lunes, 9 de septiembre de 2019

Escatología: Futuro del Reino en Cristo el Señor.

Reflexiones sobre el libro: La Pascua de la Creación. Escatología. Por Juan Luis Ruiz de La Peña[1].

FUTURO DEL REINO

La identificación de Jesús con “el Hijo del hombre” es dinámica, no estática. La venida del Hijo del hombre se desdobla en dos etapas: manifestación kenótica “el Hijo del hombre ha venido”, y manifestación mayestática “el Hijo del hombre vendrá”. En definitiva el reino de Dios está cerca, es por eso que Jesús enseña a sus discípulos a pedir en la oración que venga el reino.

En esta sintonía de la espera del reino, Mateo presenta la parábola de la vigilancia, de las diez vírgenes, donde se trata de inculcar la necesidad de la actitud de expectación ante el evento escatológico. La realidad “reino” implantada en el “ahora” del ministerio de Jesús está abierta, inconclusa, la promesa se ha cumplido incoativamente, no acabadamente.

Su consumador será su implantador, Jesús Siervo se revelará como Cristo Señor. La escatología deviene así función de la cristología, sin embargo, el perfil del reino proclamado por Jesús como ya presente y consumado se ilustra en parábolas, dentro de las cuales podemos precisar el drama desatado por el adviento del reino y las reacciones que suscita, e implica un juicio moral.

Actualmente continúa siendo necesario el reforzamiento de una predicación que haga énfasis y tenga por base el reino de Dios, basándonos en la identificación de este reino como una promesa escatológica, pues de esta manera se abre la esperanza y el deseo del creyente a participar de la promesa mesiánica.

La escatología aquí no habla del famoso “ya, pero todavía no”, pues bien, desde esta perspectiva podemos dar a entender a los creyentes que Cristo ha cumplido su promesa y está reinando, sin embargo, no agota su poder y nos da la esperanza de plenificar (hacer pleno) dicho reino en su presencia, es aquí cuando la escatología usa su lenguaje para sembrar la semilla de la fe y de la esperanza en el alma del cristiano que lo espera todo de Dios.  

P.A
García


[1] Juan Luis Ruiz De La Peña, La Pascua de la Creación, Escatología, Biblioteca de Autores Cristianos (BAC), Madrid, 1996. ISBN: 84-7914-261-8

viernes, 6 de septiembre de 2019

Resumen de la historia de Nuestra Señora de Regla de Tovar


VIRGEN DE REGLA DE TOVAR
Nuestra Señora de Regla de Tovar, imagen original y templo. Foto: Nilson Guerra 

        
La ciudad de Tovar en Mérida, Venezuela, es la capital del municipio homónimo y se enaltece en venerar como Reina y Patrona a Nuestra Señora de Regla, advocación que tiene su origen en la fe de san Agustín de Hipona, quien escribió su regla monástica al pie de una imagen de la Madre de Dios, por lo que el nombre original de esta advocación es Nuestra Señora de la Regla de San Agustín de Hipona. Hay que aseverar serenamente que los principales propagadores de la devoción a Nuestra Señora de Regla son los padres agustinos, y junto a la Regla de Tovar se incluye obligatoriamente a la Candelaria de Bailadores y a la Consolación de Táriba.

         En el presente Resumen de la historia de Nuestra Señora de Regla de Tovar no me compete innovar, sino exhibir lo que para muchos puede ser desconocido, es por eso que recurro a la fuente primaria de la historia tovareña, en este sentido al Licdo. Nilson Guerra Zambrano[1].

         Para el 30 de mayo de 1627, el pueblo de Nuestra Señora de Regla ya había sido fundado por el gritense Juan Mejía, acto para el cual no fue necesaria una imagen de la Virgen, pues se estima que el nombre del nuevo poblado pudo haber sido simplemente el consejo de dos sacerdotes agustinos, Luis Barrientos y Luis de Olmos, para el momento residentes en San Cristóbal.

Nuestra Señora de Regla de Tovar.
Foto: Pbro. Aldemar Villasmil
La imagen de Nuestra Señora de Regla de Tovar llegó a Bailadores en 1644 proveniente de Santa Fe de Bogotá, de manos del padre Luis Jover Nava, sacerdote agustino, quien en compañía del padre Bartolomé Ortiz Donoso vino a ocupar la donación que había hecho el gritense padre Bartolomé Carrero de Escalante, para fundar un Hospicio y un Convento. El Convento no se logró y el Hospicio duró poco tiempo, por lo que la imagen hubo de quedarse en el Valle del Mocotíes, en la Capilla de la misma donación, donde ya existía una imagen de Nuestra Señora de la Candelaria.

         La pequeña imagen de madera de Nuestra Señora de Regla de Tovar es una copia de la que existió en la Iglesia de San Agustín de Bogotá, que para 1644 estaba siendo construido, en sustitución del primer templo de inicio del siglo XVII. Para el año 1657 la imagen formaba parte del inventario de la iglesia de Bailadores, ubicándola dentro de un cajón a modo de tabernáculo, y con las medidas de media vara de alto. Veinte años más tarde, para 1697 ya el “pueblo de Regla” era visitado por el Presbítero Dr. Francisco de Escalante. Para 1702 se precisa la existencia de un libro de Cuentas de la Cofradía de Nuestra Señora de Regla.

        El 8 septiembre de 1709 el franciscano José Ceballos Obregón reorganizó el pueblo de Nuestra Señora de Regla de los Bailadores, por lo que la imagen pasó a presidir una sencilla capilla de paja. Luego de 55 años, el 22 de septiembre de 1764 se crea el Curato de Nuestra Señora de Regla, siendo designado como primer sacerdote el aún seminarista Diácono Francisco Javier Jiménez de Molina, de origen bogotano y de la Orden de los Predicadores, quien fue ordenado sacerdote en 1775.

Nuestra Señora de Regla de Tovar.
Foto: Pbro. Aldemar Villasmil
         De 1775 en adelante se podría traer a la palestra diferentes fechas dignas todas de rememorar, sin embargo, no compete en este Resumen de la historia de Nuestra Señora de Regla de Tovar, por lo que simplemente me agrada citar algunas fechas relacionadas a la milagrosa intercesión de la Virgen al pueblo de Tovar, presentadas por el tovareño Mario Rosales:

         Nuestra Señora de Regla de Tovar ha intercedido por su pueblo en  diferentes ocasiones, recordemos estas fechas. El terremoto del 28 de abril de 1894, el pueblo encontró auxilio y consuelo en su Patrona. En 1908 Tovar fue invadido por la langosta y la excelsa Madre abogó por el mejoramiento de la región. La oración confiada a la Virgen logro apaciguar la terrible sequía de 1912. En la peste de fiebre española de 1918, el padre José Amable Escalante deambuló la imagen por las calles de Tovar, todos rogaron esperanzados en la intercesión de Nuestra Señora de Regla[2].

         Sobre la leyenda del intercambio de imágenes:

         A la común feligresía les llama la atención el hecho de creer en la leyenda del milagroso intercambio de imágenes de Regla y Candelaria, siendo esto una imaginación de muchos que ha trascendido y que ha gustado, pues la gente, como cuento y relato maravilloso lo ha sabido transmitir.

El padre Fernando Campo del Pozo hace una ligera referencia a la misteriosa leyenda sobre el intercambio de imágenes entre Nuestra Señora de la Candelaria y Nuestra Señora de Regla, pero no da crédito a tal entelequia. En conversaciones con Mario Rosales se puede precisar lo que el vulgo tovareño ha mantenido durante mucho tiempo, sin embargo, tal intercambio tal vez nunca ocurrió, pues ya se ha dejado claro que Nuestra Señora de Regla llegó a Bailadores cuando allí ya estaba Nuestra Señora de la Candelaria, en consecuencia las imágenes nunca vinieron juntas, ni España fue el origen de ambas. Nuestra Señora de Regla es “rola”[3], sin negar que de España hemos heredado la fervorosa devoción a la virgen María.

Nuestra Señora de Regla de Tovar.
Foto: Pbro. Aldemar Villasmil
Cada 8 de septiembre la ciudad de Tovar se entusiasma en celebrar por todo lo alto la Festividad de su Patrona, a tales efectos, previo a la fiesta central se lleva a cabo la tradicional Novena en su honor, las misas de cada día de la Novena son presididas por un sacerdote diferente de la Vicaría Pastoral del Mocotíes. Para el día central, 8 de septiembre, la presencia episcopal preside la Fiesta de la Natividad de la Santísima Virgen María y la advocación particular de Nuestra Señora de Regla de Tovar.

El nutrido pueblo, agradecido con su Madre y Reina se congrega en el hermoso Templo parroquial Santuario Diocesano de Nuestra Señora de Regla. Todos los años el espacio se queda pequeño para albergar a la cantidad de personas que acuden a venerar a la delicada imagen de rostro moreno. Cada año en particular sorprende la visita de distinguidas personalidades políticas, religiosas o sociales, pero lo más agradable de esta fecha religiosa es el reencuentro de los tovareños, que, venidos de todas partes del mundo vuelven jubilosos a los pies de Nuestra Señora de Regla.

Nadie pase este portal
sin que diga, por su vida
que María es concebida
sin pecado original[4].

P.A
García



[1] Nilson Guerra Zambrano, Mocotíes, Regla, Parroquia y Tovar, historia documentada 1558-1850, Fundación Alberto Adriani, Mérida, Venezuela, 2015, p.p. 51-54.
[2] Mario Rosales Altuve, Perfiles Tovareños, Ediciones del Ejecutivo del Estado Mérida, Mérida, Venezuela, 1993, p.p. 23-24.
[3] De origen bogotano, capital de la República de Colombia.
[4] Don Tulio Febres Cordero, Archivo de Historia y Variedades Tomo II, Parra León Hermanos Editores, Caracas, Venezuela, 1931, p. 56.

Escatología: Presencia del Reino en Jesús de Nazaret.

Reflexiones sobre el libro: La Pascua de la Creación. Escatología. Por Juan Luis Ruiz de La Peña[1].

EL REINO DE JESÚS

Jesús traspasa el umbral de la expectación para situarse a sí mismo, con su mensaje y sus gestos ministeriales, en la esfera del cumplimiento mesiánico. Una frase característica de este cumplimiento en la prédica de Jesús es la de Marcos 1,15 “El tiempo se ha cumplido”, siendo éste el término que significa la ejecución, verificación y convalidación del Reino prometido.

Lucas presenta también un factor determinante en el capítulo 17, 20 “El reino de Dios viene sin dejarse sentir”, por eso, el reino no es simple objeto de las palabras, sino también de las acciones; el “ya” de su presencia estalla en gestos llenos de profunda significación. En la comunidad de los Doce se inaugura la comunidad escatológica de las tribus de Israel, anticipándose la plenitud final del pueblo de la alianza.

Hablar del reino de Dios es afirmar categóricamente que Dios ha entrado ya en la historia, el poder del demonio se tambalea, la enfermedad y el pecado retroceden. Un factor que es interpretado como cumplimiento de las promesas del Mesías es el Espíritu Santo recibido por los Apóstoles y María Santísima en Pentecostés.
Nuestro Señor Jesucristo predicó el reino de los cielos, hoy su Iglesia lo predica a él. En principio parece que la predicación actual no tiene por objeto el reino, sino la persona de Jesús, pero no hay que dar tanto crédito a esto, pues la hablar de Jesús, de sus palabras y obras, hablamos del cumplimiento de su promesa, es decir, de la llegada de su reino.

Siempre es bueno comentar el tercer misterio luminoso, el anuncio del Reino de Dios y la llamada a la conversión, y es que es necesario que un anuncio divino requiera, para su efecto, de la conversión humana, pues este anuncio es en sí una divinización de la humanidad.

Con Jesús nos ha llegado su Reino, y él ya está reinando en el mundo, en la vida de aquellos que le siguen. Bien válido sigue siendo aquel lema de la Congregación de los Legionarios de Cristo: “Cristo, Rey nuestro; Venga tu Reino”. Cristo reina y esperamos que reine.

P.A
García


[1] Juan Luis Ruiz De La Peña, La Pascua de la Creación, Escatología, Biblioteca de Autores Cristianos (BAC), Madrid, 1996. ISBN: 84-7914-261-8

martes, 3 de septiembre de 2019

Escatología: La doctrina de la inmortalidad.

Reflexiones sobre el libro: La Pascua de la Creación. Escatología. Por Juan Luis Ruiz de La Peña[1].

LA DOCTRINA DE LA INMORTALIDAD

El libro de la Sabiduría introduce en la Biblia los términos inmortalidad – incorruptibilidad, pero esta inmortalidad no es comparable con la concepción filosófica. En la Biblia la inmortalidad es fruto de una vida santa. La inmortalidad que quieren los santos es un “estar en las manos de Dios”. A los pecadores les espera una post-existencia trágica.

La vida es vida con Dios, el pecado es ya un comienzo de la muerte. Las reflexiones del libro de la Sabiduría bien pueden compararse con algunos salmos, lo que deja como refuerzo que, quien experimenta durante su existencia temporal la presencia vivificante de Dios, ve confortada su esperanza con la certidumbre de una vida mortal.

Hasta ahora vemos cómo la Teología de la promesa y la Teología de la retribución aparecen como las dos dimensiones complementarias de un movimiento cuya única meta es Dios. Es así como la esperanza encuentra su cumplimiento en la comunión eterna de la vida divina.

Con el tema de la inmortalidad reforzamos la idea de que la vida auténtica del hombre está únicamente en la comunión con Dios, es por eso que el hombre se da cuenta que es Dios realmente su mejor recompensa, en este sentido, Dios cumple su promesa, de ser el Dios de su pueblo. Como es de suponer, la “vida” de la que se nos habla en los textos sagrados nada tiene que ver con la manera de pensar de la filosofía, pues vida no es otra cosa que presencia de Dios y santidad, y muerte es, entonces, la separación de la presencia divina a causa del pecado.

Es necesario, en este sentido, seguir predicando al mundo que sí vale la pena ser fieles a Dios en esta vida, pues él será fiel con nosotros para otorgarnos la inmortalidad en su presencia, para tener vida verdadera en aquel que es el Autor de la vida.

P.A
García


[1] Juan Luis Ruiz De La Peña, La Pascua de la Creación, Escatología, Biblioteca de Autores Cristianos (BAC), Madrid, 1996. ISBN: 84-7914-261-8

lunes, 2 de septiembre de 2019

Escatología: La fe en la resurrección.

Reflexiones sobre el libro: La Pascua de la Creación. Escatología. Por Juan Luis Ruiz de La Peña[1].

LA FE EN LA RESURRECCIÓN

No únicamente con los salmos místicos (16,49 y 73) se prepara el camino a la fe en la resurrección, sino también en ciertos oráculos proféticos en los que, con la simbología, se habla de la potestad de Dios sobre la muerte. Algunos antecedentes: Oseas 6,1-3, Dios hará vivir y levantará a su pueblo, esto puede dejar claro que Dios tiene el poder de devolver la vida a un organismo muerto. Ezequiel 37,1-14 menciona el prodigio de revivir los huesos secos, sólo Dios es el dador de la vida. Isaías 26,19 “Revivirán tus muertos, sus cadáveres se levantarán” aquí se ve el primer anuncio formal de una resurrección de los individuos, donde se hace énfasis en los dos verbos: revivir y levantarse, otorgándoles un matiz físico, casi biológico.

Lo primero que se tiene concretamente sobre la resurrección se encuentra en el libro de Daniel, en el capítulo 12, en el cual se demuestra que no todos, sino una parte de Israel resucitará. En Daniel la resurrección se predica ciertamente para los mártires, por permanecer firmes en la fe, y su destino sería la vida eterna. Se deja entrever que al final de los tiempos habrá un juicio discriminatorio en el que cada cual recibirá según su conducta. Todo lo anterior también lo podemos encontrar en el libro de Macabeos, en sus capítulos 7 y 12, quedando en suspenso el destino de los impíos.

En este sentido me parece interesante hacer mención de los textos del Antiguo Testamento que hacen referencia al tema de la resurrección, incluso valiéndonos de ellos debatir con las creencias erradas sobre la misma resurrección o la vuelta a la vida.

Es interesante la idea de presentar a Dios, desde los relatos citados, como el dueño y el autor de la vida, en cuya presencia viviremos y, en el día dispuesto, resucitaremos con él (con Jesucristo).

De igual manera me parece interesante el hecho de que en estos textos se tenga sólo el inicio de una disquisición apropiada sobre la vida que hay después de la muerte física. Y finalmente, es preciso presentar la resurrección como premio para aquellos que son de Dios y pertenecen a él incluso después de la muerte biológica. En este estudio vemos sólo un acercamiento a este tema tan interesante, acercamiento que deja claro desde el principio el poder infinito de Dios.

P.A
García


[1] Juan Luis Ruiz De La Peña, La Pascua de la Creación, Escatología, Biblioteca de Autores Cristianos (BAC), Madrid, 1996. ISBN: 84-7914-261-8

domingo, 1 de septiembre de 2019

La cruz que no se puede cargar

¡NO ERES DIGNO DE CARGAR LA CRUZ!



         Este puede ser el primero de los muchos comentarios que haré, a manera de reflexión, sobre la institución a la que pertenezco: la santa Iglesia Católica, sin embargo, no reprocho a la Iglesia, sino a los que la conformamos, por eso aclaro que puede tornarse en autocrítica, es decir, que me evalúo a mí mismo en cuanto miembro activo de la Iglesia. Parece un trabalenguas, pero es el recurso literario que uso para dejar claro lo que quiero plasmar en este comentario.

         «Lo que no se dice no se sabe»[1]

         En una ocasión, terminadas las misiones de semana santa, cierto sacerdote formador de mi Seminario nos exigió a la comunidad en general la entrega del informe de misiones, que para efectos de organización debía ser entregado a más tardar el miércoles de esa semana II de Pascua, que es la semana de reingreso después de las misiones y el descanso acostumbrado.

         Muchos seminaristas, efectivamente, emprendimos la honorable tarea de hacer un informe ´relámpago´, por la prontitud en la entrega. Cada uno desde su computador personal plasmó con ilusión lo poco, o lo mucho que logró hacer en la comunidad asignada para esas fiestas santas. Yo me extendí en cuatro hojas, narrando como de costumbre, con lujo de detalles la experiencia vivida, sin embargo, la orden era presentar un informe de una sola hoja, cuestión que, personalmente, me parecía una tarea titánica, pues mis dedos tecleando el computador son muy veloces, casi tanto como lo rápido que viaja la luz, y a eso se le suma mi imaginación exótica, no en fantasear, sino en recordar lo anteriormente vivido.

         Llegó el miércoles esperado, y como había hecho cuatro hojas para el informe, no sentí mayor preocupación sino la de imprimir el documento, por lo que pasé tranquilo esa mañana. Al mediodía, se nos recordó en el comedor, por segunda vez, el compromiso de entregar el informe al sacerdote encargado, de lo contrario no tendríamos salida, (los miércoles en la tarde es el tiempo libre de un seminarista).

         Entre tantas y tontas cosas, se me olvidó que antes de salir del Seminario debía entregar el informe, pero ese día, para mayor ´comodidad´, el padre estaría en la puerta, recibiendo los informes que faltaban. Me acerqué a la puerta, presuroso por salir a hacer mis diligencias y fui interceptado por el padre formador, quien con actitud airosa me pidió el informe. Le expliqué que lo tenía ya impreso en la habitación, pero que no había podido resumirlo, pues el resultado habían sido cuatro hojas en vez de una.

         Para esa época de filósofo, acostumbraba a llevar en mi pecho un crucifijo (una cruz con Cristo), y como había ´desobedecido´, aquel padre, señalándome el pecho me expresó que no era digno de llevar la cruz, y en un gesto bastante atrevido la tomó y la guardó en el bolsillo de mi camisa, pues para él, haber excedido el límite de hojas y, peor aún, haber retrasado la entrega del informe era casi un crimen de apostasía.

         Quedé frío, jamás pensé que semejante sentencia podía salir de la boca de un cura, sin embargo, no dejé de mirar con aprecio y respeto a ese buen hombre, que con el tiempo resultó ser un temperamental desmedido. Ahora bien, aquellas palabras fueron tan hirientes que, desde el momento no acostumbro llevar crucifijos en mi pecho, literalmente me sentí ´indigno de llevar la cruz de Cristo´.

         Muchas personas piensan que las cosas suceden por un buen motivo. Ya antes me había dado cuenta que cargar la cruz en el pecho era objeto de tontos comentarios por parte de mis ´compañeros´ seminaristas. El color, el tamaño, el material de la cruz era el tema de boga cuando a mi persona hacían referencia. Algunos afirmaban sin disimulo –quiere ser obispo, miren la tremenda cruz que lleva encima- yo les respondía en sarcasmo que simplemente trataba de llevar un crucifijo medianamente en proporción para una persona de 1,90 centímetros.

         Ahora yo me pregunto, ¿será imposible que cada quien lleve la cruz que quiera? O es que a parte de la que ya uno quiere llevar, tiene que cargar con las otras que los demás le pongan. Y me respondo con la ayuda del Evangelio, que cada uno renuncie a sí mismo, que cargue con su propia cruz y que siga a Cristo[2], consciente de que llevar el signo de la cruz en el pecho no es dogma necesario para la salvación.

         La cruz que Cristo nos pide cargar no es de oro, ni plata, ni madera, ni plástico, pues las sentencias sobre la necesidad de cargar la cruz y entregar la vida hace referencia a la total fidelidad en el seguimiento de Él, que a su vez implica frecuentemente dificultades y hasta persecuciones. Aceptar el discipulado cristiano sin condiciones, con todas las implicaciones que lleva consigo, es cargar con la cruz. Somos los discípulos de un hombre ajusticiado en la cruz[3].
        
         Queridos lectores, comprendamos de una vez para siempre que la cruz de la que habló Jesús tiene una dimensión más redentora y solidaria: se trata de la cruz de la injusticia, de la miseria y de la exclusión que los sistemas sociales y religiosos de todos los tiempos les imponen a las personas más débiles. Si Jesús nos invita hoy a cargar con la cruz, no nos invita a un ejercicio piadoso, sino a una opción serena y responsable por aquéllos a los que el sistema les impone la cruz de la intolerancia, la exclusión y la miseria. No nos inventemos más cruces para no aceptar la verdadera cruz del Maestro[4].

         Quiero concluir este comentario con un interesante texto que encontré mientras leía al tovareño Domingo Alberto Rangel. Lo copio tal y como lo leí, y lo traigo a colación precisamente porque estoy totalmente de acuerdo con lo que reza. Espero no ser tildado de anticlerical, pues al fin y al cabo estoy seguro de haber sido llamado por Dios al sacerdocio ministerial, y espero únicamente en Él para que así pueda ser, para su gloria, no para la mía, jamás para la mía.

         Que cada quien piense lo que quiera. Saludos.

«En tiempos de bárbaras naciones,
de las cruces colgaban los ladrones
y en este siglo de las luces
del pecho de los ladrones cuelgan las cruces»[5].

P.A
García



[1] Baltazar Cardenal Porras
[2] Mateo 16, 24: Entonces Jesús dijo a los discípulos: El que quiera seguirme que se niegue a sí mismo, cargue con su cruz y me siga.
[3] Luis Alonso Schökel, Biblia de Nuestro Pueblo,  Ediciones Mensajero, Henao, España, 2008, p. 1547.
[4] Cfr. Idem.
[5] Domingo Alberto Rangel, La tía Elba entre la historia y la novela, Caracas, Venezuela, 2012, p. 8.

Escatología: En busca de una solución. Los primeros pasos.

Reflexiones sobre el libro: La Pascua de la Creación. Escatología. Por Juan Luis Ruiz de La Peña[1].

EN BUSCA DE UNA SOLUCIÓN.
LOS PRIMEROS PASOS

En la relación Dios-hombres la Biblia propone tres salmos: 16, 49 y 73 que pueden ser llamados “místicos”. En el salmo 16 vemos cómo la relación del sentido de comunión es tan fuerte que el temor a la muerte parece superado. Por su parte parece que el salmo 49 presenta la riqueza y la sabiduría como cualidades efímeras, pues cuando llegue la muerte de nada valdrá el dinero, Dios rescatará, entonces, la vida del justo, por lo que el salmo pretende diferenciar la muerte del justo de la muerte del impío. Este salmo 49 revela la inanidad de la existencia pecadora y, por consiguiente, lo bien fundado de la esperanza del creyente.

Por su parte el salmo 73 nos enseña enfáticamente que la vivencia de la unión gozosa con Dios alcanza una de las cotas más altas del Antiguo Testamento; pues con la cercanía de Yahvé y su intimidad con él bastan para llenar la vida.

Desde la predicación de la Palabra de Dios siempre hay que prestarle atención a los salmos, ahora se ve cómo a la luz de éstos salmos podemos tener una especie de expresión variable de una intuición única e indispensable en su cabal profundidad, todo esto en cuanto a la esperanza del más allá que estos salmos empiezan a asomar.

En los salmos vemos cómo la felicidad del hombre está con su Dios, Creador y liberador, por ello se demuestra que no puede Dios contradecirse, sino más bien, corresponder con su fidelidad salvando la vida del creyente de la muerte de los impíos. Sin embargo, una cosa sí queda bien claro, los salmos nos presentarán, en la sabiduría que contienen, las intuiciones propias de realidades que más adelante se concretarán con la Revelación de Jesucristo el Señor, por consiguiente, la meditación de los salmos aporta, indudablemente, en la reflexión sobre el designio divino, pues no puede pensarse en un mal final de una estrecha relación de amor y de fidelidad como la de Dios con los hombres.

P.A
García


[1] Juan Luis Ruiz De La Peña, La Pascua de la Creación, Escatología, Biblioteca de Autores Cristianos (BAC), Madrid, 1996. ISBN: 84-7914-261-8