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jueves, 19 de septiembre de 2019

Escatología: Consideraciones finales de la escatología.

Reflexiones sobre el libro: La Pascua de la Creación. Escatología. Por Juan Luis Ruiz de La Peña[1].

CONSIDERACIONES FINALES

El éschaton ha comenzado ya: todavía no se ha consumado. Ya, todavía no; la urdimbre del éschaton se trenza sobre esta articulación bimembre. Declarar realizada la escatología es cerrar los ojos a las actuales indignidades de la existencia, dar el visto bueno a las formas populares de inhumanismo hoy vigentes, convalidar indiscriminadamente conductas y valores que pugnan con lo que la Biblia entiende por reino de Dios.

La bipolaridad del éschaton es componente específico de la esperanza cristiana. El polo “todavía no” representa su condición de posibilidad y la reconcilia con las imperfecciones actuales de la fe y del amor; precave a los cristianos frente a la arrogante euforia y el rigorismo totalitario característico de las ideologías que creen poseer la realidad de la utopía.

Por su parte el polo “ya” faculta la esperanza para actuar en la dirección de lo esperado, pues esperar la redención es vivir como redimidos, es redimir lo aún irredento, haciendo así esperable y creíble la plenitud redentora.

Parece evidente que nuestro discurso ha de ser el de una escatología presentada desde una salvación encarnada, pues esperamos no algo, sino Alguien; al Absoluto personal, consustancial con Dios, pero también con nosotros; eterno, pero temporalizado, espiritual, pero encarnado.

Lo que el Antiguo Testamento presagiara oscuramente, a saber, que sólo puede ser la última palabra, se formula en el libro que cierra la revelación de forma lapidaria: el Verbo, alfa y principio, es omega y fin. Él es verdad, nuestra esperanza y nuestro éschaton. El don escatológico revelado en el Nuevo Testamento es de tal magnitud que, asumiendo carne, tiempo y mundo, los rebasa; los delata como estructuralmente incapaces de contenerlo en su perfil definitivo. En fin, el cristiano camina deseoso de encontrarse con Aquel que ha prometido y ha cumplido en sí la promesa de Dios.

¡Ven Señor Jesús!

P.A
García


[1] Juan Luis Ruiz De La Peña, La Pascua de la Creación, Escatología, Biblioteca de Autores Cristianos (BAC), Madrid, 1996. ISBN: 84-7914-261-8

lunes, 16 de septiembre de 2019

Escatología: Sobre la espera próxima de la parusía.

Reflexiones sobre el libro: La Pascua de la Creación. Escatología. Por Juan Luis Ruiz de La Peña[1].

PRÓXIMA PARUSÍA

Jesús se identificó con la figura escatológica del hijo del Hombre. La idea de proximidad de un acontecimiento tiene su traducción más obvia en la de la cercanía cronológica, sin embargo, Jesús puede anunciar con paradójica simultaneidad el presente y el futuro del reino. Es imposible hablar de un reino a la vez presente y futuro si no se parte de una captación del presente y el futuro cualitativamente distinta a la comúnmente vigente.

En el anuncio de Jesús no se da un elemento puramente cronológico, sino la peculiar y absolutamente inédita vivencia que en él alojaba de la cercanía actual de su persona a lo anunciado; cercanía más óntico-existencial que cronológica. Jüngel opina que no es lícito interpretar las sentencias de Jesús sobre la próxima parusía según una comprensión del tiempo que, siendo la nuestra, no tiene por qué haber sido la suya.

Por un lado los discípulos son exhortados a rogar para que se acelere el proceso, “venga tu reino”, por otra parte se les incita a la paciencia ante una siempre posible dilación del plazo, Jesús sitúa por encima de lo que puedan ser sus conjeturas el designio del Padre, que acorta para los justos el tiempo de calamidades y alarga para los pecadores el tiempo de conversión.

Cuando Cristo habla de no saber ni el día ni la hora, tiende a despertar la actitud de vigilancia sin desmayo, como la actitud  específica de la comunidad escatológica. La percepción de Jesús de la proximidad del reino trascendía la pura temporalidad cronológica porque, en última instancia, brotaba de una apreciación del tiempo más en términos cualitativos que cuantitativos.

La Iglesia apostólica vivió esperando la parusía; calculando su fecha en términos de corto plazo; precaviendo contra toda sobrevaloración del factor puramente cronológica de la cercanía; exhortando a la constante preparación, porque el fin puede sobrevenir en cualquier momento; más aún, llegará de improviso, y así mismo debería vivir la Iglesia en la actualidad.

P.A
García


[1] Juan Luis Ruiz De La Peña, La Pascua de la Creación, Escatología, Biblioteca de Autores Cristianos (BAC), Madrid, 1996. ISBN: 84-7914-261-8

jueves, 12 de septiembre de 2019

Escatología: La escatología en Pablo y Juan.

Reflexiones sobre el libro: La Pascua de la Creación. Escatología. Por Juan Luis Ruiz de La Peña[1].

ESCATOLOGÍA DE PABLO Y JUAN

En la más antigua de sus cartas, Pablo describe la condición cristiana con sólo dos rasgos: “servir a Dios vivo y verdadero y esperar a su Hijo Jesús, que ha de venir de los cielos”. Pero de esta esperanza no sólo son objeto los humanos, sino que lo es también todo el universo material, todo lo creado, en efecto, será consumado “el día del Señor”, es decir, en la parusía o revelación de Cristo, cuando tenga lugar la resurrección, el juicio y la historia llegará a su fin. Al igual que en los evangelios sinópticos, se da en Pablo la típica fusión de elementos presentistas y futuristas articulados en torno a la persona de Cristo.

El “ahora” que ya encontrábamos en los escritos paulinos cobra en el evangelio de san Juan un rango hegemónico. No sólo la vida eterna se posee ya ahora por la fe, sino que la parusía, la resurrección y el juicio parecen anticiparse en ese “ahora”. Para san Juan el fin ya es presente, pero este presente no es el fin; la acentuación prevalente del “ya” no induce la abolición del “todavía no”.

San Juan es el evangelista que más se ha preocupado por salvaguardar la verdad cristiana de la salvación “en la carne” contra toda ideología anti histórica y espiritualista. Por lo que atañe a Pablo, la esperanza parusíaca no es creación suya, sino adopción de una creencia de la primera comunidad cristiana.

La aseveración simultánea del presente y el futuro de la salvación no debe ser entendida como mera yuxtaposición de ambos momentos. Los bienes salvíficos se poseen en la dialéctica del ya y el todavía no; el cristiano no camina según la carne, aunque viva aún en la carne.

En Juan y Pablo vemos cómo es ya madura la esperanza en la vida y la resurrección prometidas por el Señor. Una comunidad primitiva, convencida de la predicación del Reino futuro que ya había llegado fue la base de la esperanza escatológica de los cristianos hasta hoy, pues ciertamente esperamos la parusía del Señor, con la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro.

P.A
García


[1] Juan Luis Ruiz De La Peña, La Pascua de la Creación, Escatología, Biblioteca de Autores Cristianos (BAC), Madrid, 1996. ISBN: 84-7914-261-8

lunes, 9 de septiembre de 2019

Escatología: Futuro del Reino en Cristo el Señor.

Reflexiones sobre el libro: La Pascua de la Creación. Escatología. Por Juan Luis Ruiz de La Peña[1].

FUTURO DEL REINO

La identificación de Jesús con “el Hijo del hombre” es dinámica, no estática. La venida del Hijo del hombre se desdobla en dos etapas: manifestación kenótica “el Hijo del hombre ha venido”, y manifestación mayestática “el Hijo del hombre vendrá”. En definitiva el reino de Dios está cerca, es por eso que Jesús enseña a sus discípulos a pedir en la oración que venga el reino.

En esta sintonía de la espera del reino, Mateo presenta la parábola de la vigilancia, de las diez vírgenes, donde se trata de inculcar la necesidad de la actitud de expectación ante el evento escatológico. La realidad “reino” implantada en el “ahora” del ministerio de Jesús está abierta, inconclusa, la promesa se ha cumplido incoativamente, no acabadamente.

Su consumador será su implantador, Jesús Siervo se revelará como Cristo Señor. La escatología deviene así función de la cristología, sin embargo, el perfil del reino proclamado por Jesús como ya presente y consumado se ilustra en parábolas, dentro de las cuales podemos precisar el drama desatado por el adviento del reino y las reacciones que suscita, e implica un juicio moral.

Actualmente continúa siendo necesario el reforzamiento de una predicación que haga énfasis y tenga por base el reino de Dios, basándonos en la identificación de este reino como una promesa escatológica, pues de esta manera se abre la esperanza y el deseo del creyente a participar de la promesa mesiánica.

La escatología aquí no habla del famoso “ya, pero todavía no”, pues bien, desde esta perspectiva podemos dar a entender a los creyentes que Cristo ha cumplido su promesa y está reinando, sin embargo, no agota su poder y nos da la esperanza de plenificar (hacer pleno) dicho reino en su presencia, es aquí cuando la escatología usa su lenguaje para sembrar la semilla de la fe y de la esperanza en el alma del cristiano que lo espera todo de Dios.  

P.A
García


[1] Juan Luis Ruiz De La Peña, La Pascua de la Creación, Escatología, Biblioteca de Autores Cristianos (BAC), Madrid, 1996. ISBN: 84-7914-261-8

viernes, 6 de septiembre de 2019

Escatología: Presencia del Reino en Jesús de Nazaret.

Reflexiones sobre el libro: La Pascua de la Creación. Escatología. Por Juan Luis Ruiz de La Peña[1].

EL REINO DE JESÚS

Jesús traspasa el umbral de la expectación para situarse a sí mismo, con su mensaje y sus gestos ministeriales, en la esfera del cumplimiento mesiánico. Una frase característica de este cumplimiento en la prédica de Jesús es la de Marcos 1,15 “El tiempo se ha cumplido”, siendo éste el término que significa la ejecución, verificación y convalidación del Reino prometido.

Lucas presenta también un factor determinante en el capítulo 17, 20 “El reino de Dios viene sin dejarse sentir”, por eso, el reino no es simple objeto de las palabras, sino también de las acciones; el “ya” de su presencia estalla en gestos llenos de profunda significación. En la comunidad de los Doce se inaugura la comunidad escatológica de las tribus de Israel, anticipándose la plenitud final del pueblo de la alianza.

Hablar del reino de Dios es afirmar categóricamente que Dios ha entrado ya en la historia, el poder del demonio se tambalea, la enfermedad y el pecado retroceden. Un factor que es interpretado como cumplimiento de las promesas del Mesías es el Espíritu Santo recibido por los Apóstoles y María Santísima en Pentecostés.
Nuestro Señor Jesucristo predicó el reino de los cielos, hoy su Iglesia lo predica a él. En principio parece que la predicación actual no tiene por objeto el reino, sino la persona de Jesús, pero no hay que dar tanto crédito a esto, pues la hablar de Jesús, de sus palabras y obras, hablamos del cumplimiento de su promesa, es decir, de la llegada de su reino.

Siempre es bueno comentar el tercer misterio luminoso, el anuncio del Reino de Dios y la llamada a la conversión, y es que es necesario que un anuncio divino requiera, para su efecto, de la conversión humana, pues este anuncio es en sí una divinización de la humanidad.

Con Jesús nos ha llegado su Reino, y él ya está reinando en el mundo, en la vida de aquellos que le siguen. Bien válido sigue siendo aquel lema de la Congregación de los Legionarios de Cristo: “Cristo, Rey nuestro; Venga tu Reino”. Cristo reina y esperamos que reine.

P.A
García


[1] Juan Luis Ruiz De La Peña, La Pascua de la Creación, Escatología, Biblioteca de Autores Cristianos (BAC), Madrid, 1996. ISBN: 84-7914-261-8

martes, 3 de septiembre de 2019

Escatología: La doctrina de la inmortalidad.

Reflexiones sobre el libro: La Pascua de la Creación. Escatología. Por Juan Luis Ruiz de La Peña[1].

LA DOCTRINA DE LA INMORTALIDAD

El libro de la Sabiduría introduce en la Biblia los términos inmortalidad – incorruptibilidad, pero esta inmortalidad no es comparable con la concepción filosófica. En la Biblia la inmortalidad es fruto de una vida santa. La inmortalidad que quieren los santos es un “estar en las manos de Dios”. A los pecadores les espera una post-existencia trágica.

La vida es vida con Dios, el pecado es ya un comienzo de la muerte. Las reflexiones del libro de la Sabiduría bien pueden compararse con algunos salmos, lo que deja como refuerzo que, quien experimenta durante su existencia temporal la presencia vivificante de Dios, ve confortada su esperanza con la certidumbre de una vida mortal.

Hasta ahora vemos cómo la Teología de la promesa y la Teología de la retribución aparecen como las dos dimensiones complementarias de un movimiento cuya única meta es Dios. Es así como la esperanza encuentra su cumplimiento en la comunión eterna de la vida divina.

Con el tema de la inmortalidad reforzamos la idea de que la vida auténtica del hombre está únicamente en la comunión con Dios, es por eso que el hombre se da cuenta que es Dios realmente su mejor recompensa, en este sentido, Dios cumple su promesa, de ser el Dios de su pueblo. Como es de suponer, la “vida” de la que se nos habla en los textos sagrados nada tiene que ver con la manera de pensar de la filosofía, pues vida no es otra cosa que presencia de Dios y santidad, y muerte es, entonces, la separación de la presencia divina a causa del pecado.

Es necesario, en este sentido, seguir predicando al mundo que sí vale la pena ser fieles a Dios en esta vida, pues él será fiel con nosotros para otorgarnos la inmortalidad en su presencia, para tener vida verdadera en aquel que es el Autor de la vida.

P.A
García


[1] Juan Luis Ruiz De La Peña, La Pascua de la Creación, Escatología, Biblioteca de Autores Cristianos (BAC), Madrid, 1996. ISBN: 84-7914-261-8

lunes, 2 de septiembre de 2019

Escatología: La fe en la resurrección.

Reflexiones sobre el libro: La Pascua de la Creación. Escatología. Por Juan Luis Ruiz de La Peña[1].

LA FE EN LA RESURRECCIÓN

No únicamente con los salmos místicos (16,49 y 73) se prepara el camino a la fe en la resurrección, sino también en ciertos oráculos proféticos en los que, con la simbología, se habla de la potestad de Dios sobre la muerte. Algunos antecedentes: Oseas 6,1-3, Dios hará vivir y levantará a su pueblo, esto puede dejar claro que Dios tiene el poder de devolver la vida a un organismo muerto. Ezequiel 37,1-14 menciona el prodigio de revivir los huesos secos, sólo Dios es el dador de la vida. Isaías 26,19 “Revivirán tus muertos, sus cadáveres se levantarán” aquí se ve el primer anuncio formal de una resurrección de los individuos, donde se hace énfasis en los dos verbos: revivir y levantarse, otorgándoles un matiz físico, casi biológico.

Lo primero que se tiene concretamente sobre la resurrección se encuentra en el libro de Daniel, en el capítulo 12, en el cual se demuestra que no todos, sino una parte de Israel resucitará. En Daniel la resurrección se predica ciertamente para los mártires, por permanecer firmes en la fe, y su destino sería la vida eterna. Se deja entrever que al final de los tiempos habrá un juicio discriminatorio en el que cada cual recibirá según su conducta. Todo lo anterior también lo podemos encontrar en el libro de Macabeos, en sus capítulos 7 y 12, quedando en suspenso el destino de los impíos.

En este sentido me parece interesante hacer mención de los textos del Antiguo Testamento que hacen referencia al tema de la resurrección, incluso valiéndonos de ellos debatir con las creencias erradas sobre la misma resurrección o la vuelta a la vida.

Es interesante la idea de presentar a Dios, desde los relatos citados, como el dueño y el autor de la vida, en cuya presencia viviremos y, en el día dispuesto, resucitaremos con él (con Jesucristo).

De igual manera me parece interesante el hecho de que en estos textos se tenga sólo el inicio de una disquisición apropiada sobre la vida que hay después de la muerte física. Y finalmente, es preciso presentar la resurrección como premio para aquellos que son de Dios y pertenecen a él incluso después de la muerte biológica. En este estudio vemos sólo un acercamiento a este tema tan interesante, acercamiento que deja claro desde el principio el poder infinito de Dios.

P.A
García


[1] Juan Luis Ruiz De La Peña, La Pascua de la Creación, Escatología, Biblioteca de Autores Cristianos (BAC), Madrid, 1996. ISBN: 84-7914-261-8

domingo, 1 de septiembre de 2019

Escatología: En busca de una solución. Los primeros pasos.

Reflexiones sobre el libro: La Pascua de la Creación. Escatología. Por Juan Luis Ruiz de La Peña[1].

EN BUSCA DE UNA SOLUCIÓN.
LOS PRIMEROS PASOS

En la relación Dios-hombres la Biblia propone tres salmos: 16, 49 y 73 que pueden ser llamados “místicos”. En el salmo 16 vemos cómo la relación del sentido de comunión es tan fuerte que el temor a la muerte parece superado. Por su parte parece que el salmo 49 presenta la riqueza y la sabiduría como cualidades efímeras, pues cuando llegue la muerte de nada valdrá el dinero, Dios rescatará, entonces, la vida del justo, por lo que el salmo pretende diferenciar la muerte del justo de la muerte del impío. Este salmo 49 revela la inanidad de la existencia pecadora y, por consiguiente, lo bien fundado de la esperanza del creyente.

Por su parte el salmo 73 nos enseña enfáticamente que la vivencia de la unión gozosa con Dios alcanza una de las cotas más altas del Antiguo Testamento; pues con la cercanía de Yahvé y su intimidad con él bastan para llenar la vida.

Desde la predicación de la Palabra de Dios siempre hay que prestarle atención a los salmos, ahora se ve cómo a la luz de éstos salmos podemos tener una especie de expresión variable de una intuición única e indispensable en su cabal profundidad, todo esto en cuanto a la esperanza del más allá que estos salmos empiezan a asomar.

En los salmos vemos cómo la felicidad del hombre está con su Dios, Creador y liberador, por ello se demuestra que no puede Dios contradecirse, sino más bien, corresponder con su fidelidad salvando la vida del creyente de la muerte de los impíos. Sin embargo, una cosa sí queda bien claro, los salmos nos presentarán, en la sabiduría que contienen, las intuiciones propias de realidades que más adelante se concretarán con la Revelación de Jesucristo el Señor, por consiguiente, la meditación de los salmos aporta, indudablemente, en la reflexión sobre el designio divino, pues no puede pensarse en un mal final de una estrecha relación de amor y de fidelidad como la de Dios con los hombres.

P.A
García


[1] Juan Luis Ruiz De La Peña, La Pascua de la Creación, Escatología, Biblioteca de Autores Cristianos (BAC), Madrid, 1996. ISBN: 84-7914-261-8

viernes, 30 de agosto de 2019

Escatología: La crisis de la doctrina tradicional

Reflexiones sobre el libro: La Pascua de la Creación. Escatología. Por Juan Luis Ruiz de La Peña[1].

LA CRISIS DE LA DOCTRINA TRADICIONAL

El tema de la retribución se ve aquí amenazado, pues con los libros de Job y Eclesiastés la crisis se transforma en crítica devastadora, de allí que la Escritura llegue a expresar “¿Hasta cuándo triunfarán los impío y sufrirán los justos?”. Sin embargo, el salmista llega a buena conclusión, “los que hacen la injusticia no son dignos de envidia, pues su felicidad aridece como heno”. Al problema de la retribución encaja bien el prólogo y el epílogo de Job, pero el poema en sí encierra la dificultad de comprender la desgracia del justo, en conclusión, no hay injusticia sobre la tierra, sin embargo Job está convencido de la justicia y bondad de Dios y su fe es pura, pues cree en Dios por Dios mismo.

Si en Job vemos un poco de perseverancia, en Eclesiastés todo se nos va cuesta abajo, pues “vanidad de vanidades, todo es vanidad”, y esta vanidad es la ausencia de valores que convierte la vida en algo sin sentido, y con la ausencia de retribución el corazón del hombre se llena se maldad.

Tomando en cuenta los libros de Job y Eclesiastés es menesteroso hacernos las interrogantes planteadas en el texto de estudio: ¿Pueden los valores inmanentes –la vida, la riqueza, el honor, el placer- dar sentido a la existencia humana? ¿No ocurrirá que la búsqueda de sentido fracasa cuando se circunscribe a la esfera puramente intramundana?

De allí que ahora nos interesa abrirnos a una esperanza con dimensión trascendente, pues este mundo no da todas las posibles respuestas, cosa que sí encuentra el hombre únicamente en Dios su creador. También sería propicio resaltar que es justamente la realidad de Dios lo que hace del mal y de la injusticia un escándalo insoportable para el creyente, pues la incomprensibilidad de Dios y del mundo y de la existencia no infiere necesariamente su negación.

Finalmente toda la disquisición planteada desde Job y Eclesiastés vienen a ser la única consecuencia de una seria experiencia de Dios, por lo que se deduzca que el alma creyente ha de cuestionarse más por Dios y su justicia que el no creyente, pues por la fe se espera en aquello que no se puede ver.

P.A
García


[1] Juan Luis Ruiz De La Peña, La Pascua de la Creación, Escatología, Biblioteca de Autores Cristianos (BAC), Madrid, 1996. ISBN: 84-7914-261-8

martes, 27 de agosto de 2019

Escatología: Vida, muerte y resurrección en el Antiguo Testamento

Reflexiones sobre el libro: La Pascua de la Creación. Escatología. Por Juan Luis Ruiz de La Peña[1].

VIDA, MUERTE Y RESURRECCIÓN EN EL ANTIGUO TESTAMENTO

El concepto de vida en la mentalidad de Israel es semejante al de felicidad, en este sentido, vivir y existir no es lo mismo, la vida es más que la existencia y únicamente en Yahvé está la fuente de la vida. El concepto de vida es teológico, superando así los límites biológicos. Se tiene vida cuando se vive en comunión con Dios. La muerte, por su parte, es excomunión, expropiación del ámbito con relación con Dios.

Si la vida es la suma de todos los bienes, la muerte es el compendio de todas las desdichas. La muerte es la resolución natural de los elementos constitutivos del ser humano, es la ley sobrenatural de toda carne, también es identificable la muerte con el mal por excelencia. Para el Antiguo Testamento, la muerte significa la pérdida de la vida, pero no la cesación de toda forma de existencia, se tiene de esta manera una supervivencia postmortal. Para el hebreo el lugar de los muertos es el “scheol”, que es destino común para todos. Para Israel es importante la justicia, pues Dios es justo.

El autor hace una demostración del tema de la retribución, dónde se ve cómo Dios premia lo bueno y castiga lo malo, al menos en un ámbito temporal, haciéndolo primeramente con todo el pueblo “retribución solidaria”, pues a todo el pueblo se le aplica la culpa en cuanto a su elección, sin embargo, más adelante se pasa a la “retribución individual”, en la que cada uno sufrirá por su cuenta, y en éste sentido ya no arrastrarán los hijos la culpa de sus padres, todo esto es importante por la concepción de elección que tiene el pueblo, pues ahora se siente comprendido por Dios y amparado cada uno en particular por su justicia divina.

En esta tesis retribucionista la felicidad de Yahvé (la vida), no puede defraudar a los que esperan en él. Hasta donde podemos entender, el mundo hebreo no tenía idea sobre la salvación tal y como la manifestó Cristo el Señor, pues éstos se quedaron muy anclados a los premios naturales de Dios, todos únicamente realizables en este mundo terrenal.

P.A
García


[1] Juan Luis Ruiz De La Peña, La Pascua de la Creación, Escatología, Biblioteca de Autores Cristianos (BAC), Madrid, 1996. ISBN: 84-7914-261-8

sábado, 24 de agosto de 2019

Escatología: La promesa en el profetismo y la apocalíptica

Reflexiones sobre el libro: La Pascua de la Creación. Escatología. Por Juan Luis Ruiz de La Peña[1].

LA PROMESA EN EL PROFETISMO Y LA APOCALÍPTICA

Lo escatológico: supone el cumplimiento definitivo de la promesa, y que por tanto es lo último al conservar el curso de los tiempos. La escatología en los profetas resume que sólo después de la experiencia del juicio cabrá esperar el cumplimiento de la promesa, ya que el sentido último de la intervención divina no es la destrucción, sino la salvación, en este sentido el elemento negativo de la acción divina (destrucción, castigo) no será el fin en sí mismo, sino que tiene un carácter terapéutico, yo diría pedagógico, lo que finalmente sirve para ir preparando el don de la salvación.

Me es agradable precisar en este contexto la profecía de Miqueas (5,1…) donde se encuentra la promesa tan necesaria de la venida del Mesías, ya que el Dios de Israel es fiel y mantiene su promesa a pesar de la infidelidad humana. Es curioso como desde la escatología de los profetas ya se piensa en la salvación como una nueva creación, pues así es el querer del Creador.

Del texto reflexionado me llama la atención es la esperanza que debemos aguardar los que vivimos bajo un régimen de promesa. Lo segundo sería precisar que la promesa comprende al mismo Dios que promete, más que objetivos históricos, materiales, que a la final sujetan al creyente a lo terrenal y no le permite anhelar lo celestial, porque en definitiva lo que Dios desea para sus elegidos es una comunión de vida fundada en el amor y perpetuamente establecida en la fidelidad, de allí que lo central en el cumplimiento de la promesa sea el amor y la fidelidad, todo esto refuerza la relación de Dios con el hombre.

Lo tercero a subrayar es la concepción escatológica de los profetas, donde lo que se espera, para el final de los tiempos, es la transmutación de las realidades terrestres por obra de la instauración del reino de Dios, esto antes que esperar en un más allá supra terreno, espiritual como alternativa al más acá terreno y material. En definitiva, la esperanza nuestra debe ser escatológica, como la de Israel, para esperar la gloriosa densidad de un futuro plenificador.

P.A
García


[1] Juan Luis Ruiz De La Peña, La Pascua de la Creación, Escatología, Biblioteca de Autores Cristianos (BAC), Madrid, 1996. ISBN: 84-7914-261-8

miércoles, 21 de agosto de 2019

Escatología: Tiempo, promesa e historia

Reflexiones sobre el libro: La Pascua de la Creación. Escatología. Por Juan Luis Ruiz de La Peña[1].

TIEMPO, PROMESA E HISTORIA

Al iniciar la lectura sobre la Escatología en el Antiguo Testamento se puede notar con facilidad cómo la Biblia, desde sus primeros libros, intenta dejar claros los diferentes cuestionamientos del hombre, como la cuestión sobre si la realidad, como proceso orientado, va en alguna determinada dirección.

Parece que es importante conocer cómo a través de las fuentes Yahvista, Sacerdotal y Deuteronomista se puede comprender, desde la perspectiva de Dios, el tiempo, la promesa y la historia, pues con hechos como la misma creación, se da inicio a una historia que, según el querer de Dios, será una historia de salvación. Es en medio de esa historia donde la promesa se dará por pura iniciativa divina. Primeramente con la elección de Abraham, la tierra y la descendencia, más adelante con su donación propia, pues Dios promete ser el Dios de su pueblo y, una vez cumplida la promesa de la tierra y la descendencia, Dios se da a la esperanza que trae la ley para, finalmente, con la profecía de Natán, revelar la expectación mesiánica.

Es oportuno saber que con la revelación bíblica se ha roto la temporalidad no histórica, con la fe en la creación y la esperanza en la promesa. Hemos visto cómo Dios, en la historia de la salvación, ha dado una tras otra las promesas para su pueblo, es por eso que, en la esclavitud del pueblo de Israel en Egipto, la promesa de la tierra puedo haberse diluido en la miseria de la servidumbre, pero va a reactivarse con Moisés.

Las tres fuentes anteriores nos ubican ante una concepción lineal y teológica del tiempo, que contienen una teología de la historia, forma embrionaria de la escatología. El tiempo al ser habilitado por la promesa, deviene la historia, que es entendida a su vez como espacio de su cumplimiento, alojando en su seno la esperanza.

En conclusión, Dios es Dios de oportunidades, es decir, de promesas que cumple para demostrar su predilección por los suyos, por la humanidad.

P.A
García


[1] Juan Luis Ruiz De La Peña, La Pascua de la Creación, Escatología, Biblioteca de Autores Cristianos (BAC), Madrid, 1996. ISBN: 84-7914-261-8