martes, 5 de noviembre de 2019

El Templo a San Vicente Ferrer de La Playa, Bailadores


Sobre la construcción del Primer Templo hoy en ruinas

Documento de 1879
El lugar donde hoy se encuentran las ruinas de la primera Iglesia a San Vicente Ferrer, que es propiedad de la familia Salas, es el testimonio más fiel de una devoción bicentenaria al santo dominico. Para estar al tanto de este dato importante es necesario conocer textualmente el Documento de donación de terreno para la capilla de san Vicente Ferrer en el sitio La Batalla. Tomado del Registro Subalterno Tovar I Parte (1779-1854), Sección 817/10, folios 43v – 44. Archivo General de Mérida.

En la Villa de Bailadores en dieciocho días del mes de marzo de mil ochocientos veintinueve años. Ante mi José Dolores Carrero, Alcalde Primero Municipal y ante testigos cartularios con quienes actúo por falta de escribano, parecieron presentes Francisca, Carmen, José del Rosario, y Manuel Escalante, vecinos de esta, a quienes conozco y dijeron: que por el presente instrumento de escritura pública que aquí otorgan conocen; que de su propia, libre y espontánea voluntad y sin fuerza, ni obligados por nadie, donan y donaron de su haber heredado, un pedazo de tierra (en el sitio de La Batalla, para el culto y veneración de la imagen de San Vicente Ferrer) donde con licencia del Ordinario se ha hecho Capilla, y se sujetan a lo dispuesto por el Ilustrísimo Señor Obispo Diocesano en la licencia referida, y que en fe de ello, desde ahora y para siempre, se desiste, desapoderan, quitan y apartan, y a sus hijos, herederos sucesores y quien sus causas haya, del derecho, acción, dominio y propiedad, que al terreno, donado habían, y lo ceden perpetuamente a favor de aquel culto, o de quien en adelante el Prelado determine; y consta de los linderos y medidas siguientes: por la parte de abajo o a pie con Hipólito Ramírez, para su costado, frente a la Capilla, el filo de la ladera, por el otro costado de atrás su cimiento de piedra que va cercado hasta dar con la ladera. Esta tierra donada, tiene de largo ciento cuarenta y ocho varas y de ancho en la parte de abajo sesenta varas del filo de la ladera al cimiento: que en fe y seguridad de lo que está expresado renuncian todos los donatarios, todas las leyes, fueros y derechos de su favor, domicilio y vecindad con la general del derecho en legal forma, para que a lo contenido lo ejecuten en caso de denegarse a lo escriturado, como para sentencia pasada en cosa juzgada consentida, y no apelada. En cuyo testimonio así lo dijeron, otorgan, y firmados por todos ellos, ante mí y testigo de que certifico.
José Dolores Carrero
Testigo Juan José Ramírez       Testigo José Tomás Mora

El documento es una declaración a la autoridad civil sobre la donación del terreno que había sido dado antes del 18 de mayo de 1829, de allí se puede pensar que la primera capilla fue construida anterior a esta fecha, pues el mismo documento refiere que para el momento de escriturarse el terreno donado, ya en él existía la capilla con la imagen de san Vicente Ferrer. José Dolores Carrero era para el momento el Alcalde de Bailadores y ante éste, los hermanos Escalante: Francisca, Carmen, José del Rosario y Manuel, que eran los propietarios del lugar, hacen constar que donaban libremente el pedazo de tierra para la capilla, que ya estaba allí construida.

El texto especifica que con el permiso del Cura de Bailadores se había construido una capilla en el sitio de La Batalla, para el culto y veneración de la imagen de san Vicente Ferrer, y deja a disposición del Obispo de Mérida los destinos del terreno a partir de ese momento.

La riqueza de este documento es tal, que brinda de inmediato las medidas y linderos del espacio donado, teniéndose como primer referente los terrenos del Señor Hipólito Ramírez, ubicados estos en la parte de abajo, es decir, del lado izquierdo del templo; en frente de la capilla se ubica lo que hasta hoy en día se puede observar, el filo de la ladera; y por el otro costado, es decir del lado derecho del pedazo de tierra, se ubica el cimiento de piedras que llegaba hasta la ladera, este cimiento tal vez haya desaparecido por la ocupación de personas con el correr de los tiempos.

Aunque el texto hable de varas como medida de aproximación longitudinal, al hacer la conversión de varas a metros se tiene que 148 varas de largo, por 60 varas de ancho equivaldrían a un aproximado de 124,32 metros de largo por 50,4 metros de ancho. Se está hablando, entonces, de un buen pedazo de terreno, que incluso superaba las medidas del espacio utilizado para construir el templo.

Con respecto al lugar identificado como La Batalla, es el mismo lugar que hoy en día se conoce como San Vicente, el cual es una meseta que está inclinada hacia la Quebrada La Batallera, se tiene entonces que, La Batalla y La Batallera son un mismo sector.

 Al final del documento firman los dos testigos, Juan José Ramírez y José Tomás Mora, junto con el Alcalde José Dolores Carrero en Bailadores. Es posible pensar que los propietarios que hacen la donación, los hermanos Escalante, se hayan desprendido del terreno al fallecer sus padres, pues el texto detalla que la tierra de la que se están despidiendo les había sido heredada.

Esta capilla fue por medio siglo el lugar de culto a san Vicente, pues, como se explicará más adelante, para el 26 de julio de 1879 ya se habían iniciado los trabajos para la nueva Iglesia, que es la que está hoy frente a la Plaza Bolívar. Esta primera construcción, que de seguro es anterior a 1829, sirvió por un espacio de tiempo aproximado a los 50 años, (1829-1879).

Sobre la construcción del Templo actual

Superando el siglo XIX, se llega a la fecha de 1901, y en este año es donde el Prof. Alejandro Castillo ubica la construcción del actual templo parroquial de La Playa, pues bien, esta fecha, es preciso que no sea tan equivocada. A continuación se presenta un respaldo a esta hipótesis.

La Playa eclesiásticamente ha pertenecido a la Parroquia de Bailadores, lo prueba  el Libro de Bautismo 23° (1897-1903) de esta Parroquia bailadorense, en la página 318, donde se expresa lo siguiente:

En la Capilla del Glorioso San Vicente Ferrer, filial de esta Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de Candelaria de Bailadores a diez y seis de junio de mil novecientos tres, el Señor Párroco Bachiller José Amable Escalante autorizado por el infrascrito Cura de ella, suplió las ceremonias del bautismo, puso óleo y crisma y dio bendiciones según el Ritual Romano, a un niño nacido le día seis del mismo mes y a quien por necesidad había bautizado privadamente Ismael Vivas competente para ello, hicieron oficios de padrinos Ismael Vivas y María de los Santos Escalante. Lo certificó, es hijo de Carlina Márquez. Doctor Ezequiel Arellano Azebedo.[1]
        
         Este texto, encontrado no casualmente, sino como fruto de la ardua tarea de esta investigación, revela que ya para el año 1903 existía en La Playa la “Capilla del Glorioso San Vicente Ferrer”, además de ello servía para administrar los sacramentos. Como es de suponer, La Playa era un pueblo pequeño, por lo que debía pertenecer a la Parroquia vecina, Bailadores, y de su Cura Párroco recibiría las atenciones necesarias a la fe católica. Este texto deja claro también que La Playa ha sido un pueblo profundamente católico, ya que, como se menciona, un tal Ismael Vivas estaba autorizado para bautizar a los recién nacidos en caso de emergencia, como era de costumbre, y despues sí proceder a buscar al sacerdote para que continuase con el rito de este sacramento de iniciación cristiana.

         Pero hay una fecha más remota que puede dar indicios de que la Iglesia de La Playa sea más antigua que la fecha de 1901. En las investigaciones realizadas en el Archivo Arquidiocesano de Mérida, se encontró un acta ubicada en los Folios 94B-95A de los Libros Parroquiales de Bailadores, específicamente el Libro de Gobierno 1850-1946, donde se explica lo siguiente:

                   Capilla de La Playa
Gobierno de la Diócesis de Mérida = Sede Vacante = Señor José de Jesús Méndez Medina = Bailadores = Mérida 26 de julio de mil ochocientos setenta y nueve = En el caserío denominado “La Playa” jurisdicción de la parroquia de Bailadores, se ha principiado a edificar una Capilla, con las limosnas que los fieles voluntariamente ofrecen como testimonio de su veneración y gratitud al Santo a quien dicha Capilla está dedicada. Este es el glorioso San Vicente Ferrer cuya milagrosa imagen hasta hoy se ha venerado en un sitio que no es el más cómodo para recibir las veneraciones que de todas partes recurren a visitarla = Piadosa es la obra en verdad, y dignas de alabanza los que la han emprendido. Más para que los trabajos se hagan con regularidad y se lleve cuenta de la inversión de los fondos, no porque temamos malversación de ellos sino para satisfacción del público, hemos resuelto en uso de nuestras facultades ordinarias nombrar a un Administrador o Mayordomo de aquella obra pía, el cual recaude y administre los fondos y dirija los trabajos = Entre los sujetos que pudieran ser nombrados al efecto, nos hemos confiado en U. confiando que no rehusará a aceptar este compromiso, el cual no le impone otros deberes que los que hasta ahora espontáneamente ha estado desempeñando. Estos son. Colectar las donaciones que hicieren los fieles en favor de la obra e invertirlas en su objeto. Dirigir los trabajos por sí mismo, o hacer contractas generales o particulares con alarifes o personas capaces de llevarla a cabo. En fin llevar una cuenta del ingreso, egreso y existencia de los fondos en un libro al que se le dará principio con el inventario de lo que exista perteneciente a la Capilla. Este inventario lo hará él con asistencia del Admor y dos testigos = Concluidos los trabajos y bendecida la Capilla, se hará con la mayor solemnidad posible la traslación de la Santa Imagen, del oratorio donde hoy está a dicha Capilla. Todo lo que en el mencionado oratorio se encuentre perteneciente al culto del Santo, ya se trasladarán a la nueva Capilla y será materia de inventario = Practicada la traslación, podrá ser demolido el antiguo oratorio y los materiales vendidos a beneficio de la misma obra pía = Bendecida que haya sido la Capilla quedará habilitada al culto público con el carácter de iglesia filial sometida a la jurisdicción del párroco de Bailadores = aguardamos cuanto antes la contestación favorable de esta nota = De U. atto. Servidor = Tomas Zerpa=
Es copia
Bailadores setiembre 9 de 1885
El Cura Gabriel Gómez

         El acta lleva por título “Capilla de La Playa”, sin embargo, ya al finalizar denota la nueva nomenclatura de la misma, que ahora sería “Iglesia Filial”. Este documento es en realidad la copia de una carta enviada desde Bailadores al Señor José de Jesús Méndez Medina, de fecha 26 de julio de 1879, donde se le explica que en La Playa se ha iniciado la construcción de una Capilla para el culto a San Vicente Ferrer. El motivo por el cual se inicia dicha construcción es porque la imagen del santo estaba ubicada en un lugar incómodo para recibir a los fieles, esta incomodidad pudo haber sido más por la lejanía del lugar que por el espacio en sí donde estuviera la antigua capilla u “oratorio”, se estaría pensando entonces en las ruinas ubicadas hoy en día en el sector San Vicente.
     
    Más adelante el escrito solicita al Señor José de Jesús Méndez Medina que ejerza el cargo de “Mayordomo” o “Administrador” de la construcción, con el objetivo de que se lleve de la mejor manera la recolección de donativos y la inversión de los mismos en la obra, contratando a los respectivos alarifes o maestros de obra, capacitados para emplear la técnica del tapiado en la construcción. Además de esto, debía dar apertura a un libro que contendría explícitamente los ingresos y egresos de la construcción, así como el inventario de todo lo que existiese en la antigua capilla que a su vez pasaría a formar parte de la nueva capilla.

         Lo curioso de este texto es que menciona la posible demolición del antiguo oratorio, una vez estuviera terminada y bendecida la nueva construcción, cosa que no vendría a concordar con la realidad, porque las mencionadas ruinas en San Vicente están en pie todavía, a pesar de que sean sólo grandes paredes de tapia, estas no parecen haber sufrido una “demolición”, o tal vez sí un desmantelamiento del techo, ventanas y puertas.

         La carta concluye haciendo énfasis al Señor José de Jesús, para que conteste a esa petición de encargarse de la construcción de la capilla, además la firma el Cura Tomás Zerpa, Párroco de Bailadores para el año de 1879, pero la asienta en el Libro de Gobierno el Cura Gabriel Gómez, Párroco de Bailadores, el 9 de septiembre de 1885, es decir, seis años después.
P.A
García


[1] Fany Paredes, Sonia Sarmiento, Daniel Mercades. (2001). Bailadores: Pueblo y Parroquia. Mérida, Venezuela. Archivo Arquidiocesano de Mérida-AAM.

lunes, 4 de noviembre de 2019

Sobre la devoción a San Vicente Ferrer en La Playa

SAN VICENTE FERRER DE LA PLAYA

Ruinas de la primera iglesia a San Vicente
Ferrer en La Playa

Este tema es innovador, precisamente porque no hay nada escrito, a pesar de que sea de interés común saber cómo llegó originalmente a La Playa la devoción a este santo español dominico[1]. Sobre el tema realmente se sabe muy poco, lo que se ha escuchado en el pueblo a los más ancianos, es que La Playa desde siempre ha contado con San Vicente Ferrer como santo Patrono, incluso, prueba de ello es la existencia de unas antiguas ruinas, paredes de tapia, que según comentan y afirman algunos, pertenecieron a lo que fue una primitiva Capilla dedicada seguramente a San Vicente Ferrer, la misma se encontraba ubicada en lo que hoy en día es el Sector San Vicente, posiblemente en ese lugar, se dio inicio a la fe de un pueblo que posteriormente se trasladó un poco más abajo, al lugar más plano, una vez vaciado el dique que se formó como consecuencia del terremoto.

Efectivamente existen tales ruinas de una construcción rectangular, y estas ruinas parecen ser la prueba más fiel de que en La Playa, desde épocas pasadas, se daba culto a Dios, dentro de la religión Católica, las mismas encarnan un espacio bastante considerable y propicio a la hora de imaginarse a una feligresía reunida allí, para el Culto Divino.

Al conocerse el lugar de las ruinas[2] se pueden notar paredes anchas, más o menos altas, como de unos 3 metros aproximadamente, al parecer la parte de la fachada ya no existe, solo puede notarse un escalón que posiblemente demarque el suelo de la capilla por dentro. De igual manera es imposible precisar de qué material estaba cubierto el techo de la capilla, lo más probable es que pudo haber sido de paja, sin abandonar la posibilidad de que haya sido de tejas un poco más elaboradas.

Al pie de las paredes de tapia puede observarse un “sócalo” o base de piedras, sobre el cual se levanta la pared (tapia), en las mismas paredes y un poco cerca de lo que pudo haber sido el altar mayor puede notarse unas aberturas, como especies de nichos donde colocar imágenes de bulto o pinturas, tal y como hay en la Iglesia actual que está abajo en el pueblo.

En la pared del fondo, que debió servir de retablo, se percibe la figura de un antiguo altar retablo, ese pudo ser el lugar donde se celebraba la Misa (de espaldas al pueblo) y donde reposaría por largos años la imagen de San Vicente Ferrer. Del lado izquierdo del altar o presbiterio está la abertura de una puerta. Las tapias en pie no reflejan indicios de que hayan existido ventanas.

Es posible deducir que detrás de la antigua iglesia haya existido un cementerio, ya que, como lo narran los habitantes del Sector, en trabajos agrícolas al remover la tierra se ha conseguido osamenta humana, lo que indica que el pueblo se estableció en ese lugar por largo período de tiempo. Además de ello, manifiestan la existencia de numerosas casas antiguas, las cuales han ido desapareciendo con el paso de los años y el abandono de sus moradores.

Ahora, volviendo al tema de la devoción y la presencia del Santo, se transcribe a continuación lo que se ha conseguido en una amarillenta hoja trascrita a máquina, que reposaba en el Despacho Parroquial de La Playa, la cual trata de reseñar en brevísimas palabras la devoción a San Vicente Ferrer en La Playa, sin embargo no dice mucho:

SAN VICENTE FERRER EN LA PLAYA: No sabemos desde cuando tiene La Playa a San Vicente Ferrer como patrón. Probablemente algún misionero dominico que vino por estos lugares quiso que tuviésemos por patrón a un santo de su congregación. Dicen los más viejos que La Playa antigua estaba en lo que hoy es San Vicente y que de allí bajaron esta “Tablita” a la Iglesia. La antigüedad de esta “Tablita” prueba que ya nuestros antepasados le rezaron y le encomendaron todos sus trabajos, esfuerzos y afanes. Es justo pues que también nosotros hagamos lo mismo.[3]

Este texto menciona la existencia de una “tablita” y ésta no es otra que la que se encuentra en la Iglesia en un dificultoso nicho de madera, es conocida por todos, es además la imagen[4] del santo Patrono que visita todos los sectores durante la novena previa a la Fiesta Patronal de todos los años, por lo que se expone a la intemperie, razón por la cual pueda estar deteriorándose progresivamente.

 Sería propicio que sea reubicada esta misteriosa pintura de San Vicente Ferrer, a un lugar donde sea más fácil su contemplación y veneración, un espacio digno y un nicho que lo muestre y no que lo esconda. De igual manera sería justo que se tomara en cuenta la iniciativa de recuperar, limpiar y redescubrir el lugar de las ruinas de la antigua iglesia o capilla y ver la forma de conservarlas o incluso de restaurarlas, para así conservar el patrimonio eclesiástico y la historia de una Parroquia que sí tiene que contar, historias, costumbres y tradiciones, pero que lo que hace falta es rescatar todo eso, tomando en cuenta y valorando el pasado.

P.A
García



[1] Más adelante se hará una biografía de San Vicente Ferrer con su Novena y devocionario.
[2] Estas antiguas paredes de tapia se encuentran en la propiedad del Señor Pedro Salas e hijos, en el Sector San Vicente, han sufrido alteraciones por parte de la misma familia dueña de los terrenos.
[3] De este documento sólo se posee una fotografía, el papel original se traspapeló y aún no se ha conseguido.
[4] Esta imagen pintada sobre una tabla de madera mide aproximadamente 48cm de alto por 33cm de ancho, parece haber sido “restaurada” o mejor dicho alterada, en la misma puede notarse el cambio de color en algunas partes de la capa negra del santo, además del fondo del mismo.

domingo, 3 de noviembre de 2019

Epígrafe de la Iglesia de La Playa: “Mi casa es casa de oración”


MI CASA ES CASA DE ORACIÓN

Epígrafe en la puerta del templo de La Playa
Rodeando en forma de arco la puerta principal y única del templo parroquial de La Playa, Parroquia San Vicente Ferrer, se encuentra un epígrafe o lema que reza así: “MI CASA ES CASA DE ORACIÓN”, pues bien, de dónde mejor puedo haber salido este texto si no es de la Escritura Santa. A continuación veremos su significado y originalidad bíblica y exegética.

Lo primero en precisar es la cita bíblica de esta frase, cuestión que no es tan sencilla de presentar tan apresuradamente, pues resulta ser una frase con al menos cuatro referencias distintas en toda la Biblia, una en el Antiguo Testamento y otras tres en el Nuevo Testamento, específicamente en los Evangelios Sinópticos: Mateo, Marcos y Lucas. El evento que encierra esta frase es también presentado por Juan, pero sin hacer cita textual de estas palabras tan icónicas: “Mi casa es casa de oración”.

La primera referencia bíblica, que es en sí la más original de todas, es la que encontramos en Isaías 56, 7: los traeré a mi Monte Santo, los alegraré en mi casa de oración; aceptaré sobre mi altar sus holocaustos y sacrificios; porque a mi casa la llamarán Casa de Oración todos los pueblos”. La frase latina sería: “Quia domus mea domus orationis vocabitur cunctis populis”. La frase en lengua latina será decisiva al momento de especificar la cita bíblica que fue utilizada para el epígrafe del templo de La Playa. Aquí es traducida del latín al castellano manteniendo la voz pasiva, pues “la casa será llamada”. En la voz pasiva el sujeto sufre la acción, mientras que en la voz activa el sujeto ejecuta la acción.

La segunda referencia bíblica de la frase en estudio es ubicada en el primer libro del Nuevo Testamento. Así la presenta Mateo 21, 12-13: Jesús entró en el templo y echó fuera a los que vendían y compraban en el templo, volcó las mesas de los cambistas y las sillas de los que vendían palomas. Les dijo: —Está escrito que mi casa será llamada casa de oración, mientras que ustedes la han convertido en cueva de asaltantes”. En Mateo la frase en latín sería:Domus mea domus orationis vocabitur”. Se hace presente la frase de nuevo en voz pasiva.

La tercera referencia está en Marcos 11, 15-17: Llegaron a Jerusalén y, entrando en el templo, se puso a echar a los que vendían y compraban en el templo; volcó las mesas de los cambistas y las sillas de los que vendían palomas, y no dejaba a nadie transportar objetos por el templo. Y les explicó: —Está escrito: Mi casa será llamada casa de oración para todas las naciones; en cambio ustedes la han convertido en cueva de asaltantes”. En latín se puede leer así: Quia domus mea domus orationis vocabitur ómnibus gentibus.

La cuarta referencia, que es la más genuina para el epígrafe del templo de La Playa, está en Lucas 19, 45 – 46:Después entró en el templo y se puso a echar a los mercaderes diciéndoles: —Está escrito que mi casa es casa de oración y ustedes la han convertido en cueva de asaltantes”. Esta frase viene directamente traducida del latín:Quia domus mea domus orationis est”. Aquí la frase es traducida del latín en voz activa, no en voz pasiva, es decir, la casa es casa de oración, por el contario no será llamada casa de oración.

Ahora bien, el último Evangelio también presenta el hecho de la purificación del Templo por Jesús, a saber: Juan 2, 13-17: Como se acercaba la Pascua judía, Jesús subió a Jerusalén. Encontró en el recinto del templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los que cambiaban dinero sentados. Se hizo un látigo de cuerdas y expulsó a todos del templo, ovejas y bueyes; esparció las monedas de los que cambiaban dinero y volcó las mesas; a los que vendían palomas les dijo: Saquen eso de aquí y no conviertan la casa de mi Padre en un mercado. Los discípulos se acordaron de aquel texto: El celo por tu casa me devora”. Como hemos visto, la escena es idéntica en los cuatro relatos del Evangelio, pero en éste último no cita la frase de Isaías.

En conclusión, la cita del epígrafe del templo de La Playa corresponde a Lucas 19, 46. En castellano: “Mi casa es casa de oración”. En latín: “Domus mea domus orationis est”.

Pasemos ahora a considerar lo que la frase bíblica encierra en su contenido doctrinal. En los cuatro relatos del Nuevo Testamento en donde la frase está presente, es ubicada dentro del relato de la Purificación del Templo hecha por Jesús, sin embargo, tomaremos en cuenta la reflexión que se hace a la cita de Lucas 19,45-48, por ser ésta la usada en el epígrafe del templo de La Playa.

Lo que le interesa resaltar a san Lucas en este texto se centra en varios gestos. Lo primero es que Jesús no es contrario al Templo; pues en el corazón de cada judío está inscrito el Templo como el más importante emblema religioso, por eso Jesús reclama que se utilice para lo que es: «casa de oración». En segundo lugar, una vez purificado el Templo, Jesús desenmascara el extremo al que había llegado la «casa de Dios», de emblema religioso y lugar de encuentro de la comunidad con su Dios, había pasado a ser emblema de opresión, cueva de asaltantes. Finalmente, con esta actitud del Señor, se hace más clara la decisión de las autoridades de eliminarlo, pero no pueden hacerlo porque «todo el pueblo estaba pendiente de sus palabras».

En algunas escenas cinematográficas sobre la vida de Jesús de Nazaret hemos visto cómo el Señor se dispone a purificar el Templo de Jerusalén con todas sus fuerzas. La escena es realmente impactante y por ende muy conocida. El cantautor Alí Primera osó al incluirla en una de sus canciones, comparando la figura mesiánica y libertadora de Jesús con la figura de Simón Bolívar: “Si Jesucristo sacó los mercaderes del Templo; Bolívar también lucho por liberar a su pueblo”.

El padre Alberto Colunga de la Orden de Predicadores, (Dominicos), reflexiona este texto de Lucas y llega a la conclusión siguiente: la parte del templo abierto a los paganos es también sagrada. Y para aquellos a los que les gusta ubicar el culto a Dios lejos de la asistencia al templo, que es en espíritu y en verdad, el padre Colunga opina que Jesús no está en favor de la "desacralización" del templo; todo lo contrario, quiere su "sacralización", su "desecularización" incluso en el patio abierto a los paganos.

Queda con todo esto un compromiso. El solemne compromiso de hacer de nuestros templos católicos unas verdaderas casas de oración, donde vayamos confiados cada vez que necesitemos encontrarnos con la comunidad de creyentes, para dirigirnos como pueblo elegido a un mismo Dios y Creador de todos.

MI CASA ES CASA DE ORACIÓN
DOMUS MEA DOMUS ORATIONIS EST

P.A
García

sábado, 2 de noviembre de 2019

Sobre una leyenda playense en dos versiones

CATÁSTROFE EN LA PLAYA

Panorámica de La Playa en 2015
El playense, en su vivencia cotidiana ha encontrado la manera de dar explicación al fenómeno de 1610, por ello ha sobrevivido una misma leyenda, pero con dos versiones, que se aproximan a ser un relato coloquial de lo sucedido, donde se mezclan datos verídicos con pensamientos de la piedad cristiana. La primera versión de la leyenda la proporciona para este estudio Miguel Vivas, la cual indica:

Dice la leyenda, que viviendo en el sitio un rico español encomendero, propietario de una casa de posada, se negó a darle alojamiento a un sacerdote que venía de la Ciudad de Mérida, rumbo a Pamplona o a Santa Fe de Bogotá, ante semejante sacrílega actitud, el pastor de Cristo, maldijo al citado señor y el castigo divino se dejó sentir a las pocas horas de camino del viajero, cuando ante su mirada aterrorizada vio depositarse una tromba marina en la cadena occidental del asentamiento español y minutos después un ruido espantoso que originaba la mole orográfica en su descomunal recorrido hacia el valle; desgarradores gritos de espanto y dolor, ladridos de perros, y bramar del ganado cruzó los cielos de norte a sur y de este a oeste, y a los pocos minutos el firmamento quedó cubierto de una nube negra de polvo y humo y un silencio sepulcral y más luego el dantesco fenómeno de la represa del Zarzales que viene a cubrir de agua lo poco que quedó fuera del alcance del deslizamiento, allí en el mismo sitio, soportando millones de toneladas de rocas reposan en la paz del Señor, el encomendero Ochoa, su mujer, sus hijos, los indios encomendados y sus tesoros. Cuentan nuestros antepasados que de vez en cuando se oyen los lamentos de las almas en penas y ladridos de perros en el sitio.

         En resumen, aquí se presenta en primer plano el “rico español encomendero”, que niega su casa a un “Sacerdote”, ante esta actitud el “Sacerdote” maldice a aquel hombre y como consecuencia sus tierras y riquezas quedan sepultadas bajo tierra y agua. Es curioso que, tanto en este primer relato, como en el segundo que ya se verá, la catástrofe ocurre en horas de la noche, ya que es de suponer que el sacerdote pide posada porque estaría ya anocheciendo en el momento en el que llegaba a la casa del español. En los relatos originales sobre el fenómeno en cuestión, Fray Pedro Simón pone hora específica al momento en que la tierra se empezó a mover y el cerro voló, eran las tres de la tarde, con lo cual se halla la más notable incoherencia del relato con la realidad, pero esto es aceptable, puesto que se trata de una leyenda.

En la segunda versión, se puede encontrar un relato más elaborado, lleno de detalles, aunque en principio se trata del mismo escenario y posibles personajes, hace un ligero cambio de los mismos, sin embargo, trata de explicar, al igual que la primera leyenda, el fenómeno de la formación de La Playa. Esta segunda versión se toma del Geógrafo José Herrera:

En tiempos pasados solo había un sacerdote en Bailadores para asistir los actos religiosos de El Páramo de Mariño, La Playa, Guaraque, teniendo que caminar o andar en mula grandes distancias e incluso, por varios días, para confesar y dar los Santos Óleos a los enfermos moribundos. Sucedió que un día el sacerdote fue buscado por un muchacho del Páramo de Mariño, para asistir a un señor moribundo que no terminaba de fallecer hasta tanto no fuera confesado y recibir la Sagrada Extremaunción. Al día siguiente, en las horas de la madrugada partieron el padre y el muchacho a acompañados por un sacristán, cabalgando dos mulas y un caballo, recorriendo largos caminos durante más de ocho horas, para llegar a la casa del enfermo pasadas las 3 de la tarde, confesándolo y dándole la extremaunción. Después de haber comido y reposado el sacerdote emprendió el regreso a Bailadores, por otro camino más largo que lo conduciría a La Playa y que le permitiría quedarse y dormir en la finca de Las Barrancas, propiedad del rico hacendado ya mencionado, ya que por el camino que hizo el recorrido anterior durante un día, no le daba tiempo suficiente para llegar a Bailadores con buena claridad. Así fue, el sacerdote, llegó anocheciendo a la finca de Las Barrancas, donde fue muy bien recibido por la familia y los peones de la finca, y le prepararon una suculenta cena compuesta de varios potajes y excelente vino. Sirvieron la cena con la familia y el mayordomo de la finca e iniciaron los comentarios respectivos a las siembras y cosechas, enfermedades, religión y los bienes que poseía, saliendo a relucir la gran riqueza del hacendado, con cofres o baúles repletos de morocotas de oro y joyas, que según cuentan, las hormigas y los bachacos, movían las monedas dentro del cuarto destinado para guardarlas. Durante la amena conversación introductoria para la cena, el sacerdote preguntó al rico hacendado como hizo para acumular tantas riquezas y sobretodo las costosas morocotas de oro, respondiéndoles, que todo aquello era el fruto de su esfuerzo, tesón y trabajo durante muchos años; continuó diciendo “mire padre, mi riqueza es tan grande que ni Dios me la puede quitar”, situación que hizo parar al sacerdote de la mesa y dijo sabiamente, que había olvidado dar la confesión a un enfermo en La Playa, por lo que debía seguir su camino en la noche. El hacendado trató de persuadirlo, sobre lo peligroso del camino en la noche, el sacerdote insistió en continuar y sin tomar ni siquiera un bocado de la gran comida, ensillaron las mulas y junto con el sacristán abandonaron la finca pasadas las 8 de la noche. Después de varias horas de recorrido montaña abajo, estando ya en los predios de La Playa Arriba, escucharon un ruido ensordecedor de gran estruendo, era un gran terremoto que desgajaba el Cerro las Barrancas arrastrado lo que encontraba a su paso, asentándose en la mitad del valle u chocando con la vertiente contraria del río Mocotíes, para dar origen a los terrenos de la finca El Volcán entre Tovar y La Playa desapareciendo los terrenos de Las Barrancas, junto con familia, peones y morocotas, transformando este bello paisaje ondulado de páramo a unas tierras quebradas con zanjones, que es en realidad los terrenos que hoy día conocemos de la finca Las Barrancas.[1]

         Como ya se mencionó al analizar el primer relato, este segundo también ubica la hora de la catástrofe ya entrada la noche. Es de resaltar que, a diferencia del primero, el sacerdote si es aceptado en la casa, pero por cuestiones de ofensas a la religión decide no quedarse. En los dos relatos la constante es la “riqueza del hacendado español” y el castigo de Dios por su orgullo y arrogancia, dejando entrever que, bajo el suelo de La Playa hay una gran riqueza, representada en oro y materiales de lujo que posiblemente tuvo en su casa este hombre desdichado.

         La incoherencia más notoria de este segundo relato es que, narrando la formación de La Playa ya se nombra dentro del cuento como un lugar geográfico determinado a La Playa, es decir, se supone que el relato quiere dar origen a La Playa, pero resulta que para el mismo relato ya La Playa existía, pues era el lugar hacia donde se dirigió el sacerdote para atender a un moribundo después del Páramo de Mariño, pero como se dijo anteriormente, se trata de una leyenda, por eso se respeta la imaginación de quienes la han mantenido viva en sus vidas.

         Lo cierto de todo esto es que, para las dos versiones de la leyenda, y para los relatos de Fray Pedro Simón sobre el terremoto de 1610, es cierto que debajo del cerro asentado quedaron atrapados algunos españoles e indios, en una casa que pudo haber sido una rica hacienda de maíz, tabaco y ganado.
P.A
García



[1] Herrera, J. (2006) La Playa entre Tovar y Bailadores. Costumbres, origen y algo más. Mérida Venezuela. Fondo Editorial El Cobijo. (p.p. 13-15).

viernes, 1 de noviembre de 2019

Sobre cómo se forma la geografía de La Playa, Bailadores

LA PLAYA, BAILADORES. ORIGEN
        
La Playa en 2015
 Introducción

Presentar algún comentario sobre la historia de La Playa, en principio no es tarea fácil, porque se trata de un pueblo con mucha historia que contar, pero con pocos registros escritos que lo testifiquen. En los actuales textos sobre La Playa siguen habiendo lagunas que son necesarias aclarar para que, definitivamente se puedan concretar datos históricos más precisos de esta población. Lo que en esta investigación interesa es presentar algunas reflexiones históricas sobre el pueblo, tomando en cuenta y enriqueciendo lo que ya se ha dicho hasta los momentos.

         A continuación se explica a manera de análisis, la historia geográfica del pueblo de La Playa, para ello se basará la investigación principalmente en los relatos de Fray Pedro Simón, en su libro Noticias Historiales de Venezuela, donde se recoge lo acontecido en el terremoto de La Grita, ocurrido para principios del año 1610. Para este análisis se apreciarán los estudios realizados al respecto por otros autores playenses, como el Profesor Alejandro Castillo y el Geógrafo José Herrera, quienes llevan la delantera en la interpretación de este texto de Fray Pedro Simón.

         ¿Quién fue Fray Pedro Simón?

Es necesario conocer al autor de los relatos más remotos de La Playa, a saber, Fray Pedro Simón, el cual era natural de San Lorenzo de la Parrilla, Cuenca, España. Su padre se llamaba Pedro Simón Ordoño y su madre Ana Domínguez, con lo cual se ha conseguido nombre y apellido al autor que primero hace referencia sobre los terrenos en los que actualmente está La Playa: Fray Pedro Simón Ordoño Domínguez. Su fecha de nacimiento se ha precisado para el año 1574, lo que indica que, contaba con al menos 38 años de edad cuando pasó por estas tierras, en 1612. Era religioso de la Orden Franciscana. Para 1604 llega de España a tierras venezolanas, siendo su primer puerto la isla de Margarita. En 1612 se traslada de Bogotá por los Andes venezolanos, pasando por La Grita, Bailadores, Mérida, entre otras ciudades del momento, luego en 1613 regresa a Bogotá por el mismo camino. La fecha de la publicación de sus Noticias Historiales de Venezuela se sitúa para 1627, con lo que se pierden rastros de su vida, hubo de morir en tierras americanas.

         El testimonio escrito de Fray Pedro Simón

A continuación, para hacer el breve estudio, es necesario presentarles el texto íntegro de Fray Pedro Simón, que se mostrará en cursiva, pero que al mismo tiempo llevará en negrita los temas de interés explicativo que más adelante se desarrollarán.

CAPÍTULO XXXV

III- VUELA UN CERRO DE UNA PARTE A OTRA CON EL TERREMOTO EN EL VALLE DE LOS BAILADORES

3- En este mismo y a la misma hora se acrecentó otra de las más notables que hemos oído hayan sucedido en el mundo. Y fue que en el valle de los Bailadores, que corre, como dijimos, Norte Sur, a la mitad de él, a seis leguas de la ciudad, de la cordillera que demora a la mano izquierda voló la mitad de un valentísimo cerro, como si fuera de pluma, y casi a la mano derecha quedó plantado a la mitad del valle, haciendo, con el golpe que dio en la cordillera contraria, una notable abertura. Como también lo era la que quedó en el asiento de donde se levantó el cerro, por donde comenzó luego a salir un buen golpe de agua que permaneció en sus corrientes algunos días. Con que se acrecentó el rebalso que hizo el río del valle con el asiento del cerro, quedando rebalsadas y haciendo un tan valiente y fondable laguna, que podían nadar en ella muy gruesos navíos, pues estuvo rebalsado sin que saliera gota de la mucha que entraba (por ser el río de más de dos bueyes de agua), desde este día hasta el de San Juan del mismo año. Que rompiendo por un lado, salió tan impetuosamente que, con dispendio de mucho ganado mayor que andaba seguro a la parte de abajo y de algunos sembrados de maíz y tabaco, se extendió por todo el valle. Que junta esta pérdida con la que sucedió de otras más de quinientas cabezas del mismo ganado que cogió el cerro debajo, cuando asentó el valle, no fue pequeña. Aunque muy mayor la de haber cogido debajo tres muchachos españoles de hasta diez o doce años y un indio gandul que estaba con ellos, a la sazón, a la mitad del sitio donde quedó plantado. Que con estos dos hijos y un sobrino de Francisco de Escalante, que quedaron enterrados entre las ruinas de una casa, que también cayó en el mismo valle, y los muchos que murieron, españoles e indios, hombres y mujeres, en la ciudad y otras partes, pasaron de sesenta personas, que para las pocas que tiene aquella tierra, fue muy gran cantidad.

En este mismo y a la misma hora: en los párrafos previos a este numeral III del capítulo XXXV, Fray Pedro Simón deja claro que el terremoto de La Grita ocurrió el tres de febrero, día de San Blas, en el año 1610, a las tres de la tarde, cuando la tierra se movía como las aguas del mar cuando están inquietas. Para esta época La Grita ya contaba con un Alcalde, que se llamaba Benito Rosal, con un cura, dos Iglesias y un convento. Las mujeres de La Grita en aquel día estaban unas reunidas con la madre del cura que venía de la ciudad de Mérida y otras en casa de una mujer honrada que estaba recién parida.

Voló la mitad de un valentísimo cerro: como ya se dijo anteriormente, en la Revista de La Playa una Visión al futuro (1999), del Profesor Alejandro Castillo, se ubica este cerro valentísimo como parte de las montañas de la parte norte de La Playa, donde hoy día se le conoce como Las Barrancas de Don Víctor Sánchez, lugar geográfico al que se le aplicará toda explicación hecha por Fray Pedro Simón.

Un buen golpe de agua: puede estar haciendo mención de la quebrada La Arenosa, en la parte alta del sector Las Delicias. Quien observe desde esta perspectiva hacia abajo, notará como en el sector El Volcán, hay un pequeño cerro de piedras, el cual pudo haberse formado allí por las crecidas de esta quebrada, o por el mismo deslizamiento del valentísimo cerro en 1610.

Se acrecentó el rebalso que hizo el río: Fray Pedro Simón especifica que son dos corrientes de agua las que van llenando la represa que se forma al deslizarse el cerro y quedar plantado a la mitad del valle, una es la recién formada quebrada “La Arenosa”, y la otra es el mismo río que baja de Bailadores, el río Zarzales o río Mocotíes.

Tan valiente y fondable laguna: en este apartado, puede darse razón al nombre que lleva el pueblo, pues, como lo refiere Fray Pedro Simón, en la laguna que se formó en el valle, podían navegar gruesos navíos, lo que deja a pensar que todo el territorio sobre el cual se asienta hoy en día la población de La Playa, estuvo bajo agua, razón por la que la geografía del lugar sea plana, semi-inclinada, arenosa y pantanosa.

Que rompiendo por un lado: este “lado” por donde salió toda el agua, puede ubicarse hoy en día en la llamada curva “Sogamoso”, que está frente a la antigua planta eléctrica de los Mora, en el sector El Volcán. Fray Pedro Simón precisa que para el día de San Juan del mismo año, es decir, para el 24 de junio de 1610, rompió la represa de agua, la cual duró un aproximado de cuatro meses y más en formación, de allí que algunos piensen que los pocos habitantes del lugar tuvieron que mudarse hacia zonas más altas, para no quedar sumergidos bajo el agua.

Los muchos que murieron: como es de suponer, la zona del valle, para el momento, ya era habitada por indios y españoles. Fray Pedro Simón menciona la pérdida de siembras de maíz y tabaco, al igual que ganado y un número superior a las sesenta personas fallecidas, entre indios y españoles, jóvenes y adultos, incluso menciona la existencia de una casa, lo que deja a pensar que por la zona al menos ya habían haciendas, probablemente trabajadas por indios y administradas por españoles opresores. Y no solamente esto, además de lo acotado, también es fácil concluir que los datos de Fray Pedro Simón son más precisos, cuanto más atrevidas estas conclusiones, pues se menciona que los pequeños fallecidos eran familiares de Francisco de Escalante, quien pudo haber sido el dueño del ganado, tabacales y cañaverales destruidos por el cerro asentado el 3 de febrero y por el embalse reventado meses después, el 24 de junio, haciéndose casi evidente precisar que para el momento del terremoto, los terrenos donde hoy en día está La Playa, eran sin más el tranquilo lugar de la hacienda de este tal Francisco de Escalante, desde donde, seguramente, pudo observar sus tierras extendidas en el valle abajo, hoy tupidamente habitadas por el sector El Llano de Tovar.

Con los relatos de Fray Pedro Simón se puede tener una visión arcaica de lo que era antes el Valle del río Zarzales, y terrenos donde hoy está el pueblo de La Playa. Es posible pensar que una vez vaciada la represa haya quedado un lugar plano y cómodo para habitar. La Playa, en el actual lugar donde está, pudo haberse fundado para mediados del año 1610, o incluso unos años más tarde, al normalizarse el terreno que estuvo bajo agua.

Pero no es preciso hablar propiamente de fundación más que de poblamiento, pues no se conoce ninguna partida fundacional, y no esperemos que aparezca, ya que en los límites demarcados sobre la Villa de los Bailadores, la meseta playense es determinada como parte constitutiva del mismo pueblo o Villa.

P.A
García