sábado, 11 de julio de 2026

Palabras en el cuatricentenario del Seminario de Ayacucho

SEMINARIO CONCILIAR SAN CRISTÓBAL DE HUAMANGA

Gracias, padre rector Jorge Miguel Palomino Roca. Agradezco también de manera especial la presencia de monseñor Salvador Piñeiro, que esta noche nos acompaña y comparte con nosotros, sus seminaristas, este momento tan significativo.

Nos encontramos en las vísperas de un nuevo aniversario de nuestro querido Seminario Conciliar San Cristóbal de Huamanga. Quienes realizamos actualmente nuestros estudios en Huancayo hemos llegado hoy a Ayacucho para iniciar nuestro tiempo de vacaciones, y qué mejor manera de hacerlo que encontrándonos nuevamente en casa y celebrando la vida y la historia de nuestra casa de formación.

Quien les habla es Pedro García, seminarista del cuarto año de Teología. Me encuentro en esta etapa final de la formación inicial, preparándome para recibir aquello que Dios ha ido poniendo y confirmando en mi corazón: el ministerio como servicio a Dios y a su pueblo. Es comenzar a ver más cerca el cumplimiento de una vocación que, durante tantos años de seminario, se ha ido formando, discerniendo y afianzando.

Estar en cuarto año de Teología significa, ante todo, dar gracias a Dios por el llamado recibido y disponerse a responder a él con humildad y valentía. Porque no caminamos solos ni llegamos hasta aquí únicamente por nuestras propias fuerzas. Es la Iglesia la que ha confiado en nosotros y es Dios quien, a través de ella, nos va abriendo las puertas para servir allí donde Él nos quiere.

Por eso, celebrar un nuevo aniversario del Seminario Conciliar San Cristóbal de Huamanga es para todos nosotros motivo de profunda alegría y de esperanza. Como bien lo ha señalado nuestro padre rector, la Iglesia ayacuchana puede mirar al futuro con esperanza porque cuenta con jóvenes que, a pesar de nuestras limitaciones, hemos querido decirle sí al Señor y estamos dispuestos a entregar nuestra vida al servicio de esta Iglesia que nos ha visto nacer y crecer en la vocación.

Que este aniversario sea también una ocasión para dar gracias por quienes nos precedieron, por quienes hicieron posible la historia de este Seminario y por todos aquellos que hoy continúan sosteniendo nuestra formación con su oración, su cercanía y su confianza.

Y que el Señor nos conceda perseverar hasta el final, para que aquello que un día puso como una inquietud en nuestro corazón llegue a convertirse plenamente en una vida entregada al servicio de Dios y de su pueblo.

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