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domingo, 8 de julio de 2018

Exégesis sobre el Padrenuestro


Exégesis de Lucas 11,1-4

La oración dominical



El autor del evangelio según san Lucas
         Mencionar a Lucas es hablar de aquel discípulo de san Pablo, autor tradicional del Evangelio que lleva su nombre y de los Hechos de los Apóstoles, compañero del apóstol Pablo a partir de su segundo viaje[1]. El autor se plantea desde el principio de su obra, una “narración ordenada” de todo lo que hizo y enseño Jesús, y Hechos de los Apóstoles le da continuidad después de la resurrección, en la vida y en la obra de los Apóstoles desde la ciudad de Jerusalén hasta Roma, la capital del Imperio. Lucas es gentil y se considera un historiador, proponiéndose informar a los judíos; escribe en griego koiné (común), pero no tan vulgar como Marcos. Bien estructurado ha sido llamado “el más bello de los libros del mundo”, siendo el más largo de los evangelios y el más detallado[2]. Tal y como aparece en Colosenses 4,14, Lucas fue el “médico querido” de san Pablo.

Fecha de composición del evangelio según san Lucas
         En cuanto a la fecha de su composición, el autor tiene noticias de la destrucción de la ciudad de Jerusalén, hecho sobrevenido hacia el año 70 después de Cristo[3], lo más probable es que lo haya escrito entre el 75 y el 90, en Roma, a pesar de que el lugar de composición puede apuntar también a ciudades como Cesarea, Éfeso, Corinto, todas fueras de Palestina[4].

La oración dominical: Lucas 11,1-4
Ahora, teniendo claro el autor, fecha y lugar de composición del evangelio de Lucas, se da el siguiente paso, que es analizar detalladamente el texto en cuestión. El texto bíblico que a continuación se presenta, es tomado de la traducción de las Sagradas Escrituras de la Biblioteca de Autores Cristianos (Nácar-Colunga)[5], la misma traducción y notas será utilizada para la versión de Mateo y Marcos más adelante:

1 Acaeció que, hallándose Él orando en cierto lugar, así que acabó, le dijo uno de sus discípulos: Señor, enséñanos a orar, como también Juan enseñaba a sus discípulos 2 Él les dijo: cuando oréis, decid: Padre, santificado sea tu nombre; venga tu reino; 3 danos cada día el pan cotidiano; 4 perdónanos nuestras deudas, porque también nosotros perdonamos a todos nuestros deudores, y no nos pongas en tentación.

Referencia del Padrenuestro en: Marcos 11,25-26

25 Cuando os pusiereis en pie para orar, si tenéis alguna cosa contra alguien, perdonadlo primero, para que vuestro Padre, que está en los cielos, os perdone a vosotros vuestros pecados. 26 Porque si vosotros no perdonáis, tampoco vuestro Padre, que está en los cielos, os perdonará vuestras ofensas.

Método de hacer oración: Mateo 6,9-13

9  Así, pues, habéis de orar: Padre nuestro, que estás en los cielos, santificado sea tu nombre; 10 venga tu reino, hágase tu voluntad, como en el cielo, así en la tierra. 11 El pan nuestro de cada día dánosle hoy,  12  y perdónanos nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores, 13 y no nos pongas en tentación, más líbranos del mal.

Análisis sinóptico de las tres versiones evangélicas
         El texto del padrenuestro se encuentra integro en los evangelios de Mateo y Lucas, como se ha visto, Marcos sólo hace referencia a la importancia del perdón como experiencia de Dios. En Mateo son siete peticiones, Lucas presenta solamente cinco. Al leer el padrenuestro en Mateo, se encuentra éste ubicado en la sección del sermón del Monte que dedica a la cuestión de la oración; más parece que la ocasión de su enseñanza sea ésta, recordemos que Lucas hace mención de la petición de uno de sus discípulos, “Domine, doce nos orare” Señor enséñanos a orar; la antigua tradición ubica esta escena en el monte de los Olivos, en la Eleona. Así como las bienaventuranzas, el padrenuestro está abreviado en Lucas, Mateo propone una versión más extensa. La Iglesia prefirió desde el principio la forma más larga y completa de Mateo para la oración litúrgica[6].
         El Señor ofrece a sus seguidores la forma de oración que deben utilizar los fieles, inspirándose en los sentimientos de piedad de los buenos hijos para con el Padre Celestial, reprobando de esta manera la manera de orar propia de los hipócritas fariseos y de los gentiles. Una cuestión curiosa y de gran controversia en este pasaje evangélico es la relación Padre-hijos que Jesús plantea, pues, la Ley antigua miraba a Dios como Señor, y aunque a veces Dios se revela Padre de Israel e Israel el primogénito de Dios, para este pueblo no había llegado a sentirse la piedad y la ternura hacia su Dios[7].
         Lucas presenta en síntesis un proyecto de vida de Jesús, dedicado éste a todos los que deseen ser discípulos suyos; este proyecto cristiano gira en torno a dos realidades: la primera es Dios, cuyo nombre el hombre ha de santificar con obras y palabras, y su reino, cuya venida ha de ser preparada; y la segunda es el Prójimo, con y por quien se compromete a luchar por la justicia, para que la creación de Dios sea de todos realmente[8].
        
Visión en conjunto según Giuseppe Ricciotti
         Después del episodio de Betania, Lucas ubica la enseñanza del padrenuestro, como ya se ha mencionado anteriormente, Mateo la sitúa en el Sermón de la Montaña. Sin embargo, parece más evidente históricamente la ubicación lucana. Pero, ¿fue ésta en realidad la primera vez que Jesús enseñó a sus discípulos? Al decir que sí quedaría por explicar por qué Jesús después de tantas normas de formación espiritual dadas a sus amigos, no había tocado el tema de la oración. Hoy en día, en la reconstruida iglesia de la Eleona, junto a la cima del Monte de los Olivos, la primera plegaria cristiana está esculpida grandiosamente en lenguas de toda estirpe humana.[9]
         Según el Pbro. León Alberto Sánchez Febres-Cordero, la interpretación del padrenuestro sería de esta manera: Padre nuestro que estás en los cielos: Dios es nuestro origen. Santificado sea tu nombre: la santidad de Dios sea manifiesta. Venga a nosotros tu reino: que Dios irrumpa y manifieste su soberanía a todos los hombres. Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo: que en la tierra se haga lo que Dios quiera, así como sucede en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día: que Dios satisfaga las necesidades cotidianas. Perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden: a pesar de que el hombre es malo, Dios se dona, así nosotros tenemos que donarnos a los demás a pesar de los demás. No nos dejes caer en la tentación: la tentación es el torbellino del mundo que lo envuelve a uno y trata de alejarlo de la voluntad de Dios. Y líbranos del mal: evitar hacerse daño a uno mismo y a los demás.

P.A
García


[1] CIRCULO de lectores, S.A., Diccionario enciclopédico VOX, Lexis/22. Ediciones Biblograf. Barcelona, España 1976, p. 3437.
[2] GEDDES y GROSSET, Enciclopedia de la Biblia, Editorial Robin Book.  Barcelona, España 1999, p. 186.
[3] SCHÖKEL, Luis Alonso., La Biblia de nuestro pueblo, Nuevo Testamento, Ediciones Mensajero. Bilbao, España 2011, p. 158.
[4] MATEOS, Juan y SCHÖKEL, Luis Alonso., Nuevo Testamento, Ediciones Cristiandad. Madrid, España 1974, p. 187.
[5] NÁCAR, Eloíno y COLUNGA, Alberto., Sagrada Biblia, Ediciones Biblioteca de Autores Cristianos. Madrid, España 1965.
[6] NÁCAR, Eloíno y COLUNGA, Alberto., Sagrada Biblia, Ediciones Biblioteca de Autores Cristianos. Madrid, España 1965, p. 1064.
[7] Ibídem; p. 989.
[8] SCHÖKEL, Luis Alonso., La Biblia de nuestro pueblo, Nuevo Testamento, Ediciones Mensajero. Bilbao, España 2011, p.p. 191-192.
[9] RICCIOTTI, Giuseppe., Vida de Jesucristo, Ediciones Luis Miracle. Barcelona, España 1951, p.p. 481 – 482.

lunes, 12 de febrero de 2018

Exégesis bíblica de Lucas (1, 26-38) haciendo uso del Método Teológico.

LA ANUNCIACIÓN DEL SEÑOR

Lucas 1, 26-38:
26 Al sexto mes fue enviado por Dios el ángel Gabriel a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, 27 a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María. 28 Y entrando, le dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.» 29 Ella se conturbó por estas palabras, y discurría qué significaría aquel saludo. 30 El ángel le dijo: «No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios; 31 vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús. 32 El será grande y será llamado Hijo del Altísimo, y el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; 33 reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reino no tendrá fin.» 34 María respondió al ángel: « ¿Cómo será esto, puesto que no conozco varón?» 35 El ángel le respondió: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el que ha de nacer será santo y será llamado Hijo de Dios. 36 Mira, también Isabel, tu pariente, ha concebido un hijo en su vejez, y este es ya el sexto mes de aquella que llamaban estéril, 37 porque ninguna cosa es imposible para Dios.» 38 Dijo María: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.» Y el ángel dejándola se fue.
         Datos biográficos de san Lucas Evangelista

Lucas es para la Tradición católica el indudable autor del tercer Evangelio, mejor conocido como “según san Lucas”, este personaje es reconocido por la mayoría de los historiadores como el “médico querido” del apóstol san Pablo (Col 4,14; Flm 24)[1]. En principio Lucas no era un apóstol testigo presencial de la vida terrenal de Jesús, por ello es difícil explicar cómo el nombre de Lucas fue unido posteriormente a este evangelio, sin embargo, como ya se ha mencionado, la Tradición de la Iglesia así lo dará por entendido, además de predicar que este evangelista era soltero, trabajó en Acaya (Grecia) y murió a los ochenta y cuatro años. El catolicismo celebra su fiesta litúrgica el 18 de octubre[2]. Finalmente es necesario acotar que tanto el evangelio según san Lucas como los Hechos de los Apóstoles eran dos partes de una misma obra compuesta probablemente en Grecia, donde Lucas conservó el testimonio de la comunidad primitiva, en la que se encontraba la Santísima Virgen María, y de donde obtuvo los relatos de la infancia de Jesús[3].

         Contexto histórico del evangelio según san Lucas: Esta obra literaria lucana es ubicada en la segunda generación de los cristianos, cuando éstos se expanden y se asientan inmersos en el mundo dominado por Roma, por ello es objetivo de Lucas presentar el ideal Cristiano como apto e inofensivo para la sociedad romana, especialmente como una práctica religiosa que cambie la violencia de las armas y guerras por la fuerza del Espíritu que convirtió a muchos hombres a Jesús de Nazaret[4]. Lucas cuando escribe se apertura al mundo helenista y a la realidad política del Imperio, con una actitud nueva respecto de la espera escatológica, ubicándose fuera de Palestina vive en un mundo cultural y religioso muy alejado del judaísmo de la época de Jesús, y, sin embargo, este escritor sagrado se siente en continuidad con la herencia del Antiguo Testamento[5].

         Para explicar las peculiares características de los primeros capítulos de Lucas, donde se ubica el texto a analizar, algunos exégetas has sugerido que para la redacción de estos dos capítulos Lucas pudo usar una o varias fuentes escritas. Algunos han emitido la hipótesis de un documento pre-lucano o de documentos escritos en griego, lo que explicaría la diferencia de estilo respecto del resto de la obra; otros han razonado que la fraseología tan claramente semítica es prueba de que Lucas incorporó en este lugar una narración de la infancia de Jesús que habría sido traducida de un texto, o diversos textos, escritos originalmente en hebreo o arameo[6].

         Análisis del texto lucano

El texto a analizar, (Lucas 1, 26-38), es titulado como el “anuncio del nacimiento de Jesús”, el cual se ubica en un pequeño lugar de Galilea, fuera de las grandes instituciones religiosas de Israel. Lucas se esfuerza por narrar un origen nada común para el gran personaje de su obra, Jesús, que es descrito, sin embargo, con los rasgos del Mesías del Antiguo Testamento (Is 7, 14; 9,6; 2Sm 7, 14-16) y como Hijo de Dios, o su equivalente Hijo del Altísimo, un título con el que Lucas quiere describir la relación misteriosa que le une al Padre. Pero en este relato no se queda en lo ficticio y extraordinario; todo lo contrario: en primer lugar, para él es muy importante establecer unas coordenadas histórico-temporales: ya había dicho que se trataba del tiempo del rey Herodes y que lo que ahora viene sucedió a los seis meses de la concepción de Isabel; y una coordenada espacial: Nazaret, no el lugar más importante, sino la periferia.

Lucas estructura su evangelio de la infancia en torno a la figura de María, quien es presentada como la prometida de José. Pero esta promesa, o esponsales, era considerada por la ley de Israel como un contrato solemne. Sin embargo la pareja no vivía bajo el mismo techo hasta que se realizaba la boda, según la costumbre, un año después de los esponsales, lo cual explica la pregunta de María en (Lc 1, 34). A pesar de la importancia de María en el evangelio de la infancia de Lucas, es José el que entronca a Jesús con la familia de David (Lc 1, 27), cumpliéndose así el propósito general de la esperanza mesiánica: un descendiente de David sería el Mesías de Israel. Y aunque María no pide ningún signo, como hizo Zacarías (Lc 1, 18), se le da una garantía de la autenticidad del mensaje: su parienta Isabel, que era estéril, va a dar a luz un hijo. Las palabras del ángel concluyen con el mismo mensaje que recibieron Abrahán y Sara cuando dudaron de la noticia del nacimiento de su hijo (Lc 1,37; ver Gn 18,14). Todo es obra del Espíritu a quien Lucas mismo describe, mediante la ley de paralelismo, como el poder o la fuerza de Dios (Lc 1,35). Nos encontramos aquí con un tema que se remonta al Antiguo Testamento. El Espíritu de Dios ya estaba presente con su fuerza en (Gn 1,2) para realizar la gran obra de la creación. Aquí, ese mismo poder, se hace de nuevo presente en el momento en el que María, con su obediencia a la palabra de Dios, se nos presenta como prototipo ideal del creyente[7].

En este relato hay dos protagonistas, María y la Palabra. María es símbolo de una porción de la humanidad que a pesar de las situaciones históricas de marginación, rechazo y abandono por parte de la oficialidad socio-religiosa, confía, espera y está abierta al querer divino. La Palabra, Dios, que se pronuncia pero no en el centro donde todo parece que está dicho y decidido, porque viéndolo bien, Dios mismo ve que allí no hay cabida para él.

En la anunciación, se ve como la representación de este acontecimiento se inspira en varios pasajes del Antiguo Testamento, en particular en la aparición del ángel a Gedeón, (Jc 6, 11-24) y con el anuncio del nacimiento de Sansón, (Jc 13, 2-7). La dignidad del niño que nacerá se evoca con alusiones a las promesas del Antiguo Testamento, sobre todo las hechas a David y a su linaje. En Lucas 1, 28 está el alégrate, que es la llamada al júbilo mesiánico, eco de la llamada de los profetas a la Hija de Sión, y como ésta, motivada por la venida de Dios entre su pueblo[8].

María fue visitada por un ángel, y estos son los mensajeros, seres sobrenaturales que rodean el trono de Dios y que comparten el gozo de Dios. Los ángeles son seres celestiales y su labor consiste en servir a Dios. En el cielo adoran a Dios y en la tierra actúan como mensajeros de Dios, para transmitir su Palabra a la humanidad. Los ángeles ayudan también a las personas[9].

P.A
García



[1] SCHöKEL, Luis Alfonso., La biblia de nuestro pueblo. Nuevo testamento, Ediciones Mensajero. Bilbao, España 2011, p. 158.  
[2] JERÓNIMO, san., Comentario bíblico, san Jerónimo, Tomo III, Nuevo Testamento I. Ediciones Cristiandad. Madrid, España 1971, p.p. 296-297.
[3] Sociedad Bíblica Católica Internacional., La biblia latinoamericana, Editorial Verbo Divino. Publicación San Pablo, Madrid, España 2005, p. 106.
[4] SCHöKEL, Luis Alfonso., op. cit. p. 157.
[5] GUIJARRO, Santiago., [et. al.] Comentario al Nuevo Testamento, Editorial Verbo Divino. Madrid, España 2002, p. 187.
[6] MCHUGH, Jhon., La madre de Jesús en el Nuevo Testamento, Editorial Desclée de Brouwer. Bilbao, España 1979, p. 52.
[7] GUIJARRO, Santiago., [et. al.] op. cit. p. 194.
[8] UBIETA, José Ángel., Biblia de Jerusalén nueva edición totalmente revisada, Editorial Desclée de Brouwer, Bilbao, España 2009, p. 1492
[9] RUIZ-GARRIDO, Constantino., Diccionario bíblico abreviado, Editorial Verbo Divino, Madrid, España 1995, p. 25.