martes, 21 de julio de 2026

Cuarenta años de la Partnerschaft Perú – Friburgo

FRATERNIDAD

Por disposición del padre rector del Seminario Conciliar San Cristóbal de Huamanga, Pbro. Jorge Miguel Palomino Roca —quien, por cierto, hoy está de cumpleaños—, participé junto con dos hermanos seminaristas, Brewin Arroyo Prado (II de Filosofía) y Juan Uziel Remón Oré (I de Filosofía), en el encuentro por los cuarenta años de la Partnerschaft Perú–Friburgo, realizado del viernes 17 al domingo 19 de julio.

Fuimos en representación de nuestro Seminario, cuyo proyecto de hermanamiento con el Seminario de Friburgo, en Alemania, viene avanzando a través de la Partnerschaft.

Al llegar a Lima, la señora Sonia Barbarán, peruana radicada en Alemania, nos recibió con mucha cordialidad en su apartamento, ubicado frente a la Costa Verde. Allí compartimos con ella el desayuno y el almuerzo del viernes. Nos acompañaban también la joven Estefany Ramos, representante de la parroquia San Francisco de Paula de Ayacucho, y el joven Guido Barrientos, representante de la parroquia Inmaculada Concepción de Villa Canaria, en la provincia de Víctor Fajardo. Así, los cinco conformábamos la delegación de la Arquidiócesis de Ayacucho en este importante encuentro.

La jornada comenzó el viernes por la noche con la celebración de la Santa Misa en la Catedral de Lima, presidida por el señor cardenal Carlos Castillo. En su homilía destacó el valor de la fraternidad y la solidaridad entre los cristianos. Lamentablemente, muchos de los asistentes no pudieron seguirla con claridad debido a los constantes problemas de sonido en la catedral. Quienes nos encontrábamos en el presbiterio logramos escucharla un poco mejor.

Los tres seminaristas prestamos el servicio del acolitado y colaboramos en la liturgia junto con un grupo de monaguillos de la parroquia alemana de Lima. En distintos momentos de la celebración tuve también la oportunidad de servir de cerca a los pastores que presidían la Eucaristía. Sostuve el micrófono al cardenal jesuita Pedro Barreto durante una de sus intervenciones como concelebrante y, antes de esto, el lavabo de manos del señor cardenal Carlos Castillo.

Fue precisamente en ese momento cuando advertí su evidente preocupación por las constantes fallas del sistema de sonido, que impedían a gran parte de los fieles escuchar con claridad la celebración. Mientras se realizaba el lavabo, expresó con pesar esa situación al acólito de la catedral que le asistía en el rito con el manutergio, dejando ver cuánto lamentaba que un momento tan significativo no pudiera ser seguido adecuadamente por la asamblea. Pero con una serenidad de ángeles, pues no perdió la paciencia.

Aquellas dos noches nos hospedamos en la casa de retiros de la parroquia Jesús Obrero. Muy temprano el sábado fuimos en bus todo el grupo hasta la cercana parroquia San Vicente de Paúl, donde se desarrolló la mayor parte del encuentro. Fue una jornada muy enriquecedora, con conferencias, ponencias, cantos y un espacio de "sinodalidad", en el que nos reunimos en pequeños grupos para orar juntos y dialogar sobre una pregunta propuesta por los organizadores.

En mi grupo desempeñé la función de secretario, tomando nota de las reflexiones compartidas por Rocío , María, Gladys, la hermana Irma, Juan Uziel, Guido y Estefany. Posteriormente, las conclusiones fueron reunidas con las de los demás grupos y presentadas en la asamblea por uno de los representantes de los secretarios.

Ese mismo día me correspondió intervenir en nombre de la Delegación Centro de la Partnerschaft, integrada por las arquidiócesis de Ayacucho y Huancayo, junto con las diócesis de Huánuco y Tarma. Presenté brevemente las principales obras sociales que se vienen impulsando en nuestra región ante la delegación alemana, encabezada por el arzobispo de Friburgo, Mons. Stephan Burger, y su obispo auxiliar, Mons. Peter Birkhofer, quienes contaban con una traductora oficial. También formaba parte de la delegación una obispa de la Iglesia luterana.

En el stand que correspondía a nuestra delegación se exhibía una mesa con una gran variedad de dulces, comidas típicas y productos representativos de las regiones participantes. Entre ellos llamaba especialmente la atención la diversidad de papas nativas expuestas. Al verlas mientras exponía a los presentes, no pude evitar hacer un comentario en tono de broma: dije que, entre tantas variedades de papas, faltaba una muy importante, el papa León, que también era peruano. La ocurrencia arrancó sonrisas entre quienes estaban cerca y se convirtió en uno de esos pequeños momentos de distensión que hacen más agradable la convivencia.

Durante los momentos libres intenté conversar con Mons. Stephan Burger, aunque el idioma fue un obstáculo: él no habla inglés y yo no hablo alemán. Gracias a la ayuda de una amable señora alemana pudimos intercambiar algunas palabras. A él lo noté un poco incómodo y especialmente callado, pues no comprendía nada de castellano ni el básico inglés. Con Mons. Peter Birkhofer fue más sencillo, pues comprende el italiano, idioma que facilita bastante la comunicación con el español.

Hubo un detalle que me sorprendió gratamente. La noche del viernes, después de la misa en la Catedral de Lima, al saludarme por primera vez me dijo con naturalidad: «Hola, Pedro». Me llamó por mi nombre desde el primer momento, quizá porque él también lleva el nombre de Pedro. Fue un gesto sencillo, pero muy cercano. Con la señora obispa luterana también pude conversar unos minutos en inglés, lengua que ambos manejábamos lo suficiente para entendernos.

La fraternidad también se vive en los pequeños momentos. La noche del sábado, mientras conversábamos en el pabellón de varones de la casa de retiros, el hermano jesuita ayacuchano Sebastián Arévalo explicaba a Guido la diferencia entre los sacerdotes diocesanos y los religiosos. En un momento dijo: «Nosotros, los religiosos, hacemos votos de pobreza, castidad y obediencia». Sin pensarlo demasiado lo interrumpí diciendo en voz alta: «¡Y nosotros los diocesanos los cumplimos!». La ocurrencia provocó una buena carcajada entre todos. Son esos instantes sencillos los que también construyen la fraternidad.

Durante el encuentro compartimos mucho con Guido Barrientos, representante de la parroquia Inmaculada Concepción de Villa Canaria. En varias conversaciones manifestó un sincero interés por el sacerdocio y nos confió que, en algún momento de su vida, se ha sentido interpelado por la vocación sacerdotal. Conociéndolo un poco más durante esos días, pude apreciar en él a un joven generoso, servicial y con un profundo espíritu de fe.

Quizá, cuando concluya su carrera universitaria, se anime a conocer más de cerca este camino, ya sea participando en alguna convivencia vocacional o incluso ingresando al Curso Introductorio del seminario. Solo Dios conoce los tiempos y los caminos de cada llamado. Por mi parte, le deseo de corazón que, si el Señor realmente lo invita a seguirlo más de cerca, tenga la valentía de responder con generosidad. Que Dios lo guíe y, si esa es su voluntad, la Iglesia lo reciba con alegría.

El domingo 19 participamos en la Eucaristía celebrada en la parroquia San Vicente de Paúl, presidida por Mons. Jorge Enrique Izaguirre Rafael, obispo de Chosica y presidente de la Partnerschaft Perú. Después de la Santa Misa tuvimos la oportunidad de presentar nuevamente un número cultural ante la delegación alemana. Para esta ocasión, el padre Jorge viajó desde Ayacucho acompañado por cuatro jóvenes aspirantes al Seminario: Puchuri, Edu, Alexander y Troy.

Puchuri y Edu deleitaron a los presentes con la ejecución de sus instrumentos musicales, mientras que Alexander y Troy interpretaban la conocida canción "Polluelos", de Max Castro. Nosotros acompañamos la presentación con palmas y vistiendo la tradicional manta ayacuchana, sumándonos con entusiasmo a esta sencilla, pero significativa expresión de nuestra identidad cultural. Un momento muy alegre, en el que la música y el folclore de nuestra tierra se convirtieron en un lenguaje de fraternidad capaz de acercar a personas de distintas culturas y de expresar, sin necesidad de muchas palabras, la riqueza del pueblo ayacuchano.

Compartimos el almuerzo, las fotografías de rigor, los saludos de despedida y los últimos abrazos antes del regreso. Luego nos dirigimos al centro de Lima para comprar los pasajes de vuelta a Ayacucho.

Mientras recorríamos las librerías del jirón Amazonas, seguíamos por los televisores de los establecimientos la final del Mundial de fútbol. Aproveché la visita para comprar un libro de Federico García Lorca que aún no formaba parte de mi biblioteca. El desenlace de la tarde también me dejó contento: España se proclamó campeona del mundo, precisamente la selección a la que yo apoyaba. Bonito cierre para un fin de semana lleno de encuentros, aprendizajes, fraternidad y nuevas amistades.

Después de una deliciosa pizza en el centro de Lima, esa misma noche emprendimos el viaje de regreso a Ayacucho, agradecidos por haber participado en esta celebración de los cuarenta años de la Partnerschaft, una experiencia que confirmó que la fraternidad cristiana puede superar las distancias, las culturas e incluso las barreras del idioma.

La Partnerschaft es una iniciativa social de la Iglesia católica que se fundamenta en una auténtica unión eclesial de amistad y hermanamiento. Constituye un camino de fraternidad y solidaridad entre la Arquidiócesis de Friburgo, en Alemania, y la Iglesia en el Perú, a través del vínculo entre parroquias de ambas realidades.

Estas parroquias comparten sus experiencias mediante diversas formas de encuentro: visitas de delegaciones, intercambio de voluntarios y estancias prolongadas —generalmente de un año— en la realidad pastoral del otro. Todo este dinamismo se sustenta en la espiritualidad de la comunión, que reconoce que Dios nos une como hermanos, más allá de las diferencias culturales y las distancias geográficas. Esta comunión se expresa de manera concreta en la oración y en las celebraciones litúrgicas compartidas.

Para su adecuado funcionamiento, la Partnerschaft requiere una organización sólida: trabajo en equipo, apoyo mutuo y un constante intercambio de información y experiencias. Las parroquias alemanas, además, brindan apoyo económico mediante diversas iniciativas, mientras que las parroquias peruanas procuran canalizar estos recursos hacia los más necesitados, asegurando una gestión responsable y transparente.

De este modo, se encarnan los cuatro pilares fundamentales de la Partnerschaft: espiritualidad, comunicación, organización y solidaridad.

La Partnerschaft entre la Arquidiócesis de Friburgo (Alemania) y la Iglesia del Perú nació en 1986 como una expresión concreta de la comunión entre Iglesias hermanas. Su inicio oficial estuvo marcado por dos celebraciones eucarísticas: la primera, presidida por el Cardenal Juan Landázuri Ricketts el 23 de febrero de 1986 en Lima; y la segunda, celebrada el 13 de abril del mismo año por el arzobispo de Friburgo, Mons. Oskar Saier, también en la Catedral de Lima.

Durante sus primeros años, la Partnerschaft fue acompañada por un equipo de obispos de la Conferencia Episcopal Peruana, coordinado por el P. Wilfredo Voitschek, junto con representantes de ambas Iglesias. En 1989 se conformó oficialmente el Equipo de la Partnerschaft de la Arquidiócesis de Friburgo en el Perú, encargado de coordinar y fortalecer los vínculos entre las parroquias hermanadas.

Con el paso del tiempo, el crecimiento de las relaciones entre parroquias y diócesis hizo necesaria una estructura de coordinación más amplia. Por ello, a raíz de una iniciativa impulsada por Mons. Luis Bambarén, entonces presidente de la Conferencia Episcopal Peruana, se convocó en agosto de 2001 una reunión nacional en Lima con obispos, sacerdotes, religiosas y laicos comprometidos con la Partnerschaft. En ese encuentro se constituyó el Consejo Nacional de la Partnerschaft Perú–Friburgo.

Finalmente, el 7 de febrero de 2002, la Conferencia Episcopal Peruana otorgó el reconocimiento oficial al Consejo Nacional como organismo consultivo, encargado de colaborar con el Equipo de la Partnerschaft de la Arquidiócesis de Friburgo y de promover, coordinar y acompañar el camino de fraternidad, comunión y solidaridad entre las Iglesias de Friburgo y del Perú.






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