sábado, 5 de septiembre de 2020

La Inmaculada Concepción de La Playa

SINE LABE ORIGINALE CONCEPTA



Nadie pase este portal

sin que diga, por su vida

que María fue concebida

sin pecado original

 

Con la Solemnidad de la Inmaculada Concepción se recuerda un especial privilegio mariano, definido como dogma de fe en el año 1854, por el papa Pío IX. María, en efecto, como Madre de Jesús, verdadero Dios y verdadero Hombre, en previsión de los méritos de su Hijo, fue librada desde el instante de su concepción del pecado original con el que todos nacemos. De ahí también el nombre de Purísima con que se suele designar popularmente esta fiesta. Aunque la proclamación del dogma sea relativamente reciente, la devoción a la Inmaculada estaba ya muy difundida bastantes siglos antes.

La imagen de la Inmaculada llegó a la Iglesia de Bailadores a finales de 1880 y a principios de 1900 fue trasladada a la Parroquia San Vicente Ferrer en La Playa. Después de San Vicente Ferrer es una de las imágenes más antiguas que existen en nuestra Parroquia.

Una mañana cualquiera del año 1990, llegaron a la Iglesia de La Playa las señoras Juana García y Aminta Castillo con el propósito de ornamentar el Templo para la festividad de San Isidro Labrador. Se ubicaron en el salón donde se preparan los ramos. Juana García notó en una esquina del salón-depósito un bulto algo extraño, cubierto con sacos de alimentos, y al destaparlo se encuentra con una imagen de la Virgen María, completamente deteriorada, su rostro y manos como si se hubiese quemado, además de encontrarse la madera un poco podrida, pues en el sitio donde había estado, quién sabe por cuánto tiempo, le caía una gotera de agua del techo.

Juana García sintió desde ese preciso momento que tenía que hacer algo por esa imagen abandonada, es así como, con permiso del Párroco de La Playa Pbro. Julio Clímaco Durán, trasladó la Virgen hasta la ciudad de Ejido, donde fue totalmente restaurada en el Taller de los Monsalve. El cambio que dio aquella talla fue total. Detrás de esa corroída imagen apareció un rostro angelical, el rostro de la Madre de Dios, la Inmaculada Concepción, cuya festividad se celebra el 8 de diciembre.

Desde que la imagen fue restaurada ha recibido el cariño y devoción de muchas personas. Es de acotar que tiene en su virginal closet un total de 23 vestidos, todos elaborados con decoro y empeño, para la Inmaculada Concepción. Algunas personas de La Playa han donado vestidos para la Virgen, a saber: Carmen Márquez, las hermanas Guerrero Morales, Inés Castillo, Alejandra Vivas. El resto de vestuario ha sido elaborado por encargo de Juana García. Para la conmemoración de los 25 años de la primera restauración se hizo una exposición de los vestidos.

La Virgen tiene en su cabeza tallada una original simulación de cabello, sin embargo, para que mejor se vea, se acostumbra a ponerle cabellera, de ahí que posea dos pelucas, una lisa que fue donada por Juana García, y otra ondulada que fue donada por Carmen Márquez. Los encargados de la Virgen comentan que Ella prefiere su cabello liso.

En 30 años que tiene Juana García de haberse hecho cargo de la Inmaculada Concepción, la ha enviado a restaurar dos veces a parte de la primera en 1990. Al parecer la imagen ha sufrido, por su antigüedad, el deterioro de un talón, que fue comido por el comején, pero inmediatamente restaurado.

Aunque la festividad de la Inmaculada Concepción, como la de casi todos los santos, es una vez al año,  Juana García y su hija Beatriz Vivas están pendientes de cambiarle el vestido una vez al mes, donde aprovechan de limpiar con delicadeza la imagen, notando que nunca se le ensucia el rostro, pues el pañuelo que utilizan para retirar el polvo, nunca se ensucia cuando se limpia la faz de la Madre Inmaculada.

El primer traje que usó la Inmaculada después de su restauración en 1990 fue preparado por María Paredes, era un vestido confeccionado para la Primera Comunión de una niña de La Playa, que fue recortado y ajustado a la medida de la Virgen. Este vestido se extravió.

La talla, al ser de madera, es muy pesada. Es una “imagen de vestir”, pues a simple vista no parece tener forma como para ser presentada así para la veneración pública. La Virgen tiene la mirada hacia abajo y las manos unidas en señal de oración.

¡Oh María, madre mía, oh consuelo del mortal!

Amparadme y llevadme a la Patria Celestial

 

P.A

García

viernes, 21 de agosto de 2020

La imagen de la Virgen del Carmen en La Playa

DEVOCIÓN CENTENARIA

         El Carmelo es un monte sagrado cuya hermosura es ensalzada por Isaías 35, 2. Se conoce que ya en el siglo IX antes de Cristo, el profeta Elías convirtió al monte Carmelo en el refugio de la fidelidad al Dios único y en el lugar del encuentro entre el Señor y su pueblo, como lo refiere 1 Reyes 18, 39.

         En los tiempos de las cruzadas, las grutas del monte Carmelo sirvieron de refugio a los ermitaños cristianos, sin embargo, fue en siglo XIII cuando éstos forman una familia religiosa, a la que le fue dada una regla en el año 1209 por Alberto, Patriarca de Jerusalén, confirmada por el Papa Honorio III en 1226.

         El monte Carmelo, que domina la llanura de la región de Galilea, no está muy lejos de Nazaret, en donde habitó la Santísima Virgen María, la que “conservaba todo en su corazón”, es por eso que la Orden del Carmelo ha querido, desde siempre, ponerse bajo la maternal protección de la que es Madre de los contemplativos.

         Para el siglo XVI, los doctores y reformadores de la Orden –Santa Teresa de Ávila y San Juan de la Cruz- convirtieron el Monte Carmelo en lo que San Buenaventura llamó el “itinerario hacia Dios”.

        La Virgen del Carmen de La Playa

        La hermosa imagen de Nuestra Señora del Carmen que posee la Parroquia San Vicente Ferrer de La Playa fue donada por Don Vicente Márquez e Ignacia Vivas en 1927, procedente de España, fue trasladada hasta Medellín y de ahí a San José de Cúcuta, donde fueron a buscarla don Vicente Márquez y Gonzalo Márquez en compañía de los playenses: José Márquez (padre de Mons. Luis Alfonso Márquez Molina), Concho Vivas, Amador Vivas, Déboro Castillo, Paciente Herrera, Florencio Vivas, Carmen Vivas, Román Salas, Virgilio Castillo, Ramón Castillo y Claudio Salas, la mayoría de ellos formaban parte de la Cofradía del Santísimo Sacramento.

         Después de un largo trayecto desde Cúcuta hasta La Playa, fue recibida solemnemente en el pueblo por el padre Azael Arellano Méndez, quien fue acompañado por todos los playenses que, gustosos habían esperado la devota imagen. Se celebró la Santa Misa con entusiasmo y el día fue armonizado por la música de cuerdas y la quema de pólvora en honor a Nuestra Señora del Carmen.

         Don Vicente Márquez y su esposa Doña Ignacia Vivas de Márquez fueron los mayordomos de la Virgen hasta el día en que murieron. Después asumió el compromiso una de sus hijas, Angélica Márquez y su esposo Gonzalo Márquez, quienes obraron de igual manera hasta que, después de muertos, asumió la festividad Carmen Márquez y Yudy Márquez desde 1994, José Ramón Rosales, esposo de Yudy asume como mayordomo desde 1995.

         En los últimos años han venido colaborando para cada 16 de julio Adelaida Montero, Ana Consuelo Castillo, Yrma Mora, Cecilio Rujano y Trino Barillas, encargándose entre todos del embellecimiento del Templo Parroquial y del altar a Nuestra Señora.

         Numerosa cantidad de presbíteros han estado en La Playa celebrando a la Virgen del Carmen cada 16 de julio, entre ellos se pueden mencionar: Padre Ramón Emilio Pernía Noguera, que venía desde Bailadores; los Padres Paúles, quienes se esmeraban por realizar una fiesta especial, propiciando en el pueblo los adornos con arcos y altares por las calles, donde se cantaban la Salve a la Virgen; el padre Ramón Darío Moreno; desde la Parroquia Nuestra Señora de Fátima de El Llano de Tovar acompañaron los padres Eustorgio Rivas, Pedro Moreno, Ignacio, Víctor Angulo, Antonio Viedma; para 1977 acompaña el padre Julián Moreno, quien construye la Casa Cural, luego los padres Ciro González, Anselmo Nigro, Rodrigo Conde, Mariano y Antonio de los Padres Paúles, Julio Clímaco Durán, Antonio Viedma, Alfredo Uzcátegui, Jaime Duque, Olivo Gómez y Argenis Zambrano Albarrán.

         Aportes para la Parroquia desde la Mayordomía

        La devoción a la Virgen del Carmen ha movido los corazones de sus devotos, es por eso que desde su Mayordomía se ha venido obsequiando para la Parroquia de La Playa diferentes bienes que a continuación se mencionan:

·       2004: 4 floreros dorados para la Capilla del Santísimo Sacramento.

·       2005: una casulla elaborada y bordada a mano por Carmen Márquez, la cual le fue obsequiada al padre Alfredo Uzcátegui por petición suya.

·       2005: 4 floreros plateados.

·       2006: dos ángeles guardianes día y noche para la Capilla del Santísimo Sacramento.

·       2007:17 capas rojas y verdes para los monaguillos.

·       2009: 1 alfombra para la Capilla del Santísimo Sacramento y 1 alfombra para el Monumento.

·       2010: 2 bases para los cirios del altar mayor.

·       2011: 4 floreros de barro.

·       2012: un alba para el padre Jaime Duque.

·       2013: 6 sillas de madera para el altar mayor.

·       2014: 1 mantel para la Capilla del Santísimo Sacramento y 3 juegos de corporales.

·       2015: 2 manteles para las credencias del altar mayor y 1 juego de corporal.

·       2017: 1 juego de corporales.

·       2018: 3 velones grandes para el Santísimo

·       2019: 1 juego de corporales.

·       2020: 1 velón para el Santísimo.

P.A

García

sábado, 15 de agosto de 2020

Sor Marina Márquez, religiosa hija de La Playa

MARINA DEL CORDERO INMACULADO


         Elda Rosa Márquez Castillo (C.I.V-1.904.218) nació en La Playa el 24 de febrero de 1924, hija legítima de Ramón Márquez y María Rita Castillo. Fue presentada y bautizada el 9 de marzo del mismo año.

         En su partida de nacimiento se puede leer que el domingo 9 de marzo de 1924 fue presentada ante el Despacho de Eloy Mora en Bailadores, una niña hembra por Amador Vivas, con mandato oficial de los padres, manifestando que la niña presentada había nacido el 24 de febrero a las 8:00 am y llevaba por nombre Elda Rosa.

         Ramón Márquez, al nacer su hija, contaba con 42 años de edad, y se dedicaba a la agricultura, mientras que María Rita tenía 38 años y se dedicaba a los quehaceres del hogar. Ambos eran analfabetos, pues manifestaron no saber firmar. Junto con Amador Vivas fueron testigos de la presentación Vicente Márquez y Jesús Vivas, mayores de 21 años ambos.

         Los padres de Sor Marina se habían casado el domingo 6 de febrero de 1910 a las dos de la tarde en Bailadores, siendo Matías N. Codina el Presidente del Concejo Municipal. Ramón tenía 27 años de edad y era hijo natural de Sara Márquez, y María Rita, con 23 años de edad, era hija natural de Carlota Castillo. Testigos del casamiento fueron Medardo Vivas y César B. Henríquez. Por Ramón firmó Ismael Vivas y por María Rita firmó Juan Antonio Mora.

         La Partida de Bautismo de Sor Marina reza lo siguiente: Ilda Rosa Márquez. En 9 de marzo de 1924 yo, el infrascrito Cura Párroco de la Iglesia de Nuestra Señora de Candelaria de Bailadores, bauticé solemnemente según el Ritual Romano a una niña que nació el 24 del pasado mes, le puse por nombre Ilda Rosa hija legítima de Ramón Márquez y Rita Castillo, vecinos de esta feligresía; fueron padrinos: Amador Vivas y Amalia Vivas a quienes advertí el parentesco espiritual y obligaciones. Lo que certifico. Pbro. José A. Pérez C.

         La vida religiosa de Sor Marina Márquez fue de destacado servicio. Había iniciado su postulantado en la comunidad de las Hermanas Dominicas de Santa Rosa de Lima, fundación merideña, el 16 de septiembre de 1953, con 29 años de edad. El noviciado lo inició al año siguiente, el 30 de abril de 1954. Hizo su primera profesión religiosa el 30 de abril de 1956, y finalmente, con 38 años de edad hizo sus Votos Perpetuos el 30 de abril de 1962.

         En su amada congregación Sor Marina ejerció diferentes cargos. Fue educadora y catequista por más de 30 años, a saber: Colegio Santa Rosa de Lima de La Grita, Colegio Fátima de Caracas, Colegio Santo Domingo del Táchira, Colegio San José de la Sierra de Mérida, Instituto Coromoto del Táchira.

         En algunas de estas instituciones fungió como superiora: Colegio Santa Rosa de Lima de La Grita (1968-1971), Instituto Coromoto de San Cristóbal (1982-1987). Sus últimos años al servicio de su Congregación y de la Santa Iglesia Católica los vivió en la Casa Corazón de María de Trujillo. Sor Marina del Cordero Inmaculado Márquez Castillo falleció en la ciudad de Mérida el viernes 04 de febrero de 2011, a la edad de 87 años, después de haber hecho en su vida la voluntad de Dios. Sus restos mortales fueron enterrados en el Cementerio Municipal “El Espejo” el sábado 5 de febrero de 2011. La Santa Misa Exequial fue celebrada en la Capilla del Colegio San José de la Sierra en Mérida.

         La Congregación a la que sirvió durante 58 años aproximadamente la recuerda como una religiosa de sonrisa amplia, con espíritu generoso y servicial. Mantuvo durante toda su vida encendida la lámpara de la fe, que le permitió vivir en una constante contemplación e intimidad con el Señor, quien con fino trato supo compartir con todos, en alegría, sencillez y humildad, la riqueza de su corazón.

         Con respecto a la relación con su familia Márquez Castillo Sor Marina fue muy responsable, los amó entrañablemente y siempre los tenía presente en sus oraciones, siendo solícita y atenta a sus necesidades. Plantó en su vida un especial celo por cultivar las vocaciones sacerdotales y religiosas.

         Sor Marina, como se ha dicho antes, se desempeñó durante muchos años en el campo educativo y catequético como maestra y formadora abnegada de niños y jóvenes. Su servicio fue generoso, responsable, destacando su entrega incondicional en favor del pueblo de Dios. Además mostró siempre un amor entrañable a Jesús Eucaristía y especial devoción a la Santísima Virgen, lo que le permitió vivir en búsqueda de la santidad, teniendo un trato fraterno y caritativo con sus hermanas de congregación y todos los que la trataron. En medio de su enfermedad supo aceptar siempre la voluntad de Dios.

         La alegría por sus Bodas de Oro como Religiosa no fue omitida en modo alguno, pues una celebración unió a la familia Márquez Castillo y a la Congregación, durante el sábado 29 de abril y el domingo 30 tuvieron una convivencia en la sede del Hogar “La Milagrosa”, donde se ofició una misa por los familiares difuntos. El día domingo se tuvo la Misa en Acción de Gracias, luego un Brindis y “picada de torta” para finalizar con un paseo comunitario.

         La Playa debe incluir entre sus personajes destacados a Sor Marina, tal vez no hizo mucho por su pueblo, pero si lo representó y lo dejó bien en alto. Antes de fallecer, María Auxiliadora Castillo, quien conoció la vida de Sor Marina, quiso que se colocara en el Despacho Parroquial de la Parroquia San Vicente Ferrer de La Playa un cuadro de esta religiosa, dicha petición fue concretada gracias a la colaboración de la Sra. Migdalia Castillo y mi persona, aprovechando la fotografía de Sor Marina tomada por el Sr. Freddy Rodríguez, en octubre de 2009.

P.A

García

 

sábado, 8 de agosto de 2020

Dos palabritas que llevo en el alma

CAÑO BLANCO

         A propósito de la culminación de mi trabajo pastoral en la Rectoría Santa Lucía de Caño Blanco, recibí algunos agradecimientos por parte de las personas de la comunidad, la mayoría de estos fueron agradecimientos verbales, con palabras espontáneas, solamente dos fueron por escrito. A continuación los traigo a la palestra, no tanto para mostrarme, sino para mostrar cómo me vio la gente de Caño Blanco. Son palabras que llevo en el alma.

         El primer testimonio escrito dice así:

“Le doy gracias a Dios por haberte enviado a nuestra Rectoría y por compartir con nosotros un poquito de tu sabiduría. Fueron muy gratos los momentos que compartimos contigo y me hubiese gustado aprender más de ti, pero ya ha llegado el momento de que continúes con tus estudios para que seas un buen sacerdote. Te doy mil gracias por estar con nosotros y ser como un guía en el momento más especial de mi vida, el de mi matrimonio. También te pido disculpas por los momentos desagradables que hayas vivido estando aquí. Solo te digo que no dejes que nada ni nadie te haga desviar de tu camino, porque tú eres un ser bendecido por Dios. A pesar del poco tiempo que compartimos contigo te agarramos mucho cariño. Que Dios te bendiga y el Espíritu Santo te acompañe”.

Las conversaciones que se tienen con las personas sobre temas como la fe, la doctrina, lo que dice el Catecismo de la Iglesia, son conversaciones en las que me siento muy a gusto, porque sé que en algo puedo aportar para la recta formación del pueblo de Dios, pues yo no predico mis opiniones personales, sino lo que manda la Iglesia.

Por otro lado, hay personas que en su hablar no tienen nada bueno que decir, y hay otras, por el contrario, que edifican con sus frases pues, aunque humildes, tienen gran fuerza, la de la experiencia. Esta primera persona, de la cual he copiado su agradecimiento, menciona y pide disculpas por las posibles cosas desagradables que se pudieron haber vivido, sin embargo, no tuve ningún inconveniente con nadie, sólo el pesar de saber que los comentarios y críticas de la gente no aportan nada, de todo esto me quedó una frase muy buena: “no aceptes críticas constructivas de gente que nunca ha construido nada en su vida”.

El segundo testimonio dice lo siguiente:

“Hola…, Pedro, tengo que expresarte desde lo más profundo de mi corazón que en tan poco tiempo que llevas al mando de esta Rectoría, haz demostrado ser un Seminarista de muy buen corazón, preocupado por cada cosita por más mínimo que sea… Tu forma de ser es de un espíritu muy generoso, amable, cariñoso y muy profesional en tu carrera. A Dios y al Espíritu Santo le pido para que seas un Sacerdote por todo lo alto, y que siempre esté en ti ése espíritu renovador para que lleves la Palabra de Dios con mucho entusiasmo y que la Sabiduría Divina permanezca siempre dentro de ti. Te deseo lo mejor del mundo”.

Ciertamente que esta persona sabe que seré, con el favor de Dios, un sacerdote de altura, pues con 1,91 metros no será tan fácil pasar desapercibido por allí donde se me destine.

En Caño Blanco comprendí lo que significa ser “enviado”, por Dios en primer lugar, pero de manera concreta por el Señor Obispo Diocesano. Ser enviado significó también ser administrador de algo que, aunque muy propio -la Iglesia-, era ajeno –la Rectoría-. Comprendí que se trabaja es por el Reino de Cristo y para la gloria de Dios, y que no hay nada mal dicho, sino mal interpretado.

Un último aprendizaje que expongo es que asumí cómo el poder tiene que verse siempre desde la perspectiva del servicio. Comprendí que mi vocación sacerdotal, mi vida entera, está en función de los demás, porque no puedo ser sacerdote para mí mismo, sino para los demás, así como Cristo es Salvador de los hombres, no Salvador o Mesías de sí mismo.

Cada vez que alguien me llamaba “padre” me acordaba de inmediato que no lo era, pero que debía luchar por serlo, pero no de cualquier manera, debía serlo al modo de Jesús Buen Pastor, preocupado por la salvación de todos, también de los que no comprenden lo hermoso que significa ser católico.

Ante preguntas profundas que me hizo la gente, me quedó el deseo ardiente de continuar mi formación académica. Ante la ausencia de tiempo libre para mis cosas personales supe aprovechar los días con precisión cronométrica. Ante la abundancia de tiempo libre, por la cuarentena decretada, supe adentrarme en el estudio y lectura personal, siempre de temas teológicos y filosóficos, alternando por supuesto, con visitas a personas, sectores, familias.

Hubo días en que realizaba hasta tres celebraciones de la Palabra. Eso no me agotaba en lo absoluto, a pesar de que en todas ponía el mismo entusiasmo; me tocó cantar, predicar y contestarme a mí mismo el Santo Rosario. Comprendí lo que vive la gente al esperar al pastor, pues me sentí eso, pastor, aunque no era más que una oveja negra, y lo digo por el color de la sotana que llevaba puesta casi todo el tiempo, sin importar el ardiente sol zuliano.

P.A

García

sábado, 1 de agosto de 2020

Rectoría Santa Lucía, Caño Blanco

Informe General de la Pastoral



         Introducción: el trabajo pastoral que los seminaristas, en ocasiones, deben ejercer durante algún tiempo fuera del seminario, es una experiencia casi obligatoria que han de vivir, de manera que, a través del contacto con la gente y sus realidades temporales, adquieran los conocimientos necesarios para un futuro pastoreo o cura de almas. En este caso, el responsable “de hecho”  del cuidado pastoral de la Rectoría fue el seminarista Pedro García, pero el responsable “de derecho” fue el sacerdote Marcos Molina. La pastoral tuvo una duración de siete meses, desde el 04 de enero al 04 agosto de 2020. Desde el 04 de enero hasta el 16 de marzo se llevó una pastoral itinerante por casi todas las comunidades de la Rectoría. Hubo comunidades que no se lograron abarcar por diferentes motivos. No se realizó la Semana Santa, ni en público ni en privado.

         Rectoría Santa Lucía: esta pequeña comunidad cristiana forma parte de la jurisdicción eclesiástica de la Parroquia Santa Bárbara, cuya sede está en la ciudad de Santa Bárbara del Zulia. Está enclavada en la Parroquia Civil Urribarrí, del Municipio Colón del estado Zulia. Aunque la sede de la Rectoría está en Caño Blanco, la capital de la Parroquia Civil está en Puerto Concha, comunidad a orillas del Lago de Maracaibo.

         Distribución: la jurisdicción eclesiástica de la Rectoría Santa Lucía comprende las siguientes poblaciones o sectores: Puerto Concha, Medio Cuarto, Janeiro, Caño Negro, San Antonio, Taparones, Caño Blanco, Mosioco, Puerto Chama, Caño Muerto, La Fortuna, entre otros caseríos menores que se extienden desde La Fortuna hasta llegar nuevamente a Puerto Concha. Se visitaron en jornada de evangelización todas las casas de: La Fortuna, Puerto Chama y Mosioco (Centro).

         Religiosidad: la fe católica en la zona, aunque expandida por doquier, posee frívolas raíces. La patrona de la Rectoría es Santa Lucía, virgen y mártir. El porcentaje de católicos supuestamente es superior al de otras confesiones cristianas. La feligresía que acude a la Rectoría está conformada por un gran número de personas que participaron de la “Experiencia de Emaús”, mejor conocido como Retiro de Emaús, a estas personas se les identifican como “emausianos”. La asistencia y participación de los católicos, comparando con el número de habitantes, es muy bajo.

         Economía: en la zona es muy común el plátano, principal fuente de trabajo y alimentación. La manutención del ministro encargado puede sustentarse discretamente con las aportaciones voluntarias que los fieles hacen en las celebraciones, bien sea en alimentos o dinero, o por el estipendio establecido. Los ingresos durante los dos meses y medio que se trabajó fueron invertidos en la alimentación y manutención del seminarista. Después de decretada la cuarentena los gastos pasaron a correr por cuenta del propio seminarista, recibiendo el apoyo monetario de su familia, del sr. Obispo, y de algunas personas de la comunidad. Se realizó un inventario completo de la casa cural y templo, que después hubo de estimarse en nada, pues las personas de la comunidad fueron reclamando pertenencias suyas que reposaban desde hacía años en la Rectoría.

         Infraestructura: tanto la sede de la Rectoría como sus capillas tienen necesidades propias en el ámbito de la construcción, mantenimiento y mejoramiento de las instalaciones. El templo de Caño Blanco está muy completo, pero necesita aportaciones considerables en estructura y en material litúrgico-cultual.

         Generosidad: el común de las personas de esta comunidad es naturalmente generosa, les agrada compartir los alimentos, demostrando así la rica gastronomía zuliana.

         La Rectoría Santa Lucía es una comunidad con nulo compromiso y sentido de pertenencia cristiana-católica. Según el parecer de los mismos habitantes, aunque no es justificable, el lugareño es jocoso y extrovertido en el trato con los demás, rayando a veces en el irrespeto y la irresponsabilidad. En los feligreses no existe una adecuada formación de vida eclesiástica, aunque se notó interés y participación en las actividades convocadas y realizadas, fue decayendo el interés con el correr de los días, hasta que, entrada la Cuarentena, no se continuó con el trabajo pastoral con normalidad. No hay costumbre de visitar al Santísimo Sacramento del Altar.

         La centralidad de las actividades realizadas lleva el tinte “emausiano” por lo que se atiene solamente a este grupo la participación o la organización, siendo en oportunidades deficiente. No existe entre ellos una adecuada formación eclesiástica.

         Ante diferentes convocatorias por parte del seminarista para organizar actividades no hubo participación de la feligresía, por el contrario, al convocarse desde la “Hermandad de Emaús” sí la hubo, lo que demuestra un sectarismo infundado e irreverencia para con el seminarista encargado.

         La cuarentena decretada por el Ejecutivo Nacional fue tomada con mucha seriedad por parte de los habitantes, por lo que se paralizó de manera contundente la vivencia de la fe católica. Disminuyó la participación en actividades convocadas con las medidas de prevención propuestas por la OMS. Hubo gente que se alejó de la Iglesia con el pretexto de cuidarse de la pandemia, pero en sus vidas laborales o vecinales todo concurrió con normalidad, lo que denota poco interés por la autenticidad de la vida espiritual. Hubo gente que manifestó no estar de acuerdo con el repentino cambio del sacerdote anterior, tomando como opción alejarse de la “Iglesia”. Un joven de la comunidad parte para el Seminario de Mérida al curso introductorio.

Toda la comunidad debe ser orientada en el compromiso con Dios y con su Iglesia, no con personas particulares. La distribución hecha con los equipos de la “Hermandad de Emaús” para la organización de las celebraciones dominicales es un gran incentivo para trabajar por la Iglesia, sin embargo, se cae en el error de participar solamente cuando le corresponde y no dominicalmente, como lo manda la Santa Iglesia. Se inició dos rondas de talleres sobre los Sacramentos que no puedo concluirse.

Hubo personas específicas que faltaron el respeto al seminarista de manera descarada, unas de frente, otras de espaldas. No hubo ningún inconveniente que terminase en enemistad. El seminarista llamó a la corrección a personas particulares, mediante conversaciones privadas y con sentido crítico constructivo. Las personas que coordinan las actividades de la Rectoría no cuentan con la formación necesaria.

En cuanto a los grupos de apostolado: la catequesis es deficiente, por el reducido número de niños y por el poco número de catequistas; existe actualmente una sola catequista. En la juventud no hay ningún grupo legalmente conformado que trabaje y sea responsable; es de mencionar que en la Rectoría se ha tenido la experiencia de “Encuentros de Hijos e Hijas” (EHH), pero no hay personas responsables al frente de ellos. También se han vivido anteriormente retiros juveniles. No hay Cofradía del Santísimo Sacramento, no hay Legión de María, no hay Cursillo de Cristiandad, por mencionar grupos tradicionales del catolicismo.

Finalmente es preciso agradecer el apoyo y colaboración, durante estos meses de pastoral, de las siguientes personas: Pbro. Adafel Vera; María Doralicia Pérez Castillo; Alicia Borrego; Blanca de Urdaneta y Ruperto Urdaneta; Cenaida de Zambrano; Yaníbe Vera de Corona; Lubín Pirela y Elva Arellano; Ángel Arenas y  Laura Araujo; Mayerlin Bracho.

Aportes a la Rectoría: puerta principal de la casa cural restaurada. Base de madera para el Crucifijo del Altar mayor. Cruz procesional de madera. Cerradura para el closet de la sacristía. Pequeño cuadro de la Última Cena. Jardines. Limones. Colegio de Monaguillos “Pbro. Leward Fernández”. Orden y pulcritud en la Iglesia y casa cural. Una extensa documentación de personas (Fotocopias de cédulas y Partidas de Nacimiento) fue quemada, pues siendo innecesario dentro de la administración de la Rectoría, se encontraban en desorden total.

P.A

García

sábado, 25 de julio de 2020

La historia de El Frutico

                                                                 INFANCIA FELIZ



         Que me ha gustado escribir desde pequeño es cosa cierta. Guardo entre mis cosas una narración que hice en el año 2008 sobre la historia de El Frutico, así fue como bauticé el solar de la casa de mi bisabuela Tomasa Castillo. Les copio el texto fidedigno, perdonarán la redacción de un niño de 12 años.

         La historia del Frutico

         Fue un día 5 (2) de diciembre del año 2000, amaneció un tuvo roto de la escuela, que botaba agua muy fuerte, derramó tanta cantidad de agua hasta lograr que se formara una inmensa laguna, cubriendo todo el terreno de atrás de la casa de Raúl.

         Para ese entonces, los niños Pedro y Raúl tenían 5 años de edad, Raúl tuvo la idea de construir un barco para navegar en la alguna, después de hacer el barco con una tabla grande y una hélice, Pedro, el más atrevido de los dos se fue a navegar sólo, “porque el barco no los soportaba a los dos”, el barco y Pedro llegaron a la mitad de la laguna y el remo se cayó del barco y se hundió,  Pedro estaba en la mitad de la laguna y no podía llegar a la orilla, tampoco nadar porque no sabía.

         Raúl ató una cuerda de un árbol de la orilla y le lanzó el otro extremo a Pedro, él la agarró y fue halando la cuerda hasta llegar a la orilla, donde lo esperaba Raúl, Pedro se bajó del barco ansioso de tocar “tierra”, pues ya había pasado largo tiempo en la laguna con el barco, cuando pone la pierna derecha en la tierra, se empezó a hundir poco a poco, hasta taparlo más arriba de la rodilla, Raúl lo agarró y lo haló del lodo y se pusieron a reír los dos.

         Pedro tuvo otra nueva idea, que era hacer un muelle de palos y piedras, Raúl buscó los palos y Pedro las piedras, después de hacer el muelle, Raúl lo probó y sí soportaba a los dos.

         Jugaron hasta cansarse y llamaron a Thalía, la hermana de Pedro, para contarle lo que les había sucedido. Thalía también jugó con ellos dos en la laguna.

         Pedro dijo “formemos un país para nosotros”, Thalía y Raúl respondieron sí, sí, Pedro dijo yo soy el presidente, y Raúl dijo yo soy el vicepresidente. El país se llamó “Caminito Bonito” y al tiempo se le cambió el nombre por “FRUTICO”, porque tenía muchas frutas.

         La laguna duró como 2 meses aproximadamente, el barco duró hasta el 2005 aproximadamente, y el Frutico duró hasta 2007, Pedro tiene 12 años, Raúl tiene 12 también, y Thalía tiene 13 años, ellos recuerdan lo que les pasó hace 8 años.

         Este cuento lo escribió Pedro García en mayo 2008

         31 de mayo del 2008 10: PM.

P.A

García

sábado, 18 de julio de 2020

Palabras para decirle el último adiós a Vicente

TOVAR JUNIO 5 DE 1954



La muerte precipitosa de José Vicente Escalante, “Vicente”, como todos le llamaban, hirió profundamente al pueblo de La Playa, a sus familiares y a sus compañeros de trabajo. La juventud vibrante de quien tenía todas las ganas de vivir, se frustró con el doloroso pero valiente acto del suicidio, como decisión irrevocable.

A continuación se trascriben las palabras pronunciadas por el jefe de la oficina en la que trabajaba Vicente con 28 años de edad. Se entrevé el profundo dolor que esta muerte causó, pero mejor aún, se conoce por palabras de su propio jefe, el desempeño de Vicente, su manera de actuar, de pensar, de ver la vida, pero manifiesta también el descontento por sus escondidos designios.

Nadie comprendió la muerte de un joven cuya nobleza de sentimiento y  generosidad de alma le habían caracterizado. Ninguno supo cómo un hombre cuyas cualidades de acrisolada honradez, grandiosa dignidad en su austera pobreza estudiantil había tomado tan cruel decisión. Todos se percataron que a quien despedían era un playense de contagiante humildad, con dotes de inteligencia vivaz.

         Transcrito del original que se publicó en el sepelio de José Vicente Escalante en Tovar. Copia facilitada por el Prof. Alejandro Castillo.

        

         Palabras para decirle el último adiós a Vicente

Dr. Miguel A. Villasmil h.

         Compañero… Amigo… y Hermano…

         Te nos vas, Vicente, con altiva protesta de las decisiones irrevocables, pero algo así como la hurtadilla, rumiando muy en silencio el lacerante dolor de una pena profunda y heroica, sin darnos a entender nada, sin delatarnos absolutamente una sola palabra siquiera, tal vez porque tu intuición y tu innegable perspicacia, presentían que de nuestros labios sinceros de amigos entrañables, saldría el primer reproche enérgico en contra de tus escondidos designios, porque sabías que nosotros amábamos y amamos la plenitud de la vida, con todos sus triunfos, todas sus desdichas, todas sus amarguras, todos sus éxitos, todas sus inconformidades y todas sus satisfacciones…

         Te nos vas, Vicente, “por la puerta franca del suicidio”, como en la realista expresión del escritor, y nos dejas este impresionante ejemplo de desprendimiento, porque desprendido y sin egoísmo siempre fuiste…

         Eras un joven de ansiedades, un espíritu inquieto, en quien no me fue difícil adivinar tu prisa por las grandes cosas; y así, de prisa, fue tu vuelo hacia la eternidad, sin un reclamo airado, sin una queja, sin una protesta…

         Tu afán de eternidad se hizo eclosión en el trágico instante de tu roja tragedia; pero aquí queda sembrado indeleblemente, nuestro gran disgusto, nuestra irreductible inconformidad con tu determinación, porque tu compañía nos hacía, nos hace, nos hará falta… tu presencia en la diaria batalla de nuestro común subsistir, era ya cosa de carácter necesario… y, aun cuando poco a poco, te vas separando de nuestras existencias y de su razón de ser, para elevarte al cielo, Antonio y Peñaloza y yo, y junto con nosotros, todos aquellos que te profesaban cariño, todos aquellos que te ofrecían aprecio de verdad, no vamos a encontrarnos y a sentirnos a gusto, en el tránsito de los rumbos y en el desbrozar de las esperanzas que aún nos quedan y nos apuntalan…

         Tal vez, Vicente, rebozadas la medida de tu vida, y los límites de este terrenal mundo, te resultaban insuficientes para contenerla y albergarla, porque tu madera era sencillamente desbordante, y tenía muchísimo de una dimensión plena de anhelos, quizá difíciles de cristalizar, por lo mismo nobles, por lo mismo fecundos, por todo lo humanos, por todo lo apasionados… por todo lo imposibles…

         ¡Cómo sabías compartir con nosotros, todos nuestros aciertos, todo el mayor número de los posibles desaciertos, todo el limpio fruto de nuestro infatigable tesón!... ¡Todas nuestras íntimas alegrías de saber y presentir que algún beneficio, en algún sentido, alguna utilidad por pequeña que fuese, estábamos rindiendo, desde nuestra modesta y humilde trinchera, en favor de nuestras gentes, y, por ende, de la total humanidad, porque nos sabíamos y nos sentimos parte integrante de ella!...

         ¡Qué nobleza de sentimiento para con nosotros, de la que hacías gala desinteresadamente!

         ¡Qué generosidad de alma la tuya para con nosotros, y para con la inmensa mayoría de tus coterráneos!

         ¡Qué cualidades de acrisolada honradez en todos tus actos, públicos y privados!

         ¡Qué grandiosa dignidad en tu austera pobreza estudiantil!

         ¡Qué contagiante humildad la tuya, en todos los días, para muchos quizá anónimos, de tu existir!

         ¡Qué dotes de inteligencia vivaz, en el análisis escudriñador de los hechos cotidianos!

         ¡Qué parquedad la tuya para sugerir e insinuar con tino, cuantas veces requerimos tu concurso!...

         Y, sin embargo… toda la agonía de una pena íntima, solamente vivida por ti, como tu propio drama, precipitándote hacia el portete del sepulcro, y preparando el enorme sacrificio cruel de tu vida útil, para traición contra nosotros, para sollozar incontenible de nuestras pupilas ya hechas para la vigilia, para congoja irremediable de nuestros atribulados corazones y meditación obligante de nuestras ávidas mentes…

         Compañero… Amigo… y Hermano…

         Llévate este girón de nuestro recuerdo inextinguible, que nosotros sabremos guardar y conservar el tuyo, para siempre…

         Tovar, junio 5 de 1954.

P.A

García