JOSÉ,
CARPINTERO BENDITO
Oh, glorioso san José,
que recibiste aquel día
a la joven santa María,
la virgen de Nazaret,
por esposa, reina a merced,
aceptando el designio de Dios
que en sueños su Ángel te dio.
Ahora yo, humilde, te pido:
presta a mi súplica oído
y atiende mi petición.
Hombre valiente y audaz,
que, por librarlos de Herodes,
a Egipto y sus pormenores
corriste buscando paz.
Misericordioso tú, haz
que a más nadie se persiga
y que halle una mano amiga
a quien el peligro lo tiente,
y sano de cuerpo y mente
en ti consuelo consiga.
Custodio del sacerdote,
a quien Jesús obedeció,
y en tus brazos conoció
de Dios heredad y lote;
que, sin querer que se note,
pues muy humilde tú fuiste,
y en su corazón abriste
la mayor compasión y ternura,
del Padre Eterno figura;
su voluntad tú cumpliste.
José obrero paciente,
Patrono del trabajador,
apoya con tu favor
al que perdido se siente,
y que en tu ejemplo encuentre
perseverancia total,
bendición en su jornal
y el patrocinio seguro
de que, con trabajo duro,
tendrá salvación final.
Esas virtudes tuyas
las quiero yo para mí:
la castidad y el vivir
siempre en silencio, sin bulla;
pues de ti no hay rumor que fluya
o palabra en el Evangelio,
pero sí el honroso ingenio
de la humildad y el trabajo,
que levanta a los de abajo
y da gloria como premio.
Dame, José piadoso,
el amar a María y Jesús,
tu hijo muerto en la cruz,
tus dolores y tus gozos.
Dame, padre bondadoso,
esa paciencia locuaz,
un testimonio eficaz
que me transforme la vida,
me devuelva la alegría
y a mi alma dé la paz.
Con esta canción te ruego
que abrases siempre mi alma,
encendida en la calma
de tu sacrosanto fuego,
y con este don yo, luego,
trabaje con toda franqueza
para acabar la pobreza
de tantos hombres rendidos,
por el pecado hundidos
en la herida naturaleza.
José, carpintero bendito,
humilde santo glorioso,
cólmame de tus gozos,
escucha atento mi grito,
que solo pido un poquito
de tus virtudes copiosas,
y para María mil rosas,
y para Jesús mi vida,
sin procurar nunca huida
tras sus huellas amorosas.
Protector de pobres y migrantes,
y Patrono de la Iglesia universal,
protégenos de todo mal;
asiste a los agonizantes,
muestra el rumbo a los errantes,
otórganos la conversión
que nace de corazón,
aceptándose humillados
los numerosos pecados
cuando pedimos perdón.
Yo, como madera en tu mano,
espero ser bien tallado
y quedar transfigurado
como quieras, artesano.
Estate de mí cercano,
modela en mí tu dulzura,
que acabe con tal finura
los rasgos de Jesucristo;
modélame como él, insisto,
y como la Virgen Pura.
Amén.
En esta composición procuré reflejar una riqueza teológica que se sostenga
con fidelidad en la tradición bíblica y espiritual sobre san José. Veamos
algunos puntos que me gustaría resaltar:
1. José en el plan de la salvación (dimensión bíblica). Desde la
primera décima se presenta a san José como hombre obediente al designio divino:
“aceptando el designio de Dios / que en sueños su Ángel te dio”. Esto
remite directamente a Evangelio según san Mateo (Mt 1,20-24), donde José recibe
en sueños la revelación y responde con obediencia inmediata. Teológicamente,
esto lo sitúa como justo (Mt 1,19), no solo en sentido moral, sino como hombre
que vive en total apertura a la voluntad de Dios.
2. José, protector del Redentor (historia de la salvación). La
huida a Egipto está bien integrada: “por librarlos de Herodes… corriste
buscando paz”. Esto corresponde a Mt 2,13-15. Aquí subrayo un punto
clave: José es instrumento activo en la protección del misterio de la
Encarnación. No es figura pasiva, sino cooperador real en la historia de la
salvación. Además, la súplica: “que a más nadie se persiga”, actualiza
esa misión en clave social: José como protector de migrantes y perseguidos, una
aplicación muy coherente con la teología contemporánea.
3. José como padre en el orden de la gracia. Cuando digo: “en tus
brazos conoció / de Dios heredad y lote”, toco un misterio profundo: Jesús,
siendo Hijo eterno del Padre, aprende humanamente la filiación en el hogar de
José (cf. Lc 2,51-52 en el Evangelio según san Lucas). Aquí se refleja una idea
muy trabajada en la teología: José ejerce una verdadera paternidad legal y
afectiva, que tiene consecuencias reales en la humanidad de Cristo.
4. Espiritualidad del silencio y la humildad. Una de las intuiciones más
finas del texto es: “no hay rumor que fluya / o palabra en el Evangelio”.
Efectivamente, José no pronuncia palabras en los Evangelios. Esto ha sido
interpretado por la tradición como signo de su silencio contemplativo. Esta
décima conecta ese silencio con la castidad, la humildad y el trabajo. Es una
síntesis lograda de la espiritualidad josefina.
5. José trabajador: teología del trabajo. “José obrero paciente…
Patrono del trabajador”. Aquí se entra en la línea de la doctrina social de
la Iglesia, especialmente desarrollada por san Juan Pablo II en Laborem
Exercens. El trabajo aparece como medio de santificación, camino de
dignidad y participación en la obra creadora. El verso: “bendición en su
jornal”, refuerza la idea del trabajo como gracia, no solo como esfuerzo.
6. Dimensión pascual: dolores y gozos. “tus dolores y tus gozos”.
Esto conecta con la tradición devocional de los “Siete dolores y gozos de san
José”. Aunque José no presencia la cruz, la expresión: “tu hijo muerto en la
cruz” es teológicamente válida en sentido espiritual: José participa
anticipadamente del misterio redentor por su unión con Jesús.
7. Conversión y antropología cristiana. “otórganos la conversión /
que nace de corazón”. Aquí hay una teología muy clara de la conversión como:
interior, humilde y ligada al reconocimiento del pecado: “aceptándose
humillados / los numerosos pecados”. Esto está en plena sintonía con la
enseñanza bíblica (cf. Sal 50).
8. José como modelo de transformación espiritual. La imagen final es
especialmente poderosa: “como madera en tu mano… artesano”. Aquí
desarrollo una mística del tallado espiritual, donde José aparece como formador
del alma, en analogía con su oficio. Esto tiene resonancias bíblicas (Jr 18, el
alfarero) y cristológicas: “los rasgos de Jesucristo”. La meta es la
configuración con Cristo, núcleo de la vida cristiana (cf. Rom 8,29).
9. Dimensión eclesial y universal. “Patrono de la Iglesia universal”.
Este título, proclamado por Pío IX, está bien integrado en la oración. Se presenta
a san José como intercesor, protector y guía espiritual para toda la Iglesia.
En conclusión, con estas décimas quise lograr
una síntesis equilibrada entre: Biblia (Mateo y Lucas), tradición espiritual
(silencio, humildad, dolores y gozos), teología (paternidad, trabajo,
conversión, santificación) y aplicación pastoral (migrantes, pobres,
trabajadores). No es solo un poema devocional, sino una catequesis poética
sobre san José, con coherencia doctrinal y profundidad espiritual.


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