SEMANA SANTA AYACUCHANA
Amigos del seminario San Cristóbal de Huamanga, en
esta oportunidad nos conseguimos con Monseñor Salvador Piñeiro, arzobispo de
Ayacucho y queremos conversar con él en estos días de la Pascua donde estamos
alegres.
Monseñor, acabamos de culminar la Semana Santa y
sabemos lo que esto implica para la piedad ayacuchana y en especial para usted
como arzobispo. Quisiéramos que nos comentara un poco sobre esta experiencia de
la Semana Santa Ayacuchana.
Lo bonito es que en las crónicas encontramos que
no termina la Semana Santa, el viernes del Calvario, la gran celebración de la
Pascua. El Señor que ha vencido el pecado y la muerte está en la piedad
huamanguina. Esa hermosa anda que porta la imagen del Cristo vencedor,
triunfante, cargada por 400 hombres, engalanada con los frutos de la tierra. Es
la cosmovisión andina que reconoce la gloria de Cristo. Está en el corazón de
la piedad popular, el triunfo de Jesús resucitado.
Así es, Monseñor. Veíamos a través de las redes
sociales todas las ceremonias, la solemnidad con la que se lleva a cabo cada
una de estas eucaristías y procesiones, donde vimos que usted estuvo acompañado
por alguno de nuestros compañeros seminaristas.
Sí, he agradecido. Han venido de Huancayo, donde
están estudiando. Algunos me han acompañado en las celebraciones y otros
también han ido a misiones, a los lugares más lejanos que me reclaman tanta
presencia sacerdotal. Bueno, ustedes que se están preparando para el ministerio
presbiteral, que vayan a esas zonas, que conozcan, que nos animen a esas
comunidades que tanto creen y esperan.
Así es, monseñor. Hemos tenido esta experiencia de
misión, algunos afuera, como menciona, otros le acompañaron, pero para los que
vean este video en la página del seminario San Cristóbal, muchos jóvenes tal
vez con inquietudes vocacionales, ese mensaje para decirle sí al Señor.
Sí, hemos visto en primer lugar todos los que
cargan las andas son jóvenes. La peregrinación mariana del sábado
multitudinaria. Salimos de la catedral rezando el rosario, el viacrucis hacia
el santuario del Señor de Quinuapata. Todos jóvenes que apuestan por Cristo,
que aman a la iglesia. Hay que decirles también que los esperamos. ¿Cuántos me
piden sacerdotes para nuestros Andes? No los tengo en la manga. Tenemos que
cultivarlos en las familias, en la vida parroquial. Apuesten por Jesús. Vale la
pena ser sacerdote.
Monseñor le escuchamos en su homilía del día
domingo que nos dio la primicia de la visita del Santo Padre para el mes de
noviembre. ¿Cómo prepararnos para ese momento?
Él viene a confirmarnos en la fe. Fue lo que nos
dijo a los obispos del Perú en enero. Ya detalles todavía están pasando el
proceso de las elecciones y habrá algunas comisiones que nos animarán a
organizar también los lugares donde va a venir a visitar, pero lo mejor es
preparar nuestro corazón porque él viene a confirmarnos en la fe. Es el Pedro
de hoy que no nos hace caminar con cobardías, con miedos, sino con la confianza
en el Señor.
Así es, Monseñor. Antes de despedirnos, coméntenos
un poco sobre este escenario que nos acoge.
Ese fue el colegio de San Carlos, que cuidaban los
padres jesuitas con tanta dedicación. Acá había escuela de arte, de oficios. La
expulsión de ellos fue un dolor muy grande, pero quedó esta casa para el
arzobispado y un tiempo también fue el seminario. Ahora es un centro cultural,
se llama San Cristóbal porque es el patrono del seminario y muy querido aquí en
memoria del gran arzobispo Cristóbal de Castilla y Zamora, que lo puso como su
protector a la universidad, al seminario, a muchas obras e instituciones. Esa
es una casa de mucha historia, de mucho compromiso con la cultura y abre
siempre las puertas a las exposiciones, al archivo arzobispal, todo eso que nos
habla del arte, de la artesanía lo pueden encontrar aquí.
Así es, monseñor. Nosotros los seminaristas
estamos muy contentos de haber venido en la Semana Santa, acompañarle, a ir a
las misiones y también nos llena de alegría que nuestro seminario San Cristóbal
de Huamanga esté en sus 400 años, un dato también para resaltar y escuchamos
sus palabras finales y su bendición.
Siempre un aniversario, un jubileo es decirle a
Dios gracias porque formó muchos sacerdotes en estas aulas. Es un tiempo de
reflexión también, hoy día hay que responderle al Señor y son gracias para
seguir la misión desde Ayacucho. Que los acompañe la bendición del Padre, del
Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
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