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viernes, 8 de mayo de 2026

Breve relato de mi llamado al sacerdocio

¿CÓMO NACIÓ MI VOCACIÓN?


Esta es una pregunta bastante emocionante porque hablar de la vocación es remontarse a la infancia.

Yo he tenido la oportunidad de haber sido bautizado a la edad de 5 años, de modo que con las fotografías en la casa y con los comentarios en la familia puedo recordar ese momento. Y ahora más que nunca estoy convencido que mi vocación ha nacido en el momento del bautismo, no solo la vocación a la vida cristiana, sino la vocación al sacerdocio.

Recuerdo que aquellos gestos del sacerdote, el hecho de ungirme o de derramar el agua sobre mi cabeza, pues me llamó muchísimo la atención y en un pequeño de 5 años aquello es como un espectáculo, el aspecto litúrgico. Estoy convencido que allí nació mi vocación.

Ciertamente, más adelante tuve oportunidad de asistir a la Eucaristía en mi pueblo y recuerdo que yo, como niño, me quedaba totalmente asombrado de lo que estaba haciendo el sacerdote allí en el altar, viéndolo y preguntándome, y preguntando también a mi familia, de qué se trata todo esto.

Más adelante tuve la oportunidad de formar parte del colegio de monaguillos y es allí donde se conoce mejor la vocación, la vida litúrgica, la participación en la Eucaristía y el hecho de estar acompañado o muy cerca con el párroco es también un punto clave, porque conviviendo con un sacerdote, ayudándole de cerca, pues pude descubrir la vocación sacerdotal.

Esto ciertamente significó para mí una experiencia que marcó mi infancia de manera muy positiva para adquirir las herramientas espirituales y así prepararme más adelante en el momento de ingresar al seminario menor.

Bueno, yo ingresé al seminario menor muy joven, a la edad de 15 años. Esto fue, lo recuerdo siempre, el 24 de junio del año 2011. Allí, compartiendo con el grupo de jóvenes o de niños que ingresábamos en ese momento, nos planteábamos el reto de perseverar, porque aquello era un cursillo vocacional en el que ciertamente se va discerniendo la vocación y van apartándose aquellos que no pudieran continuar.

Entonces, cuando se llega al seminario es aquellos nervios de perseverar, pero no solo perseverar en el cursillo y continuar en la formación, sino perseverar en la vocación como tal. Esto en el seminario menor, que ciertamente fue una experiencia inolvidable, de las más alegres, de las más plenas, porque el seminario se constituyó en una verdadera casa, con sacerdotes formadores que hacían las veces de padres y con hermanos seminaristas, jóvenes como uno mismo, con aquel mismo ideal.

De modo que el seminario menor es una experiencia de familia que me preparó para el siguiente paso: el seminario mayor. Allí ingresamos 16 jóvenes. Esto fue en septiembre del año 2013. Actualmente, ya de este grupo hay cuatro sacerdotes.

Y cuando ingresamos entonces a la etapa del propedéutico o introductorio, allí nos conseguimos con personas de distintos temperamentos, de distintas edades. Esto también significó un reto: el hecho de poder encajar todo el grupo. Los que veníamos del seminario menor éramos pocos; otros venían ya con una profesión, digamos, adultos. Pero todo esto significó un reto, el poder encajarnos como grupo, que se logró ciertamente porque tuvimos la compañía de los formadores, de los sacerdotes que nos ayudaron para dar el siguiente paso, que significó la etapa filosófica.

Fueron tres años muy rápidos. De la filosofía recuerdo la defensa de la tesis en el tercer año, que versó sobre filosofía de la educación; toda la preparación para que saliera de la mejor manera, los nervios a la hora de responder. Allí recuerdo que ciertamente todos en el grupo teníamos grandes expectativas, pero las notas no fueron como las expectativas, de modo que nos llevamos allí una pequeña desilusión. Pero fue en realidad el ánimo y el entusiasmo de prepararnos mejor y de buscar la excelencia académica junto con todas las experiencias pastorales, humanas y comunitarias que nos propone el seminario.

Y luego ya en la etapa de teología pude cursar hasta el segundo año en este mismo seminario antes de venirme acá al Perú, porque ciertamente no soy del Perú, soy venezolano y he venido a concluir aquella formación que inicié en mi país de origen: con el seminario menor, con la filosofía y con la teología.

En el año 2024, en agosto, llegué a este seminario San Pío X para completar el segundo año de teología, nuevamente el tercero en todo lo que fue el año 2025 y ahora pues iniciando este último año de la formación en el cuarto año de teología.

Bueno, con respecto a mi santo de devoción, San Josemaría Escrivá de Balaguer, fundador del Opus Dei, fue una figura clave que me ayudó desde el propedéutico. Esto no solo desde el seminario, porque en la televisión, cuando era pequeño, cuando era monaguillo, no me perdía los domingos por la tarde, por EWTN, una de las tertulias de San Josemaría.

Pero yo veía al sacerdote y en mi conciencia era una persona que estaba allí viva; no sabía que era un santo o que al menos era una persona fallecida. Y mi encuentro dominical con San Josemaría era una cita fija, era imperdible verlo, escucharlo, porque era impactante su testimonio, su manera de predicar.

Cuando llego entonces al seminario mayor, en el propedéutico, me doy cuenta de que hay algunos libros que tienen su nombre. Por ejemplo, un libro clave es Camino, la primera publicación de San Josemaría. Y allí me di cuenta, obviamente, al investigar, que pues era un santo de la Iglesia Católica que había fundado el Opus Dei.

De inmediato me puse en contacto con los padres de la Obra para recibir de ellos la dirección espiritual y poco a poco fui conociendo, a través de la lectura de muchos libros y de la conversación con los padres de la Obra, la figura de San Josemaría como un sacerdote ejemplar, como un modelo de —como lo proclamó el mismo San Juan Pablo II— “el santo de lo ordinario”.

San Josemaría es muy completo porque tiene espiritualidad, tiene escritos, tiene libros, pero también tiene testimonio pastoral. Sirvió muchísimo interesándose por los pobres, por la formación de las personas, por llegar a todos y por hacer de este mundo un lugar mejor, desde la predicación, desde la amistad, desde la cercanía, desde la conciencia de ser hijos de Dios.

Y por eso encuentro en la espiritualidad de San Josemaría Escrivá de Balaguer un ánimo y una fortaleza para responderle al Señor y para, como él, decirle sí todos los días hasta la santidad.

Hace poco, el pasado 26 de abril, juntos con el Papa León XIV tuvimos la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, por todas las vocaciones. Evidentemente allí conseguimos la vocación sacerdotal que compartimos nosotros aquí en el seminario o la vocación religiosa, pero también está la vocación a la familia, la vocación al matrimonio, la vocación a la misión.

De modo que a todos los jóvenes que se planteen esta pregunta: “¿Qué me pide Dios? ¿Qué quiere Dios de mí?”, que se plantea en la vocación, es importante saber que el Señor lo que nos pide, nos lo va a dar, nos lo hará desear. Esta es una frase también de los santos: aquello que el Señor te quiere dar, Él mismo te lo hará desear.

Podemos ser útiles en muchas formas y de muchas maneras en la vida. Ciertamente el papel del sacerdote es insustituible, el que nos da los misterios santos, el que nos trae a Dios a este mundo, pero también las religiosas, pero también los maestros, los abogados, los militares, todos aquellos que formamos una sociedad, todas esas vocaciones son en gran medida una respuesta al llamado de Dios.

Entonces, sería en primer lugar pedir a Dios la luz para descubrir su vocación, preguntar en la oración, en la intimidad al Señor: “¿Qué me pides? ¿Qué quieres de mí?”. Y el Señor irá iluminando la mente con el Espíritu Santo, irá poniendo en el camino a las personas concretas que nos ayudarán a descubrir esa vocación.

Y si en concreto es la vida sacerdotal, la vida religiosa, pues la amistad con un sacerdote, con un seminarista, con un agente de pastoral es clave para dar los pasos necesarios en esta respuesta que requiere de mucha valentía y de mucho compromiso, dejando a un lado los miedos, aferrándose y confiando solo en Dios para responderle y para hacer lo que el Señor nos pida.

Eso les diría a los jóvenes.

domingo, 24 de noviembre de 2019

Edición Atípica de Camino en mi biblioteca

Camino

Pedro García y José Antonio Contreras en la
Capilla del Centro de Estudios Mosén Sol, El Marqués, Caracas
Camino, es un famosísimo libro de espiritualidad de san Josemaría Escrivá de Balaguer, el fundador del Opus Dei. El texto consta de 999 breves consideraciones -número múltiplo de tres, en honor a la Trinidad- que tratan de tú al lector y le guían por la espiritualidad católica más clásica. Durante su estancia en Burgos, san Josemaría amplió los puntos de meditación publicados en “Consideraciones Espirituales”, tarea que ya había iniciado durante su encierro en la legación de Honduras (1937), los organizó en capítulos temáticos y los dio a la imprenta con el nombre de “Camino”. Así apareció la primera edición de su libro más conocido, considerado un clásico de la espiritualidad cristiana, que en estos momentos ha superado los cuatro millones de ejemplares impresos, en más de cuarenta idiomas. En 1986, once años después de la muerte del autor, se editaron otras mil consideraciones, recogidas bajo el título de Surco. Al año siguiente salieron otros 1.055 puntos, bajo el nombre de Forja. Es en estos tres libros donde se encuentra el cogollo de su pensamiento y, por tanto, del Opus Dei.

Es de este tesoro literario -Camino- que trataré a continuación, pues con motivo del Seminario Internacional de Teología Caracas 2019, viajé a la capital venezolana para participar del mencionado encuentro de formación teológica, en compañía del Licenciado en Teología José Alfonso Morales Rosales. Fuimos hospedados en la Centro de Estudios Mosén Sol (CEMS), de la Hermandad de Sacerdotes Operarios Diocesanos, en El Marqués, Caracas, por el seminarista José Antonio Contreras, que es oriundo de Guaraque.

José Antonio, aprovechando mi visita a su casa de formación, y conociendo mi devoción por san Josemaría, me obsequió ese tesoro literario -Camino- en edición atípica, que fue grandiosamente elaborado en unas dimensiones de 35x25 centímetros, siendo protegido, el libro, por una delicada caja de madera que lo deja soportar verticalmente. Quiero copiarles textualmente el comentario que tiene esta edición en la presentación y en su parte final, porque son estos comentarios los que dan sentido a la emoción de este artículo en mi blog.

La presentación expresa entre otras palabras: “La presente edición intenta reflejar el arraigo de CAMINO en este campo abierto, de promesas y esperanzas, que es la tierra americana. Pretende prestar eco, desde aquí, a la sugerencia del padre, del hermano o del amigo. Y aspira a ser una expresión más de simpatía y de agradecimiento al autor que nos visita. Nuestra hospitalidad ancestral nos obliga al esmero. Por eso, esta primera edición venezolana de CAMINO, que coincide con la primera visita de Mons. Escrivá de Balaguer a nuestras tierras, sale a la luz con sencillez y con acierto engalanamiento tipográfico. Caracas, agosto de 1974”. Se trata de la primera edición venezolana, un trabajo conjunto de las editoriales Vértice y Arte.

Y en la parte final del libro se encuentra lo que hace tan singular esta edición atípica, pues la última hoja impresa expresa orgullosamente: “Esta edición de Camino cuyos beneficios se destinan, por deseo expreso del Autor, al Centro de Cultura Popular “Los Samanes” de Caracas, consta de un ejemplar especial dedicado al Autor, marcado con la letra A, treinta ejemplares numerados del I al XXX y ochocientos cincuenta ejemplares numerados del 1 al 850. Los textos fueron compuestos en letra garamond 24 puntos, los números en bodoni extra bold 30 y los títulos en garamond light. Impresa toda a dos tintas, sobre papel francés Velin Arches 160 gramos de la casa Arjomari. Cada ejemplar contiene 27 litografías a todo color de pinturas coloniales venezolanas, impresas sobre papel Cameo Dull 118 gramos. Las fotografías de las mismas son de Graziano Gasparini y Petre Maxim. Consta de 312 páginas con numeración arábiga y 28 con numeración romana. Se terminó de imprimir en las prensas venezolanas de Editorial Arte, en la ciudad de Caracas, el día quince de agosto de mil novecientos setenta y cuatro, fiesta de la Asunción de Nuestra Señora. LAUS DEO VIRGINIQUE MATRI”.

Esta edición atípica presentó el Nihil obstat de Alfredo Rincón Montero, en Caracas, el 16 de julio de 1974. El Imprímase fue de José Alí Lebrún, Arzobispo Coadjutor y Administrador Apostólico Sede Plena de Caracas. El Diseño gráfico de José Serra B. El ejemplar del que les hablo es el número 128  de 850, y es el libro n° 1650 de mi biblioteca personal.

P.A
García

miércoles, 12 de junio de 2019

Francisco es Papa porque Josemaría Escrivá es Santo


Santo Padre Francisco. Estampa de san Josemaría Escrivá

La santidad del Fundador del Opus Dei, Mons. Josemaría Escrivá de Balaguer, confirma el Pontificado del Santo Padre Francisco. A continuación les presento el testimonio de Mons. Carlos Nannei, sacerdote argentino que ha tenido una amistad muy estrecha con Jorge Mario Bergoglio, hoy Papa Francisco, desde el momento de su Ordenación Episcopal como Obispo Auxiliar de Buenos Aires, el 27 de junio de 1992.

Mons. Nannei estuvo en la Ordenación Episcopal de Jorge Mario Bergoglio, pero fue a conocerlo personalmente en el mes de julio. Se presentó, era el Vicario del Opus Dei en Argentina, en seguida se trataron de tú a tú, y Mons. Bergoglio le dijo que quería contarle una historia.

Se acercaba la beatificación de Josemaría Escrivá y yo pensaba que no era santo, por tantas campañas de calumnias y cosas que sucedieron. En ese entonces estaba sufriendo mucho, mientras vivía en Córdoba, en una residencia de los jesuitas, pues pasaba por una turbulencia espiritual, cuando me entero que iban a beatificar a Josemaría Escrivá, y le hice un desafío: si eres santo, quítame de este pozo, de este agujero. Al día siguiente me llamó el Nuncio de Argentina, Mons. Ubaldo Calabresi, para decirme que el Papa me había nombrado Obispo Auxiliar de Buenos Aires. Me quedé de piedra, y desde ese momento empezó mi relación con Josemaría Escrivá. Primero le pedí perdón por haber dudado, segundo lo empecé a incluir en la misa, pues siempre que celebro la Eucaristía sólo, lo hago con el Canon Romano, y cuando digo Lino, Cleto, Clemente, Sixto, Cornelio… Josemaría, y no sé si es litúrgico o no, pero empecé a incluir a Josemaría. Después, a la gente que puede entender le cuento esta historia.

Algunos años después de este encuentro entre Mons. Nannei y Mons. Jorge Mario Bergoglio, como Obispo Auxiliar de Buenos Aires, fue a Argentina el Prelado del Opus Dei, para entonces, Mons. Javier Echevarría, y a él también le contó la misma historia, ya era Obispo Coadjutor de Buenos Aires.

En el año 2003, el Cardenal Bergoglio de visita a Roma contactó a Mons. Nannei para que le indicara cómo ir a Bruno Buozzi, lugar donde está la Iglesia Prelaticia del Opus Dei y donde reposan los restos mortales de san Josemaría, pues quería cumplir una promesa. Fueron los dos a rezar ante la tumba de san Josemaría. Se pusieron de rodillas y oraron durante 45 minutos.

El Papa Francisco tiene un cariño muy especial por el Opus Dei, y una devoción personal a san Josemaría. El hecho de que, en 1992, el padre Jorge haya puesto un desafío al entonces beato, fue como una oportunidad divina para demostrarle al futuro Sumo Pontífice y Vicario de Cristo que éste sacerdote español fue realmente un amigo de Dios en la tierra, y que su vida es ejemplo para muchos y su mensaje tiene una transcendencia espiritual para todo el catolicismo.

Ahora bien, ¿por qué decía al principio que la santidad de Josemaría Escrivá, confirma el Pontificado de Francisco? Como se ha demostrado ya, fue el mismo Jorge Mario Bergoglio quien desafió al santo para que le sacara del momento de turbulencia espiritual en el que se encontraba, la respuesta ante este desafío, que fue realmente una súplica, fue la noticia de su nombramiento episcopal, lo que más adelante le llevaría a ser Cardenal de Argentina y luego Papa de la Iglesia Católica.

Mons. Carlos Nannei

        P.A
García

La Teología del Burro según el Cardenal Julián Herranz

Cardenal Julián Herranz


         El 2 de febrero de 1984, el joven monseñor Julián Herranz tenía su primera audiencia con el Papa Juan Pablo II, pues había sido nombrado por éste como Secretario del Pontificio Consejo de los Textos Legislativos. En este panorama Mons. Herranz pensó que debía presentarse ante el Santo Padre con algún obsequio como gesto de gratitud, pero al no tener objetos de valor, decidió llevarle una cosa que tenía sobre su escritorio, “un burrito de hierro, con una albarda pequeña de color azul y rojo”, que le había sido entregado por san Josemaría Escrivá de Balaguer en el año 1961, cuando Mons. Herranz empezó a trabajar con el beato Álvaro del Portillo en la preparación del Concilio Vaticano II.

         Al recibir el burrito de manos de san Josemaría, éste le dijo: “hijo mío aquí tienes un burrito, es de hierro, porque tienes que ser fuerte”, por lo que se apegó a aquella cosa de manera descomunal, sin embargo, éste obsequio de san Josemaría era lo único que tenía de valor sentimental y por eso decidió llevárselo al Santo Padre. Para hacer más delicado el obsequio le prepararon una bolsita de terciopelo verde con una cinta para cubrir el burrito, que metió en su maleta para la Audiencia con Juan Pablo II.

         Como de costumbre, cuando llegó al despacho pontificio, besó el anillo del Pescador del Papa, éste le mandó pasar y se sentaron para iniciar la conversación. Mons. Herranz puso la bolsita hacia un lado sobre el escritorio, por lo que el Papa quedó con mucha curiosidad. Mons. Herranz le explicó que no quería llegar con las manos vacías, por eso le había traído ese pequeño detalle. Iniciaron la Audiencia sobre cuestiones de gobierno, pero el Papa seguía con la curiosidad sobre la bolsita de terciopelo, casi como un niño, dirigiendo su mirada hacia la bolsita en reiteradas ocasiones. Al finalizar las cuestiones de trabajo, Mons. Herranz tomó el regalo y sacó de la bolsa el burrito de hierro, el Papa quedó impresionado y es entonces cuando le explica que éste había sido un obsequio del Fundador del Opus Dei, algo de un valor personal incalculable, pues Mons. Escrivá de Balaguer estaba en proceso de beatificación. Para Mons. Herranz esa figura de hierro le evocaba a la Teología del Burro, cuestión que el Papa ignoraba, por lo que le explicó detalladamente

         Santo Padre, la Teología del Burro la escuché del Fundador del Opus Dei, al explicarnos que cuando los hombres no habían querido acoger a la Sagrada Familia, cuando le cerraron la puerta al Salvador del mundo, solamente en un corral, como la Tradición cristiana ama recordar, le dieron calor al Niño un burro y una mula, naturalmente junto a María y José. Luego, en el Evangelio hay una única vez en la que se dice que el Señor tiene “necesidad” de algo, a parte de la vez en que tuvo hambre o sed, y es en la escena en la que iba a entrar triunfante a Jerusalén y no quiso el Señor ni un caballo, ni una cuadriga romana. Es así como Jesús, para entrar en triunfo ante los hombres escogió a un burro, y les dijo a sus discípulos que fueran a buscarlo y si el dueño les decía algo que contestaran “el Señor lo necesita”, en latín: “quia Dominus opera eius desiderat”.

         Es así como la necesidad de Dios es de un burro, y entra él en triunfo, pero no es él, pues le han puesto los mantos para que se siente el Señor, y el burro sabe muy bien que a quien aplauden no es a él, es al que lleva encima, que es Jesús, el Señor. Es por eso que cuando uno se tiene que santificar en la vida ordinaria, en las tareas del mundo, en la casa, en la oficina, en la universidad, en el campo, en el taller, los cristianos que buscan ahí el encuentro con el Señor, saben que están cubriendo una voluntad divina, y llevan, por tanto, al Señor con ellos. Al burro no le entra ni la vanidad ni la soberbia, porque sabía muy bien que no era a él al que aplaudían, pues aplaudían al que llevaba encima. Opus Dei, trabajo de Dios, significa hacer el trabajo sabiendo que se lleva a Cristo en el alma. Y esto es la Teología del Burro, que le encantaba a san Josemaría meditar, y sabemos que en ocasiones se llamaba a sí mismo “Burrito sarnoso”.

         En todas estas, mientras conversaban en el despacho pontificio, toca a la puerta Mons. Estanislao, el secretario personal de Juan Pablo II para avisarle que había un embajador esperándolo, pues ya habían pasado diez minutos del cuarto de hora reglamentario para las audiencias. El Papa prefirió que siguiera Mons. Herranz explicándole la Teología del Burro.

         Santo Padre, también al Fundador del Opus Dei le gustaba recordar al borrico y la noria, ese que daba vueltas para sacar el agua del pozo, que le ponen unas anteojeras y no puede ver, sin embargo da una vuelta y otra vuelta y ese es el trabajo de todos los días. Por ello el Opus Dei, el Trabajo de Dios, no ve nada, pero está sacando y sacando agua, y cuando le quitan las anteojeras, ha florecido un jardín alrededor de ese burro.

P.A
García

viernes, 13 de abril de 2018

Altoclaro Pascua 2018

Talleres de Pastoral para seminaristas en Altoclaro
Grupo de seminaristas que participaron en estos Talleres de Pastoral 2018

       Después de la Semana Mayor, una semana de bastante trabajo pastoral, es necesario un espacio para el descanso y el compartir fraterno, ese es precisamente el ambiente que nos brinda los Talleres de Pastoral para seminaristas y Jornadas de Formación para sacerdotes que organiza el Centro Teológico Sacerdotal en Venezuela, aprovechando la oportunidad para tratar temas de formación permanente para sacerdotes y seminaristas. En esta Pascua 2018, el tema giró en torno al Sínodo de los Obispos sobre la juventud y el discernimiento vocacional. La temática de formación trató de responder la siguiente pregunta: ¿Qué podemos aportar y qué puede aportarnos el Sínodo de la Juventud?
Sacerdotes que concelebraron la Eucaristía con el Sr. Nuncio Apostólico Monseñor Aldo Giordano 

     Altoclaro es una casa de retiros espirituales o Centro de Encuentros que pertenece a la Prelatura de la Santa Cruz y Opus Dei. Esta casa fue visitada por san Josemaría Escrivá de Balaguer en 1975, con motivo de una gira de encuentros con hombres y mujeres, que se congregaban en masa para escuchar con fervor la predicación de este sacerdote español, el "santo de la vida ordinaria". La casa es cómoda, propicia el ambiente familiar, tiene lugares apropiados para todo tipo de reuniones.
La Eucaristía inicial de las jornadas se efectuó el martes 3 de abril

       Este año 2018 asistimos unos 41 seminaristas y al rededor de 40 sacerdotes de más de 15 diócesis de Venezuela, todos compartimos en un ambiente de sincera fraternidad. Son oportunidades para hacer nuevas amistades y para conversar y compartir más con las amistades antiguas. Este año 2018 estuvimos en Altoclaro desde el lunes 2 de abril hasta el viernes 6, sin embargo, los días centrales de formación fueron el martes 3, miercoles 4 y jueves 5. 
    
    Camino 334. Oras, te mortificas, trabajas en mil cosas de apostolado..., pero no estudias. -No sirves entonces si no cambias. -El estudio, la formación profesional que sea, es obligación grave entre nosotros.

Grupo de seminaristas en la casa El Balcón
       Estos días de descanso llevan también su orden y horario establecido, sin el mayor de los rigores se cumple todo a la perfección. Por la mañana se rezan las Laudes y se tiene una meditación dirigida por algún sacerdote, la eucaristía y luego el desayuno y a media mañana se tiene el primer encuentro en la sala de conferencias, allí por un espacio de una hora aproximadamente se escucha la presentación del ponente que puede ser interrumpida por los presentes con comentarios, acotaciones o interrogantes, esto enriquece el encuentro de una manera impresionante. Al finalizar la charla formativa se tiene un pequeño refrigerio.

Eucaristía presidida por el Sr. Nuncio Apostólico Monseñor Aldo Giordano

      Después del almuerzo se tiene una breve tertulia, que es un momento para el encuentro en comunidad, se tratan temas variados, la mayoría de ellos de índole religiosa y de experiencias pastorales de los sacerdotes u obispos presentes en la casa. Luego es el deporte, garantizando el sano esparcimiento de los jóvenes seminaristas y algunos sacerdotes que mantienen vivo el espíritu deportivo. El santo rosario se reza en comunidad para luego tomar la merienda y disponerse para la segunda conferencia del día.

Seminaristas en la sala de tertulias de la casa El Balcón
       Mons. Ángel Caraballo, Obispo Auxiliar de Maracaibo y Administrador Apostólico de Cabimas acompañó estas jornadas de formación. Tuvo la oportunidad de compartir una tertulia con los seminaristas, donde comentó su historia vocacional y la experiencia de su llamado al episcopado, del mismo modo mencionó su presencia en las redes sociales como método de evangelización. 

En la sala de conferencias con el profesor invitado: Pbro. José Ángel Lombo de la Universidad Pontificia de la Santa Cruz, Roma
      El padre José Ángel Lombo es un sacerdote del Opus Dei, de nacionalidad española, se ha desempeñado los últimos años como profesor de Antropología Filosófica en la Pontificia Universidad de la Santa Cruz en Roma, su discurso es bastante agradable, mezcla el rigor de las conferencias con el buen humor, responde con sencillez las preguntas y acepta con humildad toda opinión.
Grupo de sacerdotes que participaron en las Jornadas de Formación 2018

   Los seminaristas estuvimos acompañados por los padres Daniel Silva y Antonio Briceño, de igual manera estuvieron presente en la organización del encuentro los padres Martín Carbonell, Jesús Gutiérrez, Osberto González entro otros.

Al fondo el bello retablo de la capilla de Altoclaro. En la sede Mons. Ángel Caraballo, Mons. Aldo Giordano y el Padre Martín Carbonell, sacerdote del Opus Dei


También el ambiente de oración se mantiene en estas actividades


El compartir comunitario en respeto y sincera fraternidad son las características más notables de estas actividades para sacerdotes y seminaristas



martes, 25 de abril de 2017

Experiencia en los Talleres de Pastoral para Seminaristas


       
  Gracias a Dios y a la intercesión de mis santos de devoción personal, tuve la oportunidad de participar de los Talleres de Pastoral para los Seminaristas, actividad que es organizada por el Centro Teológico Sacerdotal, iniciativa desarrollada por sacerdotes de varias Diócesis de Venezuela y de la Prelatura Personal del Opus Dei, y cuyas actividades se extienden también a seminaristas mayores, como es mi caso.

         Este Centro Teológico Sacerdotal promueve el estudio, la documentación y el intercambio de experiencias entre los sacerdotes del país, e impulsa su formación permanente para fortalecer su preparación y eficacia pastoral, de igual manera ayuda a los sacerdotes a crecer en su afán de santidad, en su fraternidad y en la unión con su propio Obispo.

         Esta institución organiza diversas actividades de carácter espiritual, jurídico, pastoral, teológico, cultural, etc., de acuerdo con las exigencias y circunstancias de la vida y misión del clero secular. El Centro Teológico Sacerdotal brinda siempre al desarrollar estas actividades, un espacio para la oración y la reflexión en un clima de sincera amistad.

Grupo de Seminaristas en Altoclaro, Pascua 2017, con el Padre Osberto González

    Durante la primera semana de Pascua 2017 se llevó a cabo esta actividad, en el Centro de Encuentros Altoclaro. Los días martes, miércoles y jueves fueron destinados para las conferencias correspondientes cuyo énfasis estaba orientado hacia los temas del Mundo Contemporáneo y Ministerio Sacerdotal, donde se habló de manera especial sobre bioética, aborto, ideología de género, y la dignidad de la vida humana entre otros. Fueron muchas las cosas aprendidas, ya que éste es en primer plano el fin de estas actividades, sin embargo, no puedo dejar de comentar la alegría que sentí al estar en el mismo lugar donde estuvo san Josemaría Escrivá en 1975 algunos meses antes de irse a ayudarnos desde el Cielo.

Aquí con el Padre Francisco Nava

         Al llegar a Caracas el lunes a medio día, fuimos a conocer la Parroquia de la Sagrada Familia de Nazaret y San Josemaría Escrivá en La Tahona, allí pudimos besar en un gesto de piedad la reliquia de la Santa Cruz. Los asistentes a Altoclaro fueron 35 sacerdotes y 15 seminaristas provenientes de Diócesis como San Felipe, San Carlos, Maracay, Caracas, Maracaibo, Barinas, Maturín y Mérida, todos participamos de las mismas conferencias. Antes de regresar a Mérida pude conocer y saludar al Padre Hugo, administrador del Blog “Notas de Fe con el Padre Hugo”, quien también se encontraba en esta actividad.

         Agradezco a Dios la oportunidad de compartir con tanta gente santa, en especial con los Padres Martín Carbonell, Osberto González, Francisco Nava, Antonio Briceño y Jesús Gutiérrez. Dios les pague.

Grupo de Seminaristas en Altoclaro, Pascua 2017, con el Padre Osberto González

P.A
García

lunes, 17 de octubre de 2016

Comentarios de Camino: (74)

Comentarios de Camino: (74)

San Josemaría Escrivá entre sus hijos espirituales
Camino 74:

Amar a Dios y no venerar al Sacerdote... no es posible.

 Hay quienes ven en el sacerdote a otro Cristo, pues dichosos esos ojos, porque hacen muy bien, sacerdos alter Christus est, el sacerdote es otro Cristo, pero no veamos esta aseveración con demasiada piedad, pues se nos puede venir el mundo encima cuando nos demos cuenta de que el sacerdote es un hombre normal, capaz de pecar.

Dice san Josemaría que: el sacerdote tiene todo el poder de Dios, pero toda la debilidad del hombre, es decir, su condición humana no escapa en salir a flote, aun siendo hombre de piedad, administrador de la gracia de Dios puede pecar, mas no debe pecar.

El sacerdote en la actualidad es alabado por unos, pero es mal visto por otros, de todo hay en la viña del Señor, sin embargo analicemos estas situaciones. Un sacerdote es en primer lugar un hombre normal, llamado por Dios al servicio de su pueblo, tiene una realidad personal, una historia pasada, viene de una familia, y tiene unas cualidades que no siempre deben ser las mejores, lo importante es que ha decidido renunciar a sí mismo para seguir a Cristo.

Las personas que ven con malos ojos a los sacerdotes, pueden estar juzgando una realidad que les estorba en su vida, a lo mejor la presencia sacerdotal les hace caer en cuenta de la necesidad que tienen de volver a Dios, también hay quienes han tenido malas experiencias con los sacerdotes y por eso juzgan a todos por igual, pero esto es injusto.  

Las Sagradas Escrituras nos enseñan que los sacerdotes merecen un respeto especial, no se les debe criticar, antes de hablar del sacerdote, debemos hablar con el sacerdote, ellos nos escucharán con humildad y si no lo hacen con mayor razón debemos hacerles ver los errores, pero siempre poniendo en oración y en las manos de Dios esa corrección fraterna que pretendemos hacer.

San Josemaría nos explica que es imposible amar a Dios y no amar al sacerdote, una cosa nos debe llevar a la otra, el amor a Dios también debe manifestarse en un amor especial por los sacerdotes, estar al pendiente de ellos, de su salud, de su bienestar.

Pero ¿por qué venerar a un cura? Que no se nos olvide nunca que un cura nos bautizó, un cura nos dio la Primera Comunión, un cura nos absuelve de los pecados, un cura nos confirmó, un cura nos bendijo el amor con el matrimonio, un cura no da la unción de los enfermos, un cura nos celebra la Santa Misa, que es el centro y culmen de la vida del cristiano, en todo esto podemos notar que el amor y la veneración a los sacerdotes parte de que su misión es hacernos crecer en la gracia de Dios, y ¿cómo no venerar las manos que nos dan de comer el alimento espiritual, la voz que nos lleva la Palabra de Dios, el hombre que nos santifica?

Señor que amándote a ti pueda también venerar a los sacerdotes, has que vea en ellos la obra de tu amor, que no peque al criticarlos, por el contrario que yo les ayude con mi oración. Señor danos sacerdotes. Señor danos sacerdotes santos. Señor danos muchos sacerdotes santos. Amén.

P.A
García

Comentarios de Camino: (573)

Comentarios de Camino (573)

Beato Pablo VI con San Josemaría Escrivá de Balaguer

Camino 573:

Gracias, Dios mío, por el amor al Papa que has puesto en mi corazón.

El autor de esta frase, San Josemaría, fue un sacerdote que siempre manifestó tener un gran amor por el Romano Pontífice, lo hacía público en sus tertulias, y en su vida ministerial se sabe que oraba siempre por las intenciones del Santo Padre, además tuvo una cercana amistad con algunos papas, no por conveniencia, sino porque reconocía que debía ayudarles en el servicio a la Iglesia. Muchas personas se acercan a otras que tienen poder para aprovecharse de ellas, otras lo hacen para ayudarles y serles útil en tantas cosas que les afanan, demostrándoles así un amor filial, este fue el caso de san Josemaría Escrivá de Balaguer.

 Pero qué pretende enseñarnos con esto. Preguntémonos brevemente ¿Qué es el Papa para los católicos? El Papa es (el que recibe la potestad de Pedro) el Papa es Pater et Pastor, Padre y Pastor, el Papa es el representante de Cristo en la tierra, es su Vicario. Por eso debemos amarlo y serle fiel en lo que el Espíritu Santo le ilumine para el bien de toda la cristiandad, o al menos del catolicismo, y esto es importante, la infalibilidad del Papa se fundamenta en que siempre actúa movido por el Espíritu Santo de Dios.

No podemos caer en el grave error de comparar a los Santos Padres, cosa que siempre sucede, pues “cuando hay santo nuevo, los viejos no hacen milagros”. Sucedió con mayor énfasis cuando Benedicto XVI dimitió del ministerio petrino, fue criticado por muchos católicos, personas que se dejaron llevar por la superficialidad y no llegaron al interior del pensamiento de un Papa santo.

De igual manera hay quienes critican al Santo Padre Francisco, y se comprende, porque nos encontramos ante un Papa que actúa según el Evangelio, es decir, haciendo nuevas todas las cosas, esto no quiere decir que el anterior Papa no lo hiciera, sino que cada quien pone al servicio de la Iglesia los dones que de Dios ha recibido.

No podemos hablar de Papas modernos o anticuados, o de Papas conservadores o progresistas, esto es un error, aunque muchos no lo vean así, pues la tarea de un Sumo Pontífice es precisamente conservar celosamente la fe cristiana, la tradición, el magisterio, todo iluminado por las Sagradas Escrituras y de igual manera progresar en la manera de llevar el mensaje, haciendo que éste llegue a todos y a todos convierta para el Señor.

Hay algo que si debemos tener bien claro, y es que, gracias a Dios, la Iglesia es universal, es decir, la conforman personas de diferentes pueblos, culturas, lenguas, es por eso que se evidencia una diferencia en la forma de gobernar el catolicismo de los papas, y esto es normal, porque de esta manera se explica la catolicidad del Cuerpo Místico de Cristo, que es la Santa Iglesia Católica Apostólica y Romana: santa porque su fundador es santo y nos llama a la santidad, católica, es decir, universal porque difunde el Evangelio a todos sin excluir a nadie, apostólica porque está fundada y cimentada sobre los doce apóstoles del Señor, en especial sobre Pedro, y romana porque tiene su sede en Roma, aunque en cualquier lugar del planeta se puede adorar a Dios y celebrar la liturgia católica.

Quien ama es porque ha conocido, y esto casi siempre lo repito, nadie ama lo que no conoce. Entonces nos queda una tarea, conocer al Papa para amarlo. Benedicto XVI y Francisco ha hecho todo lo que ha estado a su alcance por el bien de la Iglesia, debemos ser agradecidos con ellos antes que destruirlos con nuestros comentarios, incluso, me animo a decir que es pecado grave hablar mal de un Papa, o de un Obispo, o de un Sacerdote, porque la misión que ellos tienen no es cosa de hombres sino de Dios.

Ahora bien, permítanme escribir un humilde deseo que nace de mi amor al Papa. Cómo me gustaría que cuando fallezca el Santo Padre Benedicto XVI, en un corto plazo sea canonizado por la Iglesia y seguidamente sea declarado Doctor de la Iglesia. Cuando esto suceda, no me llamen profeta, más bien matemático, porque si analizamos el tema, se trata de una fórmula, en la que 2+2=4, es decir, Benedicto XVI reúne las características de un santo. Algunos dirán, ¡qué atrevido al decir esto! Pero yo no me preocupo, porque: vox populi, vox Dei, la voz del pueblo es la voz de Dios…

Que amemos al Papa, que recemos siempre por sus intenciones, que veamos en su persona a Dios que siempre nos acompaña. Papa San Juan Pablo II, ruega por nosotros. Amén.

P.A
García

viernes, 6 de mayo de 2016

Lo que dijo San Josemaría a los venezolanos

MIRAR ALREDEDOR
09 de febrero de 1975

        Una pregunta pone sobre el tapete una cuestión que, de un modo u otro, interesaba a todos.

        -Padre, en Venezuela tenemos mucho petróleo y…

        -Entonces tenéis mucho dinero, le interrumpió el Padre.

        -A eso voy, precisamente. En un ambiente así, ¿cómo haremos para que nuestros hijos crezcan con amor al trabajo?

        -Yo los pasearía un poco…, por esos barrios que hay alrededor de la gran ciudad de Caracas. Les pondría la mano delante de los ojos, y después les quitaría para que vieran los ranchitos, unos encima de otros: ¡y ya les has contestado! Que sepan que el dinero lo tienen que aprovechar bien; que han de saberlo administrar, de modo que todos participen de alguna manera de los bienes de la tierra. Porque es muy fácil decir: yo soy muy bueno, si no se ha pasado ninguna necesidad… Hay que habilitar a la gente para que, con su trabajo, pueda asegurarse un bienestar mínimo, estar tranquilo en la vejez y en la enfermedad, cuidar de la educación de los hijos, y tantas otras cosas necesarias. Nada de los demás puede resultarnos indiferente y, desde nuestro sitio, hemos de procurar que se fomente la caridad y la justicia.

San Josemaría Escrivá de Balaguer

P.A

García