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sábado, 28 de diciembre de 2019

Comentario a “Memorias de un exorcista” del padre Fortea

Padre Fortea



Leer libros (digerir libros), para mí, siempre ha sido un placer agraciado y un vicio muy económico, sobre todo cuando se trata de libros electrónicos, en formato PDF, que es hasta donde he podido llegar en cuanto a tecnología se refiere. Pero, sean libros digitales o en físico, en definitiva siempre se trata de adentrarse en un mundo desconocido, que puede conocerse en su totalidad solamente cuando se llega a la última página, o que se puede completar con la vida propia, la de cada lector. 

La vida hay que vivirla como se leen los libros, o como lo expresa el cantante Luis Enrique en su tema “Yo no sé mañana”: “esta vida es igual que un libro, cada página es un día vivido, no debemos de correr antes de andar”. Leer cada página de un libro es como vivir cada día de nuestra vida de manera apasionada, conscientes de que somos los protagonistas de nuestra propia historia, y que esa, nuestra historia, también puede ser contada, narrada, escrita en un libro.

Hay que leer de todo un poco. Al padre José Antonio Fortea estoy leyéndolo constantemente desde que ingresé al seminario mayor en 2013. He leído sus libros, no todos, pues son muchos, sin embargo, por recomendación suya dediqué un espacio privilegiado a la lectura de su mejor libro: “Historia del Mundo Angélico”, como él mismo me lo indicó mediante un email, con un español bastante suyo: Si tenéis que leer un libro mío, el mejor es el de Historia del mundo angélico y su segunda parte "Las corrientes que riegan los cielos"”. También leo su blog, el Blog del Padre Fortea, donde él opina todos los días de diversos temas, esto ha sido una inspiración para escribir en mi blog, el Blog de Pedro García.

         Aquí les quiero hablar brevemente no de “Historia del Mundo Angélico”, sino de “Memorias de un exorcista”, que es el libro autobiográfico del padre Fortea. El mismo consta de 198 páginas en su versión digital y lo he leído en su totalidad dos veces. La primera en 2015 pausadamente y casi sin interés, y la segunda en diciembre de 2019, durante mis descansos en las misiones decembrinas. Fue en esta segunda vez que más lo supe disfrutar, bastaron ocho días para digerirlo.

“Memorias de un exorcista” es un libro con una lectura muy llevadera, para nada es fanática en el tema del demonio, es más, a mi juicio el título no debería ser el que tiene, sino otro, pues el padre Fortea apenas menciona algunos casos de posesiones demoniacas y exorcismos, pero ese no es el tema central de la autobiografía. Detrás del padre Fortea no solamente hay un famoso demonólogo y exorcista, sino un gran sacerdote, un hombre de Dios, un intelectual, un santo moderno.

         Hay frases en este libro con las que me identifico, pues la vida del padre Fortea es, como la de todos los seminaristas y sacerdotes, (o como la de cualquier cristiano) una vida de luchas, derrotas y victorias, gracias a Dios más victorias que derrotas, para tristeza de muchos por ahí. La vida del padre Fortea es providencialmente agradable de conocer. Recomiendo la lectura de “Memorias de un exorcista”, para que conozcamos que sí se puede ser diferente en medio de tanta monotonía.

         De las 198 páginas cargadas de innumerables memorias, la que ahora les presento me agradó más que muchas otras, pues en esta el padre Fortea habla sobre el tema de la amistad, desde su experiencia propia. Se las copio completa y espero que la disfruten, como lo hice yo:
        
A veces me pregunto por qué aquel grupo de amigos de Barbastro se deshizo. No sé. Creía que éramos amigos para siempre. Pero cada uno se fue en una dirección […]. Ahora miro atrás y creo que en la amistad siempre di más de lo que recibí. Creo que en la amistad siempre puse mi corazón, mientras los otros no buscaban tanto.

Ellos no buscaban tanto. Quizá yo, […] buscaba más en esa amistad. Amigos para siempre, amistad eterna, envejecer en la amistad... pero algunos de ellos, al final, sólo vieron en mí al clérigo, al amigo que iba a ser sacerdote, al seminarista que no podía ir a las discotecas, un chico que ni bebía, ni fumaba, ni nada. No era buena compañía para ellos. En cierto modo, podían verme como un lastre, un santo lastre. Ahora me doy cuenta, ahora, de que ellos no eran dignos de mi amistad. En realidad no perdí ningún amigo, nunca los tuve. Después de doce años compartiendo cumpleaños, tardes de cine, campamentos, conversaciones... me doy cuenta de que en realidad no había nada entre nosotros. Me queda la tranquilidad de saber que no fui yo el que se alejó de ellos, sino ellos de mí. En cuestión de amistad debo admitir que la fortuna no me ha sido propicia. Cuánto he buscado el tesoro de la amistad. Pero esto como los noviazgos, es una lotería. Y a veces no tienes el número. En los noviazgos, en la amistad, en la salud, en tantas cosas, a veces tienes buena suerte y a veces no; y no hay que darle más vueltas.

Hasta aquí las palabras del padre Fortea, que a partir de este momento las hago mías también. Ahora, la ensalada literaria que sigue es inspiración propia:
¡Amigos! ¿Dónde están?
¿A dónde fueron a parar?
Pensé que no habría motivos
que obligaran a cortar
la amistad que un día gozamos
y que nunca había de acabar,
mas ahora se ve violentada
por el silencio y la crueldad
de no saber nada de nadie
y de no atreverse a preguntar:
¿Cómo estará ese amigo
que se tuvo que marchar?
que confiando en los demás
le tocó todo enfrentar
y sin poder decir por doquier
más que toda la verdad
evitando simplemente
a los amigos perjudicar,
que Dios se apiade de aquellos
que se atreven a traicionar
y que Dios me ayude a mí
a poder todo olvidar
a aprender de los errores
y a saberlos perdonar
después que tanto han herido
y tanto han hecho llorar.

Ahora bien, para no dejarlos tan preocupados por mi salud mental y espiritual, termino este comentario con una frase de Borges, que me consuela bastante, citada también por el padre Fortea en su libro: “Yo no hablo de venganzas ni perdones, el olvido es la única venganza y el único perdón.”

P.A
García

martes, 23 de febrero de 2016

El único peligro de la Renovación Carismática Católica

La Renovación Carismática Católica

Padre Fortea
         En esta ocasión, no pretendo hacer una reseña histórica de la Renovación Carismática Católica, ni mucho menos. Como no soy más que un seminarista con ansias de saber y de enseñar también a los que no saben, voy a citar en este artículo unas declaraciones del Padre José Antonio Fortea Cucurull, sacerdote diocesano experto en demonología, quien se declara carismático, y por cierto, nacido en Barbastro, cuna del glorioso san Josemaría Escrivá de Balaguer. De igual manera expresaré lo que a mi parecer es el único peligro de este movimiento católico.

        El Padre Fortea descubrió la Renovación Carismática Católica en su primer año de sacerdocio y recibe el “don de lenguas” aunque él no lo quería, más adelante comprendió que la oración en lenguas las entiende muy bien el demonio y desde entonces la utiliza en los exorcismos que realiza.

        Este sacerdote asegura que la Renovación Carismática es fruto del Espíritu Santo y a veces no es comprendida, porque es ante todo un misterio de Dios. A pesar de que en los grupos carismáticos haya personas buenas y no tan buenas, como en cualquier grupo católico, la Iglesia ha dicho que esto es obra del Espíritu Santo, por lo cual nadie tiene derecho a atacarla o a criticarla si se considera católico.

        La Renovación Carismática se centra en la invocación del Espíritu Santo, y es este mismo Espíritu el que los guía, y los ilumina a hacer la voluntad de Dios. El Padre Fortea asegura que así como se invoca al demonio y él se manifiesta, así mismo al invocar al Santo Espíritu de Dios este viene y transmite paz. Estas invocaciones pueden girar en torno a un grupo, en medio de cánticos, en medio de alabanzas y oración y con la lectura bíblica. La Renovación Carismática es espontánea, no está unificada y esto es bueno porque permite que el Espíritu Santo esté libre para actuar como quiere.

        La Renovación Carismática es perseguida por su novedad, y no es comprendida por muchos, pero yo personalmente considero que el único peligro que tiene la Renovación Carismática Católica es presentarse en la Iglesia como el único camino recto y verdadero para invocar y recibir las gracias, dones y carismas del Espíritu Santo. Esto no debe ser así, porque dentro de tanta libertad espiritual, estaríamos limitando la misma acción del Espíritu Santo.

     Hermanos carismáticos, todos sabemos orar y si cada quien escoge encontrarse con Dios de una manera diferente, esto debe respetarse, ya que no podemos ser jueces y decir quien tiene o quien no tiene el Espíritu Santo.

¡Ven Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor!

P.A
García