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martes, 25 de abril de 2023

483° aniversario de Huamanga

HUAMANGA NOBLE Y LEAL

Hoy, 25 de abril de 2023, en la fiesta litúrgica de san Marcos Evangelista, conmemoramos el 483 aniversario de la fundación española de la “muy noble y leal ciudad de Huamanga”, actualmente denominada Ayacucho, por decreto del Libertador Simón Bolívar del 15 de febrero de 1825. Recordemos esta fecha cívica local con una breve cita de una publicación de 1793, donde se informa en un solo párrafo las características más notables de la ciudad para finales del siglo XVIII.

Guamanga, Guamanga, Ciudad considerable y Episcopal de la América Meridional, Capital de la Provincia del mismo nombre en el Perú, Audiencia de Lima. Es memorable por su comercio en confitura, manufacturas diversas, y por sus minas de oro, plata, imán, &c. y especialmente de azogue. Está a 80 leguas de Pisco, 70 de Lima. Longitud 306. 40' latitud meridional 13. (Diccionario geográfico universal, tomo II, Antonio Montpaláu, Madrid, 1793, p. 57).

Para el momento de esta nota ya la ciudad contaba con 253 años de fundación española, pues se sabe que existió una conformación prehispánica de Huamanga. Para 1793 ya habían pasado por ella 22 obispos, desde Agustín de Carvajal, el primer prelado, hasta Bartolomé Fabro Palacios, el obispo de la época, con la diócesis fundada hacía 184 años, en 1609 por bula de Pablo V.

Entre la lista de los principales minerales por los que se hizo famosa la ciudad de Huamanga, al menos para este “Diccionario geográfico universal”, se encuentran el oro, la plata, el imán y especialmente el azogue, que era como se conocía entonces al mercurio.

El nombre de la ciudad de Huamanga cambia radicalmente por el de Ayacucho, en honor a la batalla del 9 de diciembre de 1824, por decreto del Libertador Simón Bolívar del 15 de febrero de 1825, en el que ordena desde Lima que en adelante sea llamada la ciudad con el nombre honorable de la pampa que sirvió de escenario para la consolidación de la independencia del Perú y de América del Sur.

Este fue el decreto de Bolívar:

Simón Bolívar, Libertador, Presidente de la República de Colombia, y encargado del Supremo Mando de la del Perú, etc.

Considerando:

I. Que la victoria de Ayacucho ha afianzado para siempre la independencia total de la República;

II. Que, obtenida esta victoria en el departamento de Huamanga, debe marcarse su nombre, de una manera que perennemente recuerde a aquellos habitantes el origen de su libertad; he venido en decretar y decreto:

Art. 1. El departamento de Huamanga será denominado en adelante Departamento de Ayacucho.

Art. 2. La ciudad de Huamanga, capital de este departamento, llevará la denominación de Ciudad de Ayacucho.

Art. 3. La provincia de Huamanga conservará su antiguo nombre de Provincia de Huamanga.

Art. 4. El ministro de Estado en el departamento de Gobierno y Relaciones Exteriores queda encargado de hacer ejecutar este decreto.

Imprímase, publíquese y circúlese.

Dado en el palacio del Supremo Gobierno, a 15 de febrero de 1825. 4to de la República.

SIMÓN BOLÍVAR

Por orden de S. E.-JOSÉ SÁNCHEZ CARRIÓN

Y finalmente recuerdo aquí la conocida etimología de la voz "Huamanga", según el mayor consenso de los textos históricos de tradición en el tema, pero lo hago con unas coplas de mi autoría ya anteriormente publicadas en este blog con el título de “Origen de los nombres ´Ayacucho´ y ´Huamanga´”, del lunes, 25 de abril de 2022.

(…)

Y una vez victorioso

Huiracocha de su mano alimentó

a un halcón que volando

sobre su cabeza se posó.

Toma, halcón, dijo el inca

“huamán-ga” que fue en su lengua

y así se llamó aquel sitio

sus linderos y sus leguas.

(…)

 

P.A

García

Mons. Salvador Piñeiro, Arzobispo Metropolitano de Ayacucho, celebró la Santa Misa de acción de gracias por la fundación española de la ciudad.



domingo, 26 de marzo de 2023

El “cucho”: un oasis laboral

“THE COFFEECUCHO”

Welcome to The Coffeecucho

         A tan solo días de cumplir el primer mes en mi nuevo trabajo como secretario, no quiero dejar de escribir acerca de un curioso dato que me parece bueno de mencionar y que me trae gratos recuerdos, además de ser una coincidencia lingüística de mi patria nativa y el Perú.

         De la época de mi primaria recuerdo cómo los docentes y bedeles se escapaban por algunos minutos para reunirse y tomar un café a media jornada de la mañana o de la tarde. El lugar donde se reunían era un pequeño espacio que en años anteriores había servido como “Cantina Escolar”; aquí la palabra “cantina” no hace referencia, obviamente, al consumo de bebidas alcohólicas, sino, más bien, se ajusta a su significado más genuino según el Diccionario de la RAE en la primera acepción: “Establecimiento público que forma parte de una instalación más amplia y en el que se venden bebidas y algunos comestibles.”

         Pues bien, a este lugar tan particular se le llamaba “cucho”. Todos nos referíamos a ese sitio como el “cucho de los bedeles”, donde descansaban un poco mientras las cafeteras eléctricas hacían su trabajo, o incluso, una pequeña cocina eléctrica servía para calentar infusiones y otras bebidas permitidas en un ambiente escolar. Un bedel, un docente, o también la misma directora de la Escuela, acudían confiados al “cucho” para charlar brevemente mientras se degustaba un sabroso café. En varias ocasiones los alumnos debíamos ir al “cucho” para buscar a algún adulto y nos percatábamos de lo maravilloso de aquel lugar; tal vez alguno tuvo el privilegio de sumarse al compartir gastronómico, no lo sé con certeza, pero pudo haber sucedido…

         Ahora bien, lo interesante del tema es que, en Venezuela, se utilice este término “cucho” para referirse a ese lugar dentro de la escuela, quizá sin saber que su origen etimológico proviene del mismísimo quechua, lengua originaria de los Andes del Perú, que significa “rincón”. Y ciertamente aquel “cucho” era el “rincón” de la escuela donde se acudía a consumir cafeína, a charlar o simplemente a buscar a alguna persona, por supuesto, además de servir como pequeño depósito de implementos de trabajo del aseo de la institución.

         Me parece curioso que en Venezuela utilicemos este quechuismo de manera tan natural, porque es bien sabido que el Tahuantinsuyo, imperio de los Incas, no llegó hasta el actual territorio venezolano, sino que simplemente pudo abarcar hasta bien el sur de la actual República de Colombia. Pero no cabe duda que el sentido y significado que se le da es el mismo que de su origen quechua: “cucho”, “rincón”, y de ahí que halla subtitulado este comentario mesclando el inglés y el quechua: “coffeecucho”, sería entonces el “rincón del café”, que gusta un poco visualmente y como concepto laboral, pues queda como buen nombre para algún emprendimiento…

         Todo esto lo recordaba, he dicho anteriormente, por mi nuevo trabajo como secretario, en el que evidentemente tengo una oficina y en la misma, en un “rincón” hay un pequeño mueble de madera con todos los utensilios propios para la preparación de un café o té: jarra eléctrica para hervir el agua, tazas elegantes, cucharas, azúcar, bandejas, vasos de cristal, servilletas, cajas con sobres de té, sobres de café instantáneo, etc. A este lugar lo he bautizado con el nombre de “cucho”, aunque ahora mismo se me ocurre ponerle “Coffeecucho”, para aprovechar mi propia idea.

         Ahora, el oasis laboral que es para un secretario un café a media mañana será posible gracias a la reactivación de este cucho que lo encontré en estado de abandono, pues parece que los anteriores a mí solo lo usaban en ocasiones especiales, pero, esto no va conmigo, pues por tradición y por salud mental, hemos de disfrutar de un buen café o té a media jornada laboral, y si es posible tener invitados, muchísimo mejor.

P.A

García

domingo, 29 de enero de 2023

Cuando la violencia pretende ser la solución

“TERRORISMO VISUAL”

Imagen referencial presente en la web, lo que indica que la práctica es más común de lo que se cree.

         El Diccionario de la Lengua Española explica sobre el terrorismo, en su segunda acepción, que es una “sucesión de actos de violencia ejecutados para infundir terror”, y quiero dejar clara la definición del término en uso para poder justificar por qué lo utilicé en el subtítulo de este comentario.

         El año pasado mientras caminaba como de costumbre de mi casa al colegio donde trabajo vi un enorme cartel que aquí le llaman gigantografía, de proporciones industriales, ubicado en una calle cercana al cementerio general de la ciudad de Ayacucho. Dicho material visual contenía un mensaje que yo no dudé en catalogar desde el primer momento en que lo leí como “terrorismo visual”, y es que, entre otras cosas, apuntaba en letras mayúsculas y rojas que “TODO DELINCUENTE QUE SEA CAPTURADO SERÁ LINCHADO” y en otros párrafos considerablemente más pequeños al anterior se advertía que a quien fuese capturado delinquiendo sería entregado a la policía.

         El primer mensaje me dejó impactado por varios días. Cada vez que pasaba por ahí, volteaba la mirada para darme cuenta de lo que realmente decía, porque no pasaba a creerlo. En oportunidades me hacía el propósito de no mirar para no mortificarme, pero era inútil, y peor me fue aun cuando descubrí que al final de dicha calle habían colocado otro cartel idéntico, de modo que ya no era uno solo, sino dos enormes gigantografías incitando a la violencia desmedida, la anarquía y el terrorismo “comunal”.

         Pasaban los días y yo seguía dándole vueltas al asunto. Quería hacer algo, necesitaba hacer algo para contrarrestar una barbaridad tan catastrófica y anticristiana. Lo primero que hice fue conversar con mis alumnos, ya que muchos de ellos viven por la zona. Primero les pregunté si habían visto el cartel, y fueron pocos los que se habían enterado. Luego les pregunté si estaba bien o mal poner algo así en la calle, y la respuesta de la mayoría fue desaprobatoria. A través de reflexiones y sin tratar de imponerles mi manera de pensar, llegamos todos a la conclusión de que era un acto que incitaba a la violencia, por lo que era reprobable.

         Pero no era suficiente con conversar con mis alumnos. Era necesario ir más allá, y recordé que justo en frente de donde estaba ubicado uno de los anuncios violentos de vereda a vereda vivía una señora conocida que frecuentaba la iglesia, con la cual ya había tenido algún tipo de confianza en oportunidades anteriores, por lo que me atreví a hacerle algunas preguntas sobre el tema. La señora negó saber quiénes habían puesto eso allí, pero aseguró que fue una decisión comunitaria en la que participaron varios de los habitantes de esa calle en particular, al parecer cansados de sufrir robos y buscando tomar la justicia en sus manos. Finalmente cuestioné a la señora si desde nuestra fe católica ese acto era bueno o malo, a lo que respondió sin titubear que era un acto inmoral, malo, negativo, que incitaba a la violencia, un acto desmedido, un error, una falla de raciocinio de todos aquellos a quienes se les ocurrió la desastrosa idea de acabar con la delincuencia con un anuncio violento, es decir, acabar con la delincuencia con más delincuencia, ¡qué absurdo y ridículo!

         Cuando parecía que yo ya estaría conforme, recordé que en el Perú existen leyes que normalmente se hacen cumplir, por lo que me pregunté si en la municipalidad distrital habrían dado algún tipo de permiso o habrían sabido de la colocación de dicho material visual violento en plena calle, y así me dirigí presuroso hasta el local de gobierno del distrito para averiguar un poco. En el distrito la atención fue buena, una recepcionista me escuchó con esmero, manifestó no saber de la existencia del cartel y me invitó a poner por escrito mi duda o reclamo, y como era viernes, me indicó que sería llamado el lunes siguiente para ser atendido personalmente por algún funcionario público al que le correspondiese tratar un caso como el que yo exponía.

         Pasó ese fin de semana y el día lunes no fui llamado, ni el martes, ni el miércoles. La decepción se aproximaba, pues mi objetivo era hacer caer en la cuenta de que esto estaba mal y había que quitarlo de inmediato. El día jueves en la mañana, cuando pasaba caminando para ir a trabajar, me fijé que el cartel violento ya no estaba, había sido roto por mitad y ambas partes colgaban en cada uno de los extremos desde donde había sido sujetado. Un sentimiento de orgullo y satisfacción corrió por mi mente. Había logrado mi objetivo, quitar de la calle un anuncio de terrorismo visual. Pero, ¿realmente fui yo el promotor de que quitaran ambos anuncios violentos?  Me surge la duda porque en realidad nunca regresé a la municipalidad distrital para preguntar sobre el asunto y tampoco fui llamado, además de saber que por esa calle entran y salen con cierta periodicidad algunos camiones de carga que, a juzgar por sus alturas, pudieron haber sido los responsables de la rotura en dos de los anuncios violentos, pues al intentar pasar por la calle, de seguro les estorbaba y tuvieron que deshacerse de ellos.

         Como profesor, no podía soportar la idea de que mensajes tan abominables se presentasen en plena calle como si nada. Pensaba en que eso afectaría la educación de los niños, porque crecerían con la conciencia de que al que hace algo malo hay que matarlo, asesinarlo a sangre fría, porque eso es lo que significa la palabra “linchar”, ejecutar sin proceso y tumultuariamente a un sospechoso o a un reo.

         Es conocido también que en algunos lugares han prendido fuego a los que la gente misma ha capturado infraganti. Sé que la rabia y la desesperación es muy grande cuando somos víctimas de la delincuencia, yo mismo lo he sido en varias oportunidades, pero eso no justifica que matar deje de ser un grave pecado y un delito.

         Algunos días después, nos enteramos de que una señora carnicera apuñaló a un perrito de la calle que le robó un pedazo de carne de su local. Toda la ciudad se pronunció en rechazo del acto, hubo marchas en protesta, diciendo no al maltrato animal, pero nadie protestó como debería por la ubicación de un anuncio violento en plena calle, ¿acaso eso lo ven con normalidad? No puede ser. La violencia genera más violencia, al mal hay que acabarlo a fuerza de bien.

         ¿Qué propondría yo en vez de gastar dinero en carteles violentos y además con errores ortográficos? Destinar los esfuerzos de la comunidad en la colocación de varias cámaras de seguridad que puedan captar a los delincuentes, muchos de los cuales se trasladan en motos, para que así puedan ser rastreados por la policía. Me parece que es una solución un poco más razonable, pues se colabora con la justicia, más no se la toma en las manos desproporcionadamente. A nadie hay que hacer lo que no nos gustaría que nos hicieran a nosotros. Hay que usar más la cabeza y menos las vísceras.

         “Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios”. (Mt 5, 9)

P.A

García

viernes, 30 de abril de 2021

El Padrenuestro en Quechua


“YAYAYKU”

    En la oración dominical (Mateo 6, 9-13) encontramos las palabras dirigidas por Jesús al Padre y enseñadas a sus apóstoles. Esta oración, que originalmente fue pronunciada en arameo por el Mesías, es actualmente recitada en todas las lenguas del mundo, guardando el mismo significado de alabanza y petición a Dios, como signo de que todos los pueblos llaman Padre a Dios, espiritualidad que fraterniza a los hombres desde sus diferentes culturas e idiosincrasia. A continuación el texto oficial del Padrenuestro en Quechua, lengua indígena del Perú, según la Arquidiócesis de Lima.

Dios-Yaya, Dios churi, Dios Espíritu Santo. Hinataq kachun Jesús. En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Yayayku hanaq-pachakunapi kaq,

Padre nuestro, que estás en el cielo,

Sutiyki much´asqa kachun

Santificado sea tu nombre

Qhapaq kayniyki noqaykuman hamuchun

Venga a nosotros tu Reino

Munayniyki rurasqa kachun

Hágase tu voluntad

Imaynan hanaq pachapi hinallataq kay pachapipas

Así en la tierra como en el cielo

P´unchayninkuna T´antaykuta kunan qowayku

Danos hoy nuestro pan de cada día

Huchaykutari panpachapuwayku

Perdona nuestras ofensas

Imaynan noqaykupas noqaykuman hina

Como también nosotros perdonamos

Huchallikuqkunata panpachayku hina

A los que nos ofenden

Amataq kachariwaykuchu wateqayman urmaynaykupaq

Y no nos dejes caer en la tentación

Yallinraq tucuy mana allinmanta qespichiwaycu

Y líbranos del mal

Hinataq kachun Jesús

Amén.

 

P.A

García