CÓDIGO VOCACIÓN
Bueno, ya me exhibiste, no hay problema. Es
parte de esa experiencia maravillosa: el retiro espiritual de cinco días que
tuvimos los dos en ese maravilloso lugar que es el convento de Ocopa. Fue un
encontrarnos con nosotros mismos, cada uno en particular, y un encontrarnos con
Dios. Y en ese caer en la conciencia de que estoy con Dios y de que Dios me ha
traído hasta este lugar, hasta ese momento allí, previo a la ordenación, fue lo
que me hizo mover por dentro, la verdad, el pensamiento, el corazón, y estuve a
punto de romper en llanto, como usted lo indica.
Pero ese sería un llanto de alegría, de
agradecimiento, porque, sin duda alguna, lo poníamos en común: no es de ninguna
manera un logro personal, no es un mérito humano. No, nos equivocamos si
pensamos que es así. Esto es obra de Dios. Esto es gracias a la misericordia
del Señor, que es el que se fija en nosotros, pobres, con defectos, con
dificultades, pero que pone no solo el llamado, sino también la gracia para
responderle.
Y ahora que ya estamos ordenados diáconos,
podemos decir, con el corazón agradecido, y el mío en particular con mucha
confianza en el Señor, que este camino recorrido ha sido lo que Él ha querido.
Y nuestra respuesta del día miércoles es el sí definitivo para consagrarnos a
Él toda la vida. No solo un instante, no solo un momento, no solo ahora en el
programa radial, sino toda la vida.
De modo que, de nosotros, los diáconos, pueden
esperar un servicio constante, un servicio abnegado, que se inspira no en la
fuerza humana y no en el talento humano, que a veces puede faltar, sino en la
gracia y en la misericordia de Dios.
Bueno, también allí nos dio una charla bien
interesante un tío sacerdote que tengo en Venezuela, jesuita, el padre Numa
Molina. Él nos habló de este aspecto que parece configurar el servicio concreto
del diácono. Y es que, cuando en los Hechos de los Apóstoles se da la
imposición de las manos sobre los siete varones elegidos, están destinados a
atender a las viudas, a los pobres, a los necesitados.
Entonces, el diaconado está en estrecha
relación con el servicio de los pobres, de los que no tienen nada. Incluso los
que estuvimos en la ordenación ciertamente nos dimos cuenta de que, en la
oración consecratoria y en ese momento de la imposición de las manos, se
menciona la relación que tiene el servicio diaconal con la atención a los
pobres. Y eso fue lo que nos recalcó el padre Numa Molina, sacerdote jesuita
venezolano.
Bueno, ahora mismo estoy recordando que, no sé
si coincido con Sixto, pero cuando llegamos a Ocopa, digamos que nos costó un
poquito desencajarnos de donde veníamos: la preparación, los ornamentos, las
tarjetas, el seminario, el Código Vocación, tantas cosas, para centrarnos en el
silencio interior y en el silencio también exterior, como gesto de preparación
para recibir estas charlas.
Entonces, ese jueves en la tarde costó
bastante. Incluso nos venía un sueño como para que nos quiten una costilla,
¿no? Prácticamente, algo inaudito. Pero esa era la lucha, esa era la batalla.
Ya el día viernes fue distinto. Una vez que hemos descansado ahí en Ocopa, al
día siguiente, el ambiente espiritual, las charlas y el material que llevamos
para preparar, estudiar y reflexionar, pues fue más propicio.
Pero ese jueves en particular nos costó
bastante encajar en lo que es el retiro, que lo hacen no solo los predicadores,
sino nosotros, quienes nos preparábamos y a quienes nos interesaba más vivir un
buen retiro.
La última charla que tuvimos fue la del padre
rector, a quien le estamos muy agradecidos. Él nos explicó con detalle el tema
del ritual de la ordenación, que no lo habíamos tocado en las charlas
anteriores, pero era preciso. Y esa última charla nos situó en lo que iba a
suceder días después.
Vinimos entonces con el padre Boulanger,
buscamos los ornamentos que estaban todavía en la sastrería y, bueno, ese
preparar el viaje para Ayacucho con nuestros hermanos también de cuarto de
Teología, que nos acompañaron, y uno de tercero de Teología para vivir con
nosotros ese momento, fue el situarnos y el decir: gracias a Dios, llegó, y
llegó ese día.
El miércoles en la mañana estuvimos muy
contentos. Rezamos unas Laudes muy piadosas previas a la ordenación, porque era
pedir la fuerza para vivir el momento, para disfrutarlo, y creo que de esa
manera lo hicimos.

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