FEDERICO
DEL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS
GARCÍA LORCA
Eres joven y eres rico,
¿qué más quieres, Federico?
En el pueblo de Fuente Vaqueros,
toda Granada cantará aquel día,
cuando, siendo el cinco de junio,
nació el hijo de Federico García.
Como su padre fue nombrado,
y del Sagrado Corazón de Jesús
doña Vicenta Lorca ha dado
a su primer hijo a la luz.
Luis, que murió temprano;
Francisco, María e Isabel
fueron los cuatro hermanos
que tuvo en aquel vergel.
En Asquerosa vivieron,
y allí estudió la primaria;
creció entre lecturas y fueron
muy propios de zona agraria.
Almería le vio llegar
para cursar el bachillerato,
pero hubo de enfermar,
por lo que regresó al rato.
Una nueva mudanza familiar,
como para acomodarse de la nada:
dejaron Valderrubio
para vivir en Granada.
Continuó su bachillerato
en el Colegio del Sagrado Corazón;
a la par estudiaba música,
para lo que siempre tuvo sazón.
Ya en la Universidad de Granada,
por Derecho, Filosofía y Letras,
estudió el poeta granadino,
formando su hábil impetra.
Con sus amigos en el Café
Rinconcillo, en Alameda de Granada,
surgió como poeta apócrifo
y sus primeros dibujos plasmaba.
Cuando escribió en prosa “Mi pueblo”,
abandonó la música, su pasión,
pues su maestro Segura
pasaba a la defunción.
En un viaje de estudios
a Baeza fue convocado,
y para su dicha fue propicio
conocer a Antonio Machado.
En un segundo periplo
conoció a Miguel de Unamuno,
y el joven García Lorca
gozaba como ninguno.
El paseo se mezclaba
con recital de piano
que Federico tocaba,
y de lo más cotidiano.
El veintinueve de junio
del diecisiete fue la ocasión
para escribir su primer poema:
“Canción. (Ensueño y confusión)”.
Pasando por Madrid y Palencia,
Burgos y demás parajes,
escribe en prosa el futuro libro
“Impresiones y paisajes”.
Libro que leyó en Granada,
en el Centro Artístico y Literario,
juntando la escritura
con su aparición en escenarios.
Por fin se fue a Madrid,
donde primero estuvo de pensión,
y a la Residencia de Estudiantes
llegó con gran ilusión.
Allí vivió ocho años,
volviendo por temporadas
a visitar a su gente
en su querida Granada.
Con “El maleficio de la mariposa”,
el dramaturgo fracasó;
y, a la par, con Ortega y Gasset,
en “España” poemas publicó.
En “La Pluma”, de Manuel Azaña,
se recogen textos, entre otros,
y su “Libro de poemas”
publica en la imprenta de Maroto.
Con el apoyo de varios prepara
el Concurso del Cante Jondo;
de ahí “Canciones” y “Poema...”
con el sentir más hondo.
Lee estas composiciones
en Granada y el Alhambra Palace Hotel;
con la “Tragicomedia de don Cristóbal y la señá
Rosita”
tiene el teatro de títeres por escabel.
Soñador de mil ensueños,
dio por sentado y por hecho
haber terminado por fin
sus estudios de Derecho.
No así la Filosofía
ni las Letras de Diploma,
pero su vida fue ilustre,
canto que su letra entona.
Fue en aquella Residencia
de Estudiantes de Madrid
donde encarna su amistad
con Salvador Dalí.
Con esta familia en Gerona,
lector de sus propios poemas,
allí debutó recitando
su recién “Mariana Pineda”.
Y, como si esta amistad
nunca llegara a su fin,
dedica a su catalán
la “Oda a Salvador Dalí”.
Por fin publica “Verso y Prosa”
y también su libro “Canciones”;
estrena “Mariana Pineda”,
de Dalí las decoraciones.
Sus estancias con la familia
en la Huerta de San Vicente
le inspiran grandes poemas;
el peso de su fama se siente.
Como ilusión literaria,
con amigos publica “Gallo”;
el primer número en marzo
y el último el mismo mayo.
Con “Revista de Occidente”
sale el “Romancero gitano”,
el más famoso poema
que de García Lorca se ha dado.
Desesperado de sí,
con sus caídas de amor,
decide emprender viaje
para ir a Nueva York.
Hospedado en Furnald Hall,
de la Universidad de Columbia,
se matricula en inglés;
y aquel idioma le enturbia.
De Florida hasta La Habana,
dictando sus conferencias,
entre poetas y amigos
se cuentan sus ocurrencias.
A la par de sus poemas,
del arte nunca se abdujo;
publicando ya sus letras,
también lo hizo con sus dibujos.
Fue el teatro “Bodas de sangre”
otra de sus grandes obras;
su lectura, estreno y actuación
tienen comentarios de sobra.
Y “El amor de don Perlimplín
con Belisa en su jardín”
tuvo como paladín
de su talento sin fin.
Tanto en el verso pulido
como en la brillante prosa,
publicados por García Lorca,
como “La zapatera prodigiosa”.
Firmó un papel contra Hitler
y acompañó con el piano
a la gran “La Argentinita”,
quien bailó al son de sus manos.
Viajó a Buenos Aires,
repleto de fama onerosa;
durante el viaje trabaja
para publicar otras prosas.
Allí fue muy aclamado,
codeándose con escritores,
y la vida bonaerense
le rindió buenos honores.
En el atardecer de sus días
dejó su manuscrito mayor,
que no vio publicar en vida:
aquel “Poeta en Nueva York”.
Con “La casa de Bernarda Alba”
a sus vecinos “honrados”
el poeta granadino
dejó mal evidenciados.
Por estos malentendidos
de familias y vecinos
García Lorca se ganó
aquel trágico destino.
Fue amigo de unos y otros
pero más de republicanos
por eso levanta sospechas
del bando sublevado.
Odiado por ser hombre libre,
denunciado por homosexual;
Federico sufrió el suplicio
que le dio gloria inmortal.
El once de agosto, temprano,
se refugió con los Rosales;
se sentía perturbado,
pues le rodeaban los males.
Y el dieciséis fue apresado
el poeta de la cabeza gorda,
conducido al Gobierno Civil;
su presencia les estorba.
El diecinueve, en la alborada,
García Lorca fue asesinado;
mataron al gran poeta
de los pueblos marginados.
Solo treinta y ocho años
vivió nuestro Federico;
murió joven y afamado,
murió el pobre de los ricos.
Sus restos aún no aparecen,
Federico no está enterrado,
pues él vive y está presente
allí donde lo han recitado.
los poemas que hoy leemos


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