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domingo, 10 de agosto de 2025

El padre Pernía, camino a los altares.

SANTO CURA DE BAILADORES

Este domingo 10 de agosto recibí una grata noticia: en la Arquidiócesis de Mérida se está considerando abrir la causa de beatificación del difunto padre Ramón Emilio Pernía Noguera. Este hecho me incumbe de manera muy especial, pues tuve el honor de recibir en donación la biblioteca completa de este sacerdote merideño. No solo conservo los libros que él leyó, sino también sus apuntes personales y un valioso conjunto de documentos manuscritos que constituyen su archivo personal. Todo este material será de gran utilidad para el futuro proceso, y, providencialmente, todo se encuentra bajo mi custodia.

La primera vez que vi al padre Pernía la tengo muy viva en la memoria: fue el miércoles de ceniza del año 2008, en el Santuario de Nuestra Señora de la Candelaria de Bailadores. Yo cursaba el primer año de bachillerato en el Liceo Bolivariano Dr. Gerónimo Maldonado y, por motivo del precepto religioso, todos los alumnos asistimos al templo para recibir la ceniza. A mi salón, guiado por algún profesor, se le pidió llevar flores al lugar donde se arreglaban los floreros, un espacio junto al templo que comunica con unas habitaciones situadas detrás del santuario.

Estando allí, vimos salir de una de esas habitaciones al padre Pernía: una figura muy delgada, vestido con pantalón gris, chaqueta negra y una boina que cubría su cabeza. En las manos llevaba algunos libros. Al pasar, lo saludamos con respeto, y él nos devolvió el saludo con igual cortesía. Salía, quizá, de la habitación donde guardaba sus libros o donde descansaba; no lo sé con certeza. Lo que sí recuerdo es que, para aquel entonces —principios de 2008—, el padre Pernía, ya anciano, residía en Bailadores, probablemente como sacerdote jubilado de 81 años de edad adscrito al Santuario de la Candelaria.

Ese fue mi primer encuentro con él: un instante sencillo, pero cargado de significado, que nunca olvidaré. Catorce años más tarde recibiría en donación todos sus libros, quizá incluso aquellos mismos que llevaba en sus manos aquel miércoles de ceniza de 2008. Del padre Pernía conservo no solo sus más de cinco mil volúmenes, sino también una de sus características boinas y la estola del ornamento con el que fue revestido para su sepultura. La boina reposa en mi casa de La Playa, en Mérida, Venezuela, mientras que la estola la guardo conmigo aquí, en el Perú. Mi biblioteca personal en Venezuela lleva su nombre, curiosamente desde mucho antes de que me sorprendieran con la donación completa de sus libros. Además, siempre llevo en mi billetera una fotografía tipo carnet del padre, que recibí de mi madrina Elda Pernía, la misma persona que me entregó la boina, la estola y esa pequeña imagen.

Hoy, al conocer la posible apertura de su causa de beatificación, siento que mi historia personal con el padre Pernía se entrelaza de forma providencial con la memoria viva de su ministerio. Custodiar sus libros y documentos ya era, de por sí, una responsabilidad valiosa; pero ahora se convierte en una misión que trasciende lo personal para ponerse al servicio de la Iglesia. Aquella imagen de un sacerdote humilde, de paso sereno y manos llenas de libros, cobra un nuevo sentido: la de un testigo de fe cuya herencia espiritual y cultural está llamada a iluminar el camino hacia su reconocimiento como beato.

Santo Cura de Bailadores, ruega por nosotros.

domingo, 17 de noviembre de 2024

Tres recuerdos de mi época de liceísta en Bailadores

EL QUE VA PARA LA VILLA PIERDE SU SILLA

Entre tantos recuerdos de mis años de liceísta en Bailadores, hay tres que deseo narrar para que no se pierdan en el olvido. Fueron experiencias que marcaron mi adolescencia, unas con culpa, otras con violencia y una más con un toque de misterio y temor.

1.   Una maldad imperdonable.

En primer año de bachillerato cometí una de las peores travesuras de mi vida (de las que se pueden contar), aunque en realidad fue más que una travesura: una maldad.

Un día, después del receso, algunos estábamos fuera del salón, a pesar de que la norma era esperar dentro hasta que llegara el profesor. De pronto alguien advirtió que el docente venía por el pasillo. Todos corrimos a entrar apresurados. Yo también corrí, pero, sin saber por qué lo hice —aunque sé que no fue por nada bueno—, le metí el pie a Daniela, una compañera que iba delante de mí.

Ella perdió el equilibrio y, con la velocidad que traía, se estrelló de cabeza contra la puerta entamborada del aula. El golpe fue tan fuerte que se abrió el labio superior y la sangre empezó a brotar. Nadie sospechó que yo había sido el culpable: todos creyeron que fue un accidente propio de su indisciplina al no estar dentro del salón. A mí jamás me descubrieron.

Recuerdo claramente cuando la bedel vino a limpiar la sangre y descubrió mechones de cabello largo incrustados en la puerta, prueba del impacto brutal. Desde entonces, cada vez que lo pienso me avergüenzo. Que Dios me perdone aquella maldad, y que Daniela —si algún día llega a leer esto— me perdone también. Fue algo vergonzoso, aunque confieso que aún lo recuerdo con un humor penoso y amargo.

2.   El día que me defendí.

El segundo recuerdo también tiene que ver con violencia, pero en esta ocasión la cosa fue distinta. Ya estaba en segundo año y nos encontrábamos en los talleres de Educación para el Trabajo con la profesora Lina Simosa, una tierna profesora de manualidades, de aspecto temeroso, pero de gran corazón.

De repente, un compañero que vivía en el sector Las Playitas, sin motivo alguno, me dio una bofetada en la cara. El golpe no fue tan fuerte, pues mis lentes no llegaron a salir volando, pero sí fue suficiente para que todos los demás se rieran de mí. Sentí la humillación en silencio, me contuve durante toda la clase… pero tramaba mi venganza.

Al salir, lo esperé y, por detrás, le propiné con todas mis fuerzas una patada en la parte trasera del muslo. El muchacho cayó al suelo y comenzó a llorar desconsolado. Esta vez hubo testigos. Una bedel del liceo, muy estricta, corrió a acusarme con el coordinador de año, el profesor Luis Gómez Lizcano, quien además era nuestro maestro de Historia de Venezuela.

El profesor me mandó llamar. Lo recuerdo vívidamente: sus ojos verdes me miraban con una furia descomunal mientras me reprendía. Entre las muchas cosas que me dijo, soltó que mi mamá —docente, a quien él conocía bien— podía “tumbar el liceo” si algo me ocurría. Poco después mi madre fue citada a la coordinación. Aquella conversación entre ella, el profesor Gómez y yo fue muy tensa, pero al final ella me respaldó. Me dijo que no debía dejarme agredir y que era capaz de defenderme por mí mismo. Claro que el profesor no supo que, en realidad, yo había respondido a una agresión previa, pues, aunque traté de explicárselo no me dejó hablar ni dar mis razones por más que me las preguntaba.

3.   El juego prohibido.

El tercer recuerdo fue, sin duda, el más perturbador. Un antiguo compañero de primaria llamado Edixon —un muchacho de apariencia extraña— se dice que comenzó a jugar a la ouija en el liceo, junto con otros amigos. Un día cualquiera, mientras estábamos en clases, del salón contiguo comenzaron a escucharse gritos de espanto y golpes fuertes, como si estuvieran lanzando mesas y sillas contra el suelo.

Nos asomamos por las ventanas y vimos una escena aterradora: Edixon estaba fuera de sí, con un ataque de ira descontrolada, mientras algunos compañeros y el profesor Cosme Molina trataban de sujetarlo sin éxito. Afuera, varias de sus compañeras aseguraban que estaba poseído, que todo era consecuencia del juego de la ouija.

El pánico se extendió de inmediato. Todos salimos corriendo y, como ya eran las últimas horas de la tarde, las clases fueron suspendidas. Regresamos a casa con miedo, y días después se dijo que habían tenido que llamar al párroco de Bailadores para intervenir. El episodio, sin embargo, se repitió en al menos una o dos ocasiones más, dejando en el ambiente un sentimiento de temor y misterio que nos marcó a todos.

Estos tres recuerdos, entre la maldad, la violencia y el miedo, forman parte de lo que fui en mis años de liceísta. Historias que me pesan, me enseñan y, al recordarlas, me hacen ver cuán difícil y a la vez formativa puede ser la adolescencia.

En ese querido Liceo Bolivariano Dr. Gerónimo Maldonado de Bailadores cursé mis tres primeros años de bachillerato. Recuerdo bien aquel momento al concluir tercer año, cuando nos consultaron qué camino tomaríamos en la siguiente etapa: bachillerato en ciencias o bachillerato en humanidades.

Yo tenía muy claro lo que quería: inclinarme por humanidades, con la secreta ilusión de librarme de las temidas tres Marías: física, química y matemática. Sin embargo, mi historia no tomó ese rumbo. Me fui al seminario menor, donde había solo una opción: las ciencias.

sábado, 15 de enero de 2022

Un recuerdo un tanto vergonzoso, pero no tanto.

SOCIEDAD BOLIVARIANA ESTUDIANTIL

Foto de mi segundo grado de primaria

En una ocasión, mientras estudiaba con la profesora Elena Sánchez el cuarto grado de primaria, por allá en el año 2006, en mi querida Escuela Bolivariana “Flor de Maldonado” de La Playa, fuimos convocados algunos alumnos que quisiéramos formar parte de la Sociedad Bolivariana Estudiantil, una organización encargada de instituir estudiantes con suficiente información sobre el padre de la Patria, el Libertador Simón Bolívar. No recuerdo si yo me apunté voluntariamente o tal vez la maestra me envió representando al salón, lo cierto es que ahí estaba metido con mucha ilusión, la típica ilusión infantil que me acompaña hasta ahora, la de querer “saberlo todo”.

Por fortuna formé parte de este grupo de niños patriotas y un buen día nos correspondió participar de una actividad de la Sociedad, para lo cual nos prestaron unas boinas de gabardina azul marino, del mismo color que el pantalón del uniforme escolar, sobre el pecho una cinta tricolor sujetada con un pequeño alfiler y salimos de la escuela hacia la población de Bailadores, capital del municipio, donde nos encontraríamos con los demás estudiantes de las distintas escuelas, todos miembros de la misma Sociedad Bolivariana.

El punto de concentración fue la Casa de la Cultura del Municipio Rivas Dávila. Recuerdo aquel maravilloso lugar de estructura colonial y ambientada con mil y un motivos culturales, históricos, literarios, pictóricos, artísticos, etc. El motivo del encuentro era recibir una charla magistral sobre la vida de Bolívar, a cargo del licenciado Néstor Abad Sánchez, Director de Cultura de Bailadores (INMUCU). Recuerdo que estuvimos todos muy atentos a sus palabras, sentados en el suelo, éramos un grupo numeroso. Quedamos admirados al escucharle relatar hechos significativos de la vida del Libertador como si él mismo hubiese estado allí, acompañándolo en primera persona. Sin duda alguna fue una conferencia magistral y todos quedamos muy contentos, con las ganas de aprender más sobre este héroe venezolano, el más importante que ha parido la Patria de la que él mismo es el padre. Sí, Bolívar es a la vez hijo y padre de Venezuela.

Regresamos a la escuela de La Playa y, cuando llegamos al salón de cuarto grado, nos esperaba la profesora Elena Sánchez, quien curiosa e interesada me preguntó cómo nos había ido, pues ella se había quedado en La Playa y nosotros habíamos subido a la actividad con otra maestra, la encargada de la Sociedad, cuyo nombre no recuerdo. Yo muy animado empecé a imitar al prodigioso conferencista, haciendo tal como él había hecho, traté de imitar su tono de voz, expresiones corporales y un poco repetí lo que había memorizado de su discurso, pero lo hice con tono jocoso e hiperbólico, cuando fui interrumpido por la profesora Elena Sánchez para decirme que el conferencista era su hermano, el licenciado Néstor Abad Sánchez. Aunque no había dicho nada malo sobre él, quedé muy apenado por la coincidencia. “Pasé la pena.”

 ***

Ese cuarto grado de primaria, recuerdo, lo estudiamos en un salón muy pequeño, que antes había sido depósito de la escuela y se ubicaba en la parte final de la estructura. El salón no medía ni la mitad de un salón convencional, tal vez no seríamos más de 15 niños allí, pero el espacio siempre fue muy reducido, por lo que, una vez, mientras volteaba hacia el escritorio de la maestra, sin querer tiré al suelo una pequeña imagen del Niño Jesús, la cual quedó fraccionada en mil minúsculos pedazos, es decir, irreparablemente dañada; lloré por lo ocurrido y de inmediato fui consolado por la maestra.

Ese año escolar fuimos el primer grado de niños que recibía a la profesora Elena Sánchez, que a pesar de vivir justo frente a la escuela, había trabajado como docente en otras escuelas del municipio y llegaba por primera vez a ejercer su labor pedagógica (por cierto de modo excelente) en La Playa. Recuerdo también que en ese cuarto grado fue cuando por primera y última vez compartí grado con mi primo Raúl Hernando Riobó Calatayud, con quien fui muy cercano toda la infancia hasta ese 2006, cuando él se fue a vivir a Cabudare, estado Lara, por motivos laborales de su mamá. Ese mismo año fue también el último que compartí con mi buen amigo Fernando José Espinoza Sandoval, pues al final del año él tuvo que repetir de grado y yo pasé a estudiar quinto grado, año en el que estuve por última vez en La Playa, desde septiembre hasta diciembre, pues en enero de 2007 me fui a la Escuela de San Pablo, pues había sufrido algunos inconvenientes con la profesora de quinto, pero ese cuento es harina de otro costal, y quedará para una próxima ocasión.

Aprovecho ahora mismo, antes de que se me olvide -cosa que difícilmente puede ocurrir- para escribir los nombres de mis docentes en los diferentes grados de la etapa primaria, dejo para después la inicial y la secundaria o bachillerato:

1-    Primer grado: La docente oficial era la profesora Alicia (no recuerdo el apellido), pero ella fue operada de la columna vertebral ese año y por tal motivo fuimos atendidos la mayor parte del tiempo académico por la profesora Teresa Molina de García, conocida y amiga de la familia por su cercanía en el sector de Las Delicias, quien fue muy tolerante conmigo, pues con seis años de edad, me quedaba dormido por las tardes sentado en los inmensos pupitres de hierro y madera (nuevos, pesados e incómodos para unos niños tan pequeños).

2-    Segundo grado: estuvimos con la profesora Beatriz Rosa, tovareña, quien tenía también una hermana en la misma escuela. Recuerdo que con ella el comportamiento de alguno de mis compañeros no fue el adecuado, y en una ocasión lloró desconsoladamente frente a nosotros, pues manifestaba no aguantar más. Mientras estudiaba segundo grado, me apunté en uno de los cursos que dictarían distintos profesores a los de cada grado. Fue así como llegué al salón de la profesora Betsaida Barillas (prima), para el curso de matemática, y una tarde, faltando 5 minutos para la salida (4:00 p.m.) le pedí permiso para ir al baño, pero ella me dijo que ya casi saldríamos, por lo que debía esperar unos minutos, pero yo no pude evitar la micción sentado en el salón. Llamaron a mi mamá y vino a buscarme. Recuerdo sus palabras de aliento: “usted tranquilo, normal, no ha pasado nada, eso le puede pasar a cualquiera, llegamos a la casa y de cambia y listo…”

3-    Tercer grado: este año estuve con la profesora Betsaida Barillas. Fue un año maravilloso. Recuerdo siempre la exposición que hice sobre la Berenjena, por cierto, con una compañera que aparece en la foto de este artículo, la primera de izquierda a derecha.

4-    Cuarto grado: con la profesora Elena Sánchez…

5-    Quinto grado: de septiembre a diciembre en La Playa con la profesora Alicia Alarcón, tovareña, para ella dedicaré otro texto aparte, ya que hay algo relevante de contar. De septiembre a julio en San Pablo con la profesora Carmen (no recuerdo el apellido). En ese quinto grado también tengo una anécdota que contar sobre una golpiza que recibí recién llegado a la nueva escuela.

6-    Sexto grado: la primera semana de clases con el profesor Carlos Guerrero, pero él después se fue de la escuela a trabajar en cargos administrativos en el municipio referente a Educación. El resto del año con la profesora Nadir Montoya, excelente profesora. En sexto grado también tengo una anécdota de una pelea con una niña evangélica, pero quedará para otra ocasión.

P.A

García

martes, 15 de diciembre de 2020

Orador de Orden en 2015

JUVENTUD


REPÚBLICA BOLIVARIANA DE VENEZUELA

ESTADO BOLIVARIANO DE MÉRIDA

CONCEJO MUNICIPAL DEL MUNICIPIO RIVAS DÁVILA

BAILADORES, ESTADO BOLIVARIANO DE MÉRIDA

 

ACUERDO DEL CONCEJO MUNICIPAL N° 56

 

EL CONCEJO MUNICIPAL EN USO DE LAS ATRIBUCIONES LEGALES QUE LE CONFIERE EL ARTÍCULO 54 ORDINAL 2° DE LA LEY DEL PODER PÚBLICO MUNICIPAL EN CONCORDANCIA CON EL ORDINAL 4° Y EL PARÁGRAFO ÚNICO DEL ARTÍCULO 7 DEL REGLAMENTO DE INTERIOR Y DE DEBATES.

 

CONDIDERANDO

 

Que el 12 de Febrero se celebra el Día de la Juventud en Venezuela.

 

CONSIDERANDO

 

Que los jóvenes estudiantes del Seminario y de la Universidad de Caracas, jugaron un papel protagónico en la Batalla de La Victoria al impedir el avance de las huestes realistas de Boves y Morales sobre Caracas, durante la Segunda República, ofrendando hasta su vida, lo cual constituye una muestra de su altruismo y valentía.

 

CONSIDERANDO

 

Que la Juventud Venezolana continua hoy día siendo protagonista de cambios, logros, triunfos y bastión de lucha por la Democracia, valores que nos llena de orgullo reconocerle.

 

CONSIDERANDO

 

Que es un deber de nuestra Municipalidad rendir Homenaje a la Juventud Venezolana y en especial a Bailadores en su día.

 

ACUERDA

 

1.    Celebrar Sesión Solemne este 12 de Febrero de 2015 a las 10:00 a.m. en la Plaza Bolívar de la ciudad de Bailadores.

2.    Designar al joven Pedro Andrés García Barillas como Orador de Orden, en reconocimiento a su destacada devoción y formación cristiana que contribuye en un ejemplo a seguir.

3.    Dar lectura y hacer entrega del presente acuerdo al Orador de Orden con ocasión de la Celebración del Día de la Juventud.

Dado, firmado, sellado y refrendado en el Salón de Sesiones “19 de Mayo”, en Bailadores a los Seis (06) días del mes de Febrero de Dos Mil Quince (2015). Años: 204° de la Independencia y 155° de la Federación.

Sr. José Genadio Pereira Zambrano

Presidente del Concejo Municipal

 

Lic. Irma Ilia Contreras Belandria

Secretaria del Concejo Municipal

martes, 17 de noviembre de 2020

Los límites de La Playa en 1929

“ALDEA LA PLAYA”


         La Playa es conocida como aldea desde época no precisa. Al menos, según el testimonio de Mons. Jáuregui ya se habla de “aldea La Playa” para 1887. Sin embargo, no es sino hasta 1929 (42 años después del mencionado testimonio) cuando se delimita oficialmente los espacios de la jurisdicción playense, mediante Decreto del Concejo Municipal de la época, integrado por cinco Concejales, dirigidos por el Presidente de la institución, el ciudadano Abelardo Oballos; como Vicepresidente, Víctor Belandria; como Síndico Procurador, Remigio Barillas y dos restantes Concejales; según lo expresa el Acta número 16, del 26 de junio del año aludido, se estableció mediante Decreto Municipal lo que a continuación se copia textualmente, sobre materia correspondiente a la división política y territorial del Municipio Bailadores.

De conformidad con lo acordado en la Sesión del veintiséis de junio del corriente, sobre lo que se refiere en su cuenta N° 5 que trata del proyecto de ley de División Territorial y habiéndosele dado los tres debates de ley, se hace el siguiente Decreto.

Artículo 1° El territorio del Municipio Bailadores, se compone de las siguientes aldeas que se denominarán: La Playa, Mariño, San Pablo, Bodoque, La Villa, Otra-Banda, Las Tapias, Las Playitas y por último, Mesa de la Laguna, ésta elevada a tal categoría por este Decreto.

Artículo 2° La aldea La Playa, queda con estos límites: por el norte, saliendo del río Mocotíes (llamado Zarzales en su nacimiento) síguese el viso de El Volcán, luego una línea inclinada hacia la derecha buscando el punto llamado El Mojón, separa el Municipio Tovar: por el Este el cauce del río mencionado aguas arriba hasta llegar a la peña de la Periquera y el río, se sigue una línea recta a la quebrada La Batalla, luego el cauce de ésta hasta su naciente, de este punto sigue por un callejón llamado El Filo, de aquí buscando la dirección a un pequeño manantial “Aguas de Juvenal”, de aquí por una línea de sur a norte, llegando a otro manantial, llamado “Nieto”, luego se traza una línea inclinada hasta llegar al camino que de Mariño conduce a Tovar, síguese por este camino hasta llegar al punto llamado “El Mojón”, límite del Norte, separa en su línea Sur Oeste y Noreste de la aldea Mariño.

El texto anterior es bastante diáfano en cuanto a la delimitación de La Playa (Artículo 2°), sin embargo, lo que me interesa dejar claro en este breve comentario es que en el citado Decreto se tiene como novedad la creación de la aldea Mesa de la Laguna (Artículo 1°), el 26 de junio de 1929.

P.A

García

jueves, 1 de octubre de 2020

Sobre el nombre de Bailadores, estado Mérida

LA VILLA

        El pueblo de Bailadores es la capital del municipio Rivas Dávila del estado bolivariano de Mérida. Se ubica en la parte superior del Valle del Mocotíes, a 1718 metros sobre el nivel del mar. Su temperatura media es de 18°C, y en ocasiones puede bajar hasta los 6°, por lo que es un pueblo de clima agradablemente frío.

         El nombre tan particular de esta población andina se debe al encuentro que tuvieron los españoles conquistadores con los indígenas habitantes de la zona en 1558. Fray Pedro Simón, en sus Noticias Historiales de Venezuela lo narra así: “[de La Grita] pasaron adelante por el valle que después le pusieron el nombre de los Bailadores, porque sus naturales, cuando peleaban con los españoles, andaban saltando de una parte a otra sin detenerse en ningún punto[1]”.

         Los indígenas de la zona se caracterizaron por ser belicosos, es decir, se esforzaban por defender sus tierras, ricas por la productividad de sus suelos, pero los indios Bailadores bien ganaron su apelativo, pues parecía que danzaban de un lado a otro mientras luchaban, tal vez esta era una técnica para evitar ser alcanzados por los ataques enemigos.

         Aunque para 1558, cuando pasó Juan Rodríguez Suárez en busca de la Sierra Nevada, ya existían pobladores en esta zona, no fue sino hasta el 14 de septiembre de 1601, que se efectuó la fundación del pueblo por el Capitán Luis Martín, oriundo de La Grita. Tres décadas después de la fundación, para 1634 el padre Bartolomé Carrero construye una capilla dedicada a la Virgen de la Candelaria, y un siglo después, en 1730 se crea la Parroquia de Nuestra Señora de la Candelaria. Es a partir de 1811 que se le conoce como la Villa de Bailadores, titulo otorgado por la Junta Patriótica.

         Para Segundo Carvajal Moreno,: “Bailadores presenta la semblanza de un paraíso terrenal; con sus verdes valles, la frescura de sus aguas, lo hermosos de sus montañas, el azul de su cielo, el cálido sol al despertar el día, la frialdad de sus atardeceres, la humedad de sus nubes, la claridad de la noche en luna llena y la amabilidad de su gente. Es, pues, Bailadores, un sueño hecho realidad, aquí el Creador dibujó con lo más sutil de su pincel una morada perenne en el tiempo[2]”.

         En su himno, se ven bien compiladas las más notorias características del pueblo. Campos bordados de flores, cultivados en el suelo más rico, exponente potencial del agro, las letras y el hombre. Como emblema de trabajo, esfuerzo y productividad, se anima siempre adelante la pala y el pico. No deja atrás el profundo sentir religioso de sus habitantes, al mencionar el majestuoso templo sagrado, de una Virgen baluarte sin par.

         Uno de los episodios históricos más gloriosos de Bailadores, fue la visita que le hiciera el 19 de mayo de 1813 el Brigadier Simón Bolívar, hecho también honroso para Bolívar, pues fue en este pueblo donde se le empezó a llamar con el título de Libertador, por aclamación popular.

         Bailadores en lo turístico no tiene nada que envidiarle a ningún otro pueblo de Venezuela. Su atractiva Cascada India Carú, es testimonio mitológico de una joven mujer que murió de amor. El Molino de Piedra en Las Tapias. Sus cultivos de flores, rosas, hortalizas, hacen de este pueblo una parada obligada en la ruta tradicional San Cristóbal-Mérida, por la carretera trasandina.

P.A

García



[1] Fray Pedro Simón. (1992). Noticias Historiales de Venezuela. Caracas, Venezuela: Biblioteca Ayacucho, p.107

[2] Carvajal Moreno, Segundo, (2003) Tradiciones y costumbres de Bailadores, Mérida, Venezuela, Ediciones Solar, p.13

miércoles, 9 de octubre de 2019

Puño y letra del padre Ramón Emilio Pernía, el santo cura de Bailadores

AUTÓGRAFO SACERDOTAL
Letra del Padre Ramón Emilio Pernía Noguera, el santo cura de Bailadores
     Hace tiempo recibí una donación de libros católicos que pertenecieron al distinguido padre Ramón Emilio Pernía Noguera. La donación me fue hecha por sus familiares más cercanos, a quienes agradezco el gesto tan valioso. 

        Revisando los textos adquiridos conseguí una nota autógrafa del padre Pernía, que estaba en la Biblia Nácar-Colunga, edición de la Biblioteca de Autores Cristianos (BAC) Madrid 1965. La nota, me parece, es un resumen de una idea principal para la predicación, que pudo haber utilizado el padre Pernía en Bailadores o en alguna de las parroquias por donde pasó sembrando el Evangelio con abnegación.

         La imagen de la nota autógrafa está escaneada, y ya se las he puesto arriba, ahora me permito transcribir textualmente su contenido, en todo caso, para facilitar su lectura:

El problema del infortunio del justo.
La Escritura repite muchas veces, como un axioma, que Dios da a cada uno según sus obras. Todos aceptamos este principio, que es de elemental justicia, como la cosa más natural, porque responde enteramente a los sentimientos de equidad impresos en el corazón del hombre. Pero cuando se miran las cosas de tejas abajo, parece que tal principio flaquea no pocas veces, pues se ven justos en la miseria e impíos en la prosperidad. Y al flaquear el principio es como si la misma justicia divina se tambalease, viniendo a poner a dura prueba la fe de los creyentes en Dios.

         La profundidad teológica de esta nota es evidentemente prodigiosa, pues, hace primero una justificación bíblica –La Escritura repite muchas veces- de lo que es la justicia divina, para luego ponerla en duda, sin embargo, el título de la nota no es éste, sino El problema del infortunio del justo, dejando claro que la cuestión en reflexión no es en sí la justicia de Dios, sino el infortunio o desgracia del santo, desgracia que por contradictoria no deja de ser frecuente.

         En la reflexión se pone de manifiesto la natural manera de pensar del hombre, pues en su corazón anidan impresos sentimientos de equidad, es decir, aquella acostumbrada ley de retribución tan presente en el Antiguo Testamento, pero que, ahora es puesta en crisis, pues se pueden ver en desgracia a los que obran el bien, y, así mismo, se pueden ver en bonanza a los que obran el mal. Esta situación no es para nada insignificante, pues llega a poner a dura prueba la fe de los creyentes en Dios.

         El padre Pernía hubo de predicar la justicia divina como la cosa más hermosa que podamos pensar, pues en esta vida no hay mal que por bien no venga, y cuando un justo se ve en desgracia, no solamente se tambalea la justicia divina y la fe del creyente, sino que se abre un mundo de oportunidades, pues Dios es un Dios de oportunidades, y sus privilegiados son los pobres y marginados, los rechazados por los poderosos.

         Por más que vengan desgracias para el justo, Dios está con él, y para un alma agradecida no pasan desapercibidos los dones y oportunidades de Dios, basta con tener grabado en el corazón esa hermosa trilogía católica, las bien llamadas virtudes teologales: Fe, Esperanza y Caridad, en latín se ven mejor: Fides, Spes et Charitas. Bien dicho el dicho: Ubi charitas et amor Deus ibi est: Donde hay caridad y amor ahí está Dios.

P.A
García

viernes, 27 de septiembre de 2019

Coplas post mortem a la Prof. Lidi Labrador

LIDI LABRADOR

Hoy nos reúne la memoria
de una mujer cristiana
y esta noche se engalana
narrando su bella historia

De Dios siempre fue en vida
y después de la muerte también
pues no hubo mejor bien
para su alma, que la partida

Festejando el nacimiento
del Niño Dios encarnado
en vida que fue su amado
y en muerte mayor contento

Ya su tiempo ha culminado
para esta realidad humana
madre, hija, amiga, hermana
en el Señor has morado

Atenta y siempre servicial
para ayudar a quien carece
de todo, lo que más merece
es la gloria celestial

En la educación encontró labores
que dignas son de admirar
amante del bien trabajar
fue esta hija de Bailadores

San Pablo tuvo el honor
de tener a una maestra
que enseñaba bien y a diestra
cumpliendo con paz y amor

Para honrar a tan noble mujer
hacen falta mil palabras
sin embargo Dios nos guarda
y lo demuestra al creer

Dios que la quiso tanto
se la llevó para el cielo
ése es nuestro gran consuelo
que de callar ya no aguanto

Cuando se pierde a un ser querido
las lágrimas son el reflejo
de que aquel era el espejo
de Dios en la tierra sumergido

P.A
García

martes, 30 de julio de 2019

Coplas al Padre Edduar Molina en su cumpleaños


25 DE JUNIO

Festejamos con gran júbilo
en Mérida con bello clima
el cumpleaños de un gran hombre
el padre Edduar Molina.

Desde el Seminario pedimos
a Dios salud y mucha alegría
para el padre Edduar Oberto
felicidades en su día.

Sacerdote y profesor ha sido
y conocedor de la historia
pastoralista y pedagogo
para Dios sea la gloria.

Querido padre Edduar
queremos felicitarle
y a seguir trabajando
también poder animarle.

Siga siendo ese pastor
preocupándose por la gente
buscando la mejor manera
eres un hombre inteligente

Con gran cariño y soltura
desde el corazón sin engaño
estimado padre Edduar
que pase un feliz cumpleaños

P.A
García

sábado, 23 de marzo de 2019

Coplas a la Candelaria de Bailadores


VIRGEN CANDELARIA DE LA VILLA

Con motivo de la visita de la pintura de San Vicente Ferrer Patrono de La Playa a la Virgen de la Candelaria de Bailadores, la comunidad playense acompañó en la eucaristía presidida por el Pbro. Cherby Belandria en el templo parroquial de Bailadores el 14 de febrero de 2015, donde al finalizar intervine con las siguientes coplas:

A nuestra Madre la Virgen María
Hoy Bailadores quiere honrar
Y La Playa con mucha alegría
A su casa la viene a dejar.

Virgen de la Candelaria
Patrona de Bailadores
Escucha nuestras plegarias
Oh Madre de los amores.

Aquí estamos tus hijos
Donde tu Hijo se halla
El pueblo de Bailadores
Y también el pueblo de La Playa.

Venimos oh Madre piadosa
A nuestra fe proclamar
En ti Virgen poderosa
Que a Jesús has de gloriar.

San Vicente Ferrer y sus hijos
Hoy proclaman con amor
A la Virgen de la Candelaria
Proezas, alabanzas y honor.

Gracias Madrecita querida
Por irnos a visitar
Sabemos que nos bendices siempre
Desde éste tu santo lugar.

Nuestros campos y sembradíos
Han recibido una unción
Pues al pasar la Candelaria
Se derrama gran bendición.

El pueblo que canta y camina
Ésta zona que es agraria
Hoy reza a la Virgen peregrina
Nuestra Señora de la Candelaria.

Danos paz y abundancia
De aquello que necesitamos
Y sobre todo danos la gracia
De sentirnos más hermanos.

Virgencita poderosa
Intercede ante Jesús
Para que sepamos cada día
Cargar con alegría la cruz.

Que estos agradecimientos
Vallan hasta tu altar
Y que a Dios todopoderoso
Sepamos glorificar.

Unidos como familia cristiana
Ahora nos atrevemos a decir
Que viva La Candelaria
Motivo para venir.

P.A
García