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jueves, 24 de junio de 2021

24 de junio de 1610 ¿posible fundación de La Playa?


DÍA DE SAN JUAN


         Fray Pedro Simón es el clérigo español que relata los sucesos del terremoto de La Grita, ocurrido el 3 de febrero de 1610. Dicho historiador, en su libro “Noticias Historiales de Venezuela”, en el Capítulo XXXV, (de la VI Noticia de la II Parte), describe con lujo de detalles lo que aconteció en aquel movimiento telúrico, a saber: “[…] que en el valle de los Bailadores, […] voló la mitad de un valentísimo cerro, […] por donde empezó a salir un buen golpe de agua […] con que se acrecentó el rebalso que hizo el río del valle con el asiento del cerro, quedando rebalsadas y haciendo una tan valiente y fondable laguna, que podían nadar en ella muy gruesos navíos, pues estuvo rebalsando sin que saliera gota de la mucha que entraba (por ser el río de más de dos bueyes de agua), desde este día hasta el de San Juan del mismo año”.

         Con los datos exactos que nos presenta Fray Pedro Simón, podemos deducir con facilidad que dicha laguna se formó, permaneció y ganó terreno por un tiempo aproximado de 110 días, desde el 3 de febrero hasta el 24 de junio de 1610. Es natural pensar, como lo refiere el historiador, que si no salía agua de la mucha que le entraba, en 110 días hubo de formarse una gran laguna, capaz de inundar terrenos, sobre todo los más bajos y planos, como lo son los que hoy en día conforman la geografía del pueblo de La Playa, en los sectores de Los Rastrojos, El Verde y El Dique.

         Pensemos ahora en el día 24 de junio de 1610, en la festividad de San Juan Bautista, cuando, según Fray Pedro, revienta la gran laguna que se había formado a partir del 3 de febrero. Imaginemos los terrenos que antes habían sido inundados, ahora simplemente húmedos y pantanosos, con las secuelas de un desplazamiento de lodo, piedras y materiales geológicos que el terremoto había movilizado con el cerro desprendido. Es fácil imaginar esta escena, basta solo con observar la panorámica de La Playa que se obtiene desde la Mesa de La Laguna, o desde la montaña de Los Chochos, donde se encuentra la Capilla del Beato José Gregorio Hernández. Aquel que haya tenido la oportunidad de observar el pueblo desde estas perspectivas, puede vislumbrar el horizonte y remontarse al día 24 de junio de 1610, cuando, todo lo que había estado bajo agua durante 110 días, ahora quedaba simplemente semi-seco y plano, aunque no tan seguro para ser habitado, por las constantes amenazas de inundación que han perseguido al pueblo de La Playa desde épocas inmemoriales.

         El común de las opiniones al respecto de la posible fundación, o mejor dicho conformación de La Playa como pueblo, apunta a considerar tal génesis demográfica en lo que es hoy en día el Sector San Vicente, donde efectivamente existen las ruinas de una antigua iglesia o templo dedicado a este santo dominico español, protector de peregrinos, San Vicente Ferrer. Del mencionado templo, hoy en ruinas, se sabe que fue construido en años anteriores a 1829, y que posiblemente sirvió como recinto sagrado hasta 1879, es decir, 50 años después, que es cuando se inicia la construcción del templo actual de La Playa, que está frente a la Plaza Bolívar.

         Si los terrenos de La Playa se secaron a partir del 24 de junio de 1610 y el antiguo templo no fue construido sino hasta principios del siglo XIX, es natural pensar que durante al menos doscientos años los terrenos de La Playa no fueron más que espacios dedicados a la agricultura y cría de animales, no al asentamiento de personas como tal, aunque no podemos descartar la conformación de una minúscula aldea a orillas del camino tradicional entre Bailadores y Mérida, aquel que recorrió Bolívar en la Gran Campaña Admirable en mayo de 1813. Este posible caserío es San Vicente.

         Antes he mencionado el vacío histórico que tenemos actualmente en la historia de La Playa desde el 24 de junio de 1610 hasta la segunda década de 1800, ahora es menester recordar que para 1790, cuando el Obispo fundador de la Diócesis de Mérida de Maracaibo, Fray Juan Ramos de Lora, precisaba los límites de la Parroquia de Bailadores (hoy Tovar), mencionaba el Sector El Volcán como punto límite de ésta nueva Parroquia dedicada a Nuestra Señora de Regla, y la Parroquia vecina de Nuestra Señora de la Candelaria de la Villa de los Bailadores, por lo que, se tienen noticias más antiguas del uso del topónimo “El Volcán” a estas tierras en estudio que el de “La Playa”.

         En conclusión, en estas líneas solo me empeñé en hacer un resumen a vuelo de pájaro de lo que ha sido la posible historia de nuestro terruño playense, aquel que espera de nosotros lo mejor que le podamos brindar. Lo que debemos tomar por cierto, como todo lo anterior, es que de La Playa nunca tendremos fecha de fundación exacta, porque tal evento no se llevó a cabo; como se ha dicho, es más preciso hablar de conformación de aldea que de una fundación de pueblo como tal. Es así como ni el 3 de febrero de 1610 ni el 24 de junio del mismo año pueden figurar como posibles fechas fundacionales de nuestro pueblo.

         La Playa fue tan necesaria para la geografía merideña y tan natural su origen, que simplemente sabemos que existe y existirá, pero no sabemos desde cuándo ni desde dónde, porque fundación no hay y no nos podemos empeñar en encontrarla, pues tal empresa sin fundamentos no puede ni sostenerse sobre las débiles bases de una hipótesis.

         Con cariño para todos mis coterráneos: Pedro Andrés García Barillas, un playense en Ayacucho, Perú.

P.A

García

domingo, 12 de abril de 2020

La formación de La Playa según Pedro Simón, ¿realidad o ficción?

Lo crónico de la crónica
        Desde que inicié el estudio sobre la formación de La Playa, con profundidad, según los relatos de Fray Pedro Simón, he conocido diversidad de interpretaciones -orales y escritas-  de su texto, como si de un discurso místico se tratara su obra “Noticias Historiales de las conquistas de Tierra Firme en las Indias Occidentales”, que es el libro en discusión.

         En mi búsqueda de argumentos para presentar estos relatos como lo más original y auténtico, y por consiguiente lo único cierto sobre la formación de la geografía playense, pude conseguir dos opiniones autorizadas que dan crédito a mi pretensión. Las expongo a continuación.

         Letizia Vaccari, en el Diccionario de las Letras Latinoamericanas editado por la Biblioteca Ayacucho, es la encargada de hacer un brevísimo comentario sobre Fray Pedro Simón y su obra “Noticias Historiales de las conquistas de Tierra Firme en las Indias Occidentales”. Ella, después de proporcionar algunos datos biográficos de Pedro Simón, destaca, entre otras cosas, su gran importancia por la labor historiográfica sobre Las Indias.

Comenta Vaccari que “es Pedro Simón iniciador, junto con Aguado, del oficio de historiador en Venezuela”, pudiendo ser considerado el Padre de la Historia de nuestra nación. Continúa diciendo la autora que “el valor más significativo de sus Noticias historiales es que logra su mejor fundamentación en relatos de testigos presenciales aderezados por sus experiencias personales, lo que corresponde al estilo de las denominadas crónicas”. Vaccari, con su dictamen, da fuerza a mi personal opinión anteriormente precisada: “presentar estos relatos como lo más original y auténtico, y por consiguiente lo único cierto sobre la formación de la geografía playense”.

Consideremos ahora lo que es una crónica para Vaccari: “mejor fundamentación en relatos de testigos presenciales aderezados por sus experiencias personales”. Con esta opinión, sería ilógico pensar que Pedro Simón idealiza o miente en su obra, por el contrario, lo que escribió sobre lo que hoy es La Playa, lo hizo fundamentando su texto con los relatos de testigos presenciales y sus experiencias personales. Ciertamente Pedro Simón conoció los hechos del terremoto de 1610 dos años después de ocurridos, pero es de suponer que conoció los relatos y estuvo en el lugar de los hechos, y la autoridad con la que escribe Pedro Simón no la tiene ninguno de nosotros en la actualidad.

Más adelante, en la misma cita hecha a Vaccari, se constriñe que “la obra –de Pedro Simón- comprende como ámbito geográfico las actuales repúblicas de Venezuela y Colombia, siendo el repertorio más completo de los sucesos de los primeros años de la conquista española de tierra firme”. De aquí me gustaría resaltar la conclusión Vaccariana al concretar que la obra de Pedro Simón es “el repertorio más completo de los sucesos de los primeros años de la conquista española de tierra firme”. La formación geográfica de La Playa se encuentra en una obra que es considerada “el repertorio más completo” de la historia de la época.

Finalmente, es menester dar a conocer la opinión de otra autoridad en el tema, como lo es Guillermo Morón, quien hace un excelente estudio de la obra de Pedro Simón, en la edición que hace la Biblioteca Ayacucho.

Morón opina, entre otras cosas que Pedro Simón, sin querer hacer literatura, la hace, sin embargo, desde el posible barroco de su literatura, se inclina mucho a pensar que Pedro Simón escriba movido por las mismas motivaciones de los que si son barrocos: “si bien es cierto que por su condición de viajero y, en el plano de observador de la naturaleza de los hombres y del ambiente, pudiera decirse que corresponde a esa inquietud que alienta a todos ellos”. Para Morón, el barroco literario adquirió las maneras de lo “real maravilloso”, diría yo, de lo que es maravilloso, pero no deja de ser real.

En un último intento de Morón por dar a conocer la crónica de Pedro Simón, expresa que: “llegó tardíamente nuestro Fray Pedro Simón, pero también su obra está en las raíces del barroco americano, del realismo mágico americano, de lo real maravilloso, porque, después de todo, las tres designaciones configuran una gran literatura, propia del idioma castellano…”.  Y cierra Morón su estudio citando el Prólogo del mismo Fray Pedro, en el que describe él su carácter e intención al escribir sus Noticias Historiales: “Sólo he procurado estilo claro y casto, guardando el rostro al tiempo en que me hallo, y no al que está por venir, pues no sabemos cuál será, por ser verdad infalible que nadie conoció a mañana”.

Entonces, lo crónico de la crónica, es decir, lo habitual en la manera de escribir Pedro Simón, es contar lo real desde una perspectiva maravillosa. Aunque para Caracciolo Parra Pérez, Pedro Simón está muy distante en años de los sucesos acaecidos en la conquista desde su origen, no lo está tanto en relación al terremoto de La Grita del 03 de febrero de 1610, pues lo conoció en 1612.
P.A
García

domingo, 22 de marzo de 2020

El Volcán de La Playa en 1790

EL VOLCÁN
La Playa. en la parte superior derecha se observa El Volcán

        
Preguntarnos sobre la antigüedad del nombre de La Playa, me parece que es otro aspecto quimérico dentro de nuestra inventiva por precisar la historia de este pueblo andino. Hasta los momentos, en la ardua investigación que he realizado sobre el tema de La Playa y su devoción a san Vicente Ferrer, no he conseguido origen o momento preciso en el que a esta meseta semi-inclinada se le promueve a bautizar con una nomenclatura más propia de la geografía marítima que de la andina. Sin embargo, es menester detenernos un momento a considerar varios aspectos del término, para luego pasar al dato histórico verídico.

         En nuestra rica lengua castellana podemos considerar como sinónimos de “playa” las siguientes palabras: ribera, arenal, costa, litoral, marina, orilla, borde, margen, todas estas hacen referencia a lo que el Diccionario de la Real Academia Española precisa sobre el término playa: Del latín tardío “plagia”. Ribera del mar o de un río grande, formada de arenales en superficie casi plana[1]. En este sentido, el término puede aplicársele tanto al mar como a los ríos “grandes”, además, el término ha mutado hasta convertirse en un verbo, ya que playar significa divertirse en la playa.

         Ahora bien, con relación a nuestro pueblo, el gentilicio de sus habitantes no sería “playero” o “playera”, ya que esto indica a objetos o cosas relacionados a una playa, no a personas, por lo que el gentilicio correcto de los habitantes de La Playa, parroquia Dr. Gerónimo Maldonado, del municipio Rivas Dávila del estado bolivariano de Mérida es playense.

         Una vez acabados algunos detalles que conforman nuestra identidad local, pasemos a considerar el dato hasta ahora más antiguo, sobre el nombre del lugar en el que hoy se enclava el pueblo, y no es este nombre La Playa, sino El Volcán, uno de sus sectores, el primero en conseguirse por la vía Tovar – Bailadores.

         El fundador de la Diócesis de Mérida de Maracaibo fue Fray Juan Ramos de Lora. Este prelado, en documentos oficiales en los que delimitaba la Parroquia de Bailadores, (hoy Tovar), Nuestra Señora de Regla, hizo mención de sus linderos nombrando al sector El Volcán como punto más alto de la jurisdicción eclesiástica en mención. El documento es del año 1790 y precisa que:

El cura del Pueblo puede administrar desde el sitio que llaman del Bolcán, quebrada arriva de San Francisco y de allí hasta el último vado del Río de Mocotíes, dentro de cuyo término se halla el Pueblo y ciento y sesenta y una casas, que pueden ser una tercera parte del vecindario de la parroquia[2].
         Concretemos una cosa sin dejar lugar a titubeos propios de la inseguridad de quien habla sin conocimiento de causa. Es probable que este pueblo, o al menos el sitio geográfico en el que se encuentra, haya sido conocido inicialmente como El Volcán y no como La Playa, esto así lo manifiesta los datos conseguidos, como el que les acabamos de presentar, pues para 1790, ya se conocía El Volcán como punto de referencia. Ahora bien, ¿de qué volcán hablamos?

         El Volcán de La Playa

        Cuando en 1610, específicamente el 24 de junio día de san Juan Bautista, reventó la gran represa formada por el río estancado a causa del cerro que voló y se asentó en su cauce, quedó en el sitio una gran abertura en forma de cañón o volcán, en cuyo fondo siguió cursando el río Mocotíes, y es este el origen del nombre del sector El Volcán. Algunos piensan que dicha abertura hubo de formarse paulatinamente, negando credibilidad al relato de Fray Pedro Simón, pero es poco probable que haya sido así, pues el testimonio geográfico que representa La Galera de Tovar, indica que un montículo como ése hubo de formarse a causa de una gran masa de agua y lodo, capaz de cortar como una hojilla esa falda de la montaña sur de Tovar, pero, mejor que hablen los expertos, pero que hablen y lo pongan por escrito, porque las palabras se las lleva el viento.

         En conclusión, para 1790, se tiene dato de la existencia del sector El Volcán, más no de La Playa. Es probable que para la época fueran pocos los habitantes como para concretar al menos una aldea. Esperemos que sigan apareciendo documentos que nos hablen sobre este tema. Por los momentos podemos quedarnos con lo poco que ha salido a la luz.

P.A
García



[1] Vigésima Segunda Edición. Tomo 8 página 1211
[2] Sección 22 Curatos. Caja 5. Documento 10.092. Bailadores 1790.

sábado, 2 de noviembre de 2019

Sobre una leyenda playense en dos versiones

CATÁSTROFE EN LA PLAYA

Panorámica de La Playa en 2015
El playense, en su vivencia cotidiana ha encontrado la manera de dar explicación al fenómeno de 1610, por ello ha sobrevivido una misma leyenda, pero con dos versiones, que se aproximan a ser un relato coloquial de lo sucedido, donde se mezclan datos verídicos con pensamientos de la piedad cristiana. La primera versión de la leyenda la proporciona para este estudio Miguel Vivas, la cual indica:

Dice la leyenda, que viviendo en el sitio un rico español encomendero, propietario de una casa de posada, se negó a darle alojamiento a un sacerdote que venía de la Ciudad de Mérida, rumbo a Pamplona o a Santa Fe de Bogotá, ante semejante sacrílega actitud, el pastor de Cristo, maldijo al citado señor y el castigo divino se dejó sentir a las pocas horas de camino del viajero, cuando ante su mirada aterrorizada vio depositarse una tromba marina en la cadena occidental del asentamiento español y minutos después un ruido espantoso que originaba la mole orográfica en su descomunal recorrido hacia el valle; desgarradores gritos de espanto y dolor, ladridos de perros, y bramar del ganado cruzó los cielos de norte a sur y de este a oeste, y a los pocos minutos el firmamento quedó cubierto de una nube negra de polvo y humo y un silencio sepulcral y más luego el dantesco fenómeno de la represa del Zarzales que viene a cubrir de agua lo poco que quedó fuera del alcance del deslizamiento, allí en el mismo sitio, soportando millones de toneladas de rocas reposan en la paz del Señor, el encomendero Ochoa, su mujer, sus hijos, los indios encomendados y sus tesoros. Cuentan nuestros antepasados que de vez en cuando se oyen los lamentos de las almas en penas y ladridos de perros en el sitio.

         En resumen, aquí se presenta en primer plano el “rico español encomendero”, que niega su casa a un “Sacerdote”, ante esta actitud el “Sacerdote” maldice a aquel hombre y como consecuencia sus tierras y riquezas quedan sepultadas bajo tierra y agua. Es curioso que, tanto en este primer relato, como en el segundo que ya se verá, la catástrofe ocurre en horas de la noche, ya que es de suponer que el sacerdote pide posada porque estaría ya anocheciendo en el momento en el que llegaba a la casa del español. En los relatos originales sobre el fenómeno en cuestión, Fray Pedro Simón pone hora específica al momento en que la tierra se empezó a mover y el cerro voló, eran las tres de la tarde, con lo cual se halla la más notable incoherencia del relato con la realidad, pero esto es aceptable, puesto que se trata de una leyenda.

En la segunda versión, se puede encontrar un relato más elaborado, lleno de detalles, aunque en principio se trata del mismo escenario y posibles personajes, hace un ligero cambio de los mismos, sin embargo, trata de explicar, al igual que la primera leyenda, el fenómeno de la formación de La Playa. Esta segunda versión se toma del Geógrafo José Herrera:

En tiempos pasados solo había un sacerdote en Bailadores para asistir los actos religiosos de El Páramo de Mariño, La Playa, Guaraque, teniendo que caminar o andar en mula grandes distancias e incluso, por varios días, para confesar y dar los Santos Óleos a los enfermos moribundos. Sucedió que un día el sacerdote fue buscado por un muchacho del Páramo de Mariño, para asistir a un señor moribundo que no terminaba de fallecer hasta tanto no fuera confesado y recibir la Sagrada Extremaunción. Al día siguiente, en las horas de la madrugada partieron el padre y el muchacho a acompañados por un sacristán, cabalgando dos mulas y un caballo, recorriendo largos caminos durante más de ocho horas, para llegar a la casa del enfermo pasadas las 3 de la tarde, confesándolo y dándole la extremaunción. Después de haber comido y reposado el sacerdote emprendió el regreso a Bailadores, por otro camino más largo que lo conduciría a La Playa y que le permitiría quedarse y dormir en la finca de Las Barrancas, propiedad del rico hacendado ya mencionado, ya que por el camino que hizo el recorrido anterior durante un día, no le daba tiempo suficiente para llegar a Bailadores con buena claridad. Así fue, el sacerdote, llegó anocheciendo a la finca de Las Barrancas, donde fue muy bien recibido por la familia y los peones de la finca, y le prepararon una suculenta cena compuesta de varios potajes y excelente vino. Sirvieron la cena con la familia y el mayordomo de la finca e iniciaron los comentarios respectivos a las siembras y cosechas, enfermedades, religión y los bienes que poseía, saliendo a relucir la gran riqueza del hacendado, con cofres o baúles repletos de morocotas de oro y joyas, que según cuentan, las hormigas y los bachacos, movían las monedas dentro del cuarto destinado para guardarlas. Durante la amena conversación introductoria para la cena, el sacerdote preguntó al rico hacendado como hizo para acumular tantas riquezas y sobretodo las costosas morocotas de oro, respondiéndoles, que todo aquello era el fruto de su esfuerzo, tesón y trabajo durante muchos años; continuó diciendo “mire padre, mi riqueza es tan grande que ni Dios me la puede quitar”, situación que hizo parar al sacerdote de la mesa y dijo sabiamente, que había olvidado dar la confesión a un enfermo en La Playa, por lo que debía seguir su camino en la noche. El hacendado trató de persuadirlo, sobre lo peligroso del camino en la noche, el sacerdote insistió en continuar y sin tomar ni siquiera un bocado de la gran comida, ensillaron las mulas y junto con el sacristán abandonaron la finca pasadas las 8 de la noche. Después de varias horas de recorrido montaña abajo, estando ya en los predios de La Playa Arriba, escucharon un ruido ensordecedor de gran estruendo, era un gran terremoto que desgajaba el Cerro las Barrancas arrastrado lo que encontraba a su paso, asentándose en la mitad del valle u chocando con la vertiente contraria del río Mocotíes, para dar origen a los terrenos de la finca El Volcán entre Tovar y La Playa desapareciendo los terrenos de Las Barrancas, junto con familia, peones y morocotas, transformando este bello paisaje ondulado de páramo a unas tierras quebradas con zanjones, que es en realidad los terrenos que hoy día conocemos de la finca Las Barrancas.[1]

         Como ya se mencionó al analizar el primer relato, este segundo también ubica la hora de la catástrofe ya entrada la noche. Es de resaltar que, a diferencia del primero, el sacerdote si es aceptado en la casa, pero por cuestiones de ofensas a la religión decide no quedarse. En los dos relatos la constante es la “riqueza del hacendado español” y el castigo de Dios por su orgullo y arrogancia, dejando entrever que, bajo el suelo de La Playa hay una gran riqueza, representada en oro y materiales de lujo que posiblemente tuvo en su casa este hombre desdichado.

         La incoherencia más notoria de este segundo relato es que, narrando la formación de La Playa ya se nombra dentro del cuento como un lugar geográfico determinado a La Playa, es decir, se supone que el relato quiere dar origen a La Playa, pero resulta que para el mismo relato ya La Playa existía, pues era el lugar hacia donde se dirigió el sacerdote para atender a un moribundo después del Páramo de Mariño, pero como se dijo anteriormente, se trata de una leyenda, por eso se respeta la imaginación de quienes la han mantenido viva en sus vidas.

         Lo cierto de todo esto es que, para las dos versiones de la leyenda, y para los relatos de Fray Pedro Simón sobre el terremoto de 1610, es cierto que debajo del cerro asentado quedaron atrapados algunos españoles e indios, en una casa que pudo haber sido una rica hacienda de maíz, tabaco y ganado.
P.A
García



[1] Herrera, J. (2006) La Playa entre Tovar y Bailadores. Costumbres, origen y algo más. Mérida Venezuela. Fondo Editorial El Cobijo. (p.p. 13-15).

viernes, 1 de noviembre de 2019

Sobre cómo se forma la geografía de La Playa, Bailadores

LA PLAYA, BAILADORES. ORIGEN
        
La Playa en 2015
 Introducción

Presentar algún comentario sobre la historia de La Playa, en principio no es tarea fácil, porque se trata de un pueblo con mucha historia que contar, pero con pocos registros escritos que lo testifiquen. En los actuales textos sobre La Playa siguen habiendo lagunas que son necesarias aclarar para que, definitivamente se puedan concretar datos históricos más precisos de esta población. Lo que en esta investigación interesa es presentar algunas reflexiones históricas sobre el pueblo, tomando en cuenta y enriqueciendo lo que ya se ha dicho hasta los momentos.

         A continuación se explica a manera de análisis, la historia geográfica del pueblo de La Playa, para ello se basará la investigación principalmente en los relatos de Fray Pedro Simón, en su libro Noticias Historiales de Venezuela, donde se recoge lo acontecido en el terremoto de La Grita, ocurrido para principios del año 1610. Para este análisis se apreciarán los estudios realizados al respecto por otros autores playenses, como el Profesor Alejandro Castillo y el Geógrafo José Herrera, quienes llevan la delantera en la interpretación de este texto de Fray Pedro Simón.

         ¿Quién fue Fray Pedro Simón?

Es necesario conocer al autor de los relatos más remotos de La Playa, a saber, Fray Pedro Simón, el cual era natural de San Lorenzo de la Parrilla, Cuenca, España. Su padre se llamaba Pedro Simón Ordoño y su madre Ana Domínguez, con lo cual se ha conseguido nombre y apellido al autor que primero hace referencia sobre los terrenos en los que actualmente está La Playa: Fray Pedro Simón Ordoño Domínguez. Su fecha de nacimiento se ha precisado para el año 1574, lo que indica que, contaba con al menos 38 años de edad cuando pasó por estas tierras, en 1612. Era religioso de la Orden Franciscana. Para 1604 llega de España a tierras venezolanas, siendo su primer puerto la isla de Margarita. En 1612 se traslada de Bogotá por los Andes venezolanos, pasando por La Grita, Bailadores, Mérida, entre otras ciudades del momento, luego en 1613 regresa a Bogotá por el mismo camino. La fecha de la publicación de sus Noticias Historiales de Venezuela se sitúa para 1627, con lo que se pierden rastros de su vida, hubo de morir en tierras americanas.

         El testimonio escrito de Fray Pedro Simón

A continuación, para hacer el breve estudio, es necesario presentarles el texto íntegro de Fray Pedro Simón, que se mostrará en cursiva, pero que al mismo tiempo llevará en negrita los temas de interés explicativo que más adelante se desarrollarán.

CAPÍTULO XXXV

III- VUELA UN CERRO DE UNA PARTE A OTRA CON EL TERREMOTO EN EL VALLE DE LOS BAILADORES

3- En este mismo y a la misma hora se acrecentó otra de las más notables que hemos oído hayan sucedido en el mundo. Y fue que en el valle de los Bailadores, que corre, como dijimos, Norte Sur, a la mitad de él, a seis leguas de la ciudad, de la cordillera que demora a la mano izquierda voló la mitad de un valentísimo cerro, como si fuera de pluma, y casi a la mano derecha quedó plantado a la mitad del valle, haciendo, con el golpe que dio en la cordillera contraria, una notable abertura. Como también lo era la que quedó en el asiento de donde se levantó el cerro, por donde comenzó luego a salir un buen golpe de agua que permaneció en sus corrientes algunos días. Con que se acrecentó el rebalso que hizo el río del valle con el asiento del cerro, quedando rebalsadas y haciendo un tan valiente y fondable laguna, que podían nadar en ella muy gruesos navíos, pues estuvo rebalsado sin que saliera gota de la mucha que entraba (por ser el río de más de dos bueyes de agua), desde este día hasta el de San Juan del mismo año. Que rompiendo por un lado, salió tan impetuosamente que, con dispendio de mucho ganado mayor que andaba seguro a la parte de abajo y de algunos sembrados de maíz y tabaco, se extendió por todo el valle. Que junta esta pérdida con la que sucedió de otras más de quinientas cabezas del mismo ganado que cogió el cerro debajo, cuando asentó el valle, no fue pequeña. Aunque muy mayor la de haber cogido debajo tres muchachos españoles de hasta diez o doce años y un indio gandul que estaba con ellos, a la sazón, a la mitad del sitio donde quedó plantado. Que con estos dos hijos y un sobrino de Francisco de Escalante, que quedaron enterrados entre las ruinas de una casa, que también cayó en el mismo valle, y los muchos que murieron, españoles e indios, hombres y mujeres, en la ciudad y otras partes, pasaron de sesenta personas, que para las pocas que tiene aquella tierra, fue muy gran cantidad.

En este mismo y a la misma hora: en los párrafos previos a este numeral III del capítulo XXXV, Fray Pedro Simón deja claro que el terremoto de La Grita ocurrió el tres de febrero, día de San Blas, en el año 1610, a las tres de la tarde, cuando la tierra se movía como las aguas del mar cuando están inquietas. Para esta época La Grita ya contaba con un Alcalde, que se llamaba Benito Rosal, con un cura, dos Iglesias y un convento. Las mujeres de La Grita en aquel día estaban unas reunidas con la madre del cura que venía de la ciudad de Mérida y otras en casa de una mujer honrada que estaba recién parida.

Voló la mitad de un valentísimo cerro: como ya se dijo anteriormente, en la Revista de La Playa una Visión al futuro (1999), del Profesor Alejandro Castillo, se ubica este cerro valentísimo como parte de las montañas de la parte norte de La Playa, donde hoy día se le conoce como Las Barrancas de Don Víctor Sánchez, lugar geográfico al que se le aplicará toda explicación hecha por Fray Pedro Simón.

Un buen golpe de agua: puede estar haciendo mención de la quebrada La Arenosa, en la parte alta del sector Las Delicias. Quien observe desde esta perspectiva hacia abajo, notará como en el sector El Volcán, hay un pequeño cerro de piedras, el cual pudo haberse formado allí por las crecidas de esta quebrada, o por el mismo deslizamiento del valentísimo cerro en 1610.

Se acrecentó el rebalso que hizo el río: Fray Pedro Simón especifica que son dos corrientes de agua las que van llenando la represa que se forma al deslizarse el cerro y quedar plantado a la mitad del valle, una es la recién formada quebrada “La Arenosa”, y la otra es el mismo río que baja de Bailadores, el río Zarzales o río Mocotíes.

Tan valiente y fondable laguna: en este apartado, puede darse razón al nombre que lleva el pueblo, pues, como lo refiere Fray Pedro Simón, en la laguna que se formó en el valle, podían navegar gruesos navíos, lo que deja a pensar que todo el territorio sobre el cual se asienta hoy en día la población de La Playa, estuvo bajo agua, razón por la que la geografía del lugar sea plana, semi-inclinada, arenosa y pantanosa.

Que rompiendo por un lado: este “lado” por donde salió toda el agua, puede ubicarse hoy en día en la llamada curva “Sogamoso”, que está frente a la antigua planta eléctrica de los Mora, en el sector El Volcán. Fray Pedro Simón precisa que para el día de San Juan del mismo año, es decir, para el 24 de junio de 1610, rompió la represa de agua, la cual duró un aproximado de cuatro meses y más en formación, de allí que algunos piensen que los pocos habitantes del lugar tuvieron que mudarse hacia zonas más altas, para no quedar sumergidos bajo el agua.

Los muchos que murieron: como es de suponer, la zona del valle, para el momento, ya era habitada por indios y españoles. Fray Pedro Simón menciona la pérdida de siembras de maíz y tabaco, al igual que ganado y un número superior a las sesenta personas fallecidas, entre indios y españoles, jóvenes y adultos, incluso menciona la existencia de una casa, lo que deja a pensar que por la zona al menos ya habían haciendas, probablemente trabajadas por indios y administradas por españoles opresores. Y no solamente esto, además de lo acotado, también es fácil concluir que los datos de Fray Pedro Simón son más precisos, cuanto más atrevidas estas conclusiones, pues se menciona que los pequeños fallecidos eran familiares de Francisco de Escalante, quien pudo haber sido el dueño del ganado, tabacales y cañaverales destruidos por el cerro asentado el 3 de febrero y por el embalse reventado meses después, el 24 de junio, haciéndose casi evidente precisar que para el momento del terremoto, los terrenos donde hoy en día está La Playa, eran sin más el tranquilo lugar de la hacienda de este tal Francisco de Escalante, desde donde, seguramente, pudo observar sus tierras extendidas en el valle abajo, hoy tupidamente habitadas por el sector El Llano de Tovar.

Con los relatos de Fray Pedro Simón se puede tener una visión arcaica de lo que era antes el Valle del río Zarzales, y terrenos donde hoy está el pueblo de La Playa. Es posible pensar que una vez vaciada la represa haya quedado un lugar plano y cómodo para habitar. La Playa, en el actual lugar donde está, pudo haberse fundado para mediados del año 1610, o incluso unos años más tarde, al normalizarse el terreno que estuvo bajo agua.

Pero no es preciso hablar propiamente de fundación más que de poblamiento, pues no se conoce ninguna partida fundacional, y no esperemos que aparezca, ya que en los límites demarcados sobre la Villa de los Bailadores, la meseta playense es determinada como parte constitutiva del mismo pueblo o Villa.

P.A
García