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martes, 13 de agosto de 2024

Una nueva etapa, la última

DE AYACUCHO A HUANCAYO

El día 31 de julio de 2024 dejé de trabajar como secretario del Sr. arzobispo de Ayacucho, tarea que desempeñé por casi un año y medio en esa ciudad, y para cambiar de rumbo oficialmente, Mons. Salvador Piñeiro tuvo la gentileza de firmar un decreto por el cual me admitía como seminarista de esta Arquidiócesis, en consideración al proceso vivido durante tres años y medio en tierras peruanas.

El mencionado DECRETO ARZOBISPAL se registró con el número N°055-2024, y mencionó de manera muy sucinta seis puntos resaltantes a consideración, los cuales comentaré a continuación para dejar plasmada mi apreciación en cada uno de ellos que, en última instancia, pasan a formar parte de la historia de mi vida:

En cursivas cada frase del decreto arzobispal:

1. Que Pedro Andrés García Barillas llegó al Perú en noviembre de 2020 manifestando la intención de continuar con sus estudios teológicos en el Seminario; aconsejándosele un tiempo de discernimiento.

El 24 de noviembre de 2020 llegué a Ayacucho, esa misma tarde fui a la parroquia Santa Ana para conocer y conversar con el padre Yoni Palomino Bolívar; de este encuentro quedó pautada la cita con el obispo para el día 30, la que se llevó a cabo en términos muy cordiales. Mas adelante, en misiva recibida a mediados de diciembre de ese año 2020, el Sr. arzobispo me hizo saber el parecer del Concejo Presbiteral. Mientras yo rezaba el santo rosario de rodillas frente al Santísimo de la Catedral, antes de la misa de 6:00 p. m., él me entregó el sobre con la carta, en cuyo destinatario se leyó “Sr. Pedro García-Barillas”, la cual leí al finalizar el piadosísimo rezo, llevándome una gran desilusión, pues en la conversación privada del 30 de noviembre me había asegurado otra cosa. Lo cierto fue que, yo con 25 años cumplidos y sin ningún título universitario, pensé por primera vez en buscar un trabajo el cual felizmente no tardó en llegar.

A veces las cosas no son “soplar y hacer botellas”, lo sabemos, hay que lucharlas, esperarlas y, sobre todo, trabajar por ellas, pero, aunque nos cueste mucho o poco y al final se logre, siempre es Dios el que se apiada y concede las gracias que se le piden, o, mejor dicho, como se le adjudica a algún santo: “lo que Dios te quiere dar él mismo te lo hará desear”.

Sí, el trabajo dignifica y santifica, no hay duda de eso, la cuestión es conseguir trabajar en el lugar en el que uno pueda ser más útil, y afortunadamente ese fue mi caso. Cuando pensé en buscar trabajo lo primero que se me pasó por la mente fue dar clases, al menos de Religión, que es lo que groso modo sé, y el Señor me escuchó con una claridad impresionante.

2. Que ejerció la docencia de Primaria desde marzo de 2021 hasta febrero de 2023 en la I.E.P. "Discovery" de la parroquia "Santa Rosa de Lima", bajo la guía del Pbro. Braulio Alarcón Contreras; así como también diversos encargos pastorales.

Mi etapa como profesor ha sido de las más provechosas que he tenido, pues tuve la valiosa oportunidad de enseñar al que no sabe, pero antes pasé por tener que enseñarme a mí mismo las cosas que ya había olvidado y otras tantas novedosas; una auténtica acción autodidacta que, afortunadamente, -modestia aparte- me salió muy bien a juzgar por los resultados laborales.

En la entrevista de trabajo con el padre Braulio, en marzo de 2021, él pensó inicialmente en ocuparme como docente del primer grado de primaria, es decir, con los niños más pequeños, sin embargo, pasados los días me correspondió finalmente el sexto grado, llevando así dos promociones, la del año 2021 y la siguiente del 2022. Qué hubiese sido de esos pequeños niños con un profesor tan alto, corrían el peligro de haber sido pisados por un gigante.

El primer año de trabajo tuve solo 8 alumnos y en el segundo la cifra se multiplicó por dos, pero conté con el consuelo de la cámara de seguridad dentro del salón, para eso de “guardar la disciplina” de los churres. A ellos les enseñé todas las asignaturas de la educación básica para su grado, a excepción de Educación Física, de la que sí gozaron de un especialista en el área. En 2021 de marzo a septiembre las clases las llevamos por la plataforma Zoom, desde octubre obtuvimos una autorización especial del director para tener clases presenciales, aun cuando no había permiso por parte del Ministerio de Educación. Ya el 2022 si fue totalmente normal, dejando a un lado la barrera de la virtualidad.

Todas las mañanas rezábamos en castellano o quechua o latín o inglés, el Padrenuestro, Avemaría y Gloria, principales oraciones del cristiano que no tardaron en memorizar al mejor nivel. Hice todo mi esfuerzo por preparar unas clases interesantes y participativas, con materiales audiovisuales y ejemplos concretos. Un norte determinante fue inculcarles el hábito por la lectura, es así como los pequeños alumnos leyeron varios libros, entre los que se encontraron: el Diario de Ana Frank, el Principito, el Niño con el pijama de rayas, el Caballero de la armadura oxidada, Los cuatro acuerdos y una selección de las Tradiciones peruanas de Ricardo Palma, entre otros. Muchos mejoraron la fluidez al leer, todos lo notamos al final del curso.

Pero no todo el aprendizaje se llevó dentro del aula, pues también hubo algunas salidas, sobre todo a museos, para la asignatura de Personal Social, para conocer la Historia con las evidencias de los hechos.

El trato con los colegas docentes fue impecable. Todos ellos tuvieron para conmigo las consideraciones necesarias del que está llegando de lejos y desconoce la dinámica de un ambiente laboral tan agitado como lo es un colegio de Primaria y Secundaria. Con todos entablé una buena amistad y el respeto primó en todas las actividades docentes.

Respecto a los encargos pastorales ejercidos en la parroquia Santa Rosa de Lima, algunos de ellos fueron la preparación del Colegio de Monaguillos; el servicio en el altar los domingos; la Celebración de la Palabra en diversas comunidades foráneas y en la misma sede parroquial; acompañamiento en procesiones de fiestas de santos; charlas a grupos de jóvenes, catequistas, catequizandos y demás grupos de apostolado de la parroquia; charlas prebautismales para padres y padrinos vía internet, llegando a reunirse en algunas ocasiones más de 100 personas; entre otras actividades puntuales que no alcanzo a recordar.

La parroquia es una escuela para los que deseamos ser párrocos. En Santa Rosa estuve con el padre Braulio y sus dos vicarios, el padre Jesús Chuchón y el padre Edwin Laurente, ambos me animaban constantemente a seguir perseverando en la vocación y me iluminaban sobre los pasos venideros en el proceso de formar parte de la Arquidiócesis de Ayacucho. El padre Braulio me brindó toda su confianza, al punto de ocuparme para diversas actividades con un mínimo de anticipación de 5 minutos; él estaba seguro de que lo que me encomendara yo lo haría de la mejor manera. Solo una vez me corrigió con ímpetu, y fue cuando en las clases vacacionales saqué con métodos inapropiados a un alumno indisciplinado que estaba poniendo en riesgo la integridad de sus compañeros y mi paz interior, la que finalmente logró quebrantar, para vergüenza mía.

3. Que trabajó como secretario de este Arzobispado de Ayacucho desde el 28 de febrero de 2023 hasta el 31 de julio de 2024.

Me tocó vivir lo que nunca se me había pasado por la cabeza, y fue que, por recomendación del padre Braulio y vista la necesidad del arzobispo, él me llamó a ser su secretario, para entrar paulatinamente en el ambiente de la arquidiócesis, de modo que pasé de ser un profesor del Colegio Discovery a ser el secretario del arzobispo y del Arzobispado de Ayacucho, un espacio privilegiado para servir y conocer de cerca el gobierno de la Iglesia, atendiendo a sacerdotes, religiosas y laicos, cada uno de ellos con su tema.

A la Curia Arzobispal de Ayacucho llegaba todos los días a eso de 8:00 a. m., siendo el horario de atención de 9:00 a. m. hasta la 1:00 p. m. A los pocos días de haber asumido el cargo me entregaron las llaves de ingreso. Al igual que en el Colegio, en la Curia las relaciones con los demás trabajadores fueron óptimas. En la Sindicatura don Alejandro y el señor Edwin estuvieron siempre atentos a lo que se necesitara en la oficina; con el apoyo de ellos logramos hacer algunos pequeños cambios en la secretaría, procurando el mejor servicio al arzobispo y a quienes acudieran por allí. En la Cancillería el padre Orlando, vicario general, y el padre Percy, canciller, junto a la secretaria Sra. Janet, fueron un consultorio gratuito en los casos en los que no supe cómo proceder y no estaba el obispo para conversarlo con él. En la recepción estuvo Carlos, a quien dejé como dignísimo sucesor en el puesto, él siempre amable, respetuoso y atento, como también lo fue el señor Fernando, encargado de la limpieza.

El ingeniero Jorge era frecuente conversador, así como el padre Orlando, pues en los ratos libres acudían a la oficina para conversar, sobre todo de temas arquidiocesanos, pues ellos con varios años de servicio, de todas se las sabían todas. Los encargados del Archivo Arzobispal también pasaban por la oficina, a sacar sus impresiones de los materiales de trabajo; Cristian, el director del Archivo, antropólogo de profesión siempre manifestaba y llevaba a cabo sus iniciativas afines a la preservación de la historia y de los documentos contenidos en su Archivo, secundado por la incondicional ayuda y técnica de Romel, con quien más tuve la oportunidad de conversar. En ocasiones muy puntuales venía el señor Juan, administrador del Centro Turístico Cultural “San Cristóbal de Huamanga”.

Abriéndose una nueva oficina, la Vicaría Judicial Adjunta, colaboré de cerca con el padre Melquiades, quien recibió de monseñor el encargo de atender con diligencia los casos de nulidad matrimonial. Prácticamente todas las semanas llegaba alguien interesado en saber el procedimiento para declarar nulo su matrimonio eclesiástico, aunque en realidad venían buscando el divorcio, cosa que no es lo que sucede con la nulidad.

El aspecto de trabajo cambió rotundamente cuando con el apoyo de mi mamá me dediqué a ornamentar los pasillos y la misma oficina con plantas. Eran varios los maceteros vacíos que había ya en la Curia, los que ocupé con tupidas y verdes plantas, mas otros que fui llevando poco a poco para “darle vida” al lugar. Así fue como tuve que dedicar un tiempo cada semana para regar las plantitas, que recibían buen sol y florecían agradecidas.

Como buen secretario estuve atento a lo que el arzobispo necesitara. Transcribir o redactar cartas, protocolos, oficios, decretos, informes, discursos, constancias, certificados de donación, declaraciones juradas, reconocimientos, entre otros. También compendié sus homilías de Semana Santa, fruto de este trabajo fue el libro autobiográfico que presentó Mons. Salvador con motivo de sus Bodas de Oro Sacerdotales y al cumplir sus 75 años de edad. Monseñor escribe de manera muy sencilla y diáfana, no le gusta la palabrería, es decir, su ideal es decirlo todo con pocas palabras, en un texto directo y afable, porque a veces menos es más…

Si la parroquia es una escuela para los que queremos ser párrocos, la secretaría del arzobispo es una escuela para los que quieren guiar por el camino correcto al pueblo de Dios que nos será encomendado. Cada conversación con monseñor Salvador era un cúmulo de aprendizajes, aquello era una verdadera cátedra. De muchas cosas tomé apuntes personales, para tenerlos en cuenta más adelante, en el futuro ministerio. Monseñor siempre sereno, alegre, conversador y sobre todo siempre padre y pastor; su sola presencia irradia paz, su palabra es obligada referencia a la representación divina que su posición encarna. Nunca recibí de él ningún improperio, pues creo que tampoco le di motivos. Los refranes saltaban a menudo, y casi siempre yo los traducía a la usanza venezolana, para deleite de ambos. De historia conversábamos muy seguido, él conoce e indaga sobre la obra bolivariana en el Perú, reconociendo a Bolívar y a Sucre como los hombres que liberaron estas tierras suramericanas.

4. Que fue instituido Lector y Acólito de la Santa Iglesia el 18 de febrero de 2024.

En octubre de 2023 presenté a Mons. Salvador la carta petitoria de los ministerios laicales, su respuesta rápida fue positiva: “con mucho gusto, busquemos la fecha…”. En razón de la pastoral que estaba ejerciendo en el penal, me fueron conferidos ambos ministerios, el de Lector y el de Acólito, en la fecha arriba mencionada. Antes de la ceremonia participé del retiro anual del clero en la Casa de Retiros San Juan Pablo II en Luricocha, Huanta, por invitación exclusiva del arzobispo.

En la misa de colación de los ministerios, monseñor tuvo unas palabras hacia mí muy significativas, las mismas que no quedaron grabadas en la transmisión en vivo de la santa misa por el Facebook de la Catedral, como para que solo quedaran grabadas en mi mente y en mi corazón, por eso con el salmista puedo decir “¿cómo le pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho?”.

Recibir un ministerio es algo ciertamente importante, mas cuando se desea, cuando se pide y uno se prepara para recibirlo. Recuerdo los dolores de cabeza que esto significaba en el seminario donde estuve 6 años, era casi un Armagedón, el fin del mundo, porque uno simplemente quería dar el paso que tocaba, vivir paulatinamente la vocación. Los que conocen de la formación sacerdotal me entenderán con facilidad.

5. Que cursó estudios de diplomatura en Teología en la Pontificia Universidad Católica del Perú desde agosto de 2023 hasta julio de 2024.

Un buen día de junio de 2023 me interesé en una publicidad de la PUCP en la que anunciaba el próximo inicio de una Diplomatura, con facilidades de pago o incluso con la opción de una beca o media beca. El arzobispo estuvo de acuerdo desde el principio y gracias a su carta de presentación obtuve la beca completa. Durante todo un año consagré los sábados en la mañana, de 9:00 a. m. a 1:30 p. m. a conectarme vía Zoom con el docente y los compañeros (que ahora son amigos) para participar de las interesantísimas clases de esta Diplomatura en Teología, de un nivel académico muy elevado y exquisito como también exigente. Todos los trabajos escritos de ese año los publiqué en mi Blog y también están impresos en mi libro “Desde Ayacucho. Santuario de la Peruanidad…”.

El ambiente de la PUCP en su Departamento de Teología es muy afín a la Teología de la liberación, de ahí que me interesara por saberlo todo sobre este tema que nació en el Perú, por eso se me dio la oportunidad de conocer personalmente al mismísimo padre Gustavo Gutiérrez, padre de la Teología de la liberación, a quien visité en compañía de un amigo de la diplomatura, así como también adquirí su libro base en la edición de sus bodas de oro, del cual hasta el momento solo he leído y resumido para mi Blog la introducción “Mirar lejos”, una especie de síntesis de su Teología. En opinión de monseñor Salvador, el padre Gustavo Gutiérrez es un hombre de Iglesia, nunca ha estado fuera de las verdades reveladas, es decir, no es un hereje ni mucho menos un reformador al estilo revolucionario; lo que sí hay que hacer es reconocerlo como un gran teólogo, pensador, misionero y un hombre que encarnó la opción preferencial por los pobres.

6. Que colaboró con la Pastoral Carcelaria Arquidiocesana desde enero de 2023 hasta julio de 2024.

Mi paso por la cárcel, no como recluso sino como agente pastoral, fue también muy provechoso como necesario. Fui a la cárcel a visitar a Jesús, el Hijo de Dios, que estuvo preso y fuimos a visitarlo. En cada rostro está el Señor, en cada vida Dios se manifiesta, todos son valiosos, merecen respeto, un trato digno y dignificante, su mejor presentación es seguir siendo hijos de Dios. En la cárcel fui consciente de lo débiles que somos, lo fácil que es pecar, o transgredir las leyes, que no siempre es lo mismo. La debilidad humana se ejemplifica en breves instantes, pero tiene consecuencias largas, penas duras, años y años sin libertad. Si es así aún con la esperanza puesta en Dios, cuán duro será cuando no se tiene fe.

Comprendí que no se trataba tanto de ir a hablar, a decir o a “entretener” a los internos, como lo pensó alguno de los directivos, sino que la sola presencia, la escucha atenta y el trato amable fueron suficientes para restaurar la fe, para evangelizar; porque ya es suficiente condena la que viven allí recluidos, por eso como agente pastoral me enfoqué en hacer de los espacios permitidos y de las actividades planificadas, una vivencia fraterna, distinta, amigable, que desearan seguir participando, para que, como lo dice la Sagrada Escritura, veamos “qué alegría y qué paz convivir los hermanos unidos.”, en contraste con la opresión y los malos tratos que a menudo reciben de los encargados y de sus mismos compañeros de prisión.

Una experiencia triste fue el hecho de sentirnos y vernos realmente traicionados por aquellos en quienes habíamos puesto toda nuestra confianza para el correcto funcionamiento de las actividades de la pastoral allí dentro, en la capilla del penal, pues equivocándose en el obrar y transgrediendo las normas internas que el INPE estipula, se hicieron daño a sí mismos y las consecuencias las vivimos todos, pues a partir de aquel escándalo ya nada fue igual. Fue un recomenzar, un volver a poner la confianza solo en Dios, que nunca falla. Aquel episodio nos movió al llanto amargo.

La pastoral carcelaria me dejó un buen puñado de auténticos amigos, con ideas en común, con confianza y comunicación abierta y, sobre todo, con tiempo para compartir y deseos de vernos progresar en la fe, me refiero tanto a los agentes pastorales, como a los mismos internos. La calidad humana de algunos nos permite seguir creyendo en la humanidad, porque no todo está perdido, sí hay gente buena en el mundo.

Todos los martes iba al penal para dictar el taller bíblico. Me ayudaba con la laptop y el proyector para dinamizar un poco las sesiones. Procuraba llevar un canto o un vídeo distinto para cada encuentro, así como materiales impresos; hubo también pequeñas evaluaciones, como para tantear un poco el progreso del curso. Desde un principio les dejé claro a los internos asistentes que yo era un simple facilitador del taller, pues no soy experto en Sagradas Escrituras, solo un apasionado en pañales; lo cierto fue que aprendimos juntos, fue un camino hermoso, y la gratitud se evidenció en la despedida y entrega de certificados. Algunos martes me acompañó una joven psicóloga, Keiko, que ocupaba la mitad de la tarde, permitiéndome así descansar un poco de tanto hablar dictando el taller, pues la garganta se seca y duele la cabeza por el esfuerzo de mantener la atención de los presentes.

Como todos los martes, también los domingos iba al penal, prácticamente todo el día, pues había dos misas, una en la mañana para los señores y otra en la tarde para las señoras. El ingreso era a las 9:00 a. m., almorzábamos allí dentro y salíamos a eso de las 4:30 p. m. Solía acompañar al padre David en la santa misa, él me pedía que leyera el evangelio, y por las tardes me encargaba que predicara para las señoras. Cuando no estaba el capellán, me encargaba de la Celebración de la Palabra dominical.

Desde que pisé por primera vez el penal no ha habido un solo día en que no me acuerde de ellos, de sus penas y necesidades, pero sobre todo del gran potencial humano y cristiano que cada uno posee.

El trabajo en común con la piurana madre Julia Huiman Ipanaqué, Hermana de la Caridad de Leavenworth, me dejó buenos aprendizajes y una gran ayuda, pues nos invitó a vivir a mi mamá y a mí en la Casa de Acogida “San Vicente de Paúl” que ella está fundando desde la Pastoral Carcelaria Arquidiocesana de Ayacucho, en una casa que es propiedad del mismo Arzobispado. Con gusto aceptamos su generosidad, además de colaborarle en todo lo que sea necesario respecto a la administración y mantenimiento de dicha casa. Allá se quedó mi mamá sola, pues yo ahora estoy en Huancayo, aunque en las vacaciones volveré.

Finalmente, el decreto arzobispal que he ido desglosando, culmina con una séptima consideración y la admisión: 7. Habiendo recibido el informe del Seminario Mayor San Buenaventura de Mérida, con el visto positivo del rector del Seminario Mayor San Pio X de Huancayo y del rector del Seminario Conciliar San Cristóbal de Huamanga. Por las presentes letras: ADMITIMOS a Pedro Andrés García Barillas como seminarista de nuestra Arquidiócesis de Ayacucho para que curse estudios teológicos en el Seminario Mayor San Pio X de Huancayo, con nuestra bendición y agradecidos por su entrega a la Iglesia ayacuchana. Que Jesús el Buen Pastor y la Santísima Virgen María le acompañen en este camino vocacional. Dado en la Curia Arzobispal a los doce días del mes de julio de dos mil veinticuatro. Comuníquese, regístrese y archívese. Y siguen sendas firmas de Mons. Salvador Piñeiro García-Calderón, Arzobispo Metropolitano de Ayacucho y del Pbro. Percy Quispe Misaico, Canciller.

Pues bien, parece ser el final feliz de una historia, pero de ninguna manera es así, pues es en realidad es el feliz comienzo de la última etapa de formación. Estas letras las escribo desde Huancayo, en el Seminario San Pío X, a los 13 días del mes de agosto, en la memoria de los santos Ponciano, papa, e Hipólito, presbítero, mártires; seminario al que arribé el día martes 9 de agosto, Bicentenario de la Batalla de Junín, luego de mi visita turística a la ciudad del Cusco.

P.A

García




miércoles, 31 de mayo de 2023

Albas nuevas para el servicio de Dios

GÁLATAS 3, 27

Monasterio de Santa Clara de la Concepción

Ayacucho, 31 de mayo de 2023

 

SOR MARÍA INÉS DE SAN JOSÉ

Religiosa del Monasterio de Santa Clara de la Concepción

 

         Muy estimada hermana, la gratitud me mueve a dedicarle estas letras por la labor realizada por usted en beneficio mío con la dilecta confección de dos albas para el servicio del Altar.

Como es bien sabido por nosotros, el jubileo vocacional y la celebración de las Bodas de Oro Sacerdotales de nuestro arzobispo, me motivó a solicitar de usted la elaboración de un alba para acompañar a Mons. Salvador Piñeiro en esta solemne eucaristía, la cual se llevó a cabo el pasado sábado 6 de mayo, a las 10:00 a.m. en la Catedral Basílica de esta hermosa ciudad, donde felizmente pude estrenar dicho ornamento. Usted y sus hermanas asistieron a esta misa y pudieron observar que al alba le faltaba un pequeñísimo detalle, y es que, por las proporciones de mi talla, hubo un desliz de cálculo y entonces el alba se arrastraba con el piso, pero eso no representó mayor complicación, pues toda buena costurera sabe complacer al cliente para que la satisfacción sea al mismo tiempo un motivo de gratitud a Dios por los dones y carismas recibidos y perfeccionados al ponerse al servicio del prójimo.        

Agradezco también la iniciativa suya en decidirse por elaborar otra alba más sencilla para el uso menos solemne que yo pueda darle, pues ciertamente aquella alba que me regaló el padre Braulio y que intenté alargarla lo máximo posible, no tenía más alternativa que cambiarla por otra nueva. Y me complace también, el hecho de que esa alba haya permanecido en la sacristía del templo del Monasterio, para el uso oportuno de aquel sacerdote que guarde cierta similitud con mi talla, aunque bien sabemos que no son muchas las probabilidades de que esto suceda.        

La remuneración monetaria por las dos albas, aunque la hubo, no deja de ser simbólica, pues el valor espiritual que esto conlleva no puede ser pagado por ninguna suma, por generosa que esta sea. Usted me pide oraciones, y es lo mismo que yo solicito de usted, de manera que ahora estaremos unidos en la oración, por la perseverancia de nuestra vocación de entrega total al Señor. Cuando ore por las vocaciones sacerdotales, acuérdese de mí, y pida a Dios y a María Santísima que me dé la gracia de llegar a ser un sacerdote santo, como el padre Javier Obón, que vino del extranjero a santificar al pueblo ayacuchano. Yo oraré por usted y le estaré siempre agradecido por la paciencia y el cariño puesto en el trabajo realizado.

Suyo en Cristo.

P.A

García

domingo, 12 de febrero de 2023

Conversé con un “loco” que estaba “cuerdo”

¡TIENE TODA LA RAZÓN!


         Hace unos días atrás me dispuse a visitar la Biblioteca Municipal de la ciudad de Ayacucho, iba en busca de un libro de José de la Riva-Agüero, “Paisajes peruanos”, pero no lo conseguí allí. La cuestión es que llegué quince minutos antes de que abrieran la biblioteca, por lo que tenía que esperar a que se hicieran las 3 de la tarde. Para pasar el rato revisando el teléfono fui al Parque Magdalena, allí busqué la sombra de un frondoso árbol, ya que el cielo azul despejado dejaba que los inclementes rayos del Inti golpearan directamente mi espalda.

Eran las 2:50 p.m. y a esa hora algunas personas también descasaban en el parque: vendedores ambulantes, viandantes, parejas de enamorados, etc. Los choferes de taxis recostados en el césped conversaban amenamente, algunos jugaban a las cartas, otros simplemente se soportaban la cabeza con una mano mientras con la otra revisaban sus teléfonos o cabeceaban quedándose dormidos. Yo me ubiqué de espaldas al mercado y mirando hacia la iglesia de la Magdalena, que es la que da seudónimo al parque, ya que este originalmente está dedicado al ilustre “brujo de los Andes” el Mariscal Cáceres.

Mientras revisaba mi teléfono se me acercó por detrás un joven de apariencia reprobable, rápidamente noté que se trataba de un dipsómano o tal vez un toxicómano, o ambas cosas a la vez, es decir, un hombre entregado al alcohol y a las drogas, de esos que prácticamente viven en la calle, llevan su ropa sucia, van por ahí hambrientos, pidiendo algunas monedas, o peor aún, rebuscando en los tachos de basura algo para comer; malolientes, despistados e incómodos para la sociedad. Pero este hombre no venía a pedirme nada, solo quería conversar conmigo, tenía algo importante que decirme.

Al iniciar nuestro informal encuentro hubo algo que me causó curiosidad, y fue cómo este sujeto me identificó -según él y sin razón aparente- como “padre”. Lo primero que dijo fue: “padre, cómo está”. Le respondí el saludo y por mi mente solo pasó un natural pensamiento: “me va a pedir dinero”, pero no fue así. Me preguntó mi nombre, y al escucharlo me dijo que no le gustaba, que era un nombre muy “común”, que tenía cara de llamarme “Elías”. Bromeé con él aclarándole que yo estaba muy a gusto con llamarme Pedro.

Le pregunté su nombre, pero no me lo dijo, prefirió quedar en el anonimato. Prosiguió preguntándome que, si yo era feliz, a lo que respondí en afirmativo, pero él me interrumpió opinando contrariamente. - ¿Por qué dice eso? - le proferí, y su respuesta me dejó más perplejo aún, pues me dijo en voz baja: “porque no sabes decir que no”, y se extendió aconsejándome que había que aprender a decir que no… recordé a san Josemaría y su texto en Camino, numeral cinco, que reza oficialmente “Acostúmbrate a decir que no”.

Yo le devolví la pregunta acerca de si él se consideraba una persona feliz, y la respuesta fue rápida: lamentablemente no lo era. Pero fui un poco más allá y le increpé sobre su concepto de felicidad. - ¿Qué es la felicidad para usted? – le interrogué, y su diáfana opinión personal fue: “la felicidad es hacer felices a todos los demás, a los que merecen ser felices y a los que no también”.

¡Qué gran verdad la de este hombre! Somos realmente felices cuando hacemos felices a los demás… recordé aquel pasaje del Nuevo Testamento en el que le adjudican a Jesús la aseveración que dicta: “hay más alegría en dar que en recibir” (Hch 20, 35), es decir, la alegría auténtica parte del servicio desinteresado a los demás, buscando ser útiles y generosos, porque siempre habrá alguien que requiera de nosotros, de nuestra palabra o nuestro tiempo, como este hombre que se acercó para hablarme, pero, pienso que en realidad no creo que él necesitara de mí, sino más bien era yo el que necesitaba escuchar exactamente eso que él me dijo.

Fueron los diez minutos mejor aprovechados de mis tiempos de espera, que han sido muchos y muy largos. La esperanza es una virtud teologal, pero saber esperar es un don que hay que pedir a Dios con constancia y humildad: saber esperar. ¿Realmente no sé decir que no? ¿Realmente no soy feliz? ¿Por qué escribo estas cosas? Porque simplemente no puedo no hacerlo, porque realmente no sé decir que no… y eso, paradójicamente, me hace feliz.

Este mismo día conocí la Biblioteca de la Universidad Nacional San Cristóbal de Huamanga (UNSCH), que curiosamente comparte similar historia con la Universidad de Los Andes (ULA), de mi natal Mérida, pues ambas casas de estudios fueron fundadas por obispos como seminarios para la formación del clero local, y ambas casas han visto su camino exitoso separándose del ámbito estrictamente religioso para pasar a diversificarse y postularse prestigiosamente en la lista de las universidades de renombre de sus respectivos países. Al igual que Mérida, Ayacucho puede ser “una ciudad dentro de una universidad”. Por eso puedo decir que me siento como en casa.

P.A

García




lunes, 6 de febrero de 2023

Consejos sencillos para una joven madre

LA FE DE LOS HIJOS

Ya me es común que alguno de mis amigos comparta mi número de WhatsApp con personas desconocidas para mí para conversar con ellas acerca de la religión católica o la fe en Dios. Por lo general la conversa es corta, algunas veces por chat, otras son notas de voz y muy pocas son llamadas telefónicas que no puedo transcribir con fidelidad.

La de esta oportunidad es una madre joven que desea educar a su pequeño hijo en la fe, pero no lo tiene fácil, porque ella misma no está muy segura de seguir una religión en particular, aunque reconoce su pasado católico y su actual creencia anárquica en Dios.

Les comparto a continuación nuestra conversa. En redonda sus comentarios y en cursiva los míos.

Hola, buenas tardes, un amigo me lo ha recomendado para consultar algunas dudas que tienen que ver con la religión católica en particular.

Hola, qué tal, buenas tardes. Sí, ya me había comentado. En qué le puedo ayudar. Estoy a su disposición…

¿Cómo podría abordar el tema de la religión con mi hijo de 3 años? Me resulta un poco difícil porque mi crianza fue muy diversa, por así decirlo.

Bueno, tres años es una edad muy temprana para abordar el tema. Por lo general una familia podría influir en la religión de su hijo a esa edad si frecuenta prácticas piadosas, en el caso de la Iglesia católica el hecho de ir a misa o rezar en casa. Los niños van captando que eso que hacen los padres es algo normal, cotidiano y bueno. En esta etapa de la infancia lo que más queda en los pequeños es el ejemplo de las acciones que realizan los padres, si estos son practicantes le inculcarán poco a poco la fe, en este caso la fe católica.

Es que ese es el problema. Verá, sé que lo siguiente no es muy bien visto, pero mi madre es santera o como pueda llamarle... El niño directamente convive con ella, y yo pues... Soy muy extraña en mis creencias, entonces no es como que vaya a misa o siga algo religioso, pero creo que un niño necesita creer en algo sólido, no como yo. Entonces mirando cada religión, en la que se me educó, la católica, es la más conveniente y fácil de comprender, creo yo.

A lo que se dedica la abuela influenciará la religiosidad del niño, es algo inevitable y lamentable. El catolicismo es una fe maravillosa, bien entendida y bien vivida, hace felices a las personas.

Para mí no es lamentable, pero ese tipo de cosas lleva su tiempo. De niña yo fui monaguilla, tiempo más tarde viví con religiosas por una tía mía, y la creencia de mis padres nunca me influenció, pero al ser adulto he tomado la decisión de ser más diversa y conocer más creencias, ya que en el catolicismo hay muchos vacíos y las acciones de algunos sus seguidores van muy por el contrario de lo que fundamentan. Solo quiero que mi hijo tenga noción y fe en algo.

La creencia de sus padres no le influenció a usted, tal vez, porque fue monaguilla, y tuvo una experiencia personal de fe, con la cercanía a la iglesia y los sacramentos, esas cosas no se olvidan. Yo también fui monaguillo de niño y eso marcó mi vida positivamente...

La fe es un don que tiene sus dos dimensiones, la personal y la comunitaria. Ciertamente cuando el entorno no es favorable y la formación es débil nos podemos ir por otros caminos que, no siendo malos, se alejan de la verdad de la que es depositaria la fe católica.

Que usted quiera educar en la fe a su hijo es algo muy admirable. Conozco madres que quieren que sus hijos decidan su fe personalmente cuando sean adultos, pero es un error, porque si de pequeños no tuvieron ni la más mínima experiencia o noción de lo religioso, difícilmente de adultos podrán inclinarse a una fe como la católica o cristiana. Sin ocultar que el poder de Dios es innegable y en cierta manera estamos sujetos a su voluntad omnipotente y creadora.

De hecho, todas las religiones nos llevan al mismo punto que es Dios. Creo en él, pero no en prácticas generales de ciertas religiones; pero mi forma de expresión muchas veces no es apta para mi hijo, ya que soy muy cruda con todos los temas, por eso recurrí a preguntar cómo debería tratar este tema, porque si puede ser natural es muy complejo y grande. En realidad, no quiero que mi hijo solo repita la misma oración una y otra vez, quiero que él comprenda por lo que está orando.

Bueno, es una gran aseveración eso de que "todas las religiones nos llevan al mismo punto", pero no es del todo cierta. Comprenderá usted que hay pseudoreligiones cuyo fin no es Dios, sino otras "deidades". Aquí lo que nos atañe es que usted y yo creemos en el Dios de la Biblia. Creer en Dios y no en ninguna religión es una cierta contradicción de alguien que realmente busca a Dios en su plenitud y en esta búsqueda se encuentra con las prácticas religiosas más como un obstáculo que como una ayuda, puede pasar, aunque se espera que sea todo lo contrario.

Como buena madre, usted está pensado en el futuro de su hijo y por eso quiere que crezca con una mente sana y un espíritu fortalecido por la fe, y eso es un gran paso.

La cuestión es que, volvemos al principio, un infante de tres años no está todavía como para memorizar el padrenuestro o cualquier otra oración, ya le llegará su tiempo oportuno. En lo sucesivo, lo mejor que puede hacer usted es empezar a hablarle del cielo, de Dios como Padre y Creador, tal vez hacer pequeñas oraciones, tal cual imagen devocional como un crucifijo o la imagen de la santísima virgen María, o cualquier santo de devoción; estas prácticas van despertando el interés de los niños por conocer más y de seguro hará preguntas que apunten al deseo de saber quién es Dios y cuestiones alusivas a la fe.

Comprendo, gracias por tomar mis dudas.

Siempre a su orden. Si desea apunta por ahí mi número y cuando guste puede escribirme. Mucho ánimo y bendiciones para su pequeño. Que Dios les bendiga y los haga felices.

P.A

García

domingo, 22 de enero de 2023

Hoy estuve en la cárcel. Mi experiencia.

“PORQUE ESTUVE PRESO Y VINISTEIS A VERME”

(Mt 25, 36)


         Hoy estuve en el Establecimiento Penal de Ayacucho, mejor conocido como la “cárcel de Yanamilla”, por encontrarse en este sector periférico de la ciudad de Ayacucho. Acompañando a dos religiosas y dos laicos, fui a presidir la celebración de la Palabra en el “Domingo de la Palabra de Dios”.

         Llegamos a las inmediaciones del penal y presenciamos una larga fila de hombres que esperaban para ingresar a visitar a sus familiares internos. Nosotros pasamos con el vehículo hasta el estacionamiento y dejando llaves y teléfonos, nos dirigimos hacia la puerta de ingreso. Nos recibieron muy amablemente y, después de ingresar nuestros datos al sistema de visitas, pasar por la requisa de rigor y recibir un sello húmedo en el brazo, fuimos directos a la capilla del penal, para lo cual tuvimos que atravesar 7 rejas bien cerradas, cada una de ellas con su respectivo guardia a cargo.

         La capilla del penal está bien equipada, aunque con posibilidades de mejorarse. Hay de todo, imágenes, altar, bancas, entre otras cosas propias de la liturgia, pero es un lugar poco espacioso, y lo confirmamos cuando fueron llegando los internos. Se reunieron más de 60 varones. Las únicas mujeres eran las dos monjas, una colombiana y la otra ecuatoriana, y una laica de la pastoral penitenciaria que tiene por nombre “Comunidad Misionera Madre Covadonga”, en honor a esta religiosa española que dedicó gran parte de su apostolado en la cárcel de Ayacucho hasta su muerte, acaecida a mediados de 2021, bastante entrada en edad.

         Mientras esperábamos para iniciar la celebración yo pensaba en qué decir a los presentes, sin pronunciar nada políticamente incorrecto, ya que reflexionar con presos no es tan común, es más, era mi primera vez en una cárcel de adultos. Recordé rápidamente las clases de homilética y decidí, según los consejos de la materia aprobada con buena nota, no enfatizar tanto en la situación particular de aquellas personas, sino, por el contrario, encaminar la reflexión de la Palabra desde la textos sagrados leídos y tocar algunos tópicos generales de la vida de cualquier humano, pero, justamente el Evangelio que hoy leíamos hablaba de un preso: Juan el Bautista, primo del Señor, que fue encarcelado por el rey Herodes y fue este el inicio de la predicación de nuestro Señor en Galilea, en las tierras de Zabulón y Neftalí.

         La capilla se fue llenando poco a poco con los reclusos que llegaban de sus respectivos pabellones. Hay una lista milimétricamente detallada de quiénes son los que asistirán dominicalmente a los servicios religiosos católicos. Esta lista irá aumentando o disminuyendo, según la “libertad” de cada uno. Eran hombres de todas las edades y todos los aspectos. Vi caras más jóvenes que la mía y ancianos con la cabellera muy cándida. Rostros serenos, rostros alegres, rostros humildes y rostros resignados. Dos de ellos se dedicaron a dirigir los cantos con una guitarra, mientras los demás acompañaban con sus gruesas voces y cada uno con un cancionero en las manos, pendientes de qué número de canción debían entonar.

         La celebración fue amena, al menos para mí. La reflexión traté de hacerla “participativa”, intercalando algunas sencillas preguntas acerca de las lecturas que se habían proclamado. Expliqué una por una las lecturas, creo que me extendí más de lo común, pues vi algunas cabezas inclinadas. Las más atentas al discurso fueron las religiosas. Yo no pude resistir a la tentación de extenderme, y fue por varias razones, dos principalmente. La primera porque no tengo seguro que volveré a ese lugar, al menos a hacer una celebración de la Palabra, (Dios me libre de volver en otra circunstancia que no sea esa), así que debía comportarme como si fuese la primera y la última vez que les hablaría; y la segunda razón fue porque tenían un parlante óptimo, un micrófono inalámbrico de esos que parecen quedar a la perfección en una mano como la mía, la izquierda, porque con la derecha tomo el libro o enfatizo algunas frases necesarias. El lenguaje corporal también es justo emplearlo a favor de la Palabra de Dios.

         Comulgaron aproximadamente 25 varones. Para los demás realizamos la comunión espiritual. Al final de la celebración se asperjó con el agua bendita que una de las monjas había previsto desde la parroquia. Palabras finales, agradecimientos, avisos de futuras actividades, despedidas y todos regresaron a sus pabellones obedeciendo las órdenes de uno de los guardias de seguridad, a quien yo ya había conocido en la parroquia unas semanas antes, cuando este fue a “suplicar” la presencia de un sacerdote, pues desde que había empezado la pandemia no había asistido ninguno para la cita dominical, salvo en muy contadas ocasiones.

         Varios hombres se me acercaron para despedirse personalmente. Algunos de ellos se extendían en un abrazo afectuoso que sin más palabras comunicaban un “gracias por venir”, otros solo se conformaban con estrechar la mano, pero igualmente agradecidos. Un señor mayor se me acercó de último para preguntarme el porqué de la importancia de la cruz, si se suponía que en ella había sufrido y muerto Cristo, por lo que tuve que explicarle las razones más convincentes del porqué los cristianos católicos no vemos mal la veneración de la cruz, bendito árbol instrumento de nuestra salvación.

         Más temprano, al llegar a la capilla habíamos visto que una hermosa gata negra había tenido su orgullosa camada de felinos a los pies de la puerta principal, y al salir la conseguimos dentro de la capilla. El encargado de la capilla, que no es personal del penal, sino uno de los internos, se comprometió a cuidar del animal, trayéndole comida periódicamente. El gato responsable de aquel espectáculo se dejó ver extendido sin aparente preocupación sobre el techo de un módulo vecino a la capilla, y supimos que era el dichoso progenitor, pues los colores de su pancita acusaban la paternidad de los tres mininos que la madre alimentaba: uno blanco, otro negro y el último amarillo.

         En el Establecimiento Penal de Ayacucho también hay una sección de mujeres, y no podíamos irnos sin pasar a visitarlas, aunque fuera brevemente, y así lo hicimos. Solamente ingresamos al pabellón femenino una religiosa y yo, con el agua bendita, para asperjar a quienes lo desearan. Se acercaron varias mujeres, algunas con un pequeño recipiente para llevar agua bendita, las demás estaban tejiendo unas grandes mantas típicas ayacuchanas o atendiendo la visita de sus familiares en un patio central bastante colorido. Una mujer se me acercó portando en brazos a su recién nacido. Al abandonar el pabellón femenino, salimos de la cárcel, uno de los internos, el encargado de la capilla, parecía decirnos con la mirada que no nos fuéramos, o que volviéramos pronto…

         He cumplido de esta manera con una de las obras de misericordia corporales, la de visitar a los presos, recogida en la cita de Mateo 25, 36.

 

         Recordando una experiencia pasada:

         La primera vez que fui a una cárcel fue en 2019. Se trataba de la correccional de menores de mi ciudad. Fue una experiencia dolorosa por el hecho de ver a niños y adolescentes privados de libertad. Muchos de ellos habían cometido serios crímenes y sus papás también estaban encarcelados. Otros solo tenían problemas de conducta y estaban allí porque ni sus familiares pudieron con ellos, entre tantas historias que son difíciles de comprender, pero dignas de conocer.

         Recuerdo que al final de aquella fugaz visita, que al igual que hoy se trataba de una celebración eucarística en la capilla, nos invitaron a comer lo que ese día habían preparado para los internos: arroz, lentejas, yuca frita y agua. Comimos aquel menú con el mayor fervor posible, pensando en que de vuelta al Seminario nos esperaba el almuerzo que allí nos habían guardado, pero, la sorpresa fue grande, pues al llegar nos dimos cuenta de que el menú era idéntico, a excepción del agua, que estaba mezclada con un poco de azúcar y un lejano sabor a fresa. Aunque estábamos libres, comíamos como en la cárcel, pero, nada de eso era importante, pues “el amor todo lo soporta”.

P.A

García

martes, 1 de noviembre de 2022

10mo aniversario Eva Angelina Castillo

“NONITA EVA”

         El jueves 1 de noviembre de 2012 recibí una de las noticias más dolorosas en mi vida. Era casi el mediodía, me encontraba muy normal en clases de inglés, en el seminario menor de los Legionarios de Cristo, cuando el rector, P. Pernía se asomó por una de las grandes ventanas del salón, me buscó con la mirada y pidió al profesor que me dejara salir. Estando fuer me dijo que me esperaba una llamada en la rectoría, él conversaba caminando con uno de los padres. Una corazonada me advirtió que algo había pasado, aunque era común recibir llamadas de la familia cuando no correspondía.

         Cuando llegué a la rectoría, estaba el teléfono personal del padre Pernía sobre el escritorio, lo tomé y me lo acerqué al oído. Aló, -dije algo nervioso-. Del otro lado escuché una voz quebrada, era la de mi mamá avisándome que mi querida abuela, (nona Eva) había fallecido hacía un par de horas. Yo reaccioné de inmediato con algunas palabras de ánimo, quedamos en que esa misma tarde iría a la casa para participar del entierro… colgué la llamada y salí de la rectoría aturdido, confundido, desorientado, solo, con un sentimiento de tristeza indescriptible.

         Fuera de la rectoría estaba el padre Pernía, cuando me vio no me dijo nada, solamente señaló en dirección a la capilla y comprendí que debía ir a ese lugar. El corto recorrido se me hizo infinito, no veía la hora de llegar a la capilla. Las piernas me temblaban y recuerdo dar pasos agigantados. Dentro de la capilla no pude aguantar más y empecé a llorar desconsoladamente. De rodillas frente al tabernáculo recuerdo haber hecho una sincera oración de agradecimiento a Dios por la vida de mi nona Eva, por su buen ejemplo y por todo lo que me quiso. Yo solo decía “gracias”. No sé cuánto tiempo estuve rezando.

         Al salir de la capilla fui de nuevo a la rectoría, allí el padre Pernía me hizo esperar unos minutos mientras llegaba el profesor de Castellano y Literatura, quien se encargó de acompañarme a almorzar en el comedor de profesores, para luego llevarme hasta el terminal de pasajeros de Mérida, donde me deseó buen viaje y que por favor le informara cuando hubiese llegado a casa.

         En el viaje de dos horas desde la ciudad de Mérida hasta Tovar no recuerdo que hice, no recuerdo en qué pensé, tal vez dormí un poco. En Tovar, para llegar más rápido, tomé un taxi, pero este taxista aprovechó la carrera para hacer “un par de diligencias”, por lo que demoré más de lo esperado en llegar a la casa en La Playa.

         Recuerdo que cuando bajé del taxi, frente a la casa, saludé en primer lugar a los que estaban en las rejas de la entrada, algunos conocidos. En el porche había gente reunida, en la sala, con el féretro, estaban rezando un Rosario, por lo que no entré de inmediato a ver el cuerpo sin vida. Pasé por la puerta de atrás, porque primero quería saludar a mi mamá y a mis hermanas. Los recuerdos de esos momentos son muy borrosos, tal vez por las lágrimas en los ojos, pues lo que uno recuerda son imágenes concretas, las más impactantes, como el tráiler de una película.

         Dentro de la casa saludé a la familia. Luego de unos minutos, fui acompañado por mis hermanas a ver el ataúd en la sala, y ahí estaba mi querida nona. Esa imagen nunca la olvidaré. Recuerdo ver en uno de sus dedos pulgares una pequeña curita o adhesivo; resulta que la última vez que la vi con vida fue quince días antes, cerca de su cumpleaños 67, cuando yo estaba de visita de fin de semana en la casa y la acompañé a la clínica Roa en Tovar, para que le quitaran una uña que tenía encarnada.

         Luego de unos momentos allí, todavía no oscurecía, salimos a recibir a mi tío Vladimir, que estaba llegando de Caracas. Saludamos más personas. Yo aproveché un momento para rezar un Rosario, ya había entrado la noche. Recuerdo también cuando salimos a recibir a los Calatayud, una familia cercana con quienes habíamos tenido algunas diferencias y por eso teníamos varios años sin tener contacto, sin embargo, ellos vinieron, pues eran sobrinos de mi nona Eva.

Esa noche del velorio dormidos poco, hablamos mucho y rezamos mucho también. La gente entraba y salía de la casa. El tiempo se pasó en saludar a los conocidos y conversar entre familia.

Al día siguiente, 2 de noviembre, fue el entierro. Primero llevamos el féretro hasta el Preescolar “Elio Castillo”, institución que había sido fundada por mi nona Eva junto a un grupo de playenses. En el preescolar la recibieron con el sonido del timbre, algo que me conmovió bastante y me hizo soltar algunas lágrimas. Había también allí gran cantidad de personas. Se rezó un Rosario y se cantaron algunas canciones. Recuerdo ver a familiares evangélicos participando de aquel acto de piedad católico.

Al salir del Preescolar nos dirigimos al templo parroquial San Vicente Ferrer de La Playa. Allí estuvimos en la Misa Exequial presidida por el padre Jaime Duque. Yo participé revestido en el altar. La homilía del padre Jaime fue muy sentida y sus palabras propicias para todos nosotros. Él conocía muy bien a mi nona Eva y pudo resaltar genéricamente su vida cristiana y caritativa. En el momento del responso final que se canta, no pude aguantar el llanto.

Terminada la misa subimos al cementerio, pasando por el frente de la casa. Entregué mi alba a alguien para que la guardara y seguimos con el ataúd para el entierro. En el cementerio una de mis hermanas se descompensó. Esa misma noche, fui a Bailadores con mi tía Tania, a la ordenación sacerdotal del diácono Ramón Alberto Parra Bustamante. Su ordenación diaconal en la catedral de Mérida fue a la primera que asistí, al igual que su ordenación sacerdotal.

Regresé al seminario de los Legionarios de Cristo el sábado 3 de noviembre, y esa misma noche tuve un sueño bastante particular: me elevaba sobre la cama, hasta que mi nariz tocó en techo, en ese momento caí de golpe a la cama y quedé inmóvil por largo rato, sudé frío y me asusté.

P.A

García

miércoles, 14 de septiembre de 2022

¡Por fin el libro se publicará!

ACUERDO EDITORIAL

         Escribir un libro uno solo no es fácil, pero es más dificultoso aún cuando se escribe entre dos. Al menos una pequeña parte de las investigaciones e indagaciones sobre mi querido pueblo de La Playa por fin se verán publicadas en un libro que realicé en coautoría con el cronista del Municipio Rivas Dávila, el profesor Eufemiano Antonio Oballos Ramírez.

         La publicación no se hizo antes, cuando yo estaba en Venezuela, porque hubo ciertos desacuerdos de mi parte con el Concejo Municipal de Rivas Dávila, pues una de sus integrantes se empeñó, sin fundamento alguno, en aparecer como tercera coautora del libro en cuestión, cosa que me desagradó sobremanera, pues quería ganar la indulgencia con escapulario ajeno y sin fe (creo que es atea la mujer).

         Los autores de un libro son quienes lo han escrito, los investigadores, los que conocen de cabo a rabo el contenido del libro, no cualquier persona, por muy institucional que se realice el proyecto. Luego de casi dos años de paralizada la publicación, por mi firmeza en la objeción, finalmente se decidió por darme la razón y quitar el nombre de la descarada oportunista de la portada del libro.

         Ahora, en este 2022, el libro llega a una institución que se encargará de hacer la edición digital y, entre otras cosas, registrar los derechos de los dos autores, los dos auténticos autores, los únicos dos que nos sentamos alrededor de una mesa a proponer y quitar contenido al libro. El profesor Oballos y yo parimos el libro intitulado Historia Básica de La Playa.

         Aquí les dejo el texto de la autorización o “Acuerdo Editorial” que firmé y envié copia escaneada para Mérida, Venezuela. Se supone que ese documento valida la edición del libro y permite otras cuestiones más.

         Antes, me gustaría aclarar que el libro será motivo de juicios, críticas y en el mejor de los casos, correcciones, sin embargo, un libro solo puede refutarse con otro libro, no con berrinches de cualquier escribidor maledicente. La historia es subjetiva, difícilmente dos personas se pondrán de acuerdo para contar las cosas de la misma manera, cuestión que sí hemos hecho el profesor Oballos y yo.

         Aquí el ACUERDO EDITORIAL:

1.-Por medio del presente se acuerda la Edición y Publicación de la obra titulada: HISTORIA BÁSICA DE LA PLAYA, perteneciente al género de HISTORIA, por parte del Fondo Editorial Carmen Delia Bencomo perteneciente al Instituto de Servicios de Bibliotecas e Información del Estado Bolivariano de Mérida IBIME.

2.-El ciudadano, Pedro Andrés García Barillas, venezolano, portador de la cédula de identidad n° V-23.555.390 residenciado en Ayacucho, Perú, declara ser coautor de la obra antes descrita.

3.-El Fondo Editorial Carmen Delia Bencomo propone realizar la publicación de la obra bajo las siguientes condiciones:

a.) El objetivo de la publicación es la promoción de la lectura y la escritura.

b.) Se publicará en formato digital PDF.

c.) El libro en formato PDF se alojará en internet y figurará en el catálogo editorial del Fondo Editorial Carmen Delia Bencomo.

d.) El autor tiene total derecho sobre la difusión y promoción de esta publicación y podrá hacerlo como considere oportuno sin modificar los créditos Institucionales.

e.) Es una publicación sin fines de lucro y de distribución gratuita.

f.) La promoción de la obra se realizará a través de las redes sociales y espacios de comunicación del IBIME, respetando los derechos de su autor y las leyes de la República.

4.-Se hace constar que el ciudadano antes identificado, en calidad de autor hace entrega y autoriza la publicación de su obra por parte del IBIME bajo el sello editorial del Fondo Editorial Carmen Delia Bencomo, quien realizará las gestiones legales que correspondan ante el Centro Nacional del Libro y la Biblioteca Nacional de Venezuela.

5.-Para futuras reediciones de la obra se realizará un nuevo acuerdo ajustado a las condiciones de dicha publicación.

Acto celebrado en Mérida, estado Bolivariano de Mérida, a los 29 días del mes de agosto de 2022.

Firman conformes

Por el Fondo Editorial                   Por el autor

P.A

García

domingo, 31 de julio de 2022

Inicio mi investigación en el Archivo Histórico de Ayacucho


“ESTATUAS ECUESTRES”



Ayacucho 5 de agosto de 2022

Señor Roque Jacinto Vásquez Calderón

Director (E) de la Dirección Regional de Archivo de Ayacucho.

 

Reciba mis cordiales saludos, deseándole éxitos en su labor.

La presente misiva tiene como única finalidad hacer la formal petición de permiso o autorización para realizar investigaciones en la dependencia que usted dirige.

El tema que deseo investigar es: las estatuas ecuestres de Bolívar y Sucre que se encuentran en esta ciudad de Ayacucho, Perú.

La investigación se realiza con fines netamente divulgativos mediante mis cuentas personales en Blogger y canal de YouTube.

Una vez concluida la investigación, me comprometo a dejar copias de la misma a la institución, como muestra de gratitud por los servicios y facilidades prestadas.

La investigación la realizo a criterio personal, no representando ninguna institución pública o privada.

Sin más a qué hacer referencia, me despido de usted.

Firma: Pedro García

El documento presenta sello húmedo de color rojo: Gobierno Regional de Ayacucho. Gerencia Desarrollo Social. Archivo Regional. Secretaría. 05 AGO. 2022. Hora: 11:28 a.m.

P.A

García