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martes, 7 de julio de 2026

El papa Francisco y Federico García Lorca

“LA CASADA INFIEL”

La educación no consiste únicamente en transmitir conocimientos; consiste, sobre todo, en despertar el deseo de conocer.

Esa convicción parece resumir una de las experiencias más hermosas de la vida docente del entonces joven jesuita Jorge Mario Bergoglio, mucho antes de convertirse en el papa Francisco. En una época en que muchos profesores se preguntan cómo lograr que los jóvenes lean, Bergoglio encontró una respuesta sencilla y profundamente humana: comenzar por aquello que despertaba su interés.

La anécdota, recordada por el propio pontífice en 2024, revela una faceta poco conocida de Francisco: la del profesor apasionado por la literatura. Entre 1964 y 1965, con apenas veintiocho años, enseñaba Literatura en un colegio jesuita de Santa Fe, Argentina. El programa académico exigía estudiar el Cantar de Mio Cid, una de las obras fundacionales de la literatura española. Sin embargo, sus alumnos mostraban escaso entusiasmo por aquel clásico medieval. Ellos querían leer otra cosa. Pedían leer a Federico García Lorca, el famoso poeta español asesinado treinta años antes. Muchos profesores habrían respondido con una negativa rotunda. El profesor Bergoglio hizo exactamente lo contrario.

En la carta Sobre el papel de la literatura en la formación, publicada el 17 de julio de 2024, el papa recuerda aquella experiencia con sorprendente naturalidad:

"Los chicos no les gustaba. Pedían leer a García Lorca. Así que decidí que estudiarían El Cid en casa, y durante las clases trataría a los autores que más les gustaban a los chicos... A medida que leían esas cosas que les atraían en ese momento, fueron teniendo un gusto más general por la literatura, por la poesía, para luego pasar a otros autores."[1]

Estas palabras revelan una intuición pedagógica extraordinaria. Francisco no renunció a enseñar los clásicos; simplemente comprendió que el camino para llegar a ellos debía comenzar por despertar el gusto por la lectura. El profesor no rebajó el nivel académico, sino que cambió el método.

En tiempos donde la educación suele reducirse al cumplimiento de programas y evaluaciones, aquella decisión resulta sorprendentemente actual. Bergoglio comprendió que nadie ama lo que primero no ha descubierto con alegría. La literatura, antes que una obligación escolar, debía convertirse en una experiencia.

No deja de llamar la atención que el autor elegido fuera Federico García Lorca. El poeta granadino no era precisamente una figura cómoda para todos los ambientes educativos de la época. Su muerte durante la Guerra Civil Española, su personalidad artística y algunos prejuicios ideológicos hicieron que durante décadas fuera visto con reservas en ciertos sectores. Sin embargo, Bergoglio supo distinguir entre las etiquetas ideológicas y la grandeza literaria. Su objetivo ciertamente no era formar partidarios de una corriente política, sino lectores capaces de emocionarse ante la belleza de un poema.

Esta convicción quedó confirmada pocos meses después de la publicación de aquella carta. El 19 de septiembre de 2024, Francisco recibió en audiencia privada al poeta español don Luis García Montero, director del Instituto Cervantes. Durante la conversación, el Papa volvió espontáneamente sobre aquellos años como profesor de literatura.

Según relató posteriormente García Montero, Francisco confesó que los poemas de García Lorca habían sido decisivos para despertar el interés de sus alumnos por la asignatura. En particular recordó, entre risas, un poema muy concreto: "La casada infiel", del Romancero gitano.[2]

No deja de sorprender que un Papa recuerde con humor haber utilizado un poema de "tono picante" para captar la atención de unos adolescentes. Sin embargo, detrás de esa anécdota hay una profunda lección educativa. Francisco conocía el mundo juvenil. Sabía que los adolescentes se sienten atraídos por aquello que despierta su curiosidad. En lugar de combatir ese interés, decidió convertirlo en un puente hacia una formación literaria más amplia. No era una estrategia improvisada, sino una auténtica pedagogía.

El papa Francisco siempre defendió la lectura de novelas y poemas como parte indispensable de la formación intelectual y espiritual. En la misma carta de 2024 sostiene que la literatura permite ampliar la experiencia humana, comprender mejor los sentimientos propios y ajenos, desarrollar la empatía y cultivar una imaginación capaz de abrirse al misterio del otro.[3]

No es casual que un sacerdote con esa visión haya terminado convirtiéndose en un Papa que insistió constantemente en la cultura del encuentro. La buena literatura enseña precisamente eso: salir de uno mismo para entrar en la vida del otro.

En un tiempo dominado por las pantallas, la velocidad y la lectura fragmentaria, la experiencia pedagógica del joven Bergoglio ofrece una enseñanza que conserva toda su vigencia. Muchos educadores siguen preguntándose cómo obligar a leer a los jóvenes. Francisco planteó la pregunta de otra manera: ¿qué desean leer los jóvenes? Y desde esa respuesta comenzó un itinerario que terminó conduciéndolos hacia los grandes clásicos. No sustituyó el Cantar de Mio Cid por García Lorca. Utilizó a García Lorca para llegar al Cantar de Mio Cid.

Esa diferencia cambia por completo la perspectiva educativa. Quizá ahí resida una de las lecciones más fecundas del profesor Bergoglio. Educar no consiste únicamente en transmitir contenidos, sino en despertar el deseo de conocer. El verdadero maestro no impone el camino; descubre dónde está el corazón de sus alumnos y, desde allí, los conduce hacia horizontes más amplios.

Federico García Lorca fue, para aquellos adolescentes argentinos de 1965, mucho más que un poeta. Fue la puerta de entrada al mundo de la literatura. Él mismo dijo “No sólo de pan vive el hombre. Yo, si tuviera hambre y estuviera desvalido en la calle no pediría un pan, sino que pediría medio pan y un libro.”[4]

Y el joven profesor jesuita comprendió, mucho antes de ser Papa, que la belleza tiene una fuerza educativa que ningún programa académico puede reemplazar.

Anexo

Federico García Lorca

La casada infiel[5]

A Lydia Cabrera y a su negrita

Y que yo me la llevé al río
creyendo que era mozuela,
pero tenía marido.

Fue la noche de Santiago
y casi por compromiso.
Se apagaron los faroles
y se encendieron los grillos.
En las últimas esquinas
toqué sus pechos dormidos,
y se me abrieron de pronto
como ramos de jacintos.
El almidón de su enagua
me sonaba en el oído,
como una pieza de seda
rasgada por diez cuchillos.
Sin luz de plata en sus copas
los árboles han crecido,
y un horizonte de perros
ladra muy lejos del río.

  •  

Pasadas las zarzamoras,
los juncos y los espinos,
bajo su mata de pelo
hice un hoyo sobre el limo.
Yo me quité la corbata.
Ella se quitó el vestido.
Yo el cinturón con revólver.
Ella sus cuatro corpiños.
Ni nardos ni caracolas
tienen el cutis tan fino,
ni los cristales con luna
relumbran con ese brillo.
Sus muslos se me escapaban
como peces sorprendidos,
la mitad llenos de lumbre,
la mitad llenos de frío.
Aquella noche corrí
el mejor de los caminos,
montado en potra de nácar
sin bridas y sin estribos.
No quiero decir, por hombre,
las cosas que ella me dijo.
La luz del entendimiento
me hace ser muy comedido.
Sucia de besos y arena
yo me la llevé del río.
Con el aire se batían
las espadas de los lirios.

Me porté como quien soy.
Como un gitano legítimo.
Le regalé un costurero
grande de raso pajizo,
y no quise enamorarme
porque teniendo marido
me dijo que era mozuela
cuando la llevaba al río.



[1] Papa Francisco, Carta sobre el papel de la literatura en la formación, 17 de julio de 2024, n. 7.

[2] Luis García Montero, "El papa Francisco recibe al director del Instituto Cervantes", Instituto Cervantes, 19 de septiembre de 2024.

[3] Papa Francisco, Carta sobre el papel de la literatura en la formación, nn. 1–6.

[4] Federico García Lorca, Prosa, 1 (ed. Miguel García-Posada), Akal, Madrid, 1994, pp. 380-392. Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes

[5] Federico García Lorca, (1943), Romancero Gitano, Editorial Losada, Buenos Aires, pp. 35-39

viernes, 24 de noviembre de 2023

Presentación de mi libro “Desde Ayacucho, Santuario de la Peruanidad”

      


   En el día en que se cumplen tres años de mi arribo a la “ciudad de las treinta y tres iglesias” publico este rudimentario libro intitulado Desde Ayacucho, “Santuario de la Peruanidad”. Selección de artículos del Blog de Pedro García, como una muestra más de mi afán por apostar cada día por las letras y todo lo relacionado con la lectura y la escritura.

         Aquí se ven compendiados solo 80 de los más de 180 artículos o entradas que he publicado en mi blog durante el mencionado trienio, los que pueden ser leídos con toda facilidad en la página web pedrogarciabarillas.blogspot.com, a cualquier hora y en cualquier momento del día, desde la comodidad de un aparato tecnológico, ya que esta primera edición impresa es en sí un lujo del que solo podrán gozar un puñado de amigos, a quienes a su vez dedico mis desvelos.

         No fue fácil la selección de artículos para este volumen, pues no existiendo criterios delimitantes, era más sencillo ponerlo todo, pero por cuestiones económicas más que estilísticas, tuve que resumirlo en dos partes iguales; la primera dedicada a los textos de índole secular, es decir, de variedad absoluta de temas; mientras que la segunda parte aparece un tanto más específica al encontrarse catalogada como escritos de carácter religioso, pues no me atrevo a llamarlos teológicos, aunque a eso estén encaminados.

          Lo que el lector de este libro podrá encontrar en él, si lo lee (claro está), es la mente abierta de su autor, a pesar de la innegable dificultad que se tiene en un texto de básica conformación literaria y gramatical como este. No hay en estas páginas ninguna novedad noticiosa personal o social, porque todo ya ha sido publicado digitalmente; lo que sí es novedoso es el hecho de atreverme a tanto, pues siempre he creído que las publicaciones que periódicamente subo a mi blog, más que para un público amplio o limitado -que de seguro lo tengo-, son para mí mismo, aunque se perciba egocéntrica la frase, porque lo es.

La verdad es que escribo para mí, pensando en mí, y no para los demás, pues si lo hiciera para otros, de seguro más de la mitad de lo que aquí se contiene iría a parar a la basura, porque es bien sabido que ahora son cada vez menos los que dedican un espacio de sus ajetreadas y entretenidas vidas a la lectura.

El primer título que había pensado para este libro era muy soso: “Tres años en el Perú”, pero tuve que desestimarlo de inmediato al caer en la cuenta de que, en realidad a partir del 25 de noviembre, cada día que pase formará parte del cuarto año en estas tierras incaicas. Pero los años no importan tanto como las experiencias vividas y los conocimientos adquiridos.

El título fijado responde, creo yo, más propiamente a lo que quiero transmitir, pues, “desde Ayacucho” y en Ayacucho he escrito todo lo que presento, hallándome por ventura en el “Santuario de la Peruanidad”, frase que rescato del arzobispo metropolitano de esta Iglesia andina peruana.

La peruanidad y la venezolanidad son conjugadas por mí en estos textos, en un esfuerzo por unir a dos naciones con los lazos de la fraternidad, para que se viva y se sienta lo que cantamos los venezolanos en nuestro Himno Nacional: Unida con lazos que el cielo formó, la América toda existe en nación. Y de esa América formamos parte todos, con orgullo y con pasión.

Ahora bien, sin más dilación, les deseo una provechosa y entretenida lectura de estas ideas agrupadas sin mayor rigor que el cronológico en ambas partes.

El autor.

P.A

García

viernes, 3 de septiembre de 2021

Entrevistado por bibliófilo

BOOKLOVERS


         Hace días leí en la web un excelente artículo titulado “Los libros como refugio de la realidad venezolana”[1], de José Gregorio Bello, publicado el 19 de agosto de 2021. Me animé a comentarle en privado a éste escritor por el excelente trabajo. Naturalmente recibí respuesta y para mi sorpresa me tomó en cuenta para hacerme unas breves preguntas con respecto a un artículo que realizaría, “sobre los libros dejados por la migración venezolana”. Estas fueron sus preguntas y mis respuestas:

1.      ¿En qué país te encuentras actualmente?

 

Me encuentro en el Perú, específicamente en la ciudad serrana de Ayacucho. Los motivos de mi migración son netamente académicos, pues en este país podré culminar mis estudios, además de contar con el apoyo y presencia de todo mi núcleo familiar (papá, mamá y hermanas).

 

2.     ¿Te llevaste algún libro contigo? De ser así, ¿en qué criterio te basaste?

 

Viajé al Perú en noviembre de 2020, con una rigurosa restricción fronteriza a causa de la pandemia, por lo que la prioridad era llevar lo menos posible en el equipaje. El recorrido desde mi casa en Mérida hasta Ayacucho fue por tierra, y no pude traer más de lo necesario. Dejé mis libros, sin poder traer ninguno, pero sí me hubiese gustado traer unos cuantos. Mi madre viajó tiempo después y ella sí pudo traerme cuatro valiosos libros (las Liturgias de las Horas) que es una especie de manual de oraciones que usan los sacerdotes y religiosos para orar a Dios.

 

3.     ¿Qué sientes cuando piensas en los libros que dejaste?

 

En mi casa dejé una biblioteca personal debidamente organizada con más de 1.850 libros, todos indexados detalladamente en una lista en Word que tengo en mi computadora. Cuando pienso en mis libros, naturalmente me entristezco mucho, pues solamente yo sé lo que dejé y que ahora mismo no puedo disfrutar, porque realmente disfruto de los libros, me hacen compañía, los leo, los ojeo, los acomodo, etc. los libros son mi gran tesoro. Dejar mis libros ha sido una de las decisiones más difíciles, pues son parte importante de mi vida. En mis últimos años de estudios en Mérida, cada semana adquiría algún texto nuevo, era experto en visitar todas las librerías de la ciudad y conseguir lo que me interesaba y a buen precio. Además también hice amistad con algunos personajes que no dudaron en hacerme buenas donaciones.

 

Justo antes de viajar al Perú, estaba colaborando con la Biblioteca de mi pueblo, por lo que pensé donar algunos de mis libros, pero no lo hice, pues tengo la esperanza tenerlos todos nuevamente conmigo, tal vez trayéndolos poco a poco al Perú, porque regresar a Venezuela (por ahora) no es una opción muy cómoda para mí, realmente pienso radicarme aquí de manera permanente.

 

4.     ¿Has podido comenzar una biblioteca en el extranjero? ¿Qué libros son los que te atraen ahora?

 

Cuando apenas llegué a Lima, visité la librería del Terminal Plaza Norte, donde compré dos libros que me interesaban desde hacía tiempo, uno fue el Diario de Ana Frank, del cual hice un resumen personal, y el otro una biografía no autorizada de la Boy Band OneDirection. En seguida adquirí los libros de la saga de Harry Potter para, luego de leerlos, cambiarlos por otros de mayor interés.

 

Aquí ya estoy formando la “segunda parte” de mi biblioteca personal. Hasta el momento, en diez meses que llevo en este país, ya tengo treinta y tres textos que me han servido muchísimo para mis intereses particulares.

 

Los libros que compro ahora en el Perú, como los que compré y tengo en Venezuela, son de historia, filosofía y teología, que son las ciencias que estudio, además de la novedad del Quechua que estoy estudiando particularmente y para lo cual he adquirido algunas gramáticas, diccionarios y hasta la Biblia en Quechua.

 

Un lujo que ahora me puedo dar, es comprar libros antiguos, primero por el interés de la lectura y segundo por el valor como antigüedad. El libro más antiguo que poseo es del año 1831.

P.A

García