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domingo, 8 de junio de 2025

Sobre la elección del Santo Padre León XIV

HABEMUS PAPAM

“Nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde”, reza el adagio popular, y no hay frase que mejor represente el sentir de la gran mayoría de católicos tras la muerte del papa Francisco.

La madrugada del lunes después de Pascua, revisé mi teléfono casi por instinto y encontré una notificación reciente de un joven teólogo español en YouTube: “El Papa ha muerto”. Aún medio dormido y deslumbrado por la luz del celular, confirmé la noticia en la página oficial del Vaticano. La tristeza me invadió de inmediato. Apoyando la cabeza en la almohada, esperé el amanecer, sumido en pensamientos sobre el pontificado de quien, por más de doce años, había guiado con sencillez y profundidad la barca de Pedro: argentino, jesuita, cercano, de buen humor y de gran corazón.

Los días siguientes transcurrieron con ese aire solemne propio de un duelo oficial y personal. Pasados los funerales e iniciado el cónclave, me dediqué a hacer predicciones con entusiasmo. Estaba convencido de que el nuevo papa sería el diplomático italiano Pietro Cardenal Parolín. Su cercanía con Francisco y su experiencia como nuncio en Venezuela lo convertían, a mi juicio, en el candidato ideal. Incluso un medio católico respetado lo señaló como favorito. Todo parecía confirmar mis suposiciones… pero la realidad se encargó de sorprendernos.

El jueves 8 de mayo, segundo día de votaciones en el cónclave, salíamos de clases de Eucaristía en el seminario cuando vimos en redes sociales el humo blanco elevarse desde la chimenea de la Capilla Sixtina. Nos dirigimos apresurados a la sala de televisión para presenciar en vivo el esperado anuncio: habemus papam. Mientras el cardenal protodiácono pronunciaba las palabras solemnes, yo, con el teléfono en mano para grabar nuestra reacción, repetía en voz baja: “¡Parolín! ¡Pietro! ¡Parolín!”. Pero no fue él. El nombre anunciado fue Robertum Franciscum Cardinalem Prevost.

De inmediato supe que se trataba de Robert Prevost, el obispo agustino que había sido cardenal y prefecto del Dicasterio para los Obispos. Aunque no lo conocí personalmente durante su servicio en el Perú, sabía que había sido obispo de Chiclayo y que había dejado huella como un verdadero padre y guía espiritual. Curiosamente, un par de hermanos seminaristas ya lo habían señalado como favorito.

Nuestra transmisión de EWTN estaba ligeramente retrasada, por lo que uno de mis compañeros, al ver la noticia antes que nosotros, se acercó y me susurró al oído: “León XIV”. Me pareció un momento profético. Cuando finalmente lo escuchamos del cardenal, la emoción estalló. Grité de alegría y dejé de grabar para verificar la información en internet. Recordé entonces que mi arzobispo había sido uno de los tres obispos consagrantes de Prevost en 2015, y que en una conversación reciente me había confiado que sentía que él podría ser el próximo Papa.

Esperamos con expectación su salida al balcón. Queríamos ver con qué estilo se presentaría: ¿la austeridad de Francisco o la solemnidad de Benedicto XVI? León XIV apareció radiante, revestido con la muceta roja y el estolón de los Apóstoles, y bendijo a la ciudad y al mundo con emoción visible.

Sus primeras palabras fueron una verdadera catequesis. La mención especial a “mi querida diócesis de Chiclayo en el Perú” nos hizo vibrar de emoción. Recé con él el Padrenuestro en italiano y me signé con devoción al recibir su primera bendición urbi et orbi, consciente de que una nueva etapa había comenzado.

Nueva etapa, sí, pero no olvido del pasado. No parece tratarse de una simple continuidad, pero tampoco de una ruptura. El espíritu renovador de Francisco queda como legado vivo. León XIV es, sin duda, el Papa que necesitamos en este tiempo: un pastor con experiencia, arraigado en el Evangelio, abierto a los desafíos del mundo contemporáneo. Su elección es fruto del discernimiento humano guiado por la acción del Espíritu Santo.

Hoy, al mirar con fe los comienzos de este nuevo pontificado, solo me queda dar gracias a Dios. Por el testimonio de Francisco, por la elección de León XIV, por el amor constante de la Iglesia hacia sus hijos. Como católico, seminarista y creyente, rezo con esperanza: que el Señor lo fortalezca, lo ilumine y lo acompañe siempre, para que confirme en la fe a sus hermanos y conduzca con sabiduría la Iglesia de Cristo. ¡Viva el Papa! ¡Viva León XIV!

  • La Iglesia Católica se alegra
  • por el nuevo representante de Jesús
  • que vive en el Vaticano
  • su nombre es León del Perú.

  • De la Orden Agustiniana
  • nacido en la ciudad de Chicago
  • fue misionero en Chulucanas
  • y santo obispo de Chiclayo.

  • Es el papa León catorce
  • el patriarca universal
  • que con la ayuda de María
  • nos guiará hasta el final.

miércoles, 31 de julio de 2024

El fundamento jurídico de las bulas de demarcación del papa Alejandro VI

El poder temporal de los Papas

El fundamento jurídico de las bulas de demarcación emitidas por Alejandro VI en el siglo XV es un aspecto esencial para comprender la influencia de la autoridad papal en la expansión territorial y la evangelización durante la era de los descubrimientos. Estas bulas, en particular la serie de documentos papales emitidos en 1493, se enmarcan dentro de un contexto histórico en el que el poder papal había evolucionado significativamente desde el periodo del cesaropapismo hasta el desarrollo del derecho canónico y la supremacía del pontificado sobre las cuestiones temporales. La teoría jurídica promulgada por los papas anteriores, que afirmaba la propiedad papal sobre todas las islas, sentó las bases para la intervención papal en la delimitación de territorios recién descubiertos. En este contexto, las bulas de Alejandro VI, que establecieron límites específicos entre las esferas de influencia de España y Portugal, reflejan el papel central de la Iglesia en la legitimación de la conquista y la colonización, y subrayan cómo el papado actuó como árbitro en la configuración del nuevo orden mundial.

Antecedentes: lucha de poderes político-religiosos

Como antecedentes del alcance del poder papal respecto a temas temporales y las relaciones Iglesia-Estado tenemos el “cesaropapismo”, es decir, la injerencia del Imperio en los temas eclesiásticos. Fue así como Constantino, creyéndose “obispo exterior”, logra convocar el primer Concilio Ecuménico de la Iglesia, en el año 325, el Concilio de Nicea. Es cierto que solo el emperador mismo tenía la posibilidad de llevar a cabo una reunión de esta magnitud, con obispos de Oriente y Occidente.

El cesaropapismo se fortaleció en contexto oriental, pues Roma en Occidente había caído y esto sirvió al papado para consolidar su autonomía. El papa Gelasio I (492-496) planteó la dualidad de poderes, el del orden temporal y el del orden espiritual, con un difícil equilibrio a lo largo de los siglos. Tras la caída del Imperio Romano de Occidente, los pequeños reinos se disputaron la primacía, que solo fue provechosa en favor de la Iglesia, pues esta surgió como mediadora y reguladora de conflictos; aun cuando ella misma poseía territorios otorgados en el siglo VIII por Pipino el Breve: estos fueron los llamados Estados pontificios.

Con Gregorio VII (1073-1085) vio la luz el derecho canónico y así se puso fin a la injerencia de emperadores en asuntos del pontificado, pues hasta entonces los papas obedecían a la simpatía del monarca. En lo sucesivo, el papado fue concebido como la legislación de la Europa cristiana, en lo que colaboró la creación de universidades donde se impartieron ambos derechos, el civil y el canónico, ambos estrechamente relacionados entre sí.

El fundamento jurídico para la autoridad papal en el orden temporal

Desde el pontificado de Urbano II, en el año 1091, se promulgó la teoría jurídica, omni-insular, según la cual todas las islas son propiedad de san Pedro Apóstol, de su especial jurisdicción y de sus sucesores, los papas de Roma, los que pueden disponer de ellas libremente. Esta teoría fue una especificidad del derecho universal pontificio que venía elaborándose.

Fue Bonifacio VIII quien zanjó definitivamente la supremacía del poder espiritual sobre el temporal, mediante la bula Unam Sanctam, del 18 de noviembre de 1302, cuando concluyó que “es de absoluta necesidad para la salvación estar sometido al Romano Pontífice”; además de declarar, recordando la frase del obispo san Cipriano de Cartago (siglo III), que extra Ecclesiam nulla salus, fuera de la Iglesia no hay salvación y ella posee la plenitudo potestatis, es decir, la plenitud del poder y quienes se resistan al papa, resisten el ordenamiento divino, pues Bonifacio VIII declaró que “A la Iglesia y al poder de la Iglesia debe ser atribuida la profecía de Jeremías: ´Yo te he constituido sobre todas las naciones y reinos´" (Jr. 1, 10).

El papa, poseedor de los Estados pontificios ejercía la primacía de los reinos cristianos, cuya última legitimación se refería directamente a Dios. Para resolver conflictos entre el rey y sus súbditos se acudía al papa, así como también para mediar entre reinos cristianos, fue de esta manera como el papa se constituyó en un “árbitro soberano”, y en los sucesivo de los años surge por iniciativa de estos un derecho censuario pontificio, cuyo objetivo fue regular influencias políticas en regiones específicas entre los distintos Reinos, y más concretamente el reparto de las fuerzas políticas, de navegación y dominio entre el reino de Castilla y el de Portugal en el océano Atlántico.

Las Bulas Alejandrinas basadas en este fundamento jurídico

En el acontecer del siglo XV se llegó a nuevas rutas comerciales desde Europa prescindiendo de italianos y musulmanes, quienes hasta entonces estaban habituados al comercio marítimo. España y Portugal tuvieron la delantera frente a reinos más al norte como Holanda, Francia e Inglaterra. Esta exploración de nuevas rutas marítimas trajo consigo el natural contacto con tierras y personas desconocidas, quienes al no profesar la religión cristiana fueron considerados infieles, atribuyéndose de inmediato la facultad de conquistarlos para evangelizarlos, con el respaldo de la jerarquía de la Iglesia. No se concebía el mundo sin Dios, el Dios cristiano.

La intervención de los papas en la demarcación de territorios se dio por petición expresa de los reyes involucrados, pues para la época se tenía por ley que “el descubrimiento y la ocupación por un príncipe cristiano constituía un título suficiente de adquisición de” las tierras descubiertas, por lo que no era necesario apelar al Romano Pontífice. Sin embargo, el reino de Portugal sí había recurrido al papa para obtener de él bulas que precisaran los privilegios de sus dominios en el África, de esta manera, llegado el año de 1493, al tenerse noticias del descubrimiento de Colón en octubre del año anterior, los Reyes Católicos Fernando e Isabel, requirieron del papa Alejandro VI los mismos privilegios de los que gozaba Portugal, sobre las islas y territorios continentales descubiertos.

Alejandro VI

Rodrigo Borja, cardenal arzobispo de Valencia fue elegido papa el 11 de agosto de 1492. En su estancia en territorio ibérico, antes de subir a la cátedra de Pedro, apoyó el matrimonio de Fernando de Aragón e Isabel de Castilla, quienes siendo primos requerían de un permiso especial para contraer nupcias. Este permiso fue supuestamente falsificado por el cardenal Borja mientras era delegado Papal en la Península Ibérica, quien una vez electo papa, otorgó a sus amigos el título de Reyes Católicos, una altísima distinción.

El primer documento del papa Alejandro VI a Sus Majestades los Reyes Fernando e Isabel fue fechado el 3 de mayo de 1943, se trataba de la bula Inter caetera, mediante la cual hizo donación a los reyes de los territorios descubiertos navegando hacia occidente, hacia lo que se creía que eran las Indias, a no ser que ya fueran territorio de algún príncipe cristiano; este primer documento no demarcó límite alguno y mencionaba a Cristóbal Colón y el celo apostólico de Fernando e Isabel. La donación se hizo con el mandato de enviar misioneros para evangelizar esas tierras. El papa entregaba estas tierras para ser cristianizadas.

Esta generosa donación que hace Alejandro VI en favor de los reyes de Castilla y León es la donación de un derecho ad rem, no in re, es decir, les concede el señorío sobre unas tierras y sus habitantes de los que todavía no eran señores efectivos, ya que señores efectivos eran los jefes indígenas que había en dichos territorios.

Con idéntica fecha, el papa expide otra bula, la Eximiae devotionis, repitiendo en esta el contenido de la Inter caetera, pero con algunos añadidos, como los privilegios de administrar los bienes de la Iglesia en las Indias, o el nuevo mundo. Al día siguiente, 4 de mayo de 1493, el papa firma una tercera bula, de nuevo llamada Inter caetera, omitiendo en ella los privilegios anteriores y demarcando, ahora sí, “con la plenitud de la potestad apostólica” una línea divisoria en dirección norte a sur, se cree que por iniciativa del mismo Colón. Este límite, según la bula se ubicaría a cien leguas al oeste de las islas Azores y de Cabo Verde, quedando el occidente para Fernando e Isabel y el este para el rey de Portugal, Juan II.

A diferencia de las bulas papales a los portugueses, los castellanos sí tuvieron la obligación según el mandato pontificio de catequizar, evangelizar y cristianizar los territorios donados.

Conclusión

Conforme a los cánones eclesiásticos, el Romano Pontífice en su calidad de “pastor universal” encarnaba todo el poder sobre los infieles y sus tierras, por lo que podía disponer de ellas con libertad, otorgándolas a los príncipes cristianos de acuerdo con sus propios intereses y los de la Iglesia.

Como hemos visto, el papa Alejandro VI actuó siempre en favor de sus amigos y por petición expresa de estos, haciendo uso de sus facultades jurídicas universales como Romano Pontífice, aunque bien se sabe que sus bulas no tuvieron un efecto concreto, pues la demarcación planteada por el papa fue luego negociada por Portugal y Castilla, en el Tratado de Tordesillas del 7 de junio de 1494, fijándose a trescientas setenta leguas al oeste de Cabo Verde, pues parece que los territorios del Brasil ya habían sido descubiertos por navegantes y exploradores lusitanos. Este Tratado a su vez buscó el beneplácito del papa.

El fundamento jurídico de la demarcación fue ignorado por los reinos de Francia e Inglaterra, pues ambos desconocían la autoridad papal en asuntos temporales.

En conclusión, las bulas de demarcación emitidas por Alejandro VI en el siglo XV constituyen un hito crucial en la configuración del ordenamiento jurídico y territorial global durante la era de los descubrimientos. Estos documentos no solo reflejan la ambición de las potencias europeas, como España y Portugal, por expandir sus dominios, sino también el papel central de la autoridad papal en la validación y legitimación de estas expansiones. Al otorgar a los Reyes Católicos el derecho sobre las nuevas tierras descubiertas y establecer una línea divisoria que regulaba los intereses entre las coronas ibéricas, Alejandro VI consolidó el papel de la Iglesia en la colonización y evangelización del Nuevo Mundo. Este acto no solo marcó el inicio de una nueva fase en la historia de las relaciones internacionales, sino que también reforzó la supremacía del poder papal sobre las cuestiones temporales y territoriales, delineando un modelo que influiría en la configuración política y religiosa de los siglos venideros.

Bibliografía

Resumen y comentarios del artículo “Las Bulas Alejandrinas: Detonantes de la evangelización en el Nuevo Mundo” de María de Lourdes Bejarano Almada. Revista de El Colegio de San Luis. Nueva época. año VI, número 12. julio a diciembre de 2016.

P.A

García

miércoles, 12 de junio de 2019

Francisco es Papa porque Josemaría Escrivá es Santo


Santo Padre Francisco. Estampa de san Josemaría Escrivá

La santidad del Fundador del Opus Dei, Mons. Josemaría Escrivá de Balaguer, confirma el Pontificado del Santo Padre Francisco. A continuación les presento el testimonio de Mons. Carlos Nannei, sacerdote argentino que ha tenido una amistad muy estrecha con Jorge Mario Bergoglio, hoy Papa Francisco, desde el momento de su Ordenación Episcopal como Obispo Auxiliar de Buenos Aires, el 27 de junio de 1992.

Mons. Nannei estuvo en la Ordenación Episcopal de Jorge Mario Bergoglio, pero fue a conocerlo personalmente en el mes de julio. Se presentó, era el Vicario del Opus Dei en Argentina, en seguida se trataron de tú a tú, y Mons. Bergoglio le dijo que quería contarle una historia.

Se acercaba la beatificación de Josemaría Escrivá y yo pensaba que no era santo, por tantas campañas de calumnias y cosas que sucedieron. En ese entonces estaba sufriendo mucho, mientras vivía en Córdoba, en una residencia de los jesuitas, pues pasaba por una turbulencia espiritual, cuando me entero que iban a beatificar a Josemaría Escrivá, y le hice un desafío: si eres santo, quítame de este pozo, de este agujero. Al día siguiente me llamó el Nuncio de Argentina, Mons. Ubaldo Calabresi, para decirme que el Papa me había nombrado Obispo Auxiliar de Buenos Aires. Me quedé de piedra, y desde ese momento empezó mi relación con Josemaría Escrivá. Primero le pedí perdón por haber dudado, segundo lo empecé a incluir en la misa, pues siempre que celebro la Eucaristía sólo, lo hago con el Canon Romano, y cuando digo Lino, Cleto, Clemente, Sixto, Cornelio… Josemaría, y no sé si es litúrgico o no, pero empecé a incluir a Josemaría. Después, a la gente que puede entender le cuento esta historia.

Algunos años después de este encuentro entre Mons. Nannei y Mons. Jorge Mario Bergoglio, como Obispo Auxiliar de Buenos Aires, fue a Argentina el Prelado del Opus Dei, para entonces, Mons. Javier Echevarría, y a él también le contó la misma historia, ya era Obispo Coadjutor de Buenos Aires.

En el año 2003, el Cardenal Bergoglio de visita a Roma contactó a Mons. Nannei para que le indicara cómo ir a Bruno Buozzi, lugar donde está la Iglesia Prelaticia del Opus Dei y donde reposan los restos mortales de san Josemaría, pues quería cumplir una promesa. Fueron los dos a rezar ante la tumba de san Josemaría. Se pusieron de rodillas y oraron durante 45 minutos.

El Papa Francisco tiene un cariño muy especial por el Opus Dei, y una devoción personal a san Josemaría. El hecho de que, en 1992, el padre Jorge haya puesto un desafío al entonces beato, fue como una oportunidad divina para demostrarle al futuro Sumo Pontífice y Vicario de Cristo que éste sacerdote español fue realmente un amigo de Dios en la tierra, y que su vida es ejemplo para muchos y su mensaje tiene una transcendencia espiritual para todo el catolicismo.

Ahora bien, ¿por qué decía al principio que la santidad de Josemaría Escrivá, confirma el Pontificado de Francisco? Como se ha demostrado ya, fue el mismo Jorge Mario Bergoglio quien desafió al santo para que le sacara del momento de turbulencia espiritual en el que se encontraba, la respuesta ante este desafío, que fue realmente una súplica, fue la noticia de su nombramiento episcopal, lo que más adelante le llevaría a ser Cardenal de Argentina y luego Papa de la Iglesia Católica.

Mons. Carlos Nannei

        P.A
García

lunes, 17 de octubre de 2016

Comentarios de Camino: (573)

Comentarios de Camino (573)

Beato Pablo VI con San Josemaría Escrivá de Balaguer

Camino 573:

Gracias, Dios mío, por el amor al Papa que has puesto en mi corazón.

El autor de esta frase, San Josemaría, fue un sacerdote que siempre manifestó tener un gran amor por el Romano Pontífice, lo hacía público en sus tertulias, y en su vida ministerial se sabe que oraba siempre por las intenciones del Santo Padre, además tuvo una cercana amistad con algunos papas, no por conveniencia, sino porque reconocía que debía ayudarles en el servicio a la Iglesia. Muchas personas se acercan a otras que tienen poder para aprovecharse de ellas, otras lo hacen para ayudarles y serles útil en tantas cosas que les afanan, demostrándoles así un amor filial, este fue el caso de san Josemaría Escrivá de Balaguer.

 Pero qué pretende enseñarnos con esto. Preguntémonos brevemente ¿Qué es el Papa para los católicos? El Papa es (el que recibe la potestad de Pedro) el Papa es Pater et Pastor, Padre y Pastor, el Papa es el representante de Cristo en la tierra, es su Vicario. Por eso debemos amarlo y serle fiel en lo que el Espíritu Santo le ilumine para el bien de toda la cristiandad, o al menos del catolicismo, y esto es importante, la infalibilidad del Papa se fundamenta en que siempre actúa movido por el Espíritu Santo de Dios.

No podemos caer en el grave error de comparar a los Santos Padres, cosa que siempre sucede, pues “cuando hay santo nuevo, los viejos no hacen milagros”. Sucedió con mayor énfasis cuando Benedicto XVI dimitió del ministerio petrino, fue criticado por muchos católicos, personas que se dejaron llevar por la superficialidad y no llegaron al interior del pensamiento de un Papa santo.

De igual manera hay quienes critican al Santo Padre Francisco, y se comprende, porque nos encontramos ante un Papa que actúa según el Evangelio, es decir, haciendo nuevas todas las cosas, esto no quiere decir que el anterior Papa no lo hiciera, sino que cada quien pone al servicio de la Iglesia los dones que de Dios ha recibido.

No podemos hablar de Papas modernos o anticuados, o de Papas conservadores o progresistas, esto es un error, aunque muchos no lo vean así, pues la tarea de un Sumo Pontífice es precisamente conservar celosamente la fe cristiana, la tradición, el magisterio, todo iluminado por las Sagradas Escrituras y de igual manera progresar en la manera de llevar el mensaje, haciendo que éste llegue a todos y a todos convierta para el Señor.

Hay algo que si debemos tener bien claro, y es que, gracias a Dios, la Iglesia es universal, es decir, la conforman personas de diferentes pueblos, culturas, lenguas, es por eso que se evidencia una diferencia en la forma de gobernar el catolicismo de los papas, y esto es normal, porque de esta manera se explica la catolicidad del Cuerpo Místico de Cristo, que es la Santa Iglesia Católica Apostólica y Romana: santa porque su fundador es santo y nos llama a la santidad, católica, es decir, universal porque difunde el Evangelio a todos sin excluir a nadie, apostólica porque está fundada y cimentada sobre los doce apóstoles del Señor, en especial sobre Pedro, y romana porque tiene su sede en Roma, aunque en cualquier lugar del planeta se puede adorar a Dios y celebrar la liturgia católica.

Quien ama es porque ha conocido, y esto casi siempre lo repito, nadie ama lo que no conoce. Entonces nos queda una tarea, conocer al Papa para amarlo. Benedicto XVI y Francisco ha hecho todo lo que ha estado a su alcance por el bien de la Iglesia, debemos ser agradecidos con ellos antes que destruirlos con nuestros comentarios, incluso, me animo a decir que es pecado grave hablar mal de un Papa, o de un Obispo, o de un Sacerdote, porque la misión que ellos tienen no es cosa de hombres sino de Dios.

Ahora bien, permítanme escribir un humilde deseo que nace de mi amor al Papa. Cómo me gustaría que cuando fallezca el Santo Padre Benedicto XVI, en un corto plazo sea canonizado por la Iglesia y seguidamente sea declarado Doctor de la Iglesia. Cuando esto suceda, no me llamen profeta, más bien matemático, porque si analizamos el tema, se trata de una fórmula, en la que 2+2=4, es decir, Benedicto XVI reúne las características de un santo. Algunos dirán, ¡qué atrevido al decir esto! Pero yo no me preocupo, porque: vox populi, vox Dei, la voz del pueblo es la voz de Dios…

Que amemos al Papa, que recemos siempre por sus intenciones, que veamos en su persona a Dios que siempre nos acompaña. Papa San Juan Pablo II, ruega por nosotros. Amén.

P.A
García