SEMINARIO
CONCILIAR SAN CRISTÓBAL DE HUAMANGA
Gracias,
padre rector Jorge Miguel Palomino Roca. Agradezco también de manera especial
la presencia de monseñor Salvador Piñeiro, que esta noche nos acompaña y
comparte con nosotros, sus seminaristas, este momento tan significativo.
Nos
encontramos en las vísperas de un nuevo aniversario de nuestro querido
Seminario Conciliar San Cristóbal de Huamanga. Quienes realizamos actualmente
nuestros estudios en Huancayo hemos llegado hoy a Ayacucho para iniciar nuestro
tiempo de vacaciones, y qué mejor manera de hacerlo que encontrándonos
nuevamente en casa y celebrando la vida y la historia de nuestra casa de
formación.
Quien
les habla es Pedro García, seminarista del cuarto año de Teología. Me encuentro
en esta etapa final de la formación inicial, preparándome para recibir aquello
que Dios ha ido poniendo y confirmando en mi corazón: el ministerio como
servicio a Dios y a su pueblo. Es comenzar a ver más cerca el cumplimiento de
una vocación que, durante tantos años de seminario, se ha ido formando,
discerniendo y afianzando.
Estar
en cuarto año de Teología significa, ante todo, dar gracias a Dios por el
llamado recibido y disponerse a responder a él con humildad y valentía. Porque
no caminamos solos ni llegamos hasta aquí únicamente por nuestras propias
fuerzas. Es la Iglesia la que ha confiado en nosotros y es Dios quien, a través
de ella, nos va abriendo las puertas para servir allí donde Él nos quiere.
Por
eso, celebrar un nuevo aniversario del Seminario Conciliar San Cristóbal de
Huamanga es para todos nosotros motivo de profunda alegría y de esperanza. Como
bien lo ha señalado nuestro padre rector, la Iglesia ayacuchana puede mirar al
futuro con esperanza porque cuenta con jóvenes que, a pesar de nuestras
limitaciones, hemos querido decirle sí al Señor y estamos dispuestos a entregar
nuestra vida al servicio de esta Iglesia que nos ha visto nacer y crecer en la
vocación.
Que
este aniversario sea también una ocasión para dar gracias por quienes nos
precedieron, por quienes hicieron posible la historia de este Seminario y por
todos aquellos que hoy continúan sosteniendo nuestra formación con su oración,
su cercanía y su confianza.
Y que
el Señor nos conceda perseverar hasta el final, para que aquello que un día
puso como una inquietud en nuestro corazón llegue a convertirse plenamente en
una vida entregada al servicio de Dios y de su pueblo.

No hay comentarios:
Publicar un comentario