2 DE SEPTIEMBRE DE 2026
Durante
la solemne celebración por el IV Centenario del Seminario Conciliar San
Cristóbal de Huamanga, monseñor Salvador Piñeiro García-Calderón, arzobispo metropolitano
de Ayacucho, anunció públicamente la fecha de las próximas ordenaciones
diaconales y de la ordenación sacerdotal que tendrán lugar en el marco de la
celebración de sus Bodas de Plata Episcopales.
Poco
antes de iniciar la procesión de entrada —que partió desde el seminario hasta
la Basílica Catedral de Ayacucho acompañando la imagen de san Cristóbal—,
monseñor nos llamó aparte a Juan Sixto y a mí. Nos comentó que había leído los
informes enviados por el rector del Seminario San Pío X de Huancayo y que, tal
como este le había recordado, correspondía que fuésemos admitidos a las
Sagradas Órdenes, conforme al canon 1034 del Código de Derecho Canónico.
En ese momento le indiqué que ya había recibido el rito de admisión en Venezuela, en el año 2019, de manos del cardenal Baltazar Enrique Porras Cardozo. Con la sencillez y cercanía que lo caracterizan, monseñor Salvador me respondió que no existía ningún inconveniente en conferir nuevamente este rito, ahora en la Iglesia de Ayacucho.
Al
concluir la homilía, el señor arzobispo se dirigió a toda la asamblea con estas
palabras: «Hoy me acompañan mis queridos seminaristas, y especialmente a dos
de ellos los voy a llamar para que tengan la admisión a las Órdenes. Ya después
harán el juramento que tienen que hacer y el Credo; pero qué bonito día para
presentarlos a la comunidad católica. Ellos están ya en el último año de
seminario, preparándose para recibir el Orden del Diaconado y dar ese paso
final y definitivo hacia el sacerdocio, según el corazón de Cristo. Amén.
Invito al padre rector para que los presente.»
A
continuación, el padre rector pronunció nuestros nombres y fuimos llamados al
presbiterio. Me situé a la derecha del señor arzobispo y Juan Sixto a su
izquierda. Al escuchar nuestros nombres respondimos con un firme «Presente» y,
posteriormente, a las preguntas propias del rito contestamos dos veces: «Sí,
estoy dispuesto».
Después
nos invitó a colocarnos frente a él para la oración conclusiva de la admisión.
Fue entonces cuando, con gran alegría y ante toda la Iglesia reunida, hizo el
esperado anuncio: «Les anuncio, queridos hermanos, que el 2 de septiembre
los ordenaré de diáconos en la Catedral; y al hermano Ernesto, sacerdote, que
está sirviendo en Querobamba. ¡Buen anuncio!»
En ese instante la catedral estalló
en un prolongado aplauso. Fue un momento profundamente emotivo que permanecerá
para siempre grabado en mi memoria. Mientras la alegría de la feligresía se
hacía sentir en cada rincón del templo, dirigí discretamente la mirada entre
los asistentes buscando un rostro familiar. Allí estaba mi papá. Bastó ese
instante para que mi corazón se llenara de una inmensa gratitud, al verlo
presente, compartiendo conmigo aquel momento tan esperado. Tras el anuncio
profesamos solemnemente el Credo y la celebración eucarística continuó con su
curso habitual.
Doy
gracias a Dios por este paso decisivo en mi camino vocacional. La fecha del 2
de septiembre la he rezado muchísimo durante todo este tiempo, esta fecha queda
grabada para siempre en mi corazón como el día en que, si Dios lo permite,
recibiré el sagrado Orden del Diaconado y comenzaré sacramentalmente mi
ministerio al servicio de Cristo y de su Iglesia.







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