Mostrando entradas con la etiqueta Monseñor Luis Alfonso Márquez. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Monseñor Luis Alfonso Márquez. Mostrar todas las entradas

domingo, 13 de octubre de 2019

Luis Castillo el “Gorila” de La Playa, Bailadores.

“EL GORILA
Luis Alberto Castillo, el "Gorila" de La Playa
Foto: Freddy Rodríguez
Nuestros pueblos andinos y su idiosincrasia son un mundo por explorar y conocer. En la cotidianidad del campo, a menudo hay paisanos que se convierten en protagonistas de la historia y así sobresalen del común. En La Playa, Bailadores, como en muchos otros pueblos, se tiene por costumbre apodar a personajes y familias por sus características físicas o de cualquier índole. De esta forma, sobrenombres tan peculiares determinan la vida de las personas, casi hasta el punto de levantar prejuicios que a la larga no permiten conocer la vida de aquellos a quienes se les adjudica tal o cual apodo.

Apreciados lectores, les presento a Luis Castillo, el “Gorila” de La Playa, como muchos lo conocieron y como pasó a la historia popular. Con este personaje guardo una alianza familiar, pues era tío de mi madre y, por ende, tío mío también, es por eso que este discurso biográfico lo extiendo con propiedad y gran afecto, a la memoria de mi tío Luis Castillo.

Luis Alberto Castillo, nació en La Playa, el 19 de junio de 1932, venezolano con cédula de identidad n° 698.588. Fue hijo natural de Tomasa Rafaela Castillo, quien lo trajo al mundo a la edad de 26 años, y por padre tuvo a un tal Pedro, que no lo reconoció como hijo. Era la época donde las mujeres traían a sus hijos al mundo y lo demás no importaba. Luis Alberto fue el mayor de 5 hermanos: Luis Alberto (1932-2011); Carmen Emilda Castillo, hija de un tal Virgilio; Eva Angelina Castillo (1945-2013), hija de Manuel Vivas; Encarnación Salas (murió al año de nacido); y María Margarita de Coromoto Salas de Calatayud (1953-2003).

Luis Castillo, el "Gorila" de La Playa, trabajando en
los cañaverales playenses.
Foto: Freddy Rodríguez
Como varón primogénito de doña Tomasa, Luis Alberto desde temprana edad se dedicó al trabajo duro del campo, saliendo de la casa materna, donde vivía con su madre Tomasa y sus tíos Juan y Florinda, los tres hermanos hijos de doña Matilde Castillo, mujer guerrera del campo, nacida en 1870.

Estudió parte de la primaria con Mons. Luis Alfonso Márquez en la tradicional Escuela “Graduada Estado Falcón”, que estaba ubicada en la hermosa casona, hoy en día propiedad de la Familia Mora Sánchez, frente a la plaza del pueblo con la carretera trasandina. Contó Mons. Márquez que una vez les tocó esconderse en la acequia, para evitar ser reclutados por las fuerzas policiales del dictador tachirense Marcos Evangelista Pérez Jiménez, pues eran las épocas de las famosas redadas.

Luis Alberto en el trabajo de campo se dedicó principalmente a picar caña para los trapiches playenses, así como sacar tierra para camiones en la quebrada La Arenosa, trabajando durante muchos años para el sr. Elio Castillo, distinguido playense, cuyo onomástico lo ostenta el Centro de Educación Inicial (Preescolar) de La Playa.

Durante toda su vida, su madre Tomasa Rafaela lo quiso con especial amor, reconociéndolo, incluso, hasta la hora de su muerte, cuando cayó en notable delirio a raíz de su fractura de fémur en 2003.

A Luis Castillo le gustaba mucho asustar a los niños, pues por su aspecto de “gorila”, su color de piel, el abundante bello en los brazos y su metro ochenta le bastaban para tal apodo. Gozaba riendo al ver cómo corrían los niños, huyendo de su presencia, pero en una oportunidad hubo de palidecerse, pues una niña, al intentar esquivarlo en una acera de Las Delicias, cruzó la calle sin percatarse del carro que venía, y como decimos coloquialmente: “se vio bajita”.

Luis Alberto Castillo, el "Gorila" en sus años
de mayor plenitud obrera.
Foto: Freddy Rodríguez
Luis “Gorila” fue un campesino sabio, por su vasta experiencia de vida y por su característica pasión por la lectura, sin ningún título universitario. Como anécdota personal recuerdo que en una oportunidad me corrigió un ensayo sobre la hallaca, cuando yo estudiaba primer o segundo grado. Leía periódico toda la mañana, por lo general con uno o varios días de retraso, y por la tarde algún libro, que terminaba de leer no sin dejarlo todo manchado con chimó.

No fue para nada tímido o reprimido, pues se le recuerda participando durante varios años como Jefe Gladiador en el famoso acto cultural “Paso de Reyes” en La Playa, destacando su actuación agresiva e impactante. Para el evento vestía un gran pantalón corto, adornado a la usanza de la época romana, y en su mano un grueso palo de bambú, traído de la mata que estaba frente a la Escuela Flor de Maldonado.

A los 50 años se casó, por civil y por la Iglesia Católica, con la Sra. Marina Garzón, de nacionalidad colombiana. Soñó con tener hijos y familia, pero su matrimonio no prosperó. Tal vez el licor y su fuerte carácter, rústico y tosco, impidió la consumación familiar. Los hijos que no tuvo con la Sra. Marina, la vida se los dio en sus sobrinos y criados, a quienes amó con delicada paternidad, haciéndose cargo de la alimentación de los mismos. Ese era su orgullo, darle de comer a quienes él quería. Algunos de los que fueron criados a costa del trabajo de Luis “Gorila”, años más tarde, se avergonzaron de él, tal vez por su aspecto tan deteriorado y enfermo. Luis Alberto, fue víctima de desprecios e incomprensiones por parte de aquellos a quienes él había amado con locura. No fue hombre de besos y abrazos, pero sí de muy buen corazón.

En 1967, su pequeño sobrino Alexander Castillo se ahogó en la acequia, era el primer hijo de su hermana Eva. La culpa recayó sobre su conciencia durante toda la vida, pues el niño había sido dejado al cuidado de doña Tomasa, y al llegar él a comer, ella descuidó a la criatura que, al verse libre de la presencia de los mayores, corrió a la acequia que pasaba por el solar de la casa, ahogándose al caer en ella.

Luis Alberto Castillo, en la Avenida Rivas Dávila
Foto: Freddy Rodríguez
Luis, ya en la última etapa de su vida, bajaba caminando, ayudado por su bastón y luego por su andadera, desde su casa en Las Delicias hasta la casa de su hermana Eva, detrás de la Iglesia, donde pasaba todo el día, se le atendía con las tres comidas, leía periódico, descansaba en una silla, y a veces en una colchoneta. Al llegar la tarde, el sr. Nabor Salas o el sr. Alexis Castillo le brindaban un aventón en sus vehículos hasta su casa.

Estando en casa de su hermana Eva, mandaba a comprar acemas en la Panadería Betania, frente a la Plaza Bolívar, y cuando el café o guarapo no estaba listo, se comía las acemas con agua, que siempre mantenía en un pote de Gatorade. Todos los días jugaba la lotería, la negativa diaria no le desanimaba, y cuando salía ganador invertía la pequeña fortuna en “chimó de gancho”, comprado en la bodega de la Sra. Elogia Vivas, la “canaja”, como él le llamaba. Siempre manifestó su deseo de pasar sus últimos días en casa de su hermana Eva, quien lo atendía esmeradamente. De igual manera era atendido en su casa en Las Delicias, construcción que él mismo obsequió a su sobrino Alfonso Pereira.

En una oportunidad, estando ya muy enfermo, se escondió de Mons. Luis Alfonso Márquez Molina, que vino a La Playa de visita Pastoral, pues exclamó que, él tan desarreglado y enfermo no se dejaría ver de su antiguo compañero de infancia, tan elegante y estudiado.

Entre sus frases más dichas tenía una, un poco particular, pues cuando se enojaba, acostumbraba nombrar a “los trescientos mil diablos”.

En 2010, por iniciativa del Instituto Municipal de la Cultura (INMUCU) del Municipio Rivas Dávila, se develó en la Casa de la Cultura de Bailadores un cuadro al óleo de Luis Alberto Castillo el “Gorila” de La Playa. El autor de dicha obra es Dioban Márquez Carrillo, quien logró atrapar a la perfección, con su técnica artística, la sonrisa de mi tío Luis en sus días finales por este mundo.

Luis Castillo el "Gorila" y
el paso de reyes en La Playa.
Foto: Alejandro Castillo
En una ocasión, su hermana Eva contrató al Sr. Nabor Salas, y en su vehículo llevamos a mi tío Luis a pasear. El recorrido fue largo, pero gratificante para él. Salimos de La Playa, bajamos a Tovar, tomamos la vía de Zea, subimos por El Amparo hasta el Páramo de Mariño, para que tío viera las lagunas, de ahí partimos para Bailadores y en un momento fuimos hasta el molino de Las Tapias, para luego regresar definitivamente a La Playa. Durante todo el paseo tío Luis estuvo alegre, sonriente y muy observador. Para su comodidad dispusimos de varias colchonetas, pues él debía ir sentado en la parte de atrás conmigo. Tenía años sin salir de La Playa. Fueron esos momentos en los que disfrutó y se sintió querido por los suyos.

Los últimos años de su vida los sufrió mucho por su deteriorada salud. A causa de sus males de próstata vivía a diario orinado, además le dolía mucho las rodillas, hasta el punto de quedar tullido. Tuvo una silla de ruedas donada, que le facilitó mucho el traslado desde su casa hasta la de su hermana Eva, o hasta la Plaza Bolívar. La gente que lo saludaba le colaboraba monetariamente, para el chimó y para la lotería. Las pastillas para aliviar sus innumerables dolores se las compraba su hermana Eva, la mujer que lo supo atender y entender hasta el día de su repentina muerte, sobrevenida a causa de un ataque al corazón, en la madrugada del domingo 14 de agosto de 2011 a los 79 años de edad.

Recuerdo que en esas vacaciones de 2011 fue mi ingreso al Seminario Menor de los Legionarios de Cristo, y como es de suponer, fui a despedirme de mi tío Luis. Subí el sábado 25 de junio en horas de la tarde con mi abuela Eva, ella fue la que le explicó en voz alta, por la sordera, que yo iba a despedirme, pues ingresaría en el Seminario. Él quedó muy confundido, tal vez no entendió a qué lugar me iría yo tan joven, solamente manifestó cierta preocupación, pues se quedaría sin quien mandar para que le compraran el chimó y el tique de la lotería. La despedida fue sentida, al menos para mí. Esa fue la última vez que lo vi, sin lugar a dudas, las lágrimas estuvieron presentes. Un mes y medio después entregó su alma al Creador.

Luis Castillo el "Gorila" a la izquierda. En los trabajos del
puente sobre el río Zarzales en La Playa, sector El Verde.
Foto: Alejandro Castillo
Finalizo este sencillo periplo biográfico con las palabras del Geógrafo José Herrera sobre mi tío Luis Castillo.

[…] fue hace varios años, uno de los hombres de más fuerte contextura física de La Playa, con andar pausado, pero con paso firme, peluqueado casi a ras del cuero cabelludo, de hablar grueso y dicharachero, mirada fija, obrero único en La Playa, capaz de cargar un camión volteo de seis metros cúbicos de arena, en menos de dos horas, escupidor de chimó, participante en las actividades de reyes el 6 de enero, donde actuaba muy bien como uno de los jefes del rey Herodes, con su vestimenta tipo romano, mostrando su cara risueña, sus enormes brazos y piernas, conformadas por músculos muy bien definidos y la barriga ligeramente sobresaliente, donde relucía una correa brillante muy ancha[1].
P.A
García



[1] José Herrera, (2013), La Playa entre Tovar y Bailadores, sus orígenes, costumbres, leyendas y algo más (segunda edición), Fondo Editorial Cátedra Bolivariana Don Antonio María Belandria Rosales, Bailadores, Mérida, Venezuela, p.p. 187-188.

miércoles, 3 de mayo de 2017

La crónica póstuma del Padre Ramón Emilio Pernía Noguera


EL PADRE PERNÍA: SANTO CURA DE BAILADORES
         
          Mérida, como Arquidiócesis, ha contado con el florecimiento de ilustres varones consagrados al servicio de Dios en la Santa Iglesia Católica, uno de ellos es el Padre Ramón Emilio Pernía Noguera, oriundo de Mesa de Quintero, nacido el 11 de octubre de 1926 y fallecido en San Juan de Lagunillas el sábado 29 de abril de 2017, con 91 años de edad y 66 años de ministerio sacerdotal.

         El “Padre Pernía”, como todos le llamábamos, fue un sacerdote ejemplar, recto, con un carácter muy riguroso y a la vez amable y misericordioso. La mayoría de los feligreses lo recuerdan con especial afecto, ya que, como narran los que compartieron con él de cerca, fue un hombre entregado con exclusiva adhesión a su misión.

El Padre Pernía, fue un hombre de contextura delgada, portador apasionado de su traje talar, de rostro perfilado y mirada penetrante, su sola presencia infundía un respeto admirable, era toda una celebridad, era “la primera autoridad” del pueblo. En su juventud, como seminarista, le conocieron dedicado a sus estudios, de mente brillante, supo conjugar sus conocimientos académicos con la realidad pastoral en la que le tocó servir. Manejaba el latín, francés, italiano, portugués y se dice que “machacaba” el alemán. Piadoso y esforzado por formarse bien, apasionado a la lectura hasta su muerte.
         En Bailadores estuvo en dos oportunidades como Cura Párroco, a él se debe la culminación y decoración del Templo Parroquial, hoy Santuario Diocesano de Nuestra Señora de la Candelaria. Su afán por ver culminada la obra le hizo emprender múltiples empresas cuyo fin era doble: el fortalecimiento en la fe de sus feligreses y la obtención de los ingresos económicos necesarios para ver concluida la Iglesia de Bailadores. 

         En Bailadores y en otras Parroquias en las que estuvo es recordado por ser un sacerdote y trabajador social, preocupado por el bienestar de su feligresía, animó la construcción de escuelas, la apertura de carreteras y la canalización del agua potable en muchas comunidades, el amor a los demás lo expresó en estos esfuerzos por ver a todos con lo mínimo para vivir dignamente. No solo organizaba a las comunidades, sino que él mismo se metía de lleno a colaborar en los trabajos forzados, le gustaba mucho organizar compartir de alimentos, donde comieran todas las personas y todos por igual.

         En agosto de 2016, tuve la oportunidad de conocerlo personalmente, fui con mi madrina Elda Pernía, (su sobrina), a visitarlo en San Juan de Lagunillas. Al llegar lo encontramos en su habitación, estaba leyendo, haciendo lo que siempre hizo durante su vida activa, solo que en ese momento, como ya estaba un poco delicado de salud, se dedicaba a la lectura a tiempo completo. Conversamos un buen rato, su tono de voz era muy suave. De repente me dice que le acercara cierto libro de tapa azul, lo abrió, estaba en francés y empezó a traducirme lo que allí decía, hizo lo mismo con un libro en italiano… antes de despedirnos nos dio su bendición y aproveché para que me bendijera unos anillos que traía conmigo en ese momento, sus palabras en latín y sus ojos cerrados me llenaron de ilusión, pues a mí también el Señor me ha llamado para bendecir y nunca para maldecir.

         El martes 02 de marzo, Bailadores con multitudinaria presencia de fieles despidió por última vez y recibió para la eternidad al Padre Pernía, sus restos mortales fueron enterrados en una cripta recién hecha en uno de los laterales del Templo, obra animada por el Pbro. Edduar Molina.

El Obispo Auxiliar Emérito de Mérida Mons. Luis Alfonso Márquez Molina presidió la Misa de Exequias en la que un pueblo entero lloró y recordó con alegría la vida y obra del ilustre Padre Ramón Emilio Pernía, de igual manera estuvo presente uno de sus hijos sacerdotes, el Padre Gerardo Salas, quien fue animado a entrar al Seminario por el Padre Pernía, años después, fue su padrino de ordenación sacerdotal. Las lágrimas por el Padre Pernía no fueron mero sentimentalismo, sino que fueron lágrimas de amor, afecto y sobre todo veneración a este gran presbítero merideño.

Monseñor Eduardo Contreras Pernía, presente en los actos fúnebres expresó sus sentimientos de gratitud a Dios por la vida de su primo el Padre Ramón Emilio, a la vez que indicó que se sentía alegre y no triste, pues al mirar el cuerpo sin vida del Padre Pernía, tuvo la percepción de que en el cielo ya se encontraba, gozando de la gloria merecida. El Padre Pernía hasta ahora era el Decano de la Arquidiócesis de Mérida, por ser el mayor en edad, ahora esta función le corresponde a su primo, Mons. Eduardo Contreras Pernía, quien actualmente sirve como Director Espiritual, Profesor y Formador del Seminario de Nuestra Señora del Pilar de Barinitas, Estado Barinas.

         Son tantos los testimonios expresados durante los días de vigilia, que ahora, en un mismo sentir, los villorros se honran en decir que, así como Ars tuvo a Juan María Vianney, su Santo Cura, así mismo Bailadores tuvo a Ramón Emilio Pernía, el Santo Cura de Bailadores. Y no es casualidad que, en el Santuario de Bailadores, en las dos columnas que sostienen el coro hayan dos pinturas imponentes, una es la del famoso Cura de Ars, San Juan María Vianney, Patrono de los Párrocos, y la otra es la del queridísimo Padre Pernía. Paz a su alma.
P.A

García

miércoles, 14 de septiembre de 2016

Una entrevista a Monseñor Luis Alfonso Márquez Molina cjm.

HABLA MONSEÑOR
LUIS ALFONSO MÁRQUEZ
Monseñor Luis Alfonso Márquez con el Papa Francisco
Apreciados lectores, a continuación les presento una entretenida entrevista que realicé a Monseñor Luis Alfonso Márquez en el Seminario de Mérida, el día 13 octubre de 2014 a las 4:33 pm, la misma fue grabada en mi teléfono móvil con una duración de 17 minutos y de ahí proviene todo el texto que aquí trascribí. Espero la disfruten.

¿Monseñor, qué recuerdos tiene sobre su nacimiento e infancia en Tovar?

Bueno en realidad de Tovar yo no recuerdo nada, porque yo de muy niño me fui a vivir a La Playa, por lo tanto me decían usted nació en Tovar pero usted vive aquí en La Playa, así que no recuerdo de ese momento, más adelante recuerdo que iba a Tovar a pie con frecuencia.

¿Qué recuerdos tiene de su niñez, estudios?

Bueno, de estudios que, mi papá, que a pesar de no haber estado en la escuela, fue capaz de enseñarme a leer a mí, y eso pues yo lo admiro, claro con un método viejo, pero yo todavía me pregunto ahora si yo con varias licenciaturas o algunos títulos universitarios yo soy capaz de enseñar a leer a alguien, yo creo que eso es una cosa muy difícil, y él me enseñó a leer, entonces eso se lo agradezco, por eso, desde muy niño empecé a leer la prensa, los periódicos, porque me enseñaron fue para poder leer los periódicos, estábamos en la segunda guerra mundial y todos los días llegaba El Universal, de Caracas supongo, con dos días de atraso, porque en esa época eran cuatros días de autobús que se gastaban de Caracas a Mérida, pero eso era prácticamente las únicas noticias que habían. Habían muy pocas radios en La Playa, en El Dique había radio donde Don Pompilio Sánchez, había radio donde Don Pedro Gil, y había radio donde Desiderio Mora, eran tres radios que habían y de ahí una de las cosas que recuerdo en La Playa, fue lo del 18 de octubre, lo del golpe, en La Playa todo el mundo estaba pendiente de lo que estaba pasando en Caracas, y me acuerdo que después hubo perseguidos políticos en La Playa una vez que ganó la revolución de octubre, no se a quien se le ocurrió en La Playa decir que La Playa podía mandar no sé si cien hombres para defender el gobierno en Caracas, entonces eso hizo pensar al Gobierno de la Revolución, que era que en La Playa había un armamento, porque si tenían cien hombres era porque habían cien fusiles, y fueron brincando a donde Don Pedro Gil a buscar esos fusiles, entonces le pusieron la casa patas arriba durante todo un día, el ejercito que estaba en el cuartel de Tovar.

¿Se considera usted como sacerdote de La Playa?

Si, si, cuando me dicen de dónde es usted, yo siempre digo de Tovar, pero yo me crie en La Playa, de una vez pongo eso porque, es decir, Tovar fue para mí el lugar de nacimiento, pero así que yo haya conocido gente en Tovar no, yo no conocía a nadie en Tovar, bueno, más adelante sí, pero por eso hago la acotación de que yo me crie en La Playa.

¿Su formación cristiana de dónde la recibe?

En primer lugar de mi mamá, ella era una mujer muy cristiana, de mucha oración diaria, de visita al Santísimo todos los días y de Rosario todos los días, el Rosario era muy importante, ella decía donde se reza en Rosario nunca falta lo necesario. Nosotros en verdad éramos personas de pocos recursos, pero nunca nos faltó nada, teníamos una bodega que se le hacia el inventario a caballo en un relámpago y sobraba tiempo.

¿Qué lo motivó a estudiar con los Eudistas?

A mí siempre me ha gustado la educación, toda la vida educar me ha encantado, enseñar a los demás, comunicar información me ha gustado y encontré pues esa comunidad de los Padres Eudistas, que se dedicaban a la formación en los seminarios, y encontré un modelo muy especial que se llamó Monseñor Miguel Antonio Salas, que fue el primer Rector que yo tuve en el seminario de San Cristóbal, entonces eso me motivó a entrar en la comunidad de los Padres Eudistas, el ejemplo y el modelo que era Monseñor Salas para mí.

¿Qué recuerda de su época de estudiante en el Kermaría y en el Valmaría?

Bueno, en el Kermaría fue la primaria y parte del bachillerato, fue un recorrer toda La Playa, el conocer mucho, el pasear mucho, lo mismo en La Grita, cuando estuve con los Padres Eudistas, conocimos todos los alrededores de La Grita a pie, porque había en el reglamento un paseo por la tarde los domingos y otro paseo por la tarde los miércoles y mensualmente había un paseo todo el día, entonces eso nos hizo conocer todos los alrededores de La Grita. Estando en La Grita, yo vine a pie desde La Grita hasta Bailadores, por el Portachuelo, todo el Seminario Kermaría vinimos a pie.

¿Qué recuerdos tiene de su Ordenación Sacerdotal?

Fue una ordenación muy sentida, pero muy sencilla, es decir, nosotros no tuvimos así cuestiones de muchas tarjetas, de muchos afiches, no, en realidad en esa época como que eso no era lo más importante, lo más importante era ordenarse sacerdote, ordenarse bien, pues en fin estar preparados, por lo menos en mi época no se le dedicó mucho a la fiesta, a la parte festiva, el almuerzo, eso no fueron preocupaciones mías para la ordenación, eso pues se quedó a un comité en La Grita que organizaría el almuerzo, pero yo nunca me metí en eso ni tuve problemas con eso, ni a quién habia que invitar.

¿Cómo fue su relación con su familia?

Muy bien, somos muy unidos los primos, por ejemplo, y estamos siempre pendientes unos de otros, los primos que se fueron a vivir a Caracas, nosotros los seguimos todo el tiempo, los visitábamos allá, les escribíamos, hablábamos con ellos por teléfono a veces, bueno más le escribíamos, porque por teléfono era un poco difícil en ese tiempo.

¿Su vocación de educador la ha desempeñado mucho o poco?

Todo el tiempo, yo trabajé cuarenta años en los seminarios de Venezuela, en Calabozo fui profesor en la Universidad Rómulo Gallegos, y también fui profesor en el Instituto Universitario Monseñor Arias Blanco, después en el Seminario de aquí de Mérida pues di bastantes clases en el Seminario Mayor, di Homilética, Redacción, Historia de Venezuela, todo eso lo di en este Seminario, y lo mismo en Caracas. Todos los estudios que he hecho, los he hecho en función de ayudar a los demás, es decir, para mí los estudios y títulos universitarios no han sido para anteponerlos al sacerdocio, sino para que sirvan al sacerdocio, es decir, que eso sea como un instrumento para que uno pueda ser mejor predicador, mejor pastor, yo no tengo los títulos en la pared, están enrollados todavía.

¿Su ejercicio como sacerdote cómo ha sido, y como Obispo?

Bueno, como sacerdote cuarenta años me dediqué a la formación del clero en los seminarios de Venezuela, y como Obispo pues ha sido o una experiencia extraordinaria, el Obispo es un sucesor de los Apóstoles y cuando vive esa realidad pues se da cuenta que tiene que comunicarse con la gente, estar dentro de la gente, y lo que dice el Papa Francisco, oler a oveja.

¿De qué manera fue su llamado al episcopado?

Yo agradezco mucho a Dios que no hubo ningún chisme que me llego antes ni nada, cuando me llego eso, me llego de improvisto, tal es así que cuando me llego la carta de la Nunciatura, el día 10 de octubre, pues yo no lo esperaba, porque el día anterior había hecho un contrato con la Universidad Rómulo Gallegos, para dar doce horas de clases semanales, así que a mí ni se me pasaba por la cabeza, yo nunca lo pensé, porque hay gente que a veces oye que lo van a nombrar Obispo y entonces renuncia a muchas cosas, porque creen que lo van a nombrar y no lo nombran.

¿Qué anécdotas tiene sobre sus Visitas Pastorales?

Para mí lo más bonito de ser Obispo son las visitas pastorales, porque el principal oficio de un Obispo es la visita pastoral, y san Juan Pablo II lo dice en una carta que nos escribió a los Obispos en el año 2003, la visita pastoral es el alma de todo el gobierno episcopal, y si dice eso, es porque es lo más importante, yo procuré vivir eso, dedicarme con mucho entusiasmo y con mucha pasión a las visitas pastorales, porque yo creo que es la mejor manera de encontrarse uno con la gente, con las escuelas, con los obreros, con los empleados, con las autoridades civiles, con todos, y a cada uno se les da un mensaje propio para ellos, entonces para mí de verdad fue una experiencia extraordinaria. Cuando terminé, le entregue a Monseñor Porras dos carpetas con las actas de las 64 visitas pastorales, inclusive un acta que son apenas tres líneas, empecé la visita, me dio bronquitis y tuve que regresarme.

¿Qué conclusiones saca usted de los tiempos pasados y actuales, a nivel histórico y religioso?

Bueno, yo me formé antes del Concilio Vaticano II, y empecé a trabajar cuando comenzó Vaticano II, yo comencé a trabajar en el año 1962, el 11 de octubre comenzó el Concilio Vaticano II y duró hasta el 8 de diciembre de 1965, entonces me tocó vivir la etapa de preparación, con la teología, por ejemplo en el seminario menor no llegaba mucha información de lo que se estaba discutiendo, los que tuvieron la dicha de estar en Paris estudiando teología en ese momento, si parece que tuvieron una gran ventaja, porque muchos de los asesores del Concilio eran profesores en el Instituto Católico de París, entonces les iban dando a los alumnos todas las novedades, a nosotros de verdad no nos llegó esa parte de preparación del Concilio, los cuatro años de teología la verdad no me llegó esa información, y además era una época en la que no habían todos los medios de comunicación que hay ahora. Después que ya cesa el Concilio, entonces ya empezamos a leer los documentos, que por cierto, son documentos tan importantes, que lamentablemente muchos sacerdotes no le han puesto el cuidado necesario para vivir, alguien dice que el Concilio Vaticano II apenas se está aplicando un 20, 25%, que todavía no se ha aplicado todo.

¿Qué oportunidades cree usted que ha tenido, que otro no haya tenido?

Yo creo que la oportunidad que tuve fue sencillamente nacer en una familia muy cristiana, una mamá muy cristiana, una mamá que me advirtió de una vez cuando yo le dije que quería ser sacerdote, me dijo si es para hacer dinero, no se meta a eso, si es para servir a los demás yo le ayudo, ese fue el mensaje que me dio.

¿Cómo ve usted el futuro de la Iglesia?

Yo lo veo con mucho optimismo, es decir, recuerde que la Iglesia es Cristo viviente y por lo tanto yo veo con mucho optimismo el porvenir de la Iglesia, claro, hay muchos nubarrones, pero después de los nubarrones vienen los rayos de luz. Yo creo que el Papa este, nos está enseñando y nos está diciendo que seamos optimistas, que no pensemos tanto en el pasado malo, sino en el futuro que podemos hacer bueno nosotros.

¿Qué opiniones personales tiene sobre el Santo Padre Francisco?

Extraordinario, yo lo aprecio mucho, y todos los día leo en la tarde la homilía que él hace en la mañana allá en Santa Marta, es una homilía muy sencilla y muy cortica y muy diciente, es decir, muy clara en el mensaje que siempre da, entonces yo siempre la leo y a veces el otro día comento en la Misa con la gente lo que dijo el Papa ayer.

¿Su ejercicio de formador de futuros sacerdotes como lo hizo?

Pues mire, yo hice todo lo que humanamente se podía hacer, ya dejamos a Dios el juzgar el desempeño, de todas maneras yo si me entregue con todo el corazón a la formación y una de las cosas que más le insistía a los alumnos era lo que se llama la rectitud de intención, para qué quiere ser sacerdote, usted quiere ser sacerdote para ascender en la escala social, no se meta a eso, si quiere ser sacerdote para tener plata, no se meta a eso, hay otras profesiones que dan más plata, quiere ser sacerdote para estudiar no más, tampoco se meta a eso, es decir, el sacerdote tiene que ser sacerdote para servir, si no es para servir no vale la pena que se meta a eso.

¿Qué mensaje nos da a los futuros sacerdotes?

Bueno, que se preparen mucho, que utilicen todos los medio que hay actualmente para prepararse, ojala tuvieran la costumbre de ir preparando sus homilías todas las semanas, hacer un esquema de la homilía, y tenerlo ahí, después le puede servir más adelante, y eso hay que empezarlo desde los lunes, yo comienzo siempre los lunes a preparar mi homilía, bajo las que hay por ahí, las leo y ya entonces me empapo y cuando hablo pues ya hablo de todo.

¿En la actualidad que está haciendo por el Reino?

Yo sigo trabajando, soy Obispo emérito, pero yo digo que soy Obispo jubilado, pero no desocupado, entonces yo trabajo, pero trabajo sin presiones, es decir, no me comprometo a hacer una misa todos los domingos en tal parte, no, si puedo voy y si no que busquen a otro. Muy bien.

P.A
García

viernes, 18 de septiembre de 2015

Biografía del Excelentísimo Monseñor Luis Alfonso Márquez Molina cjm.

BIOGRAFÍA DEL 
EXCELENTÍSIMO MONSEÑOR
LUIS ALFONSO MÁRQUEZ MOLINA CJM.
Mons. Márquez y el Papa Francisco
Excelentísimo Monseñor Luis Alfonso Márquez Molina cjm.

El día 17 de diciembre de 1936, mientras en la ciudad de Buenos Aires, Argentina llegaba al mundo el actual Pontífice de la Iglesia Católica, en Tovar, pueblo del Valle del Mocotíes del estado Mérida nacía, en el seno de una humilde familia cristiana, Luis Alfonso Márquez Molina, quien se convertiría en el décimo de los doce sacerdotes merideños en llegar al episcopado, plenitud del sacerdocio, en su condición de Obispo titular de Torre Rotonda y Auxiliar de la Arquidiócesis de Mérida.

Esos doce Obispos merideños han sido Buenaventura Arias, Ignacio Fernández Peña, Tomás Zerpa, José Humberto Quintero Parra, José Humberto Paparoni Bottaro, Marcial Augusto Ramírez Ponce, Roberto Dávila Uzcátegui, Sotero Valero Ruz, Jesús Alfonso Guerrero Contreras ofmcap, Luis Alfonso Márquez Molina cjm, José Trinidad Fernández Angulo y Juan de Dios Peña Rojas.

Si Tovar fue la tierra que vio nacer a Luis Alfonso, La Playa, un hermoso pueblo localizado entre la Sultana del Mocotíes y Bailadores, fue quien lo vio crecer y en él aprendió sus primeras lecciones educativas, en su antigua Escuela Federal Graduada Estado Falcón.

Pintura de San Vicente Ferrer, Patrono de La Playa
Don José Márquez, sin haber ido anteriormente a la escuela, enseñó a su hijo Luis Alfonso a leer, con el propósito de que interpretara el periódico “El Universal”, que todos los días llegaba a La Playa con varios días de retraso y que traía las noticias de la segunda guerra mundial.

         La piadosa madre de Luis Alfonso, Doña Angelina Molina, mujer de visitas diarias al Santísimo Sacramento, fue quien inculcó en él los valores cristianos, a su madre el niño Luis Alfonso siempre le escuchó decir “donde se reza el Rosario, nunca falta lo necesario”, ya que en esta familia todos los días con mucho fervor se hacía el rezo del Santo Rosario, así como también acudían dominicalmente a las Eucaristías en el singular templo playense.

         Doña Flor de Maldonado, distinguida educadora de La Playa, fue su catequista, y en la Iglesia de este pueblo, dedicada a San Vicente Ferrer, Luis Alfonso recibe a Jesús Sacramentado de manos del Reverendo Padre Clemente Aparicio, redentorista, el 8 de julio de 1945.

         En La Playa, entre los grandes terrenos sembrados de caña de azúcar, Luis Alfonso aprendió a valorar la creación de Dios, en su modesto Templo aprendió a hablar con Dios y en su antigua escuela aprendió a reconocer que en la educación se fundamenta toda la vida y el buen desenvolvimiento del ser humano.

         Su vocación desde la niñez se vio orientada hacia el sacerdocio y la educación, por ello, en la Congregación de Jesús y María de los Padres Eudistas encontró un lugar apropiado para discernir las dudas que pudo haber tenido, para después, con firmeza entregar su vida por completo a Dios.
         Parte de la primaria y del bachillerato lo estudió en el Colegio Seminario Kermaría con los Eudistas en la población de La Grita, estado Táchira, allí pudo acrecentar su formación académica y espiritual. 

 

Desde siempre, Luis Alfonso, comprendió que el sacerdocio no era una profesión para subir en la escala social, ni para hacer dinero, ni para adquirir conocimientos, sino para el servicio del pueblo de Dios, así él lo manifestó en palabras pronunciadas el 12 de enero de 2002 en su consagración episcopal citando la Carta a los Hebreos: “Un hombre tomado de entre los hombres para el servicio de la humanidad en las cosas de Dios”, y a su vez recordó que esta misma cita la plasmó en su tarjeta de invitación a la Ordenación Sacerdotal, acontecida el 29 de junio de 1962 en La Grita, en la Solemnidad de San Pedro y San Pablo.
Celebración de San Vicente Ferrer,
               presidida por Mons. Luis A. Márquez

En 1950, Luis Alfonso va al Seminario de San Cristóbal, y por gracia de Dios, allí compartió como Rector al ilustre padre Miguel Antonio Salas cjm. , hoy en día en proceso de beatificación, primer eudista venezolano, quien años después se convertiría en Arzobispo Metropolitano de Mérida, en este sacerdote descubrió un modelo de vida, un hombre santo y por tanto digno de ser imitado; Luis Alfonso, por el testimonio de vida del padre Miguel Antonio Salas, se vio motivado a consagrar su vida a Dios.

En 1953 va al Noviciado de los padres Eudistas, en Santa Fe de Bogotá, Colombia, allí se encontraba el Seminario Valmaría (que en francés significa “Valle de María”) donde culmina sus estudios de filosofía y teología. Luis Alfonso recibió una formación sacerdotal preconciliar, ya que en sus años de estudiante aún no se había dado el gran “agiornamento” de nuestra amada Iglesia Católica. Fue después de ordenado, cuando comienza a tomar las pautas del Concilio Ecuménico Vaticano II al cual siempre ha considerado como uno de los  documentos eclesiales más valiosos, y también menos aplicado en la actualidad.

 Su vocación educativa y sacerdotal es muy extensa, tiene varios títulos, maestrías y cursos, pero Monseñor Márquez siempre los ha calificado como los instrumentos para ser cada día mejor sacerdote y poder brindar un mejor servicio al clero que durante más de 40 años formó y al pueblo cristiano en general.

  Monseñor Márquez ha manifestado que, las visitas pastorales son el alma del gobierno de un Obispo, en sus más de 60 visitas realizadas por toda la Arquidiócesis de Mérida pudo encontrarse con la feligresía noble de esta Iglesia particular. Relata Monseñor Márquez, con sentido del humor, que al finalizar sus trabajos como Obispo Auxiliar, entregó las actas de todas sus actividades pastorales, incluida una en la que solo había tres líneas, debido a que “comenzó la visita, se enfermó y regresó a Mérida”.

Las homilías de Monseñor Márquez son muy particulares, ya que posee un admirable sentido del humor, en la mayoría de veces le hemos escuchado la explicación de los signos que utilizan los Obispos, mitra, anillo y báculo, y entre cuentos y chistes hace sentir la alegría del Evangelio.


En la actualidad, ya como Obispo emérito, colabora estrechamente con la Diócesis de San Cristóbal, manifiesta que es un “Obispo jubilado, pero no desocupado”. En oportunidades tiene la amabilidad de visitar el Seminario Arquidiocesano San Buenaventura, y es en esos momentos en los que los seminaristas nos empapamos de su sabiduría y humor de padre y pastor.

El pasado 17 de diciembre de 2013, Monseñor Márquez concelebró una Eucaristía con el Santo Padre Francisco con motivo de sus cumpleaños.

Monseñor Luis Alfonso Márquez Molina es un Obispo merideño, humilde y con olor a oveja.


P.A
García