso para llegar hoy, para llegar el gran día que es la ordenación diaconal y por supuesto seguir todavía. Y bueno, mi vocación empezó cuando yo estaba en el tercero de secundaria en mi pueblo llamado Guadalupe. Empecé ahí a ser monaguillo. Iba todos los días a ayudar al párroco de mi parroquia en la parroquia San Agustín de Guadalupe en el norte, La Libertad, provincia de Pacasmayo, distrito de Guadalupe.

Entonces, yo salía del colegio e iba a mi casa a comer, pero después iba con mis cuadernos, con mi mochila a la parroquia, a hacer mis tareas hasta esperar que el párroco hiciera la misa. No iba yo solo, también íbamos otros jóvenes que eran monaguillos. Íbamos y así surgió mi vocación. Gracias a Dios que él me fue llevando, tuvo su pedagogía conmigo durante todo este tiempo.

Entonces terminé los estudios secundarios y todavía seguía siendo monaguillo, ya grande, con 16 años seguía siendo monaguillo en mi pueblo. Después me mandaron a Lima a estudiar para la universidad, pero no terminé la carrera de sociología, la dejé y después ingresé al seminario. Pero también no es que ingresé de un día para otro, sino que hubo un proceso. Estuve un año en mi parroquia en Lima, un año en que el párroco me estaba acompañando. El siguiente año el párroco recién manda la carta para yo ir a la parroquia donde se hacían las jornadas vocacionales y después fui a la propedéutica.

Como no terminé la propedéutica porque todos se iban retirando, quedamos dos. Uno de mis compañeros ya es sacerdote en Lima. Entonces yo, por la gracia de Dios, seguí. Pero mis padres no lo tomaron con buen ánimo el hecho de ser sacerdote porque ellos querían que yo terminara la universidad. Entonces tomé valor y se los dije. Mi papá, que tenía formación militar, no quiso. En cambio, mi mamá fue comprendiendo y al final dijo que sí me apoyaba. Y con el tiempo mi papá también fue viendo mi proceso y terminó apoyándome.

Julio, has resaltado ese proceso tan significativo como lo fue la infancia y el hecho de servir en el altar en tu parroquia. En perspectiva, viendo al pequeño Julio como monaguillo, como servidor del altar, ahora próximo a la ordenación diaconal, ¿qué podrías decir? ¿Para qué te llamó el Señor en concreto?

Me llamó el Señor para servir dentro de la Santa Madre Iglesia, para servir, para salvar almas, para ser un buen sacerdote santo y para ser un sacerdote al servicio del pueblo santo de Dios, en especial en el grado del diaconado, al servicio del pueblo de Dios, al servicio de la palabra, al servicio de las mesas, de las viudas, de los huérfanos, de los abandonados y el servicio del altar y de la palabra.

Claro que sí, Julio. Sabemos que los sacerdotes no salen de la tierra ni caen del cielo, sino que vienen de las familias y se forman. Coméntenos un poco su proceso de formación, las dos etapas que conocemos en el seminario: filosófica y teológica, los estudios y la exigencia propia de estas etapas en la vida de un candidato.

Mira, yo ingresé a los 21 años al seminario, ahora tengo 36 años. Entonces es un proceso que va haciendo la Santa Madre Iglesia con el candidato. No es que ingresas, terminas la etapa filosófica, pasas a la teológica y te ordenan rápido, sino que tiene que haber un proceso.

En el proceso filosófico es más humano. Entonces la Iglesia tuvo que formarme, ayudarme en las carencias humanas que traía. Fue un proceso muy peculiar porque venía con costumbres de mi casa. En el seminario tienes que barrer, lavar, hacer servicio, y eso a mí no me gustaba. Entonces la Iglesia tuvo que formarme también en eso.

Hubo momentos en que no comprendía la formación, me preguntaba por qué tenía que hacer ciertas cosas. Pero algo que me dijeron mis formadores fue: “el que obedece nunca se equivoca”. En ese proceso también estaban los estudios filosóficos, que me costaron mucho porque no tenía base.

Luego ingresé a la teología y ahí ya vi el proceso de configuración con Cristo. La teología me gustó más porque es más cercana a Jesucristo: cristología, mariología, Trinidad. A diferencia de la filosofía que es más racional.

En el seminario la vida es muy estructurada: nos levantábamos temprano, rezábamos, estudiábamos, hacíamos labores, deporte y más estudio. Todo centrado en la formación.

La formación, como dice la Iglesia, tiene cuatro áreas: humana comunitaria, espiritual, académica y pastoral. De estas cuatro, ¿cuál fue tu fuerte?

Yo creo que un poco de cada una. Todas deben estar equilibradas. No puedes destacar solo en una y descuidar las otras.

Ya terminé mis estudios en 2024 y luego me enviaron a la parroquia Santo Cura de Ars, donde tuve todo el año 2025 de pastoral. Eso es parte de la formación: aprender del párroco, convivir con la gente, servir. Recién en 2026 me dieron la noticia de la ordenación diaconal.

¿Cómo recibiste esa noticia?

Con mucha alegría. Todo seminarista espera ese momento.

También tuviste un retiro espiritual especial para prepararte.

Sí, fue con el padre rector Carlos Bolencher Limonchi. Los temas fueron sobre el diácono San Esteban, su servicio a la palabra, a la liturgia y a las mesas. Fue muy enriquecedor.

¿Qué hace un diácono en la Iglesia?

El diácono es servidor: de los necesitados, de los enfermos. Puede llevar el viático, celebrar bautismos y matrimonios, proclamar el Evangelio, predicar y realizar exequias.

Para concluir, vemos que te acompañas de una imagen de la Virgen. Cuéntanos sobre ella.

Para mí es muy importante. Es la Virgen tres veces admirable de Schoenstatt. Me ha acompañado en todo mi proceso. La Virgen es la madre de los sacerdotes, nos acompaña en momentos alegres y difíciles. Ser sacerdote o diácono no es fácil, también hay crisis, pero la Virgen guía y educa.

Estamos muy contentos por tu testimonio. Gracias a todos los que han visto esta entrevista. Recordemos la importancia de orar por las vocaciones.

Invito a todos los jóvenes a no tener miedo, a apostar todo por Cristo, porque en Él está la verdadera felicidad. Muchas gracias.