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domingo, 17 de noviembre de 2024

Tres recuerdos de mi época de liceísta en Bailadores

EL QUE VA PARA LA VILLA PIERDE SU SILLA

Entre tantos recuerdos de mis años de liceísta en Bailadores, hay tres que deseo narrar para que no se pierdan en el olvido. Fueron experiencias que marcaron mi adolescencia, unas con culpa, otras con violencia y una más con un toque de misterio y temor.

1.   Una maldad imperdonable.

En primer año de bachillerato cometí una de las peores travesuras de mi vida (de las que se pueden contar), aunque en realidad fue más que una travesura: una maldad.

Un día, después del receso, algunos estábamos fuera del salón, a pesar de que la norma era esperar dentro hasta que llegara el profesor. De pronto alguien advirtió que el docente venía por el pasillo. Todos corrimos a entrar apresurados. Yo también corrí, pero, sin saber por qué lo hice —aunque sé que no fue por nada bueno—, le metí el pie a Daniela, una compañera que iba delante de mí.

Ella perdió el equilibrio y, con la velocidad que traía, se estrelló de cabeza contra la puerta entamborada del aula. El golpe fue tan fuerte que se abrió el labio superior y la sangre empezó a brotar. Nadie sospechó que yo había sido el culpable: todos creyeron que fue un accidente propio de su indisciplina al no estar dentro del salón. A mí jamás me descubrieron.

Recuerdo claramente cuando la bedel vino a limpiar la sangre y descubrió mechones de cabello largo incrustados en la puerta, prueba del impacto brutal. Desde entonces, cada vez que lo pienso me avergüenzo. Que Dios me perdone aquella maldad, y que Daniela —si algún día llega a leer esto— me perdone también. Fue algo vergonzoso, aunque confieso que aún lo recuerdo con un humor penoso y amargo.

2.   El día que me defendí.

El segundo recuerdo también tiene que ver con violencia, pero en esta ocasión la cosa fue distinta. Ya estaba en segundo año y nos encontrábamos en los talleres de Educación para el Trabajo con la profesora Lina Simosa, una tierna profesora de manualidades, de aspecto temeroso, pero de gran corazón.

De repente, un compañero que vivía en el sector Las Playitas, sin motivo alguno, me dio una bofetada en la cara. El golpe no fue tan fuerte, pues mis lentes no llegaron a salir volando, pero sí fue suficiente para que todos los demás se rieran de mí. Sentí la humillación en silencio, me contuve durante toda la clase… pero tramaba mi venganza.

Al salir, lo esperé y, por detrás, le propiné con todas mis fuerzas una patada en la parte trasera del muslo. El muchacho cayó al suelo y comenzó a llorar desconsolado. Esta vez hubo testigos. Una bedel del liceo, muy estricta, corrió a acusarme con el coordinador de año, el profesor Luis Gómez Lizcano, quien además era nuestro maestro de Historia de Venezuela.

El profesor me mandó llamar. Lo recuerdo vívidamente: sus ojos verdes me miraban con una furia descomunal mientras me reprendía. Entre las muchas cosas que me dijo, soltó que mi mamá —docente, a quien él conocía bien— podía “tumbar el liceo” si algo me ocurría. Poco después mi madre fue citada a la coordinación. Aquella conversación entre ella, el profesor Gómez y yo fue muy tensa, pero al final ella me respaldó. Me dijo que no debía dejarme agredir y que era capaz de defenderme por mí mismo. Claro que el profesor no supo que, en realidad, yo había respondido a una agresión previa, pues, aunque traté de explicárselo no me dejó hablar ni dar mis razones por más que me las preguntaba.

3.   El juego prohibido.

El tercer recuerdo fue, sin duda, el más perturbador. Un antiguo compañero de primaria llamado Edixon —un muchacho de apariencia extraña— se dice que comenzó a jugar a la ouija en el liceo, junto con otros amigos. Un día cualquiera, mientras estábamos en clases, del salón contiguo comenzaron a escucharse gritos de espanto y golpes fuertes, como si estuvieran lanzando mesas y sillas contra el suelo.

Nos asomamos por las ventanas y vimos una escena aterradora: Edixon estaba fuera de sí, con un ataque de ira descontrolada, mientras algunos compañeros y el profesor Cosme Molina trataban de sujetarlo sin éxito. Afuera, varias de sus compañeras aseguraban que estaba poseído, que todo era consecuencia del juego de la ouija.

El pánico se extendió de inmediato. Todos salimos corriendo y, como ya eran las últimas horas de la tarde, las clases fueron suspendidas. Regresamos a casa con miedo, y días después se dijo que habían tenido que llamar al párroco de Bailadores para intervenir. El episodio, sin embargo, se repitió en al menos una o dos ocasiones más, dejando en el ambiente un sentimiento de temor y misterio que nos marcó a todos.

Estos tres recuerdos, entre la maldad, la violencia y el miedo, forman parte de lo que fui en mis años de liceísta. Historias que me pesan, me enseñan y, al recordarlas, me hacen ver cuán difícil y a la vez formativa puede ser la adolescencia.

En ese querido Liceo Bolivariano Dr. Gerónimo Maldonado de Bailadores cursé mis tres primeros años de bachillerato. Recuerdo bien aquel momento al concluir tercer año, cuando nos consultaron qué camino tomaríamos en la siguiente etapa: bachillerato en ciencias o bachillerato en humanidades.

Yo tenía muy claro lo que quería: inclinarme por humanidades, con la secreta ilusión de librarme de las temidas tres Marías: física, química y matemática. Sin embargo, mi historia no tomó ese rumbo. Me fui al seminario menor, donde había solo una opción: las ciencias.

martes, 24 de noviembre de 2020

Datos sobre La Playa, según Lisandro Barillas

“VALLE DE LAS ANGUSTIAS”

Los siguientes DATOS SOBRE LA PLAYA DE BAILADORES, escritos por Lisandro Barillas, fueron publicados en la página 3 del periódico ESFUERZO, de la ciudad de Tovar, el 30 de agosto de 1975. En esta oportunidad es posible traerlos al mundo digital en mi Blog, gracias a la colaboración del Licenciado Néstor Abad Sánchez, quien tiene en su poder el original del documento, el cual fue fotografiado y publicado por él en las redes sociales (WhatsApp). A continuación el texto íntegro en cursiva, al final del mismo haré mis acostumbradas disquisiciones:

Remontándonos un poco con el pensamiento al pretérito de nuestra querida patria chica (La Playa) en ayuda de algunos pequeños datos que por tradición nos han llegado y algunos escritos dignos de crédito. Formulamos la siguiente historia (si así puede llamarse) para conocimiento de la posteridad. El sitio que hoy ocupa La Playa fue llamado primitivamente Valle de las Angustias, cuando esto fue suelta de ganado vacuno, junto con el Llano de Higuerones o sea lo que hoy se denomina Llano de Tovar. Esto fue antes del año de 1610. Los primeros habitantes fueron los indios Bailadores que estaban esparcidos por todo el Cantón Bailadores. Notable este Cantón por la grandeza de su territorio, hoy hay tres Distritos en él, y son: Distrito Rivas Dávila, Distrito Tovar y el Distrito Alberto Adriani. Cuyo territorio como ya se dijo correspondía a Bailadores. El nombre de Bailadores proviene de estos aborígenes que en sus luchas con los adversarios usaban un son de baile. El acontecimiento sismológico del 3 de febrero de 1610 hizo cambiar un poco la topografía de este Valle con mayor razón al Norte o sea el sitio llamado El Volcán, debiéndose este nombre al mismo acontecimiento. Este fenómeno telúrico hizo volar un cerro de la parte Noroeste que cayó al Norte y al Noreste o sea el sitio El Volcán. Esto dio motivo para represar el río Zarzales no dejando pasar ni una gota de agua por espacio de 141 días, o sea desde el tres de febrero hasta el 24 de junio, día de San Juan del referido año de 1610. Se hizo una gran laguna en todo el territorio plano de lo que es actualmente La Playa. Para la fecha de este notable acontecimiento tenía el pueblo de Bailadores nueve años de fundado por el Capitán Luis Martín. Ya normalizado el suelo, o mejor dicho seco por haber reventado el gran pozo, el río siguió su curso por donde lo tiene actualmente, o sea por el Este. Antes era su curso por el Oeste rumbo a Las Delicias, caserío de esta misma población pasan unos años y todo se normaliza en este Valle, es entonces cuando comienzan a llegar algunas familias de otros pueblos, como el vecino Estado Táchira y Nueva Granada y se radican para siempre dejando prole de quienes emanan casi todos sus actuales moradores. La base de la economía de estos primeros habitantes dependió de la cría de animales y la planta infernal (tabaco) y gran variedad de fruto menores. Luego es introducido otra base de economía, la caña de azúcar. Los ingenios eran de acuerdo a la época, de piedra y de madera movidos por bueyes. Estos ingenios fueron sustituidos por otros un poco mejores. Del culto al trabajo estos pocos habitantes van progresando, casi a paso de morrocoy, pero iban hacia adelante. Luego sienten el deseo de rendir culto a la Divinidad y fabrican el primer templo y escogen a San Vicente Ferrer como patrono de la Aldea, el primer templo lo fabricaron en el sitio denominado: San Vicente Viejo y también La Pedregosa al sur oeste de la Aldea, allí están las ruinas dando testimonio de lo que aquí estoy diciendo. Seguramente por temor, aquellos primeros moradores temían una nueva inundación, sus primeras viviendas fueron hechas lejos de lo que es hoy la mayor población. Hay todavía una ruina de una gran mansión en el sitio de denominado “Vueltas Viejas” fue llamada según tradición “La casa de las cien puertas”. Otra en el sitio: “El Molino” hablan por sí solas, de un pasado… Cuando la población llega a 90 habitantes establecen negocio mercantil a principios del siglo XVIII. A principio del siglo XIX su población casi llega a 250 almas. Actualmente son 1600 adultos. El mayor adelanto lo ha tenido en los últimos 25 años, actualmente cuentan sus habitantes con varios servicios de utilidad colectiva, entre los cuales podemos nombrar los siguientes: Escuela Graduada, Comedor Escolar, Oficina Telegráfica, Comisaría y Cementerio. Un templo católico y frente a este una plaza (como hay pocas) que adornan el pueblito. También se encuentra allí la estatua del que sacrificó vida y fortuna por darnos la libertad, Bolívar. Un mil trescientos cincuenta (1350) metros sobre el nivel del mar es su mayor altura, según han dicho los entendidos en esta materia. Ahora vamos a enumerar el material humano que nuestra patria chica ha producido. Para el año de 1884 tiene su primer bachiller que pasa a la Universidad de Mérida y quien más tarde obtiene el título de Doctor. Es Gerónimo Maldonado hijo, Médico aventajado, escritor de altos vuelos, autor de varias obras, político, poeta, importante hombre público, fue Presidente del Estado Carabobo y Presidente de la Asamblea Legislativa del Estado Mérida. Si la parca inexorable no le arrebata su preciosa existencia, la patria hubiera recibido mucho más de aquel cerebro prodigioso, honra y gloria no solo del terruño que lo vio nacer, sino del Estado y la República. Fue realmente uno de nuestros más legítimos valores en letras, mi pluma es incapaz de resucitar a cabalidad los méritos de este gran venezolano. Otros médicos: Iván Hernández, Alberto Mora, Omar Ceballos y Guillermo Castillo. Bionalistas: Jairo Castillo Castillo. Pedagogos: Miguel Vivas. Profesores: Víctor Castillo, Gregorio Escalante, Alejandro Castillo, Luis Gutiérrez, Almeda Roa, Débora Salas de Villanueva, Dania Mora, Mario Codina y otros. Geólogos: Francisco Herrera. Sacerdotes: Alfonso Márquez. Maestros: Gisela Mora de Ceballos, Olga de Labrador, Ana de Moret, Ana Castillo, Blanca de Paredes, Lola de Castillo, Miriam Vivas, Rita Elisa Moreno, Ofelia Gutiérrez, Edilia Escalante y otras. Ingenieros: José Márquez, Asdrúbal Zambrano Roa, Itamar Márquez. Enfermeras: Betti Roa, Priscila Salazar. Poetas: Gregoria Escalante. Odontólogos: Ramón Cecilio Sánchez, Miriam Salas. Peritos Agropecuarios: Eduardo Castillo, Eduardo Escalante, Fredy Vivas Méndez. Aviadores: Otoniel Vivas Roa. Articulistas: José María Codina, Verdadero Quijote del Periodismo, escribe en varios voceros del país. Generales: Dr. Maldonado y Virgilio Vivas. Monjas: Elda Márquez. Bachilleres: Un gran número. Esta es la descripción de la Aldea que quiere elevarse, pero no por espacios siderales, como las aves y los aviones, sino a la categoría de lo que realmente es posible por su contenido: a Municipio. Si la grandeza de una comunidad está en el material humano que la integra, La Playa, realmente está en condiciones propias y favorables para su atendida en este paso que quiere abrirse por la senda de la razón y la Justicia. “La verdad y la razón sólo se defienden con la razón y la verdad misma”.

         Lo primero que detalla Lisandro Barillas es que los datos que presenta, unos los ha recibido por tradición, y otros son citados de escritos dignos de crédito, de los cuales lamentablemente no hace referencia clara. Seguidamente asevera que La Playa antiguamente se llamaba “Valle de las Angustias”, sin especificar a qué se debe tan particular nombre. Luego hace una buena explicación del terremoto de 1610.

         Lisandro menciona que antes del terremoto el río Zarzales corría por lo que hoy día es el sector Las Delicias, y no es que desafiara a la gravedad, sino que el valle era notablemente diferente antes del movimiento telúrico.

         En cuanto al poblamiento de este “Valle de las Angustias”, Lisandro afirma que se efectuó años después de desecarse el terreno que estuvo inundado, el cual fue habitado por familias tachirenses y colombianas en su mayoría, dedicándose con ahínco a la cría de animales y a la siembra del tabaco. Es de suponer que estas primeras familias se ubicaron en la parte alta de lo que hoy es La Playa, en el sector San Vicente, zona alta y segura, libre de inundaciones; otro testimonio son las ruinas de una famosa casa en el sector llamado “Vueltas Viejas”, la “Casa de las Cien Puertas”, sobre la cual escribí un breve artículo bajo el título de “La Casa de las Treinta Ventanas”, pero lo que en definitiva se recuerda de ésta, era su imponente grandeza y fabricación audaz.

         Sobre la devoción a San Vicente Ferrer en La Playa, Lisandro opina que fue decisión de los habitantes elegir como Patrono de la aldea a este santo dominico español (1350-1419), para lo cual le construyeron una capilla de dimensiones considerables, en la aldea que era conocida a su vez como San Vicente (como lo es hasta hoy día), o La Pedregosa. Realmente no es acertado pensar que la elección del patrono haya sido por elección popular. Lo que sí pudo haberse llevado de esa manera –interés comunitario- fue la construcción del templo, que como hemos visto en artículos anteriores, se efectuó antes del año 1829, fecha en la cual los hermanos Escalante hacen donación a la Diócesis de Mérida del terreno donde ya estaba construida la capilla.

         Después de mencionar los logros materiales que para el año en causa (1975) se habían obtenido en La Playa, Lisandro determina que es en el año de 1884 cuando La Playa tiene su primer Bachiller, quien fuera después el Doctor Gerónimo Maldonado Morales, médico cirujano, político, escritor, poeta, historiador, lumbrera nacional nacido en el sector Los Rastrojos de La Playa. Luego sigue una larga lista de playenses de la contemporaneidad, profesionales en sus materias. Al final de la lista menciona a un cura y a una monja, según él nacidos en La Playa. El primero nació en Tovar, Mons. Luis Alfonso Márquez, y fue criado en La Playa. La religiosa sí nació en La Playa, Sor Marina del Cordero Inmaculado, fallecida en 2011.

          Ya en el último párrafo Lisandro deja entrever el motivo por el cual escribió esas líneas, apoyar la causa de los playenses en verse elevados a la dignidad de Municipio, y es que para el momento (1975), en La Playa se estaba fraguando dicha idea, cuestión que se logró, pero que después hubo de revertirse, por el cambio de leyes que rigen la distribución político territorial del Estado Mérida.

“La verdad y la razón sólo se defienden con la razón y la verdad misma”


P.A

García

domingo, 10 de febrero de 2019

El poeta quinoero, Antonio Dávila. El Quinó, estado Mérida

EL QUINÓ

Esto me puse a pensar
Acostadito en mi cama
Que se cumplen cincuenta años
De IMPARQUES Sierra Nevada

En el año 1952
Se promueve este programa
Con un favor especial
Al cuido de la montaña

El que descubrió este estudio
Sí pensaba en el mañana
Si está vivo, que goce de mucho éxito
Si está muerto, que en buena parte mi Dios
y le conserve su alma

porque no hay cosa más grande en el mundo
a como es la montaña
es la madre de la flora
es la madre de la fauna
el alimento especial
para mantener el agua

ahora quiero que me oigan
esta gente ciudadana
que se cumplen cincuenta años
de IMPARQUES Sierra Nevada

ahora la comunidad de El Quinó
pasa de siglos y siglos
y ni se sabe ni por quién sería fundada

pues durante este programa
nosotros quedamos en el medio de dos ríos
rodeados de montañas
donde somos grandes ricos
en la flora y en la fauna

donde vivimos pendientes
del cuido de la montaña
pero de todos los gobiernos
es la comunidad que vive más olvidada

por el descuido que nos tienen
toda esta gente ciudadana
vivimos los quinoeros
con una vida así amarga

la escuelita de nosotros
no sirve para nada
el dispensario tampoco
que es donde la gente sana

no tenemos una cárcel para detener
una persona malvada
tenemos un pequeño acueducto
y en el verano, todos quedamos sin agua

la luz eléctrica de nosotros
es una triste lámpara
el puente de pasar el río
es unos palos y el modelo de tablas
el camino de nosotros
casi no puede pasar
ni una burrita con carga

pero imagínese señores
cuando se enferma una persona
en especial una dama
que esté sufriendo de parto
que no se puede hacer nada

es subirla en unos palos
colocarla en una hamaca
donde se van esos hombres
caminando a pura pata

que le suenan los talones
como haciendo tarrutaca
se bañan de sudor
se le seca la garganta
con ocho horas de camino
para llegar a tierra llana
donde están los hospitales
que es donde la gente sana

pues así es gobernador
y su IMPARQUES nacional
acuérdenos una plata
para arreglar un buen camino
así sea a pico y pala

ya que somos campesinos
pero personas humanas
ahora espero que escuchen
lo que el poeta les habla
si quieren saber mi nombre
yo me llamo Antonio Dávila.