lunes, 12 de febrero de 2018

Exégesis bíblica de Lucas (1, 26-38) haciendo uso del Método Teológico.

LA ANUNCIACIÓN DEL SEÑOR

Lucas 1, 26-38:
26 Al sexto mes fue enviado por Dios el ángel Gabriel a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, 27 a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María. 28 Y entrando, le dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.» 29 Ella se conturbó por estas palabras, y discurría qué significaría aquel saludo. 30 El ángel le dijo: «No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios; 31 vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús. 32 El será grande y será llamado Hijo del Altísimo, y el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; 33 reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reino no tendrá fin.» 34 María respondió al ángel: « ¿Cómo será esto, puesto que no conozco varón?» 35 El ángel le respondió: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el que ha de nacer será santo y será llamado Hijo de Dios. 36 Mira, también Isabel, tu pariente, ha concebido un hijo en su vejez, y este es ya el sexto mes de aquella que llamaban estéril, 37 porque ninguna cosa es imposible para Dios.» 38 Dijo María: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.» Y el ángel dejándola se fue.
         Datos biográficos de san Lucas Evangelista

Lucas es para la Tradición católica el indudable autor del tercer Evangelio, mejor conocido como “según san Lucas”, este personaje es reconocido por la mayoría de los historiadores como el “médico querido” del apóstol san Pablo (Col 4,14; Flm 24)[1]. En principio Lucas no era un apóstol testigo presencial de la vida terrenal de Jesús, por ello es difícil explicar cómo el nombre de Lucas fue unido posteriormente a este evangelio, sin embargo, como ya se ha mencionado, la Tradición de la Iglesia así lo dará por entendido, además de predicar que este evangelista era soltero, trabajó en Acaya (Grecia) y murió a los ochenta y cuatro años. El catolicismo celebra su fiesta litúrgica el 18 de octubre[2]. Finalmente es necesario acotar que tanto el evangelio según san Lucas como los Hechos de los Apóstoles eran dos partes de una misma obra compuesta probablemente en Grecia, donde Lucas conservó el testimonio de la comunidad primitiva, en la que se encontraba la Santísima Virgen María, y de donde obtuvo los relatos de la infancia de Jesús[3].

         Contexto histórico del evangelio según san Lucas: Esta obra literaria lucana es ubicada en la segunda generación de los cristianos, cuando éstos se expanden y se asientan inmersos en el mundo dominado por Roma, por ello es objetivo de Lucas presentar el ideal Cristiano como apto e inofensivo para la sociedad romana, especialmente como una práctica religiosa que cambie la violencia de las armas y guerras por la fuerza del Espíritu que convirtió a muchos hombres a Jesús de Nazaret[4]. Lucas cuando escribe se apertura al mundo helenista y a la realidad política del Imperio, con una actitud nueva respecto de la espera escatológica, ubicándose fuera de Palestina vive en un mundo cultural y religioso muy alejado del judaísmo de la época de Jesús, y, sin embargo, este escritor sagrado se siente en continuidad con la herencia del Antiguo Testamento[5].

         Para explicar las peculiares características de los primeros capítulos de Lucas, donde se ubica el texto a analizar, algunos exégetas has sugerido que para la redacción de estos dos capítulos Lucas pudo usar una o varias fuentes escritas. Algunos han emitido la hipótesis de un documento pre-lucano o de documentos escritos en griego, lo que explicaría la diferencia de estilo respecto del resto de la obra; otros han razonado que la fraseología tan claramente semítica es prueba de que Lucas incorporó en este lugar una narración de la infancia de Jesús que habría sido traducida de un texto, o diversos textos, escritos originalmente en hebreo o arameo[6].

         Análisis del texto lucano

El texto a analizar, (Lucas 1, 26-38), es titulado como el “anuncio del nacimiento de Jesús”, el cual se ubica en un pequeño lugar de Galilea, fuera de las grandes instituciones religiosas de Israel. Lucas se esfuerza por narrar un origen nada común para el gran personaje de su obra, Jesús, que es descrito, sin embargo, con los rasgos del Mesías del Antiguo Testamento (Is 7, 14; 9,6; 2Sm 7, 14-16) y como Hijo de Dios, o su equivalente Hijo del Altísimo, un título con el que Lucas quiere describir la relación misteriosa que le une al Padre. Pero en este relato no se queda en lo ficticio y extraordinario; todo lo contrario: en primer lugar, para él es muy importante establecer unas coordenadas histórico-temporales: ya había dicho que se trataba del tiempo del rey Herodes y que lo que ahora viene sucedió a los seis meses de la concepción de Isabel; y una coordenada espacial: Nazaret, no el lugar más importante, sino la periferia.

Lucas estructura su evangelio de la infancia en torno a la figura de María, quien es presentada como la prometida de José. Pero esta promesa, o esponsales, era considerada por la ley de Israel como un contrato solemne. Sin embargo la pareja no vivía bajo el mismo techo hasta que se realizaba la boda, según la costumbre, un año después de los esponsales, lo cual explica la pregunta de María en (Lc 1, 34). A pesar de la importancia de María en el evangelio de la infancia de Lucas, es José el que entronca a Jesús con la familia de David (Lc 1, 27), cumpliéndose así el propósito general de la esperanza mesiánica: un descendiente de David sería el Mesías de Israel. Y aunque María no pide ningún signo, como hizo Zacarías (Lc 1, 18), se le da una garantía de la autenticidad del mensaje: su parienta Isabel, que era estéril, va a dar a luz un hijo. Las palabras del ángel concluyen con el mismo mensaje que recibieron Abrahán y Sara cuando dudaron de la noticia del nacimiento de su hijo (Lc 1,37; ver Gn 18,14). Todo es obra del Espíritu a quien Lucas mismo describe, mediante la ley de paralelismo, como el poder o la fuerza de Dios (Lc 1,35). Nos encontramos aquí con un tema que se remonta al Antiguo Testamento. El Espíritu de Dios ya estaba presente con su fuerza en (Gn 1,2) para realizar la gran obra de la creación. Aquí, ese mismo poder, se hace de nuevo presente en el momento en el que María, con su obediencia a la palabra de Dios, se nos presenta como prototipo ideal del creyente[7].

En este relato hay dos protagonistas, María y la Palabra. María es símbolo de una porción de la humanidad que a pesar de las situaciones históricas de marginación, rechazo y abandono por parte de la oficialidad socio-religiosa, confía, espera y está abierta al querer divino. La Palabra, Dios, que se pronuncia pero no en el centro donde todo parece que está dicho y decidido, porque viéndolo bien, Dios mismo ve que allí no hay cabida para él.

En la anunciación, se ve como la representación de este acontecimiento se inspira en varios pasajes del Antiguo Testamento, en particular en la aparición del ángel a Gedeón, (Jc 6, 11-24) y con el anuncio del nacimiento de Sansón, (Jc 13, 2-7). La dignidad del niño que nacerá se evoca con alusiones a las promesas del Antiguo Testamento, sobre todo las hechas a David y a su linaje. En Lucas 1, 28 está el alégrate, que es la llamada al júbilo mesiánico, eco de la llamada de los profetas a la Hija de Sión, y como ésta, motivada por la venida de Dios entre su pueblo[8].

María fue visitada por un ángel, y estos son los mensajeros, seres sobrenaturales que rodean el trono de Dios y que comparten el gozo de Dios. Los ángeles son seres celestiales y su labor consiste en servir a Dios. En el cielo adoran a Dios y en la tierra actúan como mensajeros de Dios, para transmitir su Palabra a la humanidad. Los ángeles ayudan también a las personas[9].

P.A
García



[1] SCHöKEL, Luis Alfonso., La biblia de nuestro pueblo. Nuevo testamento, Ediciones Mensajero. Bilbao, España 2011, p. 158.  
[2] JERÓNIMO, san., Comentario bíblico, san Jerónimo, Tomo III, Nuevo Testamento I. Ediciones Cristiandad. Madrid, España 1971, p.p. 296-297.
[3] Sociedad Bíblica Católica Internacional., La biblia latinoamericana, Editorial Verbo Divino. Publicación San Pablo, Madrid, España 2005, p. 106.
[4] SCHöKEL, Luis Alfonso., op. cit. p. 157.
[5] GUIJARRO, Santiago., [et. al.] Comentario al Nuevo Testamento, Editorial Verbo Divino. Madrid, España 2002, p. 187.
[6] MCHUGH, Jhon., La madre de Jesús en el Nuevo Testamento, Editorial Desclée de Brouwer. Bilbao, España 1979, p. 52.
[7] GUIJARRO, Santiago., [et. al.] op. cit. p. 194.
[8] UBIETA, José Ángel., Biblia de Jerusalén nueva edición totalmente revisada, Editorial Desclée de Brouwer, Bilbao, España 2009, p. 1492
[9] RUIZ-GARRIDO, Constantino., Diccionario bíblico abreviado, Editorial Verbo Divino, Madrid, España 1995, p. 25.

sábado, 3 de febrero de 2018

A 408 años del Terremoto que creó La Playa

LA PLAYA CUATRICENTENARIA


Hoy, 03 de febrero, día de San Blas, se cumplen 408 años del Terremoto de La Grita, que narrado por Fray Pedro Simón, especifica la formación geográfica de nuestro pueblo playense, pues, con este fenómeno natural se desplomó una gran montaña que cortó el cauce del río, formándose así una represa de agua que vino a reventar valle abajo el 24 de junio del mismo año, en el día de San Juan, dejando una explanada de tierra, arena y charcos que con el correr del tiempo se secaron y es sobre lo que hoy en día está ubicado el pueblo. En principio, para 1610, fecha del terremoto, los primero habitantes se ubicaron en las partes altas, donde no llegase el nivel del agua y las venideras crecidas del río y quebradas.

Dejemos que sea el mismo Fray Pedro Simón el que nos proporcione detalles de aquel suceso:

CAPÍTULO XXXV

III- VUELA UN CERRO DE UNA PARTE A OTRA CON EL TERREMOTO EN EL VALLE DE LOS BAILADORES

3- En este mismo y a la misma hora[1] se acrecentó otra de las más notables que hemos oído hayan sucedido en el mundo. Y fue que en el valle de los Bailadores, que corre, como dijimos, Norte Sur, a la mitad de él, a seis leguas de la ciudad, de la cordillera que demora a la mano izquierda voló la mitad de un valentísimo cerro[2], como si fuera de pluma, y casi a la mano derecha quedó plantado a la mitad del valle, haciendo, con el golpe que dio en la cordillera contraria, una notable abertura. Como también lo era la que quedó en el asiento de donde se levantó el cerro, por donde comenzó luego a salir un buen golpe de agua que permaneció en sus corrientes algunos días[3]. Con que se acrecentó el rebalso que hizo el río del valle con el asiento del cerro[4], quedando rebalsadas y haciendo un tan valiente y fondable laguna, que podían nadar en ella muy gruesos navíos[5], pues estuvo rebalsado sin que saliera gota de la mucha que entraba (por ser el río de más de dos bueyes de agua), desde este día hasta el de San Juan del mismo año. Que rompiendo por un lado[6], salió tan impetuosamente que, con dispendio de mucho ganado mayor que andaba seguro a la parte de abajo y de algunos sembrados de maíz y tabaco, se extendió por todo el valle. Que junta esta pérdida con la que sucedió de otras más de quinientas cabezas del mismo ganado que cogió el cerro debajo, cuando asentó el valle, no fue pequeña. Aunque muy mayor la de haber cogido debajo tres muchachos españoles de hasta diez o doce años y un indio gandul que estaba con ellos, a la sazón, a la mitad del sitio donde quedó plantado. Que con estos dos hijos y un sobrino de Francisco de Escalante, que quedaron enterrados entre las ruinas de una casa, que también cayó en el mismo valle, y los muchos que murieron, españoles e indios, hombres y mujeres, en la ciudad y otras partes, pasaron de sesenta personas, que para las pocas que tiene aquella tierra, fue muy gran cantidad[7].

Con los relatos de Fray Pedro Simón es que se puede tener una visión arcaica de lo que era antes el Valle del río Zarzales, y terrenos donde hoy está el pueblo de La Playa. Es posible pensar que una vez vaciada la represa haya quedado un lugar plano y cómodo para habitar. La Playa, en el actual lugar donde está, pudo haberse fundado para mediados del año 1610, o incluso unos años más tarde, al normalizarse el terreno que estuvo bajo agua.

P.A
García




[1] En los párrafos previos a este numeral III del capítulo XXXV, Fray Pedro Simón deja claro que el terremoto de La Grita ocurrió el tres de febrero, día de San Blas, en el año 1610, a las tres de la tarde, cuando la tierra se movía como las aguas del mar cuando están inquietas. Para esta época La Grita ya contaba con un Alcalde, que se llamaba Benito Rosal, con un cura, dos Iglesias y un convento. Las mujeres de La Grita en aquel día estaban unas reunidas con la madre del cura que venía de la ciudad de Mérida y otras en casa de una mujer honrada que estaba recién parida.
[2] En la Revista de La Playa una Visión al futuro (1999), del Profesor Alejandro Castillo, se ubica este cerro valentísimo como parte de las montañas de la parte norte de La Playa, donde hoy día se le conoce como Las Barrancas de Don Víctor Sánchez, lugar geográfico al que se le aplicará toda explicación hecha por Fray Pedro Simón.
[3] Puede estar haciendo mención de la quebrada La Arenosa, en la parte alta del sector Las Delicias. Quien observe desde esta perspectiva hacia abajo, notará como en el sector El Volcán, hay un pequeño cerro de piedras, el cual pudo haberse formado allí por las crecidas de esta quebrada, o por el mismo deslizamiento del valentísimo cerro en 1610.
[4] Fray Pedro Simón especifica que son dos corrientes de agua las que van llenando la represa que se forma al deslizarse el cerro y quedar plantado a la mitad del valle, una es la recién formada quebrada “La Arenosa”, y la otra es el mismo río que baja de Bailadores, el río Zarzales o río Mocotíes.
[5] En este apartado, puede darse razón al nombre que lleva el pueblo, pues, como lo refiere Fray Pedro Simón, en la laguna que se formó en el valle, podían navegar gruesos navíos, lo que deja a pensar que todo el territorio sobre el cual se asienta hoy en día la población de La Playa, estuvo bajo agua, razón por la que la geografía del lugar sea plana, semi-inclinada, arenosa y pantanosa.
[6] Este “lado” por donde salió toda el agua, puede ubicarse hoy en día en la llamada curva “Sogamoso”, que está frente a la antigua planta eléctrica de los Mora, en el sector El Volcán. Fray Pedro Simón precisa que para el día de San Juan del mismo año, es decir, para el 24 de junio de 1610, rompió la represa de agua, la cual duró un aproximado de cuatro meses y más en formación, de allí que algunos piensen que los pocos habitantes del lugar tuvieron que mudarse hacia zonas más altas, para no quedar sumergidos bajo el agua.
[7] Como es de suponer, la zona del valle, para el momento, ya era habitada por indios y españoles. Fray Pedro Simón menciona la pérdida de siembras de maíz y tabaco, al igual que ganado y un número superior a las sesenta personas fallecidas por la corriente de agua, entre indios y españoles, jóvenes y adultos, incluso menciona la existencia de una casa, lo que deja a pensar que por la zona al menos ya habían haciendas, probablemente trabajadas por indios y administradas por españoles opresores.  

viernes, 19 de enero de 2018

Filosofía: La idea de Dios en Eckhart


 EL MAESTRO ECKHART
LA IDEA DE DIOS


Introducción

El tema de Dios, es como su mismo objeto de estudio, es decir, infinito. El Dios oculto de la Revelación no se hace conocer solamente a través de los testimonios que da de su obra y cuyo significado desentraña la teología especulativa. Se revela también directamente al alma. Es el «Dios sensible al corazón», cuyo fuego consumió el alma de Pascal[1], pensador cristiano francés del siglo XVII, que formuló a su vez, unas expresiones que alcanzaron fama rápidamente: «el Dios de los filósofos» y «el Dios de la fe». En primer lugar, el Dios de los filósofos sería lo que llega a conocer el hombre a través de su inteligencia natural, mientras que el Dios de la fe es el que se ha revelado a los hombres en Jesucristo[2].

En el presente trabajo, se verá implicado el tema de la idea de Dios en el teólogo alemán Eckhart de Hochheim, sintetizando de manera razonable los postulados de este eminente pensador cristiano, dejando claro que, al hablar de Eckhart se está hablando de mística y escolástica; el Maestro Eckhart fue lo que anheló ser, un maestro de vida, cuyas ideas tuvieron aceptación después de ser discutidas y condenadas. Como veremos, el pensamiento del Maestro Eckhart tuvo su momento difícil, sin embargo, hoy en día es considerado un aporte valiosísimo para la filosofía y la teología.

         Biografía del Maestro Eckhart: el autor estudiado nació en la ciudad de Hochheim hacia 1260, pudo haber sido discípulo del san Alberto Magno. Falleció en Colonia en 1327[3]. Perteneció a la Orden de Predicadores, ingresando al Monasterio de Erfurt, recibió el título de Magister Sacrae Theologiae “Maestro en Sagrada Teología” en 1302[4]. El Maestro Eckhart, después de estudiar en París dedicó su vida desempeñando varios cargos como superior de la Orden Dominicana, con ello visitó numerosos monasterios lo que le dio la oportunidad de destacarse en la predicación, fundando así un nuevo movimiento místico[5].

         El maestro Eckhart fue célebre por sus enseñanzas en las universidades, además de esto su fama creció por la predicación, ya que su cualidad en los sermones era una encantadora naturalidad. Fue su cátedra un recinto verdaderamente escolástico, sin embrago, se le ha querido representar como precursor del protestantismo y del moderno panteísmo[6].

         Obras del Maestro Eckhart y controversias: A pesar de ser el iniciador del pensamiento filosófico alemán, y de haber incluido este idioma como leguaje filosófico y teológico[7], se dice que escribió la mayor parte de sus obras en latín[8]. De las obras de este autor escolástico sobresalen las siguientes: Reden der Unterweisung, Quaestiones parisienses, Libros de las consolaciones divinas, Liber benedictus, Opus tripartitum[9].Eckhart y su doctrina fueron condenados dos años después de su muerte, en 1329, sin embargo, la Iglesia reconoció el error de esta medida[10]. Más que por equivocaciones doctrinales, el Maestro Eckhart fue malinterpretado a causa de las bruscas querellas teológicas entre dominicos y franciscanos, lo que lo llevó en 1327 a comparecer ante el Arzobispo de Colonia que era de la orden contrincante, todo concluyó con la condenación de 28 proposiciones por parte del Papa Juan XXII[11], aunque su ortodoxia fue defendida por uno de sus discípulos, Henry Suso[12].

         Por esta condenación y por figurar este autor al frente de los místicos alemanes se ha llegado a creer que la doctrina católica estaba en pugna con el misticismo. Lo particular es que el misticismo alemán en Eckhart fue esencialmente intelectualista, no hablando de unión por amor sino por entendimiento[13].

         La idea de Dios en el Maestro Eckhart: al profundizar en el pensamiento sobre Dios de este teólogo conviene dejar claro desde el principio que el Maestro Eckhart predica el desinterés y lo coloca por encima del amor, esto en relación a la comunión con Dios y los hombres. Según Eckhart, una razón de ello es que aunque «lo mejor del amor es que me fuerza a amar a Dios», es mejor para mí «mover a Dios hacia mí que yo moverme hacia Él, pues mi bienaventuranza eterna consiste en que yo y Dios seamos uno, y Él puede encajarse y unificarse mejor conmigo que yo con él». En principio se está manifestando la prontitud que tiene Dios para acercarse al ser humano, para encontrarlo. Otra razón es que «el amor me obliga a sufrir por amor de Dios, en tanto que el desinterés me hace sensible únicamente a Dios» (esto me lleva a «no poder recibir sino a Dios»)[14].

Todo esto lleva a considerar al Maestro Eckhart como un místico, y, además, como un místico para el cual la teología negativa es superior a la positiva, como se verá más adelante[15].

Se ha indicado que las fuentes de la teología negativa y mística del Maestro Eckhart se hallan en la tradición neoplatónica y del Pseudo-Dionisio. Hay que tener en cuenta, sin embargo, que el Maestro Eckhart, aún si lo consideramos como un místico, no es simplemente un místico que traduce los términos de la teología en términos de alguna "experiencia personal". El Maestro Eckhart es asimismo teólogo, y no siempre su teología es "negativa". Lo que sucede es que, como consta ya en sus diversas obras, la idea que el Maestro Eckhart se hace de Dios es una idea en la que aunque hay igualdad entre el esse  de Dios y su intelligere, lo que hubo en un principio era el intelligere (el "Logos", la "Palabra"), por lo que el esse o el hecho de ser un ens no es por sí mismo un predicado suficiente. De ahí que, desde el punto de vista del "mero ser" (que no es el "pleno ser" o el "ser en pureza), Dios aparezca como algo que "no es"[16].

Pero para el pensamiento eckhartiano Dios no es simplemente ser, porque es "más que ser". Cierto que en el posterior Opus tripartitum, el Maestro Eckhart declara que Dios es esse. Pero este esse es perfecta y completa unidad, la cuales la unidad del intelligere. Ahora bien, puesto que nada hay fuera de la perfecta unidad, puede concluirse que nada hay fuera de Dios. Esta es, una de las tesis que han llevado a algunos pensadores a considerar al Maestro Eckhart como un autor panteísta, por pensar que todo está en Dios. Pero decir que "fuera de Dios no hay nada" es como decir que "fuera de la Existencia nada existe", o, si se quiere, que todo lo que existe se mide por su relación con la Existencia. Por otro lado, no hay, según el Maestro Eckhart, nada tan distinto de Dios, el Creador, como lo creado y las criaturas. Así, pues, parece que el Maestro Eckhart subraya tanto la fusión como la separación[17].

Ahora daremos un paseo por el pensamiento del Maestro Eckhart como teólogo, al respecto él tiene varias consideraciones para la idea de Dios, la primera de ellas es plantear a Dios como pensamiento puro, y es que en la doctrina sobre Dios hace Eckhart siempre hincapié en que debemos antes decir lo que no es Dios que lo que es, (esto explica la llamada teología negativa). Por ello no quiere atribuir a Dios ni siquiera el concepto de ser. Para Eckhart Dios es entendimiento y entender (intellectus et intellegere). Con ello queda Dios bien definido como algo al margen de toda la realidad creada. Sin embargo, se pensó en tiempos de Eckhart, y después también, que con esa tesis se parecía quitar el ser a Dios. Pero, como la misma historia lo manifiesta, ya Aristóteles definió así a Dios; y asimismo santo Tomás de Aquino dice que, en Dios, entendimiento y esencia son idénticos; y, en san Alberto Magno, Dios es el intellectus universaliter agens y produce, en cuanto tal, la primera inteligencia[18].

La segunda consideración del Maestro Eckhart es ver a Dios como plenitud de ser. Y es que Eckhart puede también decir que el ser es Dios: ese est Deus. Siendo esta la primera tesis de su obra Prologus generalis. Con esto quiere decir: Dios es el ser, o lo que es lo mismo, la plenitud del ser. Todo ser emana de Él. «Dios todo lo ha hecho, no de forma que queden las cosas fuera de Él, como hacen los artífices manuales, sino que lo llamó de la nada, del no ser al ser, para que encontraran este ser, lo recibieran y lo tuvieran en Él». Ahora entendemos en qué sentido es Dios la plenitud del ser[19].

Y como tercera consideración, el Maestro Eckhart hace algunas disquisiciones sobre la Existencia de Dios, donde salta a la vista el platonismo cristiano del Maestro Eckhart cuando se pregunta si Dios existe, a lo que su respuesta es en efecto: «El ser es el ser de Dios» (ese est essentia Dei sive Deus; igitur Deum ese, verum aeternum est; igitur Deus est.). Así como las cosas blancas no son blancas sin la blancura, así tampoco son las cosas que existen sin Dios. Sin Él sería el ser una nada. En este sentido tampoco esto es panteísmo, sino la aplicación de la idea de participación al mundo de la existencia. Por un lado asegura Eckhart, apoyado en la teoría de las ideas, que las cosas sólo están en Dios en su ser «esencial», es decir, ideal, ejemplar, y Dios a su vez en ellas; y por otro lado nos dice ahora que también el ser espacial y temporal participa de Dios; pues cuando habla de existencia ciertamente entiende este mundo[20].

Cosa muy parecida a los planteamientos de Platón, cuando pretende explicar el mundo de las ideas, donde está la esencia de las cosas, cuyas imágenes e imitaciones están en la tierra, es decir, en este mundo.

Nicolás de Cusa será partidario del pensamiento del Maestro Eckhart, es por ello que ellos dos verán en Cristo una vía más intuitiva para nuestro mejor «yo», ya que Cristo es la palabra encarnada. En todo esto, Eckhart considera que si el alma humana fuera solo eso, no sería creada. Pero, por participar el alma de Dios, hay algo divino en ella, pensamiento paralelo al de Clemente de Alejandría, pero por participar sólo y no ser por tanto totalmente divina, se da en ella lo creado. Es el punto donde el hombre es un medio entre dos mundos, se conoce como perteneciendo a lo divino con auténtica participación[21].  

P.A
García




[1] Daniélou, J. (2003). Dios y nosotros. Madrid España. Ediciones Cristiandad. (p. 215).
[2] Lobo, G. (2003). Dios uno y Trino. Caracas Venezuela. Ediciones RIALP. (p. 16).
[3] Enciclopedia Universal Ilustrada (1924). Tomo XVIII (Parte II). Madrid España. Espasa Calpe. (p. 2769).
[4] Ferrater. J. (1990). Diccionario de Filosofía. Tomo II. Barcelona España. Alianza Editorial. (p. 885).
[5] Hirschberger, J. (1977). Historia de la Filosofía. Tomo I. Barcelona España. Editorial Herder. (p. 432).
[6] Enciclopedia Universal Ilustrada (1924). Tomo XVIII (Parte II). Madrid España. Espasa Calpe. (p. 2770).
[7] Ferrater. J. (1990). Diccionario de Filosofía. Tomo II. Barcelona España. Alianza Editorial. (p. 886).
[8] Hirschberger, J. (1977). Historia de la Filosofía. Tomo I. Barcelona España. Editorial Herder. (p. 432).
[9] Ibídem (p.p 432-433).
[10] Ibídem (p. 432).
[11] Ferrater. J. (1990). Diccionario de Filosofía. Tomo II. Barcelona España. Alianza Editorial. (p.p 885 - 886).
[12] Copleston, F. (). Historia de la Filosofía. Tomo III.
[13] Enciclopedia Universal Ilustrada (1924). Tomo XVIII (Parte II). Madrid España. Espasa Calpe. (p. 2770).
[14] Ferrater, J. (1990). Diccionario de Filosofía. Tomo II. Barcelona España. Alianza Editorial. (p. 886).
[15] Ibídem (p.886).
[16] Ferrater, J. (1990). Diccionario de Filosofía. Tomo II. Barcelona España. Alianza Editorial. (p. 886).
[17] Ibídem (p.886).
[18] Hirschberger, J. (1977). Historia de la Filosofía. Tomo I. Barcelona España. Editorial Herder. (p. 438).
[19]Ibídem. (pp. 438-439).
[20] Ibídem (pp. 439-440).
[21] Hirschberger, J. (1977). Historia de la Filosofía. Tomo I. Barcelona España. Editorial Herder. (pp. 441-442).

Reflexión sobre el Sacramento de la Confesión

CATEQUESIS SOBRE EL SACRAMENTO DE LA PENITENCIA

Queridos hermanos, en este día, la catequesis versará sobre el sacramento de sanación que nos lava el alma para devolvernos la gracia de Dios y así ser santos.

Para emplear el remedio es necesario conocer primero la enfermedad, es por eso que el Catecismo de la Iglesia Católica, define el pecado como una “ofensa a Dios, ruptura de la comunión con él. Al mismo tiempo, atenta contra la comunión con la Iglesia. Por eso la conversión implica a la vez el perdón de Dios y la reconciliación con la Iglesia, que es lo que expresa y realiza litúrgicamente el sacramento de la Penitencia y de la Reconciliación (Cf. LG 11)”[1].
Penitencia viene del latín penitere, que quiere decir dolerse, arrepentirse. A este sacramento se le puede llamar: penitencia, porque el acto más importante de él es la penitencia o dolor de los pecados; confesión, porque está establecido que para obtener el perdón hay que confesar los pecados; sagrado tribunal, porque el acusado es el penitente; el juez, el sacerdote; y la materia de juicio los pecados acusados[2].

La institución del sacramento de la penitencia tuvo lugar principalmente cuando, después de su resurrección, Cristo dijo a sus apóstoles: «La paz con vosotros. Como el Padre me envió, también yo os envío.» Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.» (Juan 20, 21-23).

El Código de Derecho Canónico expresa que “en el sacramento de la penitencia, los fieles que confiesan sus pecados a un ministro legítimo, arrepentidos de ellos y con propósito de enmienda, obtienen de Dios el perdón de los pecados cometidos después del bautismo, mediante la absolución dada por el mismo ministro, y, al mismo tiempo, se reconcilian con la Iglesia, a la que hirieron al pecar”[3].

La confesión puede ser válida o inválida, al respecto se sabe que “si no hay verdadero arrepentimiento tampoco existe sacramento; y seguiría sin existir aunque el confesor, engañado o no, diera la absolución”[4], además de esto, es necesario conocer que son los Obispos “los moderadores de la disciplina penitencial[5]”, a ellos les compete, entonces, conceder permisos a los sacerdotes para ejercer este ministerio, sin olvidar que “todo sacerdote, aun desprovisto de facultad para confesar, absuelve válida y lícitamente a cualquier penitente que esté en peligro de muerte de cualesquiera censuras y pecados, aunque se encuentre presente un sacerdote aprobado.[6]”

En la vida ministerial de nuestros sacerdotes, es común encontrar en la mayoría de ellos, no en todos, la poca disponibilidad para atender las confesiones de los fieles católicos, esto sucede a pesar de que los mismos sacerdotes son conscientes de que se santifican y “se unen con la intención y con la caridad de Cristo en la administración de los Sacramentos, cosa que realizan especialmente cuando en la administración del Sacramento de la Penitencia se muestran enteramente dispuestos, siempre que, los fieles lo piden razonablemente.[7]”

Como humanos estamos muy necesitados de signos sensibles para sentir la presencia y la gracia de Dios en nosotros, es por eso que, en cuanto a la intervención del confesor, el núcleo fundamental de la fórmula de absolución que pronuncia el rito latino son estas palabras: “Yo te absuelvo de tus pecados, en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo[8]”, pero es el mismo Cristo, es Dios mismo el que perdona, a través del Sacerdote, que actúa como canal entre Dios y los hombres.

Es muy válido el preguntarnos: ¿Por qué los católicos se confiesan con los sacerdotes, que son hombres como los demás?, y ante este cuestionamiento debemos respondernos: los sacerdotes no son hombres como los demás, porque tienen un poder especial que Cristo confirió a los Apóstoles y a sus sucesores[9], además de esto, la práctica de la confesión no es invento reciente del catolicismo, lo podemos notar en la cita bíblica de Hechos de los Apóstoles 19, 18, donde “muchos de los que habían creído venían a confesar y revelar todo lo que habían hecho”

Aunque el sacramento que estamos tratando es el canal legítimo para obtener el perdón de Dios, que no se nos olvide que “también Dios perdona por un acto de perfecta contrición, o sea cuando uno se arrepiente de verdad, prometiendo a Dios confesarlos después a un sacerdote. Si yo quiero confesarme bien, tengo que hacer primero, tres cosas: recordar mis pecados mortales no confesados, arrepentirme de ellos y prometer corregirlos en adelante. Y hecho esto, voy a decir al confesor mis pecados, sin mentir ni engañar y luego hago o rezo lo que mande. Así queda limpia mi alma de pecados y me reconcilio con Dios, como un hijo con su padre[10]”

En este sacramento, la penitencia que impone el sacerdote, no debería únicamente ser rezar tal cantidad de padrenuestros o avemarías, si esto sucede, debe verse como una invitación a intensificar la vida de oración, que tiene como consecuencia la unión con Dios, sin embargo, la penitencia de una confesión, a la luz del Código de Derecho Canónico, “consiste en tener que hacer una obra de religión, de piedad o de caridad[11]”, es decir, no solo orar, sino también poner por obra la caridad cristiana.

Uno puede recibir frecuentemente el sacramento de la penitencia porque una y otra vez reincide en un pecado mortal y quiere obtener de Dios su perdón. La llamada gracia sacramental, que sólo es propia del sacramento de la penitencia y que por ningún otro sacramento se produce o puede producirse, es la gracia santificante, con carácter y fuerza especial para hacer desaparecer el decaimiento causado por los pecados veniales, el déficit de fuerza, valor e impulso espiritual, para fortalecer el alma y alejar los impedimentos que se oponen a la gracia y su operación eficaz en el alma[12].

¿Tiene lógica colocarnos una ropa limpia sin antes ducharnos? No, y en este sentido, la confesión de los pecados lava el alma, y la deja digna de recibir el Cuerpo de Cristo, que es un vestido de gracia y de salvación. Por eso, antes de comulgar, debemos estar debidamente bien confesados, sin pecado mortal.

La confesión no es una dirección espiritual, en esta se dicen los pecados cometidos y el sacerdote da un consejo y luego, si es posible, da la absolución, en una dirección espiritual, aunque guarda el mismo sigilo sacramental, es decir, que no se puede revelar por ningún motivo lo allí conversado, es una plática más amigable, donde pueden venirse otros temas que no precisamente son materia de confesión.

Para algunos es difícil creer y aceptar que, a pesar de que la confesión es un sacramento del amor de Dios, no todos están en disposición de recibir la absolución, por ejemplo, los no bautizados, los que viven en concubinato o los que cometieron pecados que están reservados al Obispo o al Papa.

Hermanos, para que no se nos olvide el gran amor de Dios por nosotros culmino esta catequesis compartiéndoles el pensamiento de un santo sacerdote: “Mira qué entrañas de misericordia tiene la justicia de Dios! -Porque en los juicios humanos, se castiga al que confiesa su culpa: y, en el divino, se perdona. - Bendito sea el santo Sacramento de la Penitencia![13]”

P.A
García



[1] Catecismo de la Iglesia Católica. (# 1440).
[2] Faría, R. (1942). Curso superior de religión. Editorial Librería Voluntad. Bogotá, Colombia. (pp. 362-362).
[3] Código de Derecho Canónico. (#959).
[4] Moliné, E. (1999). Los siete sacramentos. Editorial Vértice. Caracas, Venezuela. (p. 123).
[5] Concilio Vaticano II. Constitución Dogmática "Lumen Gentium" Sobre la Iglesia. (#26).
[6] Código de Derecho Canónico. (#976).
[7] Concilio Vaticano II. Decreto "Presbyterorum ordinis" Sobre el ministerio y la vida de los presbíteros. (#13)
[8] Concilio de Florencia DS 1323
[9]Amatulli, F. (1986). La Iglesia Católica y las Sectas Protestantes. Apóstoles de la Palabra. Caracas, Venezuela. (p. 54).
[10] Fernández, T. (1975). Catecismo Popular. (p.33).
[11] Código de Derecho Canónico. (#1340).
[12] Benedikt Baur, O. S. B. “La confesión frecuente”
[13] Escrivá de Balaguer, J. (1965). Camino. (#309).