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jueves, 19 de marzo de 2026

Diez décimas piadosas a san José

JOSÉ, CARPINTERO BENDITO

Oh, glorioso san José,
que recibiste aquel día
a la joven santa María,
la virgen de Nazaret,
por esposa, reina a merced,
aceptando el designio de Dios
que en sueños su Ángel te dio.
Ahora yo, humilde, te pido:
presta a mi súplica oído
y atiende mi petición.

Hombre valiente y audaz,
que, por librarlos de Herodes,
a Egipto y sus pormenores
corriste buscando paz.
Misericordioso tú, haz
que a más nadie se persiga
y que halle una mano amiga
a quien el peligro lo tiente,
y sano de cuerpo y mente
en ti consuelo consiga.

Custodio del sacerdote,
a quien Jesús obedeció,
y en tus brazos conoció
de Dios heredad y lote;
que, sin querer que se note,
pues muy humilde tú fuiste,
y en su corazón abriste
la mayor compasión y ternura,
del Padre Eterno figura;
su voluntad tú cumpliste.

José obrero paciente,
Patrono del trabajador,
apoya con tu favor
al que perdido se siente,
y que en tu ejemplo encuentre
perseverancia total,
bendición en su jornal
y el patrocinio seguro
de que, con trabajo duro,
tendrá salvación final.

Esas virtudes tuyas
las quiero yo para mí:
la castidad y el vivir
siempre en silencio, sin bulla;
pues de ti no hay rumor que fluya
o palabra en el Evangelio,
pero sí el honroso ingenio
de la humildad y el trabajo,
que levanta a los de abajo
y da gloria como premio.

Dame, José piadoso,
el amar a María y Jesús,
tu hijo muerto en la cruz,
tus dolores y tus gozos.
Dame, padre bondadoso,
esa paciencia locuaz,
un testimonio eficaz
que me transforme la vida,
me devuelva la alegría
y a mi alma dé la paz.

Con esta canción te ruego
que abrases siempre mi alma,
encendida en la calma
de tu sacrosanto fuego,
y con este don yo, luego,
trabaje con toda franqueza
para acabar la pobreza
de tantos hombres rendidos,
por el pecado hundidos
en la herida naturaleza.

José, carpintero bendito,
humilde santo glorioso,
cólmame de tus gozos,
escucha atento mi grito,
que solo pido un poquito
de tus virtudes copiosas,
y para María mil rosas,
y para Jesús mi vida,
sin procurar nunca huida
tras sus huellas amorosas.

Protector de pobres y migrantes,
y Patrono de la Iglesia universal,
protégenos de todo mal;
asiste a los agonizantes,
muestra el rumbo a los errantes,
otórganos la conversión
que nace de corazón,
aceptándose humillados
los numerosos pecados
cuando pedimos perdón.

Yo, como madera en tu mano,
espero ser bien tallado
y quedar transfigurado
como quieras, artesano.
Estate de mí cercano,
modela en mí tu dulzura,
que acabe con tal finura
los rasgos de Jesucristo;
modélame como él, insisto,
y como la Virgen Pura.

Amén.

En esta composición procuré reflejar una riqueza teológica que se sostenga con fidelidad en la tradición bíblica y espiritual sobre san José. Veamos algunos puntos que me gustaría resaltar:

1. José en el plan de la salvación (dimensión bíblica). Desde la primera décima se presenta a san José como hombre obediente al designio divino: “aceptando el designio de Dios / que en sueños su Ángel te dio”. Esto remite directamente a Evangelio según san Mateo (Mt 1,20-24), donde José recibe en sueños la revelación y responde con obediencia inmediata. Teológicamente, esto lo sitúa como justo (Mt 1,19), no solo en sentido moral, sino como hombre que vive en total apertura a la voluntad de Dios.

2. José, protector del Redentor (historia de la salvación). La huida a Egipto está bien integrada: “por librarlos de Herodes… corriste buscando paz”. Esto corresponde a Mt 2,13-15. Aquí subrayo un punto clave: José es instrumento activo en la protección del misterio de la Encarnación. No es figura pasiva, sino cooperador real en la historia de la salvación. Además, la súplica: “que a más nadie se persiga”, actualiza esa misión en clave social: José como protector de migrantes y perseguidos, una aplicación muy coherente con la teología contemporánea.

3. José como padre en el orden de la gracia. Cuando digo: “en tus brazos conoció / de Dios heredad y lote”, toco un misterio profundo: Jesús, siendo Hijo eterno del Padre, aprende humanamente la filiación en el hogar de José (cf. Lc 2,51-52 en el Evangelio según san Lucas). Aquí se refleja una idea muy trabajada en la teología: José ejerce una verdadera paternidad legal y afectiva, que tiene consecuencias reales en la humanidad de Cristo.

4. Espiritualidad del silencio y la humildad. Una de las intuiciones más finas del texto es: “no hay rumor que fluya / o palabra en el Evangelio”. Efectivamente, José no pronuncia palabras en los Evangelios. Esto ha sido interpretado por la tradición como signo de su silencio contemplativo. Esta décima conecta ese silencio con la castidad, la humildad y el trabajo. Es una síntesis lograda de la espiritualidad josefina.

5. José trabajador: teología del trabajo. “José obrero paciente… Patrono del trabajador”. Aquí se entra en la línea de la doctrina social de la Iglesia, especialmente desarrollada por san Juan Pablo II en Laborem Exercens. El trabajo aparece como medio de santificación, camino de dignidad y participación en la obra creadora. El verso: “bendición en su jornal”, refuerza la idea del trabajo como gracia, no solo como esfuerzo.

6. Dimensión pascual: dolores y gozos. “tus dolores y tus gozos”. Esto conecta con la tradición devocional de los “Siete dolores y gozos de san José”. Aunque José no presencia la cruz, la expresión: “tu hijo muerto en la cruz” es teológicamente válida en sentido espiritual: José participa anticipadamente del misterio redentor por su unión con Jesús.

7. Conversión y antropología cristiana. “otórganos la conversión / que nace de corazón”. Aquí hay una teología muy clara de la conversión como: interior, humilde y ligada al reconocimiento del pecado: “aceptándose humillados / los numerosos pecados”. Esto está en plena sintonía con la enseñanza bíblica (cf. Sal 50).

8. José como modelo de transformación espiritual. La imagen final es especialmente poderosa: “como madera en tu mano… artesano”. Aquí desarrollo una mística del tallado espiritual, donde José aparece como formador del alma, en analogía con su oficio. Esto tiene resonancias bíblicas (Jr 18, el alfarero) y cristológicas: “los rasgos de Jesucristo”. La meta es la configuración con Cristo, núcleo de la vida cristiana (cf. Rom 8,29).

9. Dimensión eclesial y universal. “Patrono de la Iglesia universal”. Este título, proclamado por Pío IX, está bien integrado en la oración. Se presenta a san José como intercesor, protector y guía espiritual para toda la Iglesia.

En conclusión, con estas décimas quise lograr una síntesis equilibrada entre: Biblia (Mateo y Lucas), tradición espiritual (silencio, humildad, dolores y gozos), teología (paternidad, trabajo, conversión, santificación) y aplicación pastoral (migrantes, pobres, trabajadores). No es solo un poema devocional, sino una catequesis poética sobre san José, con coherencia doctrinal y profundidad espiritual.




miércoles, 10 de mayo de 2023

Correspondencia con una religiosa

“PADRE KAISER”



         En los primeros días del mes de mayo conocí a cuatro religiosas de la Congregación de las Misioneras de Jesús Verbo y Víctima (MJVV), dos de ellas trabajan en la Arquidiócesis de Ayacucho, y las otras dos en la de Huancayo, a estas últimas las conseguí en el ingreso a la Curia Arzobispal, ellas estaban conociendo el lugar y yo regresaba del Archivo Arzobispal. Con breves palabras de saludo las invité a pasar a mi oficina para que conocieran.

         Las dos religiosas me comentaron que estaban solo de visita, pues trabajan en una parroquia a seis horas de la ciudad de Huancayo. La conversa fue un entretenido panegírico del fundador de su congregación religiosa, Mons. Federico Kaiser Depel MSC, quien además fue el primer obispo de la Prelatura de Caravelí, sufragánea de esta Arquidiócesis de Ayacucho desde 1957.

         Federico Kaiser Depel nació en Alemania en 1903, fue ordenado sacerdote en 1932, llegó al Perú en 1939, fue ordenado obispo en 1963, siendo su lema episcopal “Jesús Verbo y Víctima”. Falleció en olor de santidad en 1993. En la oración privada para su glorificación se menciona: “Oh Santísima Trinidad que concediste a tu SIERVO FEDERICO la gracia de penetrar las Sagradas Escrituras y con amor y abnegación enseñarlas con su palabra y vida sobre todo entre los más necesitados…”

         Copio a continuación la correspondencia personal que intercambié con una de las dos religiosas visitantes. Primero está la carta de ella y luego mi respuesta.

 

Ayacucho 05.05.23

 

         Muy estimado, en Jesús Resucitado y en la Madre del Resucitado.

         Le saluda Madre Fátima, MJVV, cumpliendo mi palabra le hago llegar el sobre anunciado.

         Mi Padre Fundador en su libro “Estrellitas” nos dice:

“Para Dios y su creyente

nada ocurre casualmente” Estrellita N°46

         Para el Hijo de Dios no existe la casualidad, sino la Divina Providencia. Y hoy él ha permitido que le conozcamos.

         La Congregación tiene una página web mjvv.org, le sugiero entrar en publicaciones, para que conozca sus libros.

         Tengo la confianza puesta en mi Dios que Ud. va a ser un buen difusor de la vida y obras de mi Padre Fundador. No se asuste, pues, para causa tan laudable no le faltará la asistencia Divina.

         Cuente con nuestras oraciones.

         Con afecto espiritual en Jesús Verbo y Víctima.

M. Fátima, MJVV.

         P.D.

         Teléfono: *********

 

Y mi respuesta, cuatro días más tarde, fue:

 

ARZOBISPADO METROPOLITANO DE AYACUCHO

 

Ayacucho, 9 de mayo de 2023

 

Rvda. Madre Fátima, MJVV

De mi consideración.

Le saludo cordialmente desde la Curia Arzobispal de Ayacucho, deseándole las bendiciones de Dios y María Santísima en sus labores cotidianas.

Madre Fátima, me agradó muchísimo su visita al Arzobispado, doy gracias al Señor por haberlas conocido, a usted y a la otra hermana. Gozamos de una buena conversación, edificante, sobrenatural, de las cosas de allá arriba, nuestro destino celestial. Lamento la brevedad de su visita, ya nos veremos luego.

Muy buena la cita del pensamiento del Siervo de Dios Mons. Federico Kaiser Depel MSC, esa “Estrellita Nº 46”, pues ciertamente no creemos en la casualidad, sino en la Providencia de Dios, como usted lo indicó. Veo que, así como esta “estrellita”, habrá muchas más, lo que indica la profunda espiritualidad del santo fundador y su dominio de la lengua castellana, aun cuando venía de tan lejos. Ciertamente Mons. Kaiser supo identificarse con el pueblo que le fue encomendado, convirtiéndose en un testimonio ejemplar para todos aquellos que venimos del extranjero con la intención de servir a Dios en la Iglesia peruana. Pido a Dios, por la intercesión de Mons. Kaiser, el fortalecimiento de mi vocación al sacerdocio ministerial, y pido sus oraciones por mí.

Tenga por seguro que revisaré oportunamente la página web de la congregación, pues deseo con sinceridad conocer más la espiritualidad de este santo obispo alemán, leer sus escritos, sus pensamientos.

De las estampas que me obsequió, repartiré personalmente a los seminaristas del Seminario Conciliar de San Cristóbal de Huamanga, para que lo tengan presente en sus Breviarios.

Unidos en la oración. Suyo en Cristo:

Pedro Andrés García Barillas

Secretario Arzobispal

 

P.A

García

jueves, 3 de noviembre de 2022

San Martín de Porres, resumen de su historia en estrofas

“MARTÍN DE LA CARIDAD”


En Lima, de madre panameña

y de honrado padre español,

nació Martín el 9 de diciembre

para la gloria del Señor.

 

Juan de Porres y Ana Velázquez

en amor y a edad temprana,

tuvieron dos bellos hijos:

san Martín y su hermana Juana.

 

El pequeño hijo creció

a la sombra de su madre piadosa

y en las calles, entre mendigos,

forjó su alma generosa.

 

Solía visitar los templos

de la ciudad de los reyes, Lima,

empapándose de la piedad

que en la vida le llevó a la cima.

 

Se cuenta que socorría

a pobres, vagabundos y hambrientos

con sus ahorros les asistía

procurándoles alimentos.

 

De niño se habituó a la oración,

hasta le tenían por santo,

contaba con siete años

y su alma ya daba tanto.

 

Se fue a Guayaquil con su hermana

bajo la tutela de su padre,

en Lima quedó esperanzada

su buena y piadosa madre.

 

Por encargo del virrey

el padre se va a Panamá,

Juana se queda en Guayaquil

y Martín con su mamá.

 

En Lima siguió sus estudios

aprendiendo un buen castellano,

perfeccionó sus oficios

de barbero y artesano.

 

Martín conoció de medicina

hiervas y buenos remedios,

a todos bien atendía,

a pobres y dueños de predios.

 

Mientras hacía sus labores

aprovechaba de evangelizar

infundiendo a sus clientes

el gusto de oírle hablar.

 

Se adiestró con empeño

en el bisturí y la cirugía,

hacía un trabajo impecable

sanando a quien a él acudía.

 

Oraba y estudiaba de noche

sumido en profunda concentración,

pedía al Señor las fuerzas

para ejercer su profesión.

 

Asistía a la misa diaria

comulgando en cada ocasión,

después las horas pasaban

en sincera contemplación.

 

Su mayor lucha la tenía

en evitar el invencible sueño,

tomaba posturas incómodas

para lograr sus empeños.

 

En la iglesia de los dominicos

fue forjando su alma inmortal,

confesando sus pecados

y la dirección espiritual.

 

Un día habló con el prior

manifestando su pensamiento,

este alegre le recibió

como terciario en el convento.

 

Allí pudo atender a los religiosos

y a los pobres sin excepción,

se esforzaba por mantenerles

sanos y limpios en toda ocasión.

 

Una deuda del convento construido

le llevó en su amor apreciado

postular en pago concreto

el ofrecerse como esclavo.

 

Pero las fatigas del trabajo

su humanidad no aguantó

y entre tantos quehaceres

fray Martín se enfermó.

 

El prior lo mandó a descansar

hasta verlo de salud sana,

los religiosos lo descubrieron

con los zapatos puestos en cama.

 

Señal de desobediencia

reposo no había guardado,

el prior conoció en conciencia

que el santo no había pecado.

 

La habitación de fray Martín

estaba exenta de comodidades,

solo tenía lo necesario

para obrar sus caridades.

 

Una tabla sobre dos hierros

que sostenían un jergón,

un par de mantas roídas

no le hacían tan dormilón.

 

Armario bien equipado

de hiervas, vasos y ungüentos,

el santo tenía a su lado

todos los medicamentos.

 

Pero nada de eso era suyo,

nada para sí tenía,

todo era de los pobres,

providencial enfermería.

 

En su austera habitación

su mejor devocionario

una cruz, santo Domingo

y la Virgen del Rosario.

 

Como arma poderosa

el rosario a diario rezaba

uno al cuello, otro al hábito,

que siempre le acompañaba.

 

En la curación de los enfermos

tres métodos él aplicaba

la oración, los medicamentos

y al tocarlos los sanaba.

 

Al oído y susurrando

a todos él comentaba

la fe es la que está obrando,

“yo te curo, Dios te sana”.

 

Introducía en el convento

los enfermos de la calle,

los religiosos se enojaban,

no le entendían a detalle.

 

En la atención de moribundos

su propia cama disponía,

velando toda la noche

hasta encontrar su mejoría.

 

Estas buenas actitudes

le valieron penitencias,

y al final el superior

permitió sus diligencias.

 

Autorizó a fray Martín

para atender al momento,

a todo aquel necesitado

que trajera hasta el convento.

 

Por un espacio de tiempo

en Limatombo sirvió,

trabajando con los indios

a quienes les predicó.

 

De vuela en la ciudad

notó huérfanos por doquier,

agilizó un proyecto

¡algo tenía que hacer!

 

El virrey y el arzobispo

en su apoyo concretaron

buenas sumas de dinero

entre todos colectaron.

 

Fray Martín fundó orgulloso

el Asilo de Santa Cruz,

como escuela para huérfanos

quienes vieron una luz.

 

Primero acogió a las niñas

procurando su educación,

luego asistieron varones

todo fue una bendición.

 

Su caridad no tenía límites

pues también curaba animales,

a un perro sangrando vio

y le reparó de sus males.

 

Una semana en su cuarto

sobre una alfombra de paja,

le aplicó sus medicinas

y el canino se amortaja.

 

Martín fue amigo de todos

amaba a Dios y a su creación,

no era raro verle a menudo

con animales en conversación.

 

Pero los traviesos ratones

hicieron muchísimo daño,

pues rompieron todas las telas

del convento y sus escaños.

 

El sacristán del convento

preparó un fuerte veneno,

quería matarlos a todos,

pensando que sería bueno.

 

Fray Martín lo impidió

hablando con un ratoncito,

a quién dio orden explícita

de abandonar aquel sitio.

 

Les buscó un mejor lugar

para tenerlos guardados,

llevándoles alimentos,

todo había mejorado.

 

A la Virgen del Rosario

sus velitas encendía,

bonitos ramos de flores

a su imagen le ponía.

 

De santo Domingo de Guzmán

fray Martín con devoción

practicaba tres disciplinas

en grata mortificación.

 

Una por los pecadores

en acto muy meritorio,

la otra por los agonizantes

y las almas del purgatorio.

 

Con su ángel de la guarda

tuvo buena relación,

este le guiaba de noche

evitando cualquier distracción.

 

Por la ciudad y a oscuras

caminaba tranquilo Martín

contaba con su ángel guardián

que le guiaba hasta el fin.

 

La viruela llegó a Lima,

todos sufrían la infección

el convento quedó cundido

y Martín no fue la excepción.

 

Aún enfermo se dispuso

atender a los necesitados

le veían ir y venir,

nunca se le vio agotado.

 

Entraba en lugares cerrados

sin aparente razón,

hacía el bien solicitado

y volvía a la oración.

 

Muchos le vieron presente

en varios sitios a la vez

curando y cuidando gente,

en dos lugares o tres.

 

En sus éxtasis milagrosos

los curiosos le perseguían,

pero por designio divino

fray Martín desaparecía.

 

Muchos trabajos y vigilias

fueron menguando su cuerpo

los ayunos y quehaceres

los mantuvo todo el tiempo.

 

Resolvía los conflictos

de hermanos y enemigos

matrimonios y negocios,

todo lo mal habido.

 

En mil seiscientos treinta y nueve

el santo predijo su suerte

y contrajo una gran fiebre

que le llevaría a la muerte.

 

El diablo más le tentaba,

apareciéndosele iluminado,

en las llamas del infierno

que Martín había evitado.

 

Agonizando e inquieto

compañía pudo tener

María, José, Domingo,

Catalina y Vicente Ferrer.

 

Alrededor de su cama

los religiosos reunidos,

a todos pidió perdón

por algún mal cometido.

 

Pidió rezaran el credo

en clara y fuerte voz

y en “el Verbo se hizo carne”

Martín durmió en el Señor.

 

Las campas bien que sonaron

y a todos les anunció

que el santo había abandonado

este mundo para ir con Dios.

 

Llegaron rápido al convento

el virrey y el arzobispo

religiosos y autoridades

se encontraron aquel abismo.

 

Fray Martín había muerto

y Lima lloraba triste

fue muy santa aquella vida

que en esta historia leíste.

 

         Este resumen de la historia de san Martín de Porres fue tomado en su totalidad del libro “Año Cristiano IV”, de la Biblioteca de Autores Cristianos, número 186, sección V de Historia y Hagiografía, páginas 288 a la 302, biografía escrita por Antonio García Figar, O. P. quien a su vez citó los principales documentos de la causa de canonización del entonces beato Martín de Porres, en 1959. San Martín de Porres fue canonizado por el papa Juan XXIII el 6 de mayo de 1962.

 

P.A

García