domingo, 3 de noviembre de 2019

Epígrafe de la Iglesia de La Playa: “Mi casa es casa de oración”


MI CASA ES CASA DE ORACIÓN

Epígrafe en la puerta del templo de La Playa
Rodeando en forma de arco la puerta principal y única del templo parroquial de La Playa, Parroquia San Vicente Ferrer, se encuentra un epígrafe o lema que reza así: “MI CASA ES CASA DE ORACIÓN”, pues bien, de dónde mejor puedo haber salido este texto si no es de la Escritura Santa. A continuación veremos su significado y originalidad bíblica y exegética.

Lo primero en precisar es la cita bíblica de esta frase, cuestión que no es tan sencilla de presentar tan apresuradamente, pues resulta ser una frase con al menos cuatro referencias distintas en toda la Biblia, una en el Antiguo Testamento y otras tres en el Nuevo Testamento, específicamente en los Evangelios Sinópticos: Mateo, Marcos y Lucas. El evento que encierra esta frase es también presentado por Juan, pero sin hacer cita textual de estas palabras tan icónicas: “Mi casa es casa de oración”.

La primera referencia bíblica, que es en sí la más original de todas, es la que encontramos en Isaías 56, 7: los traeré a mi Monte Santo, los alegraré en mi casa de oración; aceptaré sobre mi altar sus holocaustos y sacrificios; porque a mi casa la llamarán Casa de Oración todos los pueblos”. La frase latina sería: “Quia domus mea domus orationis vocabitur cunctis populis”. La frase en lengua latina será decisiva al momento de especificar la cita bíblica que fue utilizada para el epígrafe del templo de La Playa. Aquí es traducida del latín al castellano manteniendo la voz pasiva, pues “la casa será llamada”. En la voz pasiva el sujeto sufre la acción, mientras que en la voz activa el sujeto ejecuta la acción.

La segunda referencia bíblica de la frase en estudio es ubicada en el primer libro del Nuevo Testamento. Así la presenta Mateo 21, 12-13: Jesús entró en el templo y echó fuera a los que vendían y compraban en el templo, volcó las mesas de los cambistas y las sillas de los que vendían palomas. Les dijo: —Está escrito que mi casa será llamada casa de oración, mientras que ustedes la han convertido en cueva de asaltantes”. En Mateo la frase en latín sería:Domus mea domus orationis vocabitur”. Se hace presente la frase de nuevo en voz pasiva.

La tercera referencia está en Marcos 11, 15-17: Llegaron a Jerusalén y, entrando en el templo, se puso a echar a los que vendían y compraban en el templo; volcó las mesas de los cambistas y las sillas de los que vendían palomas, y no dejaba a nadie transportar objetos por el templo. Y les explicó: —Está escrito: Mi casa será llamada casa de oración para todas las naciones; en cambio ustedes la han convertido en cueva de asaltantes”. En latín se puede leer así: Quia domus mea domus orationis vocabitur ómnibus gentibus.

La cuarta referencia, que es la más genuina para el epígrafe del templo de La Playa, está en Lucas 19, 45 – 46:Después entró en el templo y se puso a echar a los mercaderes diciéndoles: —Está escrito que mi casa es casa de oración y ustedes la han convertido en cueva de asaltantes”. Esta frase viene directamente traducida del latín:Quia domus mea domus orationis est”. Aquí la frase es traducida del latín en voz activa, no en voz pasiva, es decir, la casa es casa de oración, por el contario no será llamada casa de oración.

Ahora bien, el último Evangelio también presenta el hecho de la purificación del Templo por Jesús, a saber: Juan 2, 13-17: Como se acercaba la Pascua judía, Jesús subió a Jerusalén. Encontró en el recinto del templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los que cambiaban dinero sentados. Se hizo un látigo de cuerdas y expulsó a todos del templo, ovejas y bueyes; esparció las monedas de los que cambiaban dinero y volcó las mesas; a los que vendían palomas les dijo: Saquen eso de aquí y no conviertan la casa de mi Padre en un mercado. Los discípulos se acordaron de aquel texto: El celo por tu casa me devora”. Como hemos visto, la escena es idéntica en los cuatro relatos del Evangelio, pero en éste último no cita la frase de Isaías.

En conclusión, la cita del epígrafe del templo de La Playa corresponde a Lucas 19, 46. En castellano: “Mi casa es casa de oración”. En latín: “Domus mea domus orationis est”.

Pasemos ahora a considerar lo que la frase bíblica encierra en su contenido doctrinal. En los cuatro relatos del Nuevo Testamento en donde la frase está presente, es ubicada dentro del relato de la Purificación del Templo hecha por Jesús, sin embargo, tomaremos en cuenta la reflexión que se hace a la cita de Lucas 19,45-48, por ser ésta la usada en el epígrafe del templo de La Playa.

Lo que le interesa resaltar a san Lucas en este texto se centra en varios gestos. Lo primero es que Jesús no es contrario al Templo; pues en el corazón de cada judío está inscrito el Templo como el más importante emblema religioso, por eso Jesús reclama que se utilice para lo que es: «casa de oración». En segundo lugar, una vez purificado el Templo, Jesús desenmascara el extremo al que había llegado la «casa de Dios», de emblema religioso y lugar de encuentro de la comunidad con su Dios, había pasado a ser emblema de opresión, cueva de asaltantes. Finalmente, con esta actitud del Señor, se hace más clara la decisión de las autoridades de eliminarlo, pero no pueden hacerlo porque «todo el pueblo estaba pendiente de sus palabras».

En algunas escenas cinematográficas sobre la vida de Jesús de Nazaret hemos visto cómo el Señor se dispone a purificar el Templo de Jerusalén con todas sus fuerzas. La escena es realmente impactante y por ende muy conocida. El cantautor Alí Primera osó al incluirla en una de sus canciones, comparando la figura mesiánica y libertadora de Jesús con la figura de Simón Bolívar: “Si Jesucristo sacó los mercaderes del Templo; Bolívar también lucho por liberar a su pueblo”.

El padre Alberto Colunga de la Orden de Predicadores, (Dominicos), reflexiona este texto de Lucas y llega a la conclusión siguiente: la parte del templo abierto a los paganos es también sagrada. Y para aquellos a los que les gusta ubicar el culto a Dios lejos de la asistencia al templo, que es en espíritu y en verdad, el padre Colunga opina que Jesús no está en favor de la "desacralización" del templo; todo lo contrario, quiere su "sacralización", su "desecularización" incluso en el patio abierto a los paganos.

Queda con todo esto un compromiso. El solemne compromiso de hacer de nuestros templos católicos unas verdaderas casas de oración, donde vayamos confiados cada vez que necesitemos encontrarnos con la comunidad de creyentes, para dirigirnos como pueblo elegido a un mismo Dios y Creador de todos.

MI CASA ES CASA DE ORACIÓN
DOMUS MEA DOMUS ORATIONIS EST

P.A
García

sábado, 2 de noviembre de 2019

Sobre una leyenda playense en dos versiones

CATÁSTROFE EN LA PLAYA

Panorámica de La Playa en 2015
El playense, en su vivencia cotidiana ha encontrado la manera de dar explicación al fenómeno de 1610, por ello ha sobrevivido una misma leyenda, pero con dos versiones, que se aproximan a ser un relato coloquial de lo sucedido, donde se mezclan datos verídicos con pensamientos de la piedad cristiana. La primera versión de la leyenda la proporciona para este estudio Miguel Vivas, la cual indica:

Dice la leyenda, que viviendo en el sitio un rico español encomendero, propietario de una casa de posada, se negó a darle alojamiento a un sacerdote que venía de la Ciudad de Mérida, rumbo a Pamplona o a Santa Fe de Bogotá, ante semejante sacrílega actitud, el pastor de Cristo, maldijo al citado señor y el castigo divino se dejó sentir a las pocas horas de camino del viajero, cuando ante su mirada aterrorizada vio depositarse una tromba marina en la cadena occidental del asentamiento español y minutos después un ruido espantoso que originaba la mole orográfica en su descomunal recorrido hacia el valle; desgarradores gritos de espanto y dolor, ladridos de perros, y bramar del ganado cruzó los cielos de norte a sur y de este a oeste, y a los pocos minutos el firmamento quedó cubierto de una nube negra de polvo y humo y un silencio sepulcral y más luego el dantesco fenómeno de la represa del Zarzales que viene a cubrir de agua lo poco que quedó fuera del alcance del deslizamiento, allí en el mismo sitio, soportando millones de toneladas de rocas reposan en la paz del Señor, el encomendero Ochoa, su mujer, sus hijos, los indios encomendados y sus tesoros. Cuentan nuestros antepasados que de vez en cuando se oyen los lamentos de las almas en penas y ladridos de perros en el sitio.

         En resumen, aquí se presenta en primer plano el “rico español encomendero”, que niega su casa a un “Sacerdote”, ante esta actitud el “Sacerdote” maldice a aquel hombre y como consecuencia sus tierras y riquezas quedan sepultadas bajo tierra y agua. Es curioso que, tanto en este primer relato, como en el segundo que ya se verá, la catástrofe ocurre en horas de la noche, ya que es de suponer que el sacerdote pide posada porque estaría ya anocheciendo en el momento en el que llegaba a la casa del español. En los relatos originales sobre el fenómeno en cuestión, Fray Pedro Simón pone hora específica al momento en que la tierra se empezó a mover y el cerro voló, eran las tres de la tarde, con lo cual se halla la más notable incoherencia del relato con la realidad, pero esto es aceptable, puesto que se trata de una leyenda.

En la segunda versión, se puede encontrar un relato más elaborado, lleno de detalles, aunque en principio se trata del mismo escenario y posibles personajes, hace un ligero cambio de los mismos, sin embargo, trata de explicar, al igual que la primera leyenda, el fenómeno de la formación de La Playa. Esta segunda versión se toma del Geógrafo José Herrera:

En tiempos pasados solo había un sacerdote en Bailadores para asistir los actos religiosos de El Páramo de Mariño, La Playa, Guaraque, teniendo que caminar o andar en mula grandes distancias e incluso, por varios días, para confesar y dar los Santos Óleos a los enfermos moribundos. Sucedió que un día el sacerdote fue buscado por un muchacho del Páramo de Mariño, para asistir a un señor moribundo que no terminaba de fallecer hasta tanto no fuera confesado y recibir la Sagrada Extremaunción. Al día siguiente, en las horas de la madrugada partieron el padre y el muchacho a acompañados por un sacristán, cabalgando dos mulas y un caballo, recorriendo largos caminos durante más de ocho horas, para llegar a la casa del enfermo pasadas las 3 de la tarde, confesándolo y dándole la extremaunción. Después de haber comido y reposado el sacerdote emprendió el regreso a Bailadores, por otro camino más largo que lo conduciría a La Playa y que le permitiría quedarse y dormir en la finca de Las Barrancas, propiedad del rico hacendado ya mencionado, ya que por el camino que hizo el recorrido anterior durante un día, no le daba tiempo suficiente para llegar a Bailadores con buena claridad. Así fue, el sacerdote, llegó anocheciendo a la finca de Las Barrancas, donde fue muy bien recibido por la familia y los peones de la finca, y le prepararon una suculenta cena compuesta de varios potajes y excelente vino. Sirvieron la cena con la familia y el mayordomo de la finca e iniciaron los comentarios respectivos a las siembras y cosechas, enfermedades, religión y los bienes que poseía, saliendo a relucir la gran riqueza del hacendado, con cofres o baúles repletos de morocotas de oro y joyas, que según cuentan, las hormigas y los bachacos, movían las monedas dentro del cuarto destinado para guardarlas. Durante la amena conversación introductoria para la cena, el sacerdote preguntó al rico hacendado como hizo para acumular tantas riquezas y sobretodo las costosas morocotas de oro, respondiéndoles, que todo aquello era el fruto de su esfuerzo, tesón y trabajo durante muchos años; continuó diciendo “mire padre, mi riqueza es tan grande que ni Dios me la puede quitar”, situación que hizo parar al sacerdote de la mesa y dijo sabiamente, que había olvidado dar la confesión a un enfermo en La Playa, por lo que debía seguir su camino en la noche. El hacendado trató de persuadirlo, sobre lo peligroso del camino en la noche, el sacerdote insistió en continuar y sin tomar ni siquiera un bocado de la gran comida, ensillaron las mulas y junto con el sacristán abandonaron la finca pasadas las 8 de la noche. Después de varias horas de recorrido montaña abajo, estando ya en los predios de La Playa Arriba, escucharon un ruido ensordecedor de gran estruendo, era un gran terremoto que desgajaba el Cerro las Barrancas arrastrado lo que encontraba a su paso, asentándose en la mitad del valle u chocando con la vertiente contraria del río Mocotíes, para dar origen a los terrenos de la finca El Volcán entre Tovar y La Playa desapareciendo los terrenos de Las Barrancas, junto con familia, peones y morocotas, transformando este bello paisaje ondulado de páramo a unas tierras quebradas con zanjones, que es en realidad los terrenos que hoy día conocemos de la finca Las Barrancas.[1]

         Como ya se mencionó al analizar el primer relato, este segundo también ubica la hora de la catástrofe ya entrada la noche. Es de resaltar que, a diferencia del primero, el sacerdote si es aceptado en la casa, pero por cuestiones de ofensas a la religión decide no quedarse. En los dos relatos la constante es la “riqueza del hacendado español” y el castigo de Dios por su orgullo y arrogancia, dejando entrever que, bajo el suelo de La Playa hay una gran riqueza, representada en oro y materiales de lujo que posiblemente tuvo en su casa este hombre desdichado.

         La incoherencia más notoria de este segundo relato es que, narrando la formación de La Playa ya se nombra dentro del cuento como un lugar geográfico determinado a La Playa, es decir, se supone que el relato quiere dar origen a La Playa, pero resulta que para el mismo relato ya La Playa existía, pues era el lugar hacia donde se dirigió el sacerdote para atender a un moribundo después del Páramo de Mariño, pero como se dijo anteriormente, se trata de una leyenda, por eso se respeta la imaginación de quienes la han mantenido viva en sus vidas.

         Lo cierto de todo esto es que, para las dos versiones de la leyenda, y para los relatos de Fray Pedro Simón sobre el terremoto de 1610, es cierto que debajo del cerro asentado quedaron atrapados algunos españoles e indios, en una casa que pudo haber sido una rica hacienda de maíz, tabaco y ganado.
P.A
García



[1] Herrera, J. (2006) La Playa entre Tovar y Bailadores. Costumbres, origen y algo más. Mérida Venezuela. Fondo Editorial El Cobijo. (p.p. 13-15).

viernes, 1 de noviembre de 2019

Sobre cómo se forma la geografía de La Playa, Bailadores

LA PLAYA, BAILADORES. ORIGEN
        
La Playa en 2015
 Introducción

Presentar algún comentario sobre la historia de La Playa, en principio no es tarea fácil, porque se trata de un pueblo con mucha historia que contar, pero con pocos registros escritos que lo testifiquen. En los actuales textos sobre La Playa siguen habiendo lagunas que son necesarias aclarar para que, definitivamente se puedan concretar datos históricos más precisos de esta población. Lo que en esta investigación interesa es presentar algunas reflexiones históricas sobre el pueblo, tomando en cuenta y enriqueciendo lo que ya se ha dicho hasta los momentos.

         A continuación se explica a manera de análisis, la historia geográfica del pueblo de La Playa, para ello se basará la investigación principalmente en los relatos de Fray Pedro Simón, en su libro Noticias Historiales de Venezuela, donde se recoge lo acontecido en el terremoto de La Grita, ocurrido para principios del año 1610. Para este análisis se apreciarán los estudios realizados al respecto por otros autores playenses, como el Profesor Alejandro Castillo y el Geógrafo José Herrera, quienes llevan la delantera en la interpretación de este texto de Fray Pedro Simón.

         ¿Quién fue Fray Pedro Simón?

Es necesario conocer al autor de los relatos más remotos de La Playa, a saber, Fray Pedro Simón, el cual era natural de San Lorenzo de la Parrilla, Cuenca, España. Su padre se llamaba Pedro Simón Ordoño y su madre Ana Domínguez, con lo cual se ha conseguido nombre y apellido al autor que primero hace referencia sobre los terrenos en los que actualmente está La Playa: Fray Pedro Simón Ordoño Domínguez. Su fecha de nacimiento se ha precisado para el año 1574, lo que indica que, contaba con al menos 38 años de edad cuando pasó por estas tierras, en 1612. Era religioso de la Orden Franciscana. Para 1604 llega de España a tierras venezolanas, siendo su primer puerto la isla de Margarita. En 1612 se traslada de Bogotá por los Andes venezolanos, pasando por La Grita, Bailadores, Mérida, entre otras ciudades del momento, luego en 1613 regresa a Bogotá por el mismo camino. La fecha de la publicación de sus Noticias Historiales de Venezuela se sitúa para 1627, con lo que se pierden rastros de su vida, hubo de morir en tierras americanas.

         El testimonio escrito de Fray Pedro Simón

A continuación, para hacer el breve estudio, es necesario presentarles el texto íntegro de Fray Pedro Simón, que se mostrará en cursiva, pero que al mismo tiempo llevará en negrita los temas de interés explicativo que más adelante se desarrollarán.

CAPÍTULO XXXV

III- VUELA UN CERRO DE UNA PARTE A OTRA CON EL TERREMOTO EN EL VALLE DE LOS BAILADORES

3- En este mismo y a la misma hora se acrecentó otra de las más notables que hemos oído hayan sucedido en el mundo. Y fue que en el valle de los Bailadores, que corre, como dijimos, Norte Sur, a la mitad de él, a seis leguas de la ciudad, de la cordillera que demora a la mano izquierda voló la mitad de un valentísimo cerro, como si fuera de pluma, y casi a la mano derecha quedó plantado a la mitad del valle, haciendo, con el golpe que dio en la cordillera contraria, una notable abertura. Como también lo era la que quedó en el asiento de donde se levantó el cerro, por donde comenzó luego a salir un buen golpe de agua que permaneció en sus corrientes algunos días. Con que se acrecentó el rebalso que hizo el río del valle con el asiento del cerro, quedando rebalsadas y haciendo un tan valiente y fondable laguna, que podían nadar en ella muy gruesos navíos, pues estuvo rebalsado sin que saliera gota de la mucha que entraba (por ser el río de más de dos bueyes de agua), desde este día hasta el de San Juan del mismo año. Que rompiendo por un lado, salió tan impetuosamente que, con dispendio de mucho ganado mayor que andaba seguro a la parte de abajo y de algunos sembrados de maíz y tabaco, se extendió por todo el valle. Que junta esta pérdida con la que sucedió de otras más de quinientas cabezas del mismo ganado que cogió el cerro debajo, cuando asentó el valle, no fue pequeña. Aunque muy mayor la de haber cogido debajo tres muchachos españoles de hasta diez o doce años y un indio gandul que estaba con ellos, a la sazón, a la mitad del sitio donde quedó plantado. Que con estos dos hijos y un sobrino de Francisco de Escalante, que quedaron enterrados entre las ruinas de una casa, que también cayó en el mismo valle, y los muchos que murieron, españoles e indios, hombres y mujeres, en la ciudad y otras partes, pasaron de sesenta personas, que para las pocas que tiene aquella tierra, fue muy gran cantidad.

En este mismo y a la misma hora: en los párrafos previos a este numeral III del capítulo XXXV, Fray Pedro Simón deja claro que el terremoto de La Grita ocurrió el tres de febrero, día de San Blas, en el año 1610, a las tres de la tarde, cuando la tierra se movía como las aguas del mar cuando están inquietas. Para esta época La Grita ya contaba con un Alcalde, que se llamaba Benito Rosal, con un cura, dos Iglesias y un convento. Las mujeres de La Grita en aquel día estaban unas reunidas con la madre del cura que venía de la ciudad de Mérida y otras en casa de una mujer honrada que estaba recién parida.

Voló la mitad de un valentísimo cerro: como ya se dijo anteriormente, en la Revista de La Playa una Visión al futuro (1999), del Profesor Alejandro Castillo, se ubica este cerro valentísimo como parte de las montañas de la parte norte de La Playa, donde hoy día se le conoce como Las Barrancas de Don Víctor Sánchez, lugar geográfico al que se le aplicará toda explicación hecha por Fray Pedro Simón.

Un buen golpe de agua: puede estar haciendo mención de la quebrada La Arenosa, en la parte alta del sector Las Delicias. Quien observe desde esta perspectiva hacia abajo, notará como en el sector El Volcán, hay un pequeño cerro de piedras, el cual pudo haberse formado allí por las crecidas de esta quebrada, o por el mismo deslizamiento del valentísimo cerro en 1610.

Se acrecentó el rebalso que hizo el río: Fray Pedro Simón especifica que son dos corrientes de agua las que van llenando la represa que se forma al deslizarse el cerro y quedar plantado a la mitad del valle, una es la recién formada quebrada “La Arenosa”, y la otra es el mismo río que baja de Bailadores, el río Zarzales o río Mocotíes.

Tan valiente y fondable laguna: en este apartado, puede darse razón al nombre que lleva el pueblo, pues, como lo refiere Fray Pedro Simón, en la laguna que se formó en el valle, podían navegar gruesos navíos, lo que deja a pensar que todo el territorio sobre el cual se asienta hoy en día la población de La Playa, estuvo bajo agua, razón por la que la geografía del lugar sea plana, semi-inclinada, arenosa y pantanosa.

Que rompiendo por un lado: este “lado” por donde salió toda el agua, puede ubicarse hoy en día en la llamada curva “Sogamoso”, que está frente a la antigua planta eléctrica de los Mora, en el sector El Volcán. Fray Pedro Simón precisa que para el día de San Juan del mismo año, es decir, para el 24 de junio de 1610, rompió la represa de agua, la cual duró un aproximado de cuatro meses y más en formación, de allí que algunos piensen que los pocos habitantes del lugar tuvieron que mudarse hacia zonas más altas, para no quedar sumergidos bajo el agua.

Los muchos que murieron: como es de suponer, la zona del valle, para el momento, ya era habitada por indios y españoles. Fray Pedro Simón menciona la pérdida de siembras de maíz y tabaco, al igual que ganado y un número superior a las sesenta personas fallecidas, entre indios y españoles, jóvenes y adultos, incluso menciona la existencia de una casa, lo que deja a pensar que por la zona al menos ya habían haciendas, probablemente trabajadas por indios y administradas por españoles opresores. Y no solamente esto, además de lo acotado, también es fácil concluir que los datos de Fray Pedro Simón son más precisos, cuanto más atrevidas estas conclusiones, pues se menciona que los pequeños fallecidos eran familiares de Francisco de Escalante, quien pudo haber sido el dueño del ganado, tabacales y cañaverales destruidos por el cerro asentado el 3 de febrero y por el embalse reventado meses después, el 24 de junio, haciéndose casi evidente precisar que para el momento del terremoto, los terrenos donde hoy en día está La Playa, eran sin más el tranquilo lugar de la hacienda de este tal Francisco de Escalante, desde donde, seguramente, pudo observar sus tierras extendidas en el valle abajo, hoy tupidamente habitadas por el sector El Llano de Tovar.

Con los relatos de Fray Pedro Simón se puede tener una visión arcaica de lo que era antes el Valle del río Zarzales, y terrenos donde hoy está el pueblo de La Playa. Es posible pensar que una vez vaciada la represa haya quedado un lugar plano y cómodo para habitar. La Playa, en el actual lugar donde está, pudo haberse fundado para mediados del año 1610, o incluso unos años más tarde, al normalizarse el terreno que estuvo bajo agua.

Pero no es preciso hablar propiamente de fundación más que de poblamiento, pues no se conoce ninguna partida fundacional, y no esperemos que aparezca, ya que en los límites demarcados sobre la Villa de los Bailadores, la meseta playense es determinada como parte constitutiva del mismo pueblo o Villa.

P.A
García

jueves, 24 de octubre de 2019

El Diablo le teme a san Juan Pablo II, pero más a Benedicto XVI


BENEDICTUS P.P. XVI
Benedicto XVI
         
La fe nos enseña que nuestro Señor Jesucristo tiene poder sobre el Demonio, y así lo demuestran los Evangelios Sinópticos (Mateo, Marcos y Lucas), pues en varios relatos él expulsa a Satanás o a sus demonios, demostrando de esta manera que el Reino de Dios ha llegado: "Pero si por el Espíritu de Dios expulso yo los demonios, es que ha llegado a vosotros el Reino de Dios" (Mt 12, 28).

La Iglesia Católica, depositaria de la Verdad, manifiesta creer en el poder de Jesús sobre el Demonio; poder que a su vez suministró a sus discípulos, así lo reza el Catecismo de la Iglesia Católica en su numeral 1673, donde encontramos un compendio de todo lo que debemos creer acerca de los exorcismos y la posesión diabólica:

Cuando la Iglesia pide públicamente y con autoridad, en nombre de Jesucristo, que una persona o un objeto sea protegido contra las asechanzas del maligno y sustraída a su dominio, se habla de exorcismo. Jesús lo practicó, de él tiene la Iglesia el poder y el oficio de exorcizar. El exorcismo solemne sólo puede ser practicado por un sacerdote y con el permiso del obispo. En estos casos es preciso proceder con prudencia, observando estrictamente las reglas establecidas por la Iglesia. El exorcismo intenta expulsar a los demonios o liberar del dominio demoníaco gracias a la autoridad espiritual que Jesús ha confiado a su Iglesia. Es importante, asegurarse, antes de celebrar el exorcismo, de que se trata de una presencia del Maligno y no de una enfermedad.
El padre Gabriele Amorth[1] fue un famoso exorcista italiano, perteneció a la Sociedad de San Pablo, comunidad fundada por el Beato Santiago Alberione. En toda su vida sacerdotal realizó más de 160.000 exorcismos. Solamente él, con toda su experiencia, puede darnos semejante testimonio que titula este artículo: El Diablo le teme a san Juan Pablo II, pero más a Benedicto XVI.

Entre otras cosas, el padre Amorth habló abiertamente en su libro El último exorcista, mi batalla contra Satanás, en entrevista con Paolo Rodari, sobre una experiencia muy particular acontecida en la Plaza de San Pedro, en una acostumbrada Audiencia Papal con Benedicto XVI, en mayo de 2009.
Benedicto XVI y su secretario Mons. Georg Ganswein

La escena ubica a dos mujeres y dos muchachos. Las mujeres eran asistentes del padre Amorth, quienes le ayudaban durante los exorcismos, rezando por el padre Amorth y por los poseídos que a él acudían. Los dos jóvenes estaban poseídos y fuera de ellos cuatro más nadie lo sabía. Ese miércoles las mujeres deciden llevar a los dos a la audiencia del Papa porque piensan que les puede ser útil. No es un misterio que muchos gestos y palabras del Papa hacen enfurecer a Satanás. No es un misterio que incluso la sola presencia del Papa inquieta y en cierto modo ayuda a los poseídos en su batalla contra aquel que los posee.

La Guardia Suiza hace pasar a los 4 a los puestos reservados a las personas incapacitadas. Los dos poseídos no hablaban nada, pues estaban inexplicablemente callados. Al sonar las 10:00 a.m. sale Benedicto XVI en su jeep blanco, acompañado por Mons. Georg Ganswein, su secretario particular. Las 2 mujeres se vuelven hacia Giovanni y Marco. Instintivamente los sostienen con los brazos. Los dos, en efecto, empiezan a comportarse de manera extraña. Giovanni tiembla y rechina los dientes. Los dos jóvenes, por la presencia papal que se aproximaba, demuestran actitudes de energúmenos.

A la vuelta del jeep papal por toda la plaza, los 2 poseídos caen al suelo. Se golpean la cabeza en el piso. Los guardias suizos los observan pero no intervienen. El jeep cumple un largo recorrido. Luego llega al fondo de la plaza, a pocos metros del portón de la basílica vaticana. El Papa baja del coche y saluda a las personas que están en las primeras filas. Giovanni y Marco, juntos, empiezan a aullar. Tendidos en el suelo aúllan. Aúllan muy fuerte. —¡Santidad, santidad, aquí estamos! -grita al Papa una de las 2 mujeres tratando de atraer su atención. Benedicto XVI se gira pero no se acerca. Ve a las 2 mujeres y a los 2 jóvenes en el suelo que gritan, babean, tiemblan, montan en cólera. Ve la mirada de odio de los 2 hombres. Una mirada dirigida contra él. El Papa no se altera. Mira de lejos. Levanta un brazo y bendice a los 4. Para los 2 poseídos es un shock furibundo. Un latigazo asestado en todo el cuerpo. Tanto que caen 3 metros atrás, tirados en el suelo. Ahora ya no gritan. Pero lloran, lloran y lloran. Gimen durante toda la audiencia. Cuando el Papa se va, vuelven en sí. Vuelven a ser ellos mismos. Y no recuerdan nada.

Con esta anécdota el padre Amorth concluye que Satanás teme muchísimo a Benedicto XVI, pues sus misas, sus bendiciones, sus palabras, son como poderosos exorcismos; todo su pontificado es un gran exorcismo contra Satanás, eficaz y poderoso. La manera como Benedicto XVI vive la liturgia. Su respeto a las reglas. Su rigor. Su postura, son eficacísimos contra Satanás. La liturgia celebrada por el Pontífice es poderosa. Satanás es herido cada vez que el Papa celebra la eucaristía.
San Juan Pablo II y el Cardenal Joseph Ratzinger

Cuenta el padre Gabriele Amorth que Monseñor Andrea Gemma, en un libro publicado en Bérgamo en el año 2009, con el título de Confidencia de un exorcista, afirma que el maligno, durante los exorcismos, reacciona violentamente a la invocación del nombre de Juan Pablo II. Durante un exorcismo el diablo habría admitido: «El vejestorio (así llama a Juan Pablo II) nos ha hecho un daño enorme, pero el que está ahora es peor...». Palabras que confirman también la profunda aversión del maligno a Benedicto XVI.

Benedictus qui venit in nomine Domine
Bendito el que viene en el nombre del Señor

P.A
García


[1] Padre Gabriele Amorth, El último exorcista, mi batalla contra Satanás, Editorial San Pablo, p.p. 93-95.

miércoles, 16 de octubre de 2019

La Teología del Deporte

TEORTE


El texto bíblico principal para conformar la Teología del Deporte es el de 1 Corintios 9, 24-27: ¿No saben que en el estadio todos corren, pero uno solo recibe el premio? Corran entonces para conseguirlo. Los que compiten se controlan en todo; y ellos lo hacen para ganar una corona corruptible, nosotros una incorruptible. Por mi parte, yo corro, pero no sin conocer el rumbo; lucho, pero no dando golpes al aire. Sino que entreno mi cuerpo y lo someto, no sea que, después de predicar a los otros, quede yo descalificado. Y en este segundo texto bíblico neo testamentario se tiene referencia también al deporte, 2 Timoteo 2, 5: Y lo mismo el atleta; no recibe la corona si no ha competido según el reglamento.

En las citas anteriores, ambas de san Pablo, se evidencia lo que para los primeros cristianos era el deporte, una actividad ejemplar, cuyas características eran dignas de imitar en la carrera por la santidad. Es que desde temprana edad, se comprendió que la capacidad de exigirse es la clave del éxito de muchas actividades: el deporte, la música, la danza, los negocios, el estudio, requieren mucho sacrificio para dar fruto; y lo mismo sucede con nuestra vida cristiana[1]. San Pablo en 1 Corintios 9, 24-27 presenta una imagen deportiva de carrera y lucha, sugerida por los «juegos ítsmicos» que se celebraban en Corinto, para ilustrar el modo de ser libre que él ha escogido: entrenamiento, disciplina y renuncia para conseguir el premio. Si en el estadio uno solo consigue la medalla deportiva, en el terreno cristiano todos y todas conseguirán el premio con tal de que corran y se esfuercen con perseverancia y tesón[2]. Ya se tiene por seguro que la vivencia de la fe cristiana requiere de esfuerzo y dedicación.

El Apóstol sabe que en esta vida hay que ser como los deportistas, vivir sabiendo sacrificar algunas cosas por mantener el rumbo de su vida en una sola dirección. Alcanzar la meta es la santidad, y por eso que debemos percibir que la lucha ascética no es algo negativo ni, por tanto, odioso, sino afirmación alegre. Es un deporte. El buen deportista no lucha para alcanzar una sola victoria, y al primer intento. Se prepara, se entrena durante mucho tiempo, con confianza y serenidad: prueba una y otra vez y, aunque al principio no triunfe, insiste tenazmente, hasta superar el obstáculo[3]. De este comentario resaltamos la alegría, muchas veces el modo de ver la vida nos anima a superar las dificultades.

Otra importante cita bíblica, que nos anima a reflexionar sobre el sentido real de la Teología del Deporte, es de Hebreos 12, 11-13: Ninguna corrección, cuando es aplicada, resulta agradable, más bien duele; pero más tarde produce en los que fueron corregidos frutos de paz y de justicia. Por tanto, fortalezcan los brazos débiles, robustezcan las rodillas vacilantes, enderecen las sendas para sus pies, de modo que el lesionado no caiga, sino que se sane. En este texto es precioso ver cómo se hace una buena comparación del ámbito deportivo en la fe del cristiano, pues es evidente que el predicador ha comparado las dificultades del camino con la disciplina del esfuerzo deportivo para alcanzar la meta, a imitación de Jesús que inició su carrera y la concluyó, que sufrió y triunfó[4]. En todo caso, el resultado es favorable cuando se trabaja con perseverancia por una meta.

Después de la era evangélica tenemos a los Padres de la Iglesia, y de ellos hemos obtenido una serie de recomendaciones para la vida cotidiana. A pesar de estar separados por casi dos mil años, quiero mostrarles un ejemplo, en esta oportunidad de Clemente de Alejandría, que en su libro El Pedagogo recomienda que los hombres, unos participen desnudos en las luchas, otros jueguen a la pelota pequeña, especialmente a pleno sol —a este juego lo llaman fainínda—. Para otros será suficiente un paseo yendo a pie por el campo o regresando a la ciudad[5]. Clemente hace saber a sus lectores que el deporte es una buena pedagogía para la sana diversión de los hombres, y con esto nos da una aprobación patrística a la Teología del Deporte.

En un contexto muy latinoamericano, podemos precisar que el deporte forma parte de nuestra identidad, de ahí que los obispos reunidos en Brasil en 2006 concluyeran una alabanza a Dios por el don maravilloso de la vida y por quienes la honran y la dignifican al ponerla al servicio de los demás; por el espíritu alegre de nuestros pueblos que aman la música, la danza, la poesía, el arte, el deporte y cultivan una firme esperanza en medio de problemas y luchas[6]. Realmente en América Latina se vive apasionadamente por el deporte, y si en Brasil es el fútbol, en Venezuela es el béisbol.

Los papas católicos han hablado sobre diversos temas, iluminando el transitar de la Iglesia en el mundo. En 1929 Pío XI, comentando el ambiente educativo de la Iglesia, precisó que éste no comprende solamente sus sacramentos, […], y sus ritos, […], y el recinto material del templo cristiano, […]; sino también la gran abundancia de escuelas, asociaciones y toda clase de instituciones dedicadas a llamar a la juventud en la piedad religiosa, en el estudio de las letras y de las ciencias y en el deporte y cultura física[7], abriendo con esto las puertas de manera oficial a la Iglesia en el ejercicio del deporte.

Más adelante, para el Concilio Vaticano II, en su Constitución Pastoral Gaudium et Spes sobre la Iglesia en el mundo actual, se hacen algunas consideraciones sobre La educación para la cultura íntegra del hombre, al respecto expresa: Empléense los descansos oportunamente para distracción del ánimo y para consolidar la salud del espíritu y del cuerpo, ya sea entregándose a actividades o a estudios libres, ya a viajes por otras regiones (turismo), con los que se afina el espíritu y los hombres se enriquecen con el mutuo conocimiento; ya con ejercicios y manifestaciones deportivas, que ayudan a conservar el equilibrio espiritual, incluso en la comunidad, y a establecer relaciones fraternas entre los hombres de todas las clases, naciones y razas[8].

Nuevamente el Concilio, toca el tema deportivo en su Declaración Gravissimum educationis sobre la educación cristiana, y en su numeral 4, dedicado a Varios medios para la educación cristiana, entre otras cosas manifiesta que: En el cumplimiento de la función de educar, la Iglesia se preocupa de todos los medios aptos, sobre todo de los que le son propios, […]. La Iglesia aprecia mucho y busca penetrar de su espíritu y dignificar también los demás medios, que pertenecen al común patrimonio de la humanidad y contribuyen grandemente a cultivar las almas y formar los hombres, como son los medios de comunicación social, los múltiples grupos culturales y deportivos, las asociaciones de jóvenes y, sobre todo, las escuelas[9].

Hasta ahora parece que todo en la Teología del Deporte va bien, pero, es necesario también advertir los peligros, para ello nos dejamos iluminar por el Catecismo de la Iglesia Católica, el cual revela que: Santificar los domingos y los días de fiesta exige un esfuerzo común. Cada cristiano debe evitar imponer sin necesidad a otro lo que le impediría guardar el día del Señor. Cuando las costumbres [deportes, restaurantes, etc.] y los compromisos sociales (servicios públicos, etc.) requieren de algunos un trabajo dominical, cada uno tiene la responsabilidad de dedicar un tiempo suficiente al descanso[10].

El mismo Catecismo, versando sobre el carácter comunitario de la vocación humana, deja claro que: Con el fin de favorecer la participación del mayor número de personas en la vida social, es preciso impulsar, alentar la creación de asociaciones e instituciones de libre iniciativa “para fines económicos, sociales, culturales, recreativos, deportivos, profesionales y políticos, tanto dentro de cada una de las naciones como en el plano mundial”[11].

Finalmente el Catecismo, hablando sobre el respeto de la salud, advierte que: La moral exige el respeto de la vida corporal, pero no hace de ella un valor absoluto. Se opone a una concepción neopagana que tiende a promover el culto del cuerpo, a sacrificar todo a él, a idolatrar la perfección física y el éxito deportivo. Semejante concepción, por la selección que opera entre los fuertes y los débiles, puede conducir a la perversión de las relaciones humanas[12].

         Como se ha visto hasta ahora, el deporte, según el Magisterio de la Iglesia, es bien visto desde su potencial capacidad para incentivar en los cristianos su natural vocación comunitaria y su necesario respeto por la salud corporal, a la vez que hace énfasis en recordar que el deporte no puede estar por encima del justo cumplimiento de nuestra vida sacramental, es decir, no se puede faltar a misa dominical por la excusa de competir en un encuentro deportivo, o simplemente presenciar un juego de cualquier disciplina. Ya lo visionó un autor cristiano cuando dijo podemos ver a hombres que pierden su salud por la adoración de la salud, que se vuelven odiosos por la adoración del amor, que se convierten en paradójicamente solemnes y agotados por la idolatría del deporte[13].

La vida de los santos está ligada a la búsqueda de la salvación de los hombres, en ocasiones fundamentalmente de los jóvenes, y para ello el deporte ha sido un instrumento especial, por eso es bueno comentar un ejemplo, al respecto se cuenta que San Josemaría acudió en ocasiones a la cárcel modelo de Madrid. Allí había algunos jóvenes a los que atendía espiritualmente, encarcelados exclusivamente por motivos políticos. Vestido con sotana, en tiempos donde se agredía a los sacerdotes, les ayudaba a rezar y les animaba a aprovechar el tiempo, estudiando idiomas o repasando el catecismo. Incluso, en ese ejercicio de la caridad, les invitó a que jugaran a fútbol con presos de ideas opuestas –anticristianas–, para que, de esa amistad que se generaba con el deporte, pudiera surgir el respeto mutuo[14].
        
San Josemaría sabía que el deporte es muy importante para la juventud. Primero, para aprender a tener espíritu deportivo, que es mucho más importante que ganar cosas, así como la generosidad, la honradez, el juego limpio. Si un muchacho aprende a practicarlas en el deporte, luego podrá practicarlas en la vida[15], por eso, quizá como compensación, y desde luego para controlar las urgencias de la carne joven, san Josemaría, como tantos otros clérigos de entonces, aconsejaba a sus hijos la práctica del deporte, que en aquella España de la posguerra era básicamente el fútbol, aunque algunos, los de mejor origen social, practicaban el montañismo[16].

Hemos visto cómo, al igual que en el deporte, la vida del cristiano necesita de constancia, ejercicios y prácticas de piedad, que a la larga constituyen la recia personalidad que un cristiano debe ostentar. El luchar cada día un poco, da a la vida un tono espléndido de juventud, además de llenarla de interés. Y si nos vemos derrotados, hay que volver a empezar con el espíritu de un buen deportista. Lo importante es no abandonar, sino seguir dando un paso detrás de otro[17].

El cristianismo desde sus orígenes se caracterizó por adoptar del mundo lo que le sirve para su santificación, porque, recordemos que, Dios hizo el mundo y vio que era bueno (Gn 1,31), en este sentido, hay que reconocer que los deportistas tienen la experiencia de que sin un poco –a veces, mucho– de esfuerzo, de fatiga, de dolor, no mejoran sus marcas; y ese esfuerzo y fatiga y dolor no sólo nos les daña la salud –si es con medida–, sino que la mejora[18], pues imitemos eso nosotros en nuestra vida cristiana, para hacer un buen aprovechamiento de la Teología del Deporte.

P.A
García



[1] Juan Luis Lorda, Para ser cristianos, p. 25.
[2] Luis Alonso Schökel, Biblia de Nuestro Pueblo,  Ediciones Mensajero, Henao, España, p. 1824.
[3] San Josemaría Escrivá de Balague, Forja, n° 169.
[4] Luis Alonso Schökel, Biblia de Nuestro Pueblo,  Ediciones Mensajero, Henao, España, p. 1958.
[5] Clemente de Alejandría (1998), El Pedagogo, Editorial Gredos, Madrid, p. 303-304.
[6] Documento de Aparecida, n° 106.
[7] Divini illius magistri, n°60.
[8] Concilio Vaticano II, Gaudium et Spes, n°61.
[9] Concilio Vaticano II, Gravissimum educationis, n°4.
[10] Catecismo de la Iglesia Católica, n° 2187.
[11] Catecismo de la Iglesia Católica, n° 1882.
[12] Catecismo de la Iglesia Católica, n° 2289.
[13] Gilbert K. Chesterton, (1922), Por qué soy católico, p. 330.
[14] Javier Echevarría, (2016) Misericordia y vida cotidiana, Roma, p. 16-17.
[15] W. J. West, Opus Dei Ficción y Realidad, p. 7.
[16] Alberto Moncada, Historia Oral del Opus Dei, p. 51.
[17] Juan Luis Lorda, Para ser cristianos, p. 22.
[18] Juan Luis Lorda, Para der cristianos, p. 112.