A DOS AÑOS DE FALLECIMIENTO DEL PADRE DE LA TEOLOGÍA DE LA LIBERACIÓN
Entrevista
al profesor Henry Torres Esteban, con ocasión del segundo aniversario del
fallecimiento del padre Gustavo Gutiérrez.
PEDRO
ANDRÉS: El 22 de octubre de este año 2026 se cumplirá el
segundo aniversario del fallecimiento de Gustavo Gutiérrez, sacerdote peruano y
padre de la teología de la liberación. Para conmemorar esta fecha, he querido
entrevistar a mi profesor, Henry Torres Esteban, magíster en Enseñanza de la
Filosofía y de las Ciencias Sociales, con más de 22 años de experiencia docente
y profesor de nuestro Seminario Mayor San Pío X.
Buenas
tardes, profesor Henry. Bienvenido.
HENRY
TORRES: Gracias. Espero que este homenaje que quieres
hacerle salga de la mejor manera.
PEDRO
ANDRÉS: Así es. La figura del padre Gustavo Gutiérrez
genera muchísimo interés porque, como hemos dicho, es conocido como el padre de
la teología de la liberación, una corriente teológica que nació propiamente con
él aquí en el Perú y que se mantiene vigente hasta nuestros días. De esto vamos
a hablar a profundidad más adelante.
El profesor
Henry es un estudioso de la teología y del pensamiento del padre Gustavo
Gutiérrez, a quien tuvo la oportunidad de conocer personalmente. Por eso, mi
interés y lo que quiero mostrar a través de esta entrevista es ese lado más
humano, más paternal, que usted pudo conocer y percibir en su trato con el
padre Gustavo.
Profesor,
coméntenos cómo se produjo ese primer encuentro: dónde estaban, en qué
circunstancias se conocieron y cuál fue la primera impresión que le causó.
HENRY
TORRES: Bien, yo lo conocí en los cursos de teología del
Instituto Bartolomé de Las Casas. Si bien es cierto que fueron pocos días,
fueron jornadas muy intensas de aprendizaje sobre teología y, sobre todo, sobre
la espiritualidad de la teología de la liberación.
Como
anécdota, creo que hay algo que puede retratar muy bien a Gustavo Gutiérrez. Yo
lo admiraba mucho y, durante muchos años, siempre busqué conocerlo y estar
cerca de él. Finalmente, esa oportunidad se presentó en aquel curso de
teología.
Durante los
primeros encuentros, cuando coincidíamos en los pasadizos o en el patio, yo
simplemente lo saludaba: «Padre, buenos días» o «Padre, buenas tardes». Creo
que fue al segundo o tercer día cuando se acercó y me dijo: «Henry, ¿somos
amigos?». Yo le respondí: «Pues sí, somos amigos». Entonces me dijo: «Si somos
amigos, no me digas padre; dime Gustavo».
Creo que
ese pequeño gesto lo retrata muy bien en su sencillez y humildad. A veces
buscamos títulos y queremos estar encumbrados, pero, con aquella sencilla
expresión, me hizo comprender que era un amigo más. Esto no solo habla de la
gran persona que era, sino también de la vivencia misma de su cristianismo.
PEDRO
ANDRÉS: Ese lado humano, ese trato tan sencillo del padre
Gustavo, es algo que recuerdan muchas personas que lo conocieron. Usted nos
comenta que ya había tenido contacto con algunos de sus libros y que tenía la
ilusión de conocerlo. ¿Cuál fue ese primer libro o qué lecturas lo llevaron a
acercarse al pensamiento de Gustavo Gutiérrez?
HENRY
TORRES: Sí, mira, tal vez pueda contarlo también en forma
de anécdota. Desde la secundaria empecé a escuchar hablar sobre la teología de
la liberación. Recuerdo que un profesor de Religión, Rodrigo, quien actualmente
también es profesor aquí en el seminario, mencionó en alguna clase a un teólogo
peruano que hablaba sobre los pobres. Eso me llamó la atención.
Luego, con
el paso de los años y debido a mi interés por la filosofía y la teología,
seguía escuchando hablar de la teología de la liberación, aunque todavía no me
acercaba demasiado a ella.
Fue durante
mis estudios superiores cuando el sacerdote Alejandro Vice me enseñó de manera
más sistemática qué era la teología de la liberación. Nos presentó el libro Teología
de la liberación. Perspectivas. Recuerdo también que nos mostró los libros
del CEP que ya tenía y nos orientó sobre algunas lecturas. Ese fue mi primer
acercamiento más profundo a esta corriente teológica.
PEDRO
ANDRÉS: Precisamente, profesor, tenemos aquí ese libro. Se
trata de una primera edición de Teología de la liberación. Perspectivas,
publicada en 1971, cuando el padre Gustavo presentó por primera vez este
trabajo.
En torno a
este libro existen algunos miedos e incomprensiones, sobre todo —me atrevería a
decir— por parte de quienes no lo han leído. Es muy fácil juzgar lo que no se
conoce, así como es muy difícil amar lo que no se conoce.
Usted sí lo
ha leído y estudiado. ¿Qué impresión le ha causado encontrarse con sus páginas?
¿Qué provecho puede sacar de esta obra quien quiera interesarse por ella y
acercarse a la corriente teológica que, en buena medida, encuentra aquí uno de
sus textos fundacionales?
HENRY
TORRES: ¿Sabes? Hay dos cosas que quisiera señalar. En
primer lugar, yo hice mi tesis de maestría precisamente sobre Gustavo Gutiérrez
y la teología de la liberación. La desarrollé buscando establecer un diálogo
con la filosofía, específicamente con la filosofía de la educación.
En segundo
lugar, considero que el gran provecho que puede ofrecer este libro es que
humaniza. El cristianismo, creo yo, tiene como uno de sus mayores aportes un
humanismo radical. Esto lo decía Hans Küng: la preocupación principal del
cristianismo es que seamos más humanos.
Y eso se
refleja en esta obra. ¿Cómo no va a ayudarnos a ser más humanos si su
preocupación principal es quienes más sufren, las personas que experimentan
cotidianamente el dolor?
Creo que a
las personas les puede interesar mucho porque todos, de alguna manera, somos
compasivos y empáticos. En esta obra podemos contemplar nuestro cristianismo
desde abajo, desde los pequeños, desde quienes sufren. Y pienso que todos
estamos interesados en eso. Queremos acabar con la pobreza, queremos que haya
más sonrisas y que las personas puedan vivir dignamente. La teología, a través
de este libro, puede ayudarnos a caminar en esa dirección.
PEDRO
ANDRÉS: Ahora bien, profesor, una de las cosas que
comúnmente se repiten es que en esta obra existe una influencia del marxismo.
Sabemos que el padre Gustavo Gutiérrez no solamente fue teólogo, sino que
también tuvo la oportunidad de incursionar en otras disciplinas, especialmente
en la sociología, que constituye uno de sus campos de interés.
En este
sentido, ¿hay marxismo en este libro? ¿Se utiliza? ¿Cuál sería, digamos, la
herramienta del análisis marxista que pudo haber empleado Gustavo Gutiérrez?
HENRY
TORRES: Sí, Pedro. Creo que ese es uno de los principales
puntos y tu pregunta es directa. ¿Qué genera tantos problemas con la teología
de la liberación? Las acusaciones y controversias surgen, precisamente, por la
cuestión del marxismo en la obra de Gustavo Gutiérrez.
Sin
embargo, creo que es una cuestión relativamente sencilla de comprender si la
pensamos bien. El marxismo, al igual que otras corrientes sociológicas o
económicas, puede ayudar a entender y diagnosticar la situación de una
sociedad. Gustavo Gutiérrez lo utiliza como un instrumento, como un medio. No
constituye su motivación ni su punto de partida; es simplemente una herramienta
que elige para analizar la realidad.
Él mismo
señala que también se puede recurrir a Max Weber para realizar un diagnóstico y
un análisis de la sociedad.
Pongamos un
ejemplo: yo, como cristiano, puedo utilizar los aportes de Sigmund Freud, Carl
Jung o Erich Fromm desde la psicología. Del mismo modo, desde la sociología y
la economía puedo recurrir a economistas capitalistas, marxistas o a distintos
sociólogos. Lo hago para comprender cómo está nuestra sociedad y cómo podemos
solucionar el problema de la pobreza.
Ese es el
punto: ¿cómo solucionamos el problema de la pobreza? El análisis marxista puede
ser uno de los medios, pero no el único. El propio Gustavo Gutiérrez utiliza,
por ejemplo, la teoría de la dependencia en esta obra, y nadie ha cuestionado
por ello su pensamiento.
Por tanto,
yo lo dejaría claro: son instrumentos de análisis. El marxismo no es la
motivación ni el fin de la teología de la liberación. No debemos confundir el
uso de una herramienta de análisis social con la asunción de sus presupuestos
filosóficos o ideológicos.
PEDRO
ANDRÉS: También es común pensar que los teólogos de la
liberación quisieran presentar esta corriente como el único camino o la única
herramienta para responder a Dios en la actualidad. ¿Qué opina usted al
respecto?
HENRY
TORRES: Antes de responder directamente, quisiera remarcar
algo que considero importante y que puede ayudarnos a comprender mejor esta
cuestión. Se trata de aquella conocida frase de Hélder Câmara: «Cuando doy pan
a los pobres, me llaman santo; cuando pregunto por qué los pobres no tienen
pan, me llaman comunista».
Creo que
todos estamos preocupados por solucionar el problema de la pobreza. No queremos
que haya personas pobres; queremos que todos tengan las posibilidades y
libertades necesarias para educar a sus hijos y salir adelante.
La caridad
y la limosna son muy buenas. La madre Teresa de Calcuta es uno de los ejemplos
más grandes que hemos tenido en los últimos tiempos. Sin embargo, también es
necesario preguntarnos: ¿por qué los pobres no tienen pan?, ¿qué está
sucediendo en nuestra sociedad?
Gustavo
Gutiérrez remarcaba muchas veces que la pobreza no es un destino. No es que
Dios haya planificado así las cosas. Somos los seres humanos quienes, con
nuestro egoísmo y nuestra falta de organización, hemos contribuido a crear
situaciones de pobreza.
Por eso
debemos preguntarnos por qué los pobres no tienen pan. Y, para responder,
necesitamos servirnos de elementos provenientes de la economía, la sociología,
la antropología y la psicología, entre otras disciplinas, para tratar de
solucionar ese problema.
En este
sentido, podemos establecer una relación con san Óscar Romero, quien también
representó una forma de vivir el cristianismo. Distinta, quizá, de la de la
madre Teresa, pero profundamente comprometida con aquellas preguntas: ¿por qué
existe la violencia?, ¿por qué los pobres no tienen pan?
PEDRO
ANDRÉS: Y, en ese sentido, ¿es la teología de la
liberación el único camino o la única herramienta para responder a esta
situación de los pobres?
HENRY
TORRES: No, yo creo que no. No es la única. Se trata de
una corriente teológica muy interesante, con diversas manifestaciones y formas
de expresión. Podemos mencionar a Leonardo Boff, Jon Sobrino, la teología
india, la teología de la ecología, la teología de la mujer y, en Europa, la
teología política. También tenemos la teología negra.
Hay muchas
maneras de abordar estas realidades. Nuestro cristianismo es tan grande y tan
vasto que debemos reconocer y valorar las distintas formas de reflexión
teológica. Creo que aquí también podemos hablar de la sinodalidad.
La teología
de la liberación es una forma de hacer teología que, personalmente, considero
muy valiosa, pero eso no significa que debamos desconocer otras perspectivas.
Todas pueden ayudarnos a pensar y reflexionar para buscar, al fin y al cabo,
más humanidad y un cristianismo que procure el bien de los pobres.
PEDRO
ANDRÉS: Gustavo Gutiérrez planteó que la teología no es
únicamente un discurso sobre Dios, sino también una reflexión crítica sobre la
praxis a la luz de la Palabra de Dios.
¿Qué
significa esto en la práctica? ¿Cómo cambia nuestra manera de estudiar teología
cuando tomamos en serio la realidad de los pobres?
HENRY
TORRES: En una entrevista, que también pueden encontrar en
YouTube, Gustavo Gutiérrez remarcó este punto, que constituye uno de los
aspectos principales de su pensamiento y de toda su bibliografía.
Creo que
todos los que escuchan y ven este video estarán de acuerdo con algo: primero es
la vida, primero es la práctica.
Yo también
soy profesor de secundaria y de educación superior, y siempre escucho esa
queja: los sacerdotes, las religiosas, los catequistas y los cristianos, en
general, no demuestran en su vida lo que hizo Cristo.
Pues bien,
Gustavo Gutiérrez nos recuerda precisamente eso: primero la vida, primero la
conducta, primero la praxis. Hay que vivir nuestro cristianismo, ayudar a los
pobres y ser solidarios con ellos. Primero está la práctica; después viene un
segundo momento, en el que nos ponemos a pensar y reflexionar sobre lo que
hemos hecho. Eso es hacer teología.
Recuerdo
una clase en el seminario en la que realizamos una dinámica con algunas
mímicas. Se les pedía a los seminaristas que representaran cómo trabaja un
carpintero, cómo trabaja un agricultor y, finalmente, cómo trabaja un teólogo.
Cuando llegamos a este último, pensamos inmediatamente que el teólogo trabaja
leyendo y escribiendo.
Sin
embargo, para Gustavo Gutiérrez, lo primero que hace el teólogo es vivir,
servir y ser solidario. Está en su parroquia, en su catequesis, en contacto con
la realidad. Primero eso. Después, en un segundo momento, quizá por la noche,
se pone a leer y a reflexionar sobre lo que ha vivido.
Me parece
mucho más lógico que pensar que hacer teología consiste solamente en leer y
escribir. Si no vivimos primero, ¿de qué vamos a hablar?
PEDRO
ANDRÉS: Recuerdo que, en la lectura de Gustavo Gutiérrez,
el compromiso es lo primero y la teología viene después, como acto segundo. Esa
es una de sus afirmaciones fundamentales, que desarrolla en Teología de la
liberación.
Hemos dicho
que este libro fue publicado en 1971, después de la Conferencia de Medellín de
1968. Para Gustavo Gutiérrez, el tema de los pobres y de la opción preferencial
por ellos —que, como sabemos, es preferencial y no excluyente— ocupa un lugar
fundamental.
¿De dónde
procede esta opción? ¿De su formación sociológica, de su encuentro con el
Evangelio o de ambas experiencias?
HENRY
TORRES: Esta pregunta también nos ayuda a limpiar un poco
la imagen de Gustavo Gutiérrez frente a ciertas ideas que se repiten,
acusándolo únicamente de marxista o de otras cuestiones similares.
Desde este
primer libro hasta sus últimas publicaciones encontramos una afirmación
constante: la opción por los pobres es teocéntrica. Eso debe quedar claro.
Tú has
comenzado diciendo que muchas controversias han surgido porque algunas personas
no han leído sus libros ni han escuchado sus explicaciones. Él siempre sostuvo
que la opción por los pobres es teocéntrica, es decir, tiene a Dios como
fundamento.
¿Por qué
debemos optar por los pobres? Por Dios, porque Dios es Dios. Dios ama, Dios es
misericordioso. Es Dios mismo quien primero opta por los pobres. ¿Cómo podría
agradarle a Dios el sufrimiento de las víctimas? No es un Dios que quiera que
permanezcan esos problemas ni que continúe el dolor de las personas.
Nosotros
creemos en ese Dios, en ese Abba, en ese Dios que es amor.
Quizá un
ejemplo que nos puede ayudar a comprenderlo es el de una madre. Imaginemos que
tiene dos hijos: uno con una discapacidad que requiere cuidados especiales y
otro que se encuentra perfectamente bien. Evidentemente, nadie acusaría a esa
madre de amar más a uno que al otro porque dedica más atención al hijo que
tiene mayores dificultades.
Esa es la
preferencia. No deja de amar al otro; lo quiere y lo ama con todo su corazón,
pero el primero necesita más atención.
Del mismo
modo, el Dios en quien creemos tiene una cercanía especial con quienes sufren
más. Ese es uno de los puntos de partida del pensamiento de Gustavo Gutiérrez.
Por eso
plantea una pregunta fundamental: ¿cómo decirle al pobre que Dios lo ama?
El comienzo
de la teología de la liberación es Dios. Dios es su centro. Por eso, las
acusaciones que sostienen que esta teología comienza únicamente desde la
sociología no corresponden a su fundamento. Es teología, y es teología
propiamente dicha.
PEDRO
ANDRÉS: En ese sentido, la Palabra de Dios, la Biblia y la
revelación contenida en las Escrituras constituyen la fuente principal de todo
discurso teológico.
En nuestro
estudio de la teología de la liberación hemos visto que es precisamente en la
cuarta parte de este libro, titulada «Perspectivas», donde abundan las citas
bíblicas.
Ahora bien,
¿cómo lee Gustavo Gutiérrez la Biblia? ¿Lo hace desde el punto de vista de la
sociología, justificando con ella su pensamiento, o es más bien la Biblia la
que le propone esa opción preferencial por los pobres y, en consecuencia, esa
manera de hacer teología?
HENRY
TORRES: Claro. Si partimos de que la teología de la
liberación es teocéntrica, entonces la Biblia y la Palabra de Dios se
convierten en su fuente fundamental. De ellas brota el fundamento bíblico para
optar por los pobres.
A quienes
van a ver este video les recomendaría volver a revisar, por ejemplo, el libro
del Éxodo. Allí encontramos a un Dios que escucha el clamor de su pueblo e
interviene para liberarlo.
El Éxodo es
un libro central en esta perspectiva. También lo son los profetas, a quienes
muchas veces hemos interpretado equivocadamente, pensando que su misión
consiste únicamente en anunciar acontecimientos futuros. Sin embargo, el
profeta es aquel que anuncia la buena noticia, pero también denuncia las
injusticias.
Gustavo
Gutiérrez retoma esos textos y muestra cómo los profetas ya tenían presente la
preocupación por el extranjero, el huérfano y la viuda.
Después
encontramos los Evangelios. Entre ellos hay algunos textos especialmente
significativos para Gustavo. Uno que me gusta señalar es Mateo 25. Recomendaría
que todos se acerquen a este capítulo y lean la parábola del juicio final.
Allí Dios
pone a juicio a todos los pueblos. Y resulta muy interesante observar cuál es
el criterio de evaluación: haber dado de comer al hambriento, haber dado de
beber al sediento y haber atendido a quienes tenían necesidades concretas.
No se trata
de cuestiones abstractas. Se nos pregunta si hemos hecho el bien de manera
concreta. Y qué hermoso es el final del pasaje: «Cuanto hicisteis a uno de
estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis».
Ese es uno
de los puntos esenciales de Mateo 25.
También el
Apocalipsis ha sido revitalizado por esta perspectiva, no como un anuncio del
fin del mundo, sino como una denuncia de las estructuras de poder y, sobre
todo, como un mensaje de esperanza. Creo que necesitamos mucho esa esperanza en
nuestros tiempos.
Ayer veía
cómo Guillermo del Toro, el famoso director de cine, se emocionaba al hacer un
pequeño diagnóstico de lo que está sucediendo con esta generación y del mundo
que estamos dejando a las nuevas generaciones. Y, a pesar de todo, debemos
mantener la esperanza.
En los
últimos cursos de teología a los que asistí, cuando Gustavo ya era anciano,
recuerdo cómo insistía constantemente en la esperanza. Eso también me ha
quedado muy claro. Tal vez antes, por mi juventud, no le daba tanta
importancia, pero hoy comprendo que es algo trascendental.
Vivimos en
un mundo marcado por el cambio climático, por graves problemas políticos y por
guerras como las de Ucrania y Gaza. A pesar de todo, debemos mantener la
esperanza. Este mundo puede mejorar. No estamos llamados a pensar que todo está
perdido, sino a trabajar para transformarlo. Eso forma parte de nuestro
cristianismo y era algo que Gustavo Gutiérrez remarcaba constantemente.
PEDRO
ANDRÉS: Sin embargo, Gustavo Gutiérrez, a diferencia de
otros teólogos de la liberación, no fue excomulgado ni vetado. Tampoco fue
condenado oficialmente mediante un decreto de la Congregación para la Doctrina
de la Fe.
Esto no
sucedió con Gustavo Gutiérrez. Su teología fue objeto de controversias y de
algunos procesos de diálogo con la Iglesia, pero él nunca estuvo fuera de la
comunión eclesial. Se presenta como un hombre de Iglesia, de profunda fe, que
murió como sacerdote dentro de la Orden de Predicadores, a la que pertenecía.
En este
sentido, profesor, ¿qué significa que Gustavo Gutiérrez nunca haya sido
excomulgado ni condenado oficialmente?
HENRY
TORRES: Hay que tener claro que nunca hubo una
notificación ni una excomunión, como mucha gente cree. He notado, sobre todo
entre personas de las parroquias y de nuestras comunidades eclesiales, cierto
temor hacia Gustavo Gutiérrez. Son ideas que se han difundido, pero no
corresponden a la realidad.
Hoy tenemos
herramientas para investigar y comprobar estas cosas. Basta con revisar la
documentación disponible para constatar que no fue excomulgado.
Una idea
previa que debemos tener en cuenta es que, cuando aparecen propuestas nuevas,
suelen surgir temores y pequeñas controversias. Eso ha sucedido con muchas
teologías. Pensemos, por ejemplo, en santo Tomás de Aquino. No debemos creer
que desde el primer momento fue aceptado sin dificultades. También hubo
cuestionamientos sobre su pensamiento y sobre la incorporación de Aristóteles a
la reflexión teológica.
Algo
semejante sucede con los grandes teólogos que buscan hablar a los hombres y
mujeres de su tiempo. Para ello, dialogan con determinadas filosofías y asumen
realidades que los interpelan, buscando ofrecer respuestas nuevas.
Gustavo
Gutiérrez comprendió que América Latina necesitaba una nueva manera de hacer
teología y de entender el cristianismo, porque nuestra realidad era muy
distinta. Hasta ese momento, muchas de las propuestas teológicas provenían de
Europa y respondían principalmente a los problemas de la sociedad europea.
Por
ejemplo, algunas teologías surgieron para responder al ateísmo y al
agnosticismo que se desarrollaron especialmente en Europa. En América Latina,
en cambio, los problemas fundamentales eran la pobreza, la discriminación y el
racismo. Entonces surgía una pregunta: ¿cómo hacer una teología que responda a
este contexto?
Naturalmente,
podían aparecer dificultades en algunas explicaciones o planteamientos de los
libros. Y precisamente por eso somos Iglesia: estamos llamados a dialogar.
Gustavo
Gutiérrez hizo eso: dialogó. Durante el pontificado de Juan Pablo II
aparecieron dos instrucciones de la Congregación para la Doctrina de la Fe
sobre determinados aspectos de las teologías de la liberación. Muchos teólogos
no se identificaron con algunas de las críticas planteadas y continuaron
desarrollando sus reflexiones.
En el Perú,
la Conferencia Episcopal Peruana también examinó la obra de Gustavo Gutiérrez
para determinar si existían dificultades doctrinales. Se inició un diálogo con
él y, finalmente, se le pidieron algunas aclaraciones.
Precisamente,
he traído aquí el documento Koinonía eclesial, que también se puede
encontrar en internet y que ayuda a comprender cómo se desarrolló este diálogo
y cómo se abordaron las cuestiones que podían generar algún malentendido.
Alguien
podría decir: «Entonces, ¿sí hubo malentendidos?». Como sucede en cualquier
ámbito, pueden surgir dificultades, y por eso se dialoga. Lo importante es que
ese diálogo permitió aclarar las cuestiones planteadas.
Gustavo
Gutiérrez nunca dejó de ser teólogo ni de pertenecer a la Iglesia. Tal vez,
como anécdota, usted recuerda que en alguna oportunidad le preguntó algo muy
significativo.
Lo cuentan
varias personas y yo también le pregunté para comprobar si era cierto. La
pregunta era: «Gustavo, si al final tuvieras que elegir entre tu teología y la
Iglesia, ¿por cuál optarías?».
Y él
respondió: «Por la Iglesia».
Creo que
eso dice mucho de él. También lo recuerda el papa Francisco en la carta que
escribió con ocasión de su fallecimiento. Allí lo reconoce como un hombre de
Iglesia y destaca que, cuando había que guardar silencio, había sabido hacerlo.
Por eso,
considero importante desterrar esa idea de que Gustavo Gutiérrez fue
excomulgado o condenado y que estuvo fuera de la Iglesia.
PEDRO
ANDRÉS: Esto es importante aclararlo. Y ya que hemos
mencionado al papa Francisco, recordemos que envió un mensaje de video cuando
se enteró del fallecimiento del padre Gustavo Gutiérrez.
Antes hemos
presentado uno de sus libros más importantes, Teología de la liberación.
Perspectivas, y ahora tenemos también uno de sus últimos libros, Vivir y
pensar el Dios de los pobres, que cuenta con un prefacio del papa
Francisco.
Podríamos
pensar que el papa Francisco reivindicó la teología de la liberación y la
figura del padre Gustavo Gutiérrez. Durante su pontificado, ¿qué podemos
percibir? ¿Podemos decir que algunas de sus propuestas son fruto de la teología
de la liberación?
HENRY
TORRES: Yo pensaba en las imágenes y fotografías que
existen de Gustavo Gutiérrez junto al papa Francisco. Quizá podemos ver en
ellas un intento de revitalizar su figura y, sobre todo, de aclarar que Gustavo
siempre permaneció dentro de la Iglesia.
Creo que,
más que hablar de una adhesión explícita a la teología de la liberación, en
Francisco debemos destacar su propia vida.
En sus
documentos, como Laudato si', Fratelli tutti y otros escritos, se
percibe una preocupación profunda por los excluidos y por quienes sufren. No
voy a decir que todo eso sea directamente teología de la liberación, pero sí
podemos afirmar que existe una preocupación por los pobres. Y eso es también cristianismo.
En
Francisco se notaba en sus gestos, en su manera de vivir, desde cambiar de
residencia hasta sus declaraciones y actitudes, que siempre manifestaban una
preocupación por los más necesitados.
No me
atrevería a decir que fue un seguidor de la teología de la liberación en
sentido estricto, pero sí que en su vida se notaba esa preocupación por los
pobres.
Y creo que
también podemos reconocer esa preocupación en nuestro papa León XIV, de quien
esperamos su visita. En los documentos que va publicando también se percibe esa
atención hacia los más necesitados. Eso es lo esencial.
La preocupación
por los pobres pertenece a todo el cristianismo. La teología de la liberación
no puede apropiarse de ella como si fuera exclusiva. Lo que hace es poner un
énfasis particular en esa dimensión de la vida cristiana.
PEDRO
ANDRÉS: Al mencionar a Francisco y a León XIV, también
sería válido recordar a Benedicto XVI. En Aparecida, en el año 2007,
refiriéndose a la opción preferencial por los pobres, señaló que esta debía ser
una opción cristocéntrica. En este sentido, acompaña el sentir y el pensamiento
del padre Gustavo Gutiérrez, quien afirmaba que la opción por los pobres es
teocéntrica.
Una de las
primeras encíclicas de Benedicto XVI fue Deus caritas est, donde
desarrolla de una manera hermosa el amor y la caridad traducidos en acciones y
obras a favor de los más necesitados.
HENRY
TORRES: Sí, creo que eso fue como un espaldarazo, una
confirmación para muchos teólogos de la liberación y para quienes seguían esta
corriente.
A veces se
ha presentado a Benedicto XVI como alguien que perseguía a los teólogos de la
liberación. Sin embargo, creo que debemos comprender que estamos hablando de
cristianismo puro.
En alguna
oportunidad escuché a un arzobispo decir que la teología de la liberación no
era otra cosa que una explicitación del Evangelio. Creo que debemos mirarla con
buenos ojos.
Si alguien
todavía tiene dudas sobre Gustavo Gutiérrez y la teología de la liberación,
basta con revisar los documentos de la Iglesia, desde los escritos de los
Padres de la Iglesia hasta los documentos de los pontífices.
También
podemos leer el libro de Gustavo Gutiérrez La verdad los hará libres,
donde se observa cómo encuentra en la doctrina social de la Iglesia y en los
documentos de los pontífices una preocupación por las causas de la pobreza.
Esa es la
pregunta que, al final, debería inquietarnos a todos: ¿por qué existe la
pobreza?, ¿por qué hay exclusión?, ¿por qué hay discriminación?, ¿por qué
existe violencia contra la mujer?
Tenemos que
buscar las causas. Esa preocupación está presente en todo el cristianismo,
desde los Padres de la Iglesia.
Por eso,
debemos aprender a mirar la teología con buenos ojos, sin temor y sin
prejuicios. Ya basta de contemplarla siempre con lentes oscuros. También
debemos acercarnos a ella con bondad y disposición al diálogo.
PEDRO
ANDRÉS: En alguna oportunidad le preguntaron al padre
Gustavo Gutiérrez cómo veía su propia obra intelectual y su teología de la
liberación. Me parece que se refirió a sus libros como una carta de amor a la
Iglesia y al pueblo de Dios. Esto habla mucho de su sencillez y humanidad.
También
decía que, si pudiera cambiar algo, lo haría desde una perspectiva distinta,
porque ciertamente en 1971 tenía una edad y en 2005 tenía otra. Y, cincuenta
años después de la primera edición de su obra, se publicó una nueva edición con
una introducción bastante extensa, en la que el padre Gustavo, desde una
perspectiva más madura y después de tantos años de ministerio, vuelve sobre su
primera obra.
En ese
sentido, profesor Henry, decíamos al principio que usted nos enseña aquí en el
seminario la asignatura de Teología de la Liberación y Teología Latinoamericana
a jóvenes seminaristas que se preparan para ser futuros sacerdotes.
Si pudiera
pedirles que aprendieran una sola lección de la vida y del pensamiento del
padre Gustavo Gutiérrez, ¿cuál sería?
HENRY
TORRES: Es una pregunta muy difícil, porque son muchas las
cosas que podríamos destacar. Pero elegiría una: vivir por los pobres.
Y eso
significa tener siempre un corazón compasivo. El dolor de las víctimas y de los
pobres debe interpelarnos constantemente.
Creo que
los seminaristas, los catequistas, los profesores de Religión, los sacerdotes y
también quienes somos profesores debemos comprender algo: el día en que se nos
endurezca el corazón y deje de dolernos el sufrimiento de las personas, ese día
se habrá acabado nuestro cristianismo.
La opción
por los pobres nace de ese Dios que nos ama tanto, pero también de un corazón
que debe mantenerse generoso y compasivo hacia los demás.
Qué
interesante y qué bonito sería que, en estos tiempos en los que hablamos tanto
de crisis vocacional y de que somos pocos, recordáramos que Jesús comenzó con
un pequeño grupo de discípulos y, sin embargo, miren todo lo que hizo.
¿Cómo lo
hicieron las primeras comunidades cristianas? Compartían sus bienes, anunciaban
a Cristo y vivían su cristianismo. Eso es lo que nos corresponde hacer ahora:
mantener un corazón compasivo.
Cuando
Gustavo Gutiérrez analizaba la parábola del buen samaritano, remarcaba que al
samaritano se le conmovieron las entrañas. Eso es algo que los seminaristas y
todos nosotros debemos aprender: que se nos conmuevan las entrañas ante tanto
dolor y que no nos acostumbremos a él.
Parece que
estamos llegando a acostumbrarnos a las guerras y al hambre, como si dijéramos:
«Sí, hay guerras, hay hambre; así es la vida». Pero no. La vida no tiene que
ser así. Debemos mejorarla y, si es posible, transformarla para que se acerque
a lo que Dios quiere.
Como decía
César Vallejo, debemos imaginarnos a todos juntos en una misma mesa,
compartiendo el pan, unidos.
A mí me
gusta decirles a mis alumnos que debemos vivir con una sonrisa, todos
sonrientes, todos felices, compartiendo. Por eso, les diría que mantengan
siempre ese corazón compasivo, que se les conmuevan las entrañas.
Y, si me
permites agregar algo más, también les hablaría de la esperanza. Como decía al
inicio, Gustavo Gutiérrez insistía mucho en ella.
La
esperanza no significa cruzarnos de brazos y pensar que Dios ya lo va a
solucionar todo. En una entrevista, él decía que la esperanza no cae en
paracaídas: la esperanza se construye, se hace.
Este mundo
va a cambiar si nosotros ponemos manos a la obra. De lo contrario, las cosas
seguirán igual. Nuestro cristianismo nos mueve a conmovernos ante el
sufrimiento de los demás y a trabajar por mejorar nuestra sociedad.
Como
profesor, me corresponde dar lo máximo; al médico le tocará hacer su parte, al
economista la suya y a los sacerdotes la que les corresponde. Todos tenemos que
aportar para mejorar esta sociedad.
PEDRO
ANDRÉS: Llegando ya al final de esta conversación,
quisiera hacerle una pregunta más personal: ¿qué le dejó a usted Gustavo
Gutiérrez? ¿Qué conserva de su pensamiento como creyente, como teólogo y como
hombre de Iglesia?
HENRY
TORRES: Mira, yo personalmente sigo teniendo presente su
pensamiento. Continúo pendiente de la teología de la liberación, sigo
reinterpretándola y aprendiendo cada vez más. Siempre vuelvo a ella.
A mí me
deja muy clara una cosa, y esto forma parte de aquella tesis de maestría de la
que te hablé: la compasión.
El mismo
Gustavo Gutiérrez cita a Emmanuel Lévinas, el filósofo, desde esta primera obra
hasta sus últimos escritos. En una pequeña obra, ¿Dónde dormirán los pobres?,
también desarrolla y remarca la importancia de tener en cuenta al otro.
A veces
hemos pensado que somos seres individuales, y nuestra cultura ha reforzado
mucho esa idea. Sin embargo, tenemos que pensar siempre en el otro, porque el
otro también nos constituye.
Por eso,
creo que la compasión es el punto esencial.
Me atrevo a
decir que la teología de la liberación, como hemos señalado, es teocéntrica,
pero dentro de ese teocentrismo se encuentra esa compasión hacia los más
débiles y hacia los pobres. Se trata de reconocer al otro y optar por él.
Un amigo de
Gustavo Gutiérrez, Felipe Segarra, también tiene un libro sobre Emmanuel
Lévinas y la teología de la liberación. Sería interesante revisarlo.
PEDRO
ANDRÉS: Muchas gracias, profesor Henry, y gracias también
a todos los que nos han acompañado en esta entrevista.
Como hemos
dicho al principio, este encuentro se realiza en conmemoración del segundo
aniversario del fallecimiento del padre Gustavo Gutiérrez. El profesor Henry
nos ha ayudado a conocer y comprender mejor su teología, pero también nos ha
mostrado a la persona que hay detrás de la figura tan querida del padre
Gustavo.
Muchísimas
gracias, profesor.
Quisiera
aprovechar también para saludar a nuestros compañeros de la Diplomatura en
Teología de la Pontificia Universidad Católica del Perú, aquella primera
promoción del año 2023-2024, con quienes hemos tenido la oportunidad de
reencontrarnos en Lima a principios de este mes de octubre. Un saludo para
todos ustedes. Esperamos que puedan ver esta entrevista.
La
invitación es a acercarnos a la teología de la liberación del padre Gustavo
Gutiérrez desde una perspectiva de esperanza, reconociendo en ella una
herramienta para contemplar el cristianismo desde la realidad de los pobres.
Esta teología, que nació aquí en el Perú, se ha extendido y desarrollado
gracias a diversos teólogos en distintos países del mundo.
Se trata de
aprender a amar a los pobres y a reconocer a Cristo en ellos. San Pablo VI dijo
en alguna oportunidad que los pobres son sacramento de Cristo, refiriéndose
precisamente a que nuestro servicio hacia ellos es un servicio al mismo Cristo.
Estas
serían nuestras palabras finales. Profesor Henry, ¿desea añadir algo más?
HENRY
TORRES: Primero, quiero agradecerte. ¡Qué bonito que
recordemos a Gustavo Gutiérrez! También quiero enviar un saludo a todos los que
te siguen en las redes sociales y a nuestros amigos de la Diplomatura en
Teología.
Quedémonos
con esta idea: tener siempre un corazón compasivo y optar por los pobres.
Ayudarlos y ayudarnos también nosotros.
PEDRO
ANDRÉS: Así es. El papa Francisco decía también, en el
prólogo de este libro, que debemos tener amistad con los pobres.
La amistad
con el pobre significa, ciertamente, no volver la mirada ni hacer como si no
existiera. Si hay pobreza y desigualdad, desde nuestra perspectiva cristiana y
profética estamos llamados a hacer algo; mejor dicho, a hacerlo todo para
transformar estas situaciones.
Con el
Evangelio en el corazón y con Cristo en nuestra vida, estamos llamados a llevar
la Palabra de Dios y también lo necesario para que todos tengan lo
indispensable y puedan llevar una vida plena, santa y alegre, una vida digna,
con una sonrisa en el rostro: la sonrisa de quien tiene lo necesario y, sobre
todo, lleva a Cristo en el corazón.
Gracias a
todos ustedes. Gracias, profesor Henry. Nos veremos en una próxima oportunidad.