viernes, 25 de mayo de 2018

Biografía de la Beata Madre María de San José, contada por José Molano.


PRIMERA BEATA VENEZOLANA

Beata Madre María de San José

         Nacimiento e infancia

La Madre María de San José nace en la población de Choroní, en la zona costera del estado Aragua en Venezuela, el 25 de abril de 1875. Es la mayor de cuatro hermanos. Su infancia la inicia en pleno gobierno guzmancista, su papá era defensor y partidario de Guzmán Blanco, quien quiso acabar con la Iglesia Católica en Venezuela, él patrocinaba el ideal de que la sociedad debía construirse civilmente, retirada de la Iglesia, de ahí que Guzmán Blanco expropie templos católicos y expulse del país a varios sacerdotes y obispos. La Madre María de San José al nacer es bautizada con el nombre de Laura Evangelista Alvarado Cardozo. Desde muy joven la familia se traslada a Maracay, por motivos de trabajos del padre, allí la pequeña Laura conoce al padre Justo Vicente López Aveledo, párroco de la Parroquia San José de Maracay, la hoy Catedral de Maracay. El padre Justo fue un hombre de profunda oración, sacerdote entregado a su labor pastoral.

Génesis de su obra social

Cuando Laura llega a Maracay, aquel poblado estaba infestado por varias epidemias, la viruela y la tuberculosis. Para la época Maracay todavía no contaba con centro asistencial, por lo que la gente debía trasladarse a Caracas o La Guaira. Cuando una persona se enfermaba de alguna de estas terribles enfermedades eran botadas a la calle, para que no tuvieran ningún contacto con los de la casa. Se tenía entonces por costumbre vivir en la calle mientras le llegaba la muerte, por eso, las noches de Maracay eran propicias para “la carreta”, que pasaba recogiendo los cadáveres de quienes ya habían fallecido, pues ni los familiares se atrevían a enterrarlos por temor a contagiarse. El padre Justo alquiló una casa en la calle Sucre, en Maracay, fundando allí el primer Hospital de Maracay (hoy desaparecido), dedicado a San José, donde Laura, en compañía de tres compañeras más, acude para atender a los enfermos. Un dato curioso es que, ni Laura, ni sus tres compañeras se contagiaron nunca de ninguna enfermedad, a pesar de estar al pendiente de los enfermos y, por ende, susceptibles a contagiarse, sin embargo, el padre Justo no corre con la misma suerte y muere muy joven a causa de la tuberculosis. Con estas tres compañeras, años más tarde, Laura Evangelista fundaría la Congregación de Agustinas Recoletas del Corazón de Jesús.

         Consagración a Dios

A los trece años Laura hace su Primera Comunión, y para esta ocasión pide a su mamá y a su abuela, que le confeccionen un vestido todo blanco, como de novia. Ese día la niña Laura, en secreto, hace votos de virginidad, consagrando su vida a Dios. Laura tenía el cabello largo y ondulado, y se lo corta casi a la altura de los hombros, y desde ese momento saldrá siempre a la calle con una pañoleta amarrada en la cabeza, que era para ella como un signo de consagración, por asemejar el velo de una religiosa, portando también sobre su pecho un crucifijo, lo que le valdría, de ahí en adelante, el apelativo de “la niña del Cristo”.

         El amor de Laura por su papá siempre era muy grande, ella amaba a su papá, y él también a ella, a pesar de que éste fuera totalmente contrario a las ideas religiosas, le llegó a permitir toda la devoción a su hija, ya que pensaba que esto eran cosas de mujeres. Laura desde muy pequeña demostró su querer por consagrarse a la vida religiosa, pensaba hacerse monja de clausura, para dedicarse a la contemplación y la oración, pero, como Guzmán Blanco había expulsado del país a los religiosos, no había convento donde Laura pudiera ingresar, por eso, el padre Justo planeaba esperar que Laura creciera un poco para mandarla a estudiar a España o Francia.

         Fundación de su congregación

Mientras la fundación del Hospital de San José, es el padre Justo quien va animando a Laura a fundar una congregación religiosa, cosa que a ella no le parece tan descabellada. El ambiente religioso de aquel entonces se veía animado por la devoción a Santa Rita de Casia. Laura y sus tres compañeras se hacen de una tela negra, de donde saldrían solamente tres hábitos para la profesión y fundación de la congregación. Para la época, la madre Emilia de San José y el padre Santiago Machado habían fundado las Hermanitas de los Pobres de Maiquetía.

         Laura, un día antes de la profesión religiosa, le pide a Dios por intercesión de Santa Rita de Casia, que le consiga un hábito para ella poder participar de la fundación, Laura llegó a expresar en su oración que si Dios la tenía para ser religiosa debía llegar a sus manos un hábito, de lo contrario sería una señal de que ella no estaba para ser religiosa.

         El milagro del hábito

Una mujer de la sociedad maracayera, había hecho una petición a Santa Rita, y como Dios, por intercesión de la santa, le había conseguido el favor, decidió pagar la promesa con un hábito negro, igual que el de Santa Rita, y lo lleva al hospital, a estas tres muchachas para ver qué podían hacer con él. Precisamente ése es el hábito que se va a colocar la madre María en la primera profesión en la fundación de la congregación en 1901, acto realizado en la Iglesia San José de Maracay.

         Por la atención a los enfermos, Laura funda su congregación de vida a activa, al principio se llamó Hermanitas Agustinas de los Enfermos, más adelante, en los años 50, se llamarán Agustinas Recoletas del Corazón de Jesús, afiliándose así a la familia agustiniana recoleta.

         A los pocos años de la madre María de San José haber fundado su congregación, enferma su papá, y ella consciente del estado del alma de su padre, por haber apoyado las herejías de Guzmán Blanco y por no haber sido casado con su mamá, entra a la Catedral de Maracay, se arrodilla delante de la Virgen de las Mercedes, donde, dirigiéndose a la Virgen le dice que hasta que Ella no le conceda la conversión de su papá no se levantaría de allí. Dura alrededor de dos horas de rodilla, pidiendo por la conversión de su papá, para que pudiera morir en gracia, mientras este tiempo, su papá había llamado a un sacerdote para confesarse, casarse con su esposa y poder comulgar. La madre María de San José había ofrecido, por este favor de Dios, ayunar perpetuamente.

         El ayuno perpetuo

María de San José duró diez años sin ingerir alimentos, lo único que consumía era la Sagrada Eucaristía y agua, ella decía “con Jesús me basta”. Pasados estos diez años, enferma gravemente y el médico le prohíbe continuar con este ayuno tan riguroso, por lo que la madre empieza a comer alguna verduras y frutas, nunca carne, comía exageradamente poco, un almuerzo para ella consistía en una cucharada de arroz y una de caraotas, más nada, para ella la Sagrada Comunión era lo que realmente la alimentaba.

         Profunda devoción eucarística

La pequeña Laura, desde su niñez vivió una profunda devoción eucarística, desde los trece años consideró a Jesús Eucaristía como su esposo. De sus frases más conocidas se tiene: “en la Eucaristía está mi tesoro y ahí está mi corazón”, otra es “soy hija de la Iglesia y daría mi vida por defenderla”. A la madre María siempre le interesó ser monja de clausura, incluso, después de haber fundado su congregación pretendió retirarse a la clausura, pero las hermanas no se lo permiten.

         Hoy en día, en la Casa General de las Agustinas Recoletas del Corazón de Jesús, en Los Teques estado Miranda, se vive la Adoración Eucarística perpetua, ya que, las hermanas de ésta casa son custodias del milagro eucarístico de la Hostia Sangrante de Betania, cumpliéndose así el deseo de la madre María de San José, de vivir plenamente unida a Jesús Eucaristía. El carácter recio de madre María de San José le ayuda a realizar su gran obra, a pesar de ser una mujer de muy baja estatura, logró imprimir un carácter imponente donde quiera que estaba.

         Su gusto por hacer hostias la hace feliz, es en el hostiario donde nace la frase “hacer hostias es multiplicar las comuniones”. Una de las labores de la Casa General es la fabricación de hostias, que nunca están a la venta, sino que son regaladas a los sacerdotes para sus parroquias. Por la misma situación del país las hermanas reciben donaciones de harina con la cual hacen las hostias, algunas parroquias también deja su aporte monetario.

         Su obra social

Su gran obra social comienza con la co-fundación del Hospital de San José junto al ilustrísimo monseñor Justo Vicente López Aveledo. Más adelante funda el Asilo de San José, que tampoco existe hoy en día. Luego funda lo que hoy se conoce como la Casa Hogar Madre María de San José, donde todavía se conservan algunas plantas sembradas por la beata, que era amante de la naturaleza.

         En el Orfanato Inmaculada Concepción de Maracay, la madre María recibe inicialmente a niños y niñas, pero por las leyes eclesiásticas, que mandaban a las religiosas sólo a cuidar de las niñas y a los religiosos de los niños, la madre María tiene que limitarse a recibir a niñas.

         Madre María se convierte en el único referente de madre para la mayoría de estas niñas, es por eso que cariñosamente la empiezan a llamar “mamaita”. Aún hoy en día, las mujeres que fueron criadas por madre María de San José, cuando se refieren a ella la llaman “mamaita”. Igualmente, todo aragüeño al referirse a la beata la llama “mamaita”. Madre María es un ícono para el pueblo maracayero, precisamente por todo el amor y el afecto que puso en cada una de sus obras. Dicen las personas que la conocieron, que la madre María de San José transmitía mucha paz y mucha presencia de Dios, y resaltan su baja estatura.

         Madre María y Juan Vicente Gómez

Se cuenta que el Presidente Juan Vicente Gómez se topa, en cierta esquina de Maracay, con la madre María de San José, y el prepotente dictador le dice: “buenos días monjita”, a lo que la madre María le contesta: “buenos días benemérito”, y sigue caminando. Según cuentan Gómez le comenta a quien lo acompañaba, que era el secretario de estado: “si la monjita usara pantalones, aquí el Presidente de la República fuera otro”, haciendo este comentario precisamente por su admiración a la madre María de San José, ya que ella había realizado la labor social que él no había podido hacer, además de haberse ganado el cariño del pueblo de Maracay, cosa que el benemérito no logró.

         Profecía sobre su congregación

En una ocasión, estando muy anciana la madre María, una de sus religiosas le comenta que tras su muerte la congregación se iba a extinguir, ya que para el momento no tenían muchas vocaciones, la madre María le responde que después de su muerte ella va a ver desde el cielo cómo sus hijas florecen como blancas azucenas. Hoy en día, las Hermanas Agustinas Recoletas del Corazón de Jesús, son la congregación femenina con mayor número de religiosas en Venezuela, además de poseer gran cantidad de casas por todo el territorio nacional, dos en Colombia y una en Perú.

         El don de la bilocación

Se llega a pensar que la madre María de San José tenía el don de la bilocación, ya que, para la canonización de San Pío de Pietrelcina, de la cual era fiel devota, algunos aragüeños afirman haberla visto en Roma, mientras que la madre María nunca salió de Venezuela y en ese momento rezaba fervorosamente el Santo Rosario en acción de gracias por dicha canonización.

         Un dato de importancia es saber que la madre María de San José rezaba todos los días por la beatificación del Dr. José Gregorio Hernández, que era un santo para ella.

         Conoció a la segunda beata venezolana

Las dos primeras beatas venezolanas, María de San José y Candelaria de San José se conocieron, y cuando madre María hablaba de madre Candelaria decía que era una santa, del mismo modo, cuando madre Candelaria hablaba de madre María hacía referencia a su notable vida de santidad. La primera fue beatificada en Roma, la segunda en Caracas.

El milagro de la beatificación

El milagro que llevó a la beatificación de la madre María de San José es el de una religiosa paralítica. Esta hermana en una ocasión le había comentado a la madre que se sentía como una carga para la congregación, que no aportaba mucho sino que era más bien como un estorbo para las hermanas, porque tenían que atenderla, la madre María le dice a esta monjita que después de su muerte (de la madre María) ella iba a caminar. Tiempo después de haber muerto la madre María de San José, una de las hermanas, que era la encargaba de ver de la paralítica, sube a la habitación y consigue a una mujer de pie, esta hermana se asusta y sale corriendo, gritando que alguien se había metido a la casa, cuando las otras hermanas suben a la habitación, se dan cuenta que no es nadie extraño a la comunidad, se trataba de la hermana que estaba paralítica, la encuentran de pie, caminando. Todos caen en cuenta de que era el cumplimiento de la profecía de madre María. Sin ninguna intervención médica la monjita vuelve a caminar, la congregación presentó el hecho como el milagro que elevó a la hoy primera beata venezolana a los altares.

         La muerte de la madre María de San José

La madre María de San José muere en olor de santidad el dos de abril de 1967. Fue una religiosa muy longeva, fallece a los 92 años de edad. Fue muy activa, pero al final de su vida va enfermando, y su cuerpo se deterioró hasta que el Señor la llama a su presencia. El cuerpo de la madre María fue enterrado en la Capilla del Orfanato Inmaculada Concepción, tal y como ella había querido, cerca del Sagrario, a los pies de Jesús.

          El día del entierro de madre María, cuando el cuerpo sale de la Catedral después de la Misa Exequial, algunos aviones de la aviación militar sobrevuelan el cielo de Maracay y arrojan pétalos de rosas rojas, cosa que había pasado anteriormente el 31 de enero de 1965, con motivo de la Coronación Canónica de Nuestra Señora de Belén, Patrona de Aragua.

         Mons. Feliciano González, obispo de Maracay, es quien apertura la causa de beatificación de la madre María de San José. Se convierte en la primera beata de Venezuela el 7 de mayo de 1995, proclamada por San Juan Pablo II en la Ciudad del Vaticano. Para esta ceremonia viaja a Roma el Presidente de la República, una delegación de las Hermanas Agustinas Recoletas del Corazón de Jesús, el Padre General de los Agustinos Recoletos, y gran cantidad de venezolanos.  
    
         El cuerpo incorrupto de madre María

Como es de costumbre, para la beatificación de una persona debe exhumarse su cuerpo, en el caso de madre María fue un hecho prodigioso, ya que, al alzar el féretro, éste estaba totalmente podrido, el cuerpo de la beata quedó prácticamente en brazos de los hombres que alzaron el ataúd. Se dan cuenta de inmediato, el cuerpo de la madre María está incorrupto, aparece un poco oscuro, y seco, pero no se ha consumido. Desde la muerte de madre María, nunca se le aplicó ningún procedimiento de conservación, incluso, las hermanas no permitieron que se le inyectara formol. Hoy en día el cuerpo está recubierto con una fina capa de cera, para propiciar la veneración de la feligresía.

Aparte de la incorrupción del cuerpo de la madre, hubo otro hecho milagroso, y es que, la madre fue enterrada con un ramo de azucenas en el pecho, como señal de su virginidad, a parte estas flores le encantaban a ella; un palito de estas azucenas permanecía aún verde, con una hoja, y para mayor asombro había echado pequeñas raíces en el pecho de la religiosa con más de 20 años de fallecida.

El cuerpo de la beata madre María de San José reposa en el Santuario que lleva su nombre, en la Avenida Bolívar de Maracay.

La grandeza de la beata María de San José ha calado en lo más profundo de los corazones de todos los aragüeños, ellos la tienen por madre y hermana, y se sienten profundamente orgullosos de tenerla como principal referente religioso.

La vida de ésta santa mujer venezolana tiene mucho que decirnos a la sociedad venezolana, pues, a ella le tocó vivir y trabajar en tiempos muy difíciles, como lo fue la dictadura de Juan Vicente Gómez, pero ahí aprendió a dar lo mejor de sí, sobre todo, en la caridad y generosidad para con los más desposeídos.

Beata María de San José, ruega por Venezuela.

P.A
García

domingo, 20 de mayo de 2018

Conozca al Presbítero William José Vázquez Toro, formador del Seminario San Buenaventura de Mérida.


FORMACIÓN DEDICADA[1]
         

           Nació en la ciudad de Timotes, un día como hoy, el 20 de mayo de 1985. Sus padres son don Urbano Vázquez y doña María Aura Toro de Vázquez. Sus hermanos: Jilson, Javier, Adrián, Yoander y Jesús Gabriel. Fue bautizado el 7 de septiembre de 1985 en la parroquia Santa Lucía de Timotes por el Pbro. Víctor Manuel Angulo. El 28 de diciembre de 1995 recibe la primera comunión de manos de Mons. Juan María Leonardi Villasmil, Obispo Auxiliar de la Arquidiócesis de Mérida para ese momento. Es confirmado por el Sr. Arzobispo Mons. Baltazar Porras, el 28 de diciembre de 1997.

         Cursó sus estudios de primaria en la Unidad Educativa Canónigo Uzcátegui (1991-1997). Durante su infancia nace su curiosidad por los caminos de Dios, ya que su madre era del grupo carismático de la Parroquia, y él le acompañaba a los encuentros de oración que se hacían. Su padre lo llevaba a la Iglesia, y en Semana Santa asistían a todos los actos religiosos, algo que le llamaba mucho la atención, sobre todo la liturgia particular de las procesiones, los viacrucis vivientes.

         Realizó sus estudios de Educación media y diversificada en la Unidad Educativa Francisco de Paula Andrade, donde obtuvo el título de Bachiller en ciencias en el año 2002. Durante esta etapa de Liceo le gustaba, y pensaba estudiar educación y química, sin embargo, ya desde muy pequeño presentaba la inquietud por el sacerdocio.

         Esta inquietud al sacerdocio fue madurando en el seno de su familia. Formó parte de varios grupos apostólicos parroquiales como los son: SOLDEDI, Infancia Misionera, Coro San Juan Bosco, Renovación Carismática, Coro familia de Nazaret y Monaguillos.

         Al trascurrir esos años, participó de diversas convivencias vocacionales en el Seminario San Buenaventura de Mérida, y es a la vez orientado y animado vocacionalmente por el Pbro. Pablo Olivo León Uzcátegui, párroco de Timotes.

         Saliendo de su graduación de 5to año fue de una vez a presentar el cursillo de admisión al Seminario San Buenaventura. El 19 de septiembre del 2002 ingresa al Seminario, realizando el año de Propedéutico en la parroquia Nuestra Señora de Belén, y posteriormente la etapa de Filosofía y Teología en el Seminario.

         El jesuita José María Franco, fue casi en toda la formación su director espiritual, del Padre Franco le marcó su espontaneidad y su convicción a su vocación sacerdotal, además fue su padrino de ordenación diaconal.

         Recibió la Admisión a las Sagradas Órdenes por Mons. Luis Alfonso Márquez Molina, Obispo Auxiliar de Mérida, el 26 de mayo de 2007; le confirió también el Ministerio del Lectorado el 24 de mayo de 2008. El 3 de abril de 2009 recibe el ministerio del Acolitado. Es ordenado Diácono el 23 de mayo de 2010, junto a ocho compañeros más en la Catedral Basílica Menor Inmaculada Concepción de Mérida.

         El 13 de diciembre de 2010, día de Santa Lucía, es ordenado Presbítero por imposición de manos y oración consecratoria de Mons. Baltazar Porras, Arzobispo de Mérida en la Basílica Menor Santa Lucía de Timotes. El Padre William manifestó estar muy agradecido con su pueblo por el amor al ministerio sacerdotal que demostraron.

         Fue muy significativo haber sido ordenado donde había recibido los demás sacramentos, siendo entonces para él la ordenación “ese momento cumbre para dar respuesta a Dios de esa llamada tan exigente”. Luego de su ordenación fue nombrado vicario parroquial de la parroquia Nuestra Señora de Regla de Tovar, desde septiembre de 2010 hasta septiembre de 2011, siendo párroco entonces el Padre Railí Guerrero.

         Para él fue una experiencia muy buena, porque aunque llegó sin conocer a nadie, poco a poco se fue familiarizando, y como Tovar es una parroquia tan concurrida, aprendió mucho a nivel sacramental, además como iban muchas personas buscando dirección espiritual, ese tipo de contacto con la gente le ayudaba y le exigía en su vida espiritual, sobre todo a aprender a escuchar.

         Luego fue enviado al Seminario y como el mismo manifiesta: “me esperaba el nombramiento al Seminario, pero no tan rápido, ya que me encaminaban desde mi formación a un futuro ministerio dedicado a esto”. El Padre William continúa su labor en el Seminario, de la que dice: “es la pastoral de pastorales, además es un honor para mí trabajar con algunos que fueron mis formadores como el Padre Juan de Dios Peña y el Padre Juan Rangel cjm”.

         La labor del Seminario, para el Padre William facilita y da oportunidad para que él se siga formando. Cabe resaltar que tuvo la oportunidad de participar en un diplomado de formadores durante el mes de julio de 2012. Desde ese mismo año fue nombrado Vicerrector del Seminario en la parte académica, además durante su labor en esta casa de formación siempre ha trabajado con la etapa de Filosofía.

         Una experiencia satisfactoria para el padre fue la Jornada Mundial de la Juventud, en Río de Janeiro en el año 2014, de la cual participó ya que “estar con tantas personas que comparten la misma fe es algo que lo llena a uno”.

         En estos últimos años fue designado director espiritual del Comitium de Nuestra Señora del Rosario, que es quien dirige parte de la Legión de María en la Arquidiócesis de Mérida, para el padre William, esta labor lo mantiene conectado con la realidad de la feligresía.

         “La dimensión o realidad del temor siempre está en nosotros como humanos que somos, no estamos exentos de ella, pero cada día alimento la convicción de que el Señor está conmigo, yo no sé qué me va a pedir a lo largo de la vida, lo que sí sé es que él va a estar conmigo”

P.A
García


[1] Gran parte de los datos obtenidos son de: Biografía: Pbro. William José Vásquez Toro. Autor: Seminarista Carlos Alberto Vivas Guerrero. Biblioteca Personal de S.E.R. Baltazar Enrique Cardenal Porras Cardozo, Palacio Arzobispal de Mérida. Manuscrito de Marzo de 2014, transcrito en su totalidad, corregido y citado en marzo de 2018 por Pedro Andrés García Barillas.

martes, 24 de abril de 2018

Homilía del Pbro. Argenis Zambrano, en la Misa de la Divina Pastora en La Playa

DIVINA PASTORA DE ALMAS

De izquierda a derecha: Pbro. Oscar Contreras, Pbro. Argenis Zambrano,
Mons. Luis Enrique Rojas, Pbro. Gerardo Ramírez y el Pbro. Antonio Viedma


       Queridos hermanos. Bienvenidos a esta santa Eucaristía que tiene varios motivos por los cuales nos congrega. Y a pesar de la cantidad de feligreses que hoy nos acompañan, y que muy bien pudiéramos decir que pudo celebrarse la misa a campo libre, como se ha venido celebrando estos días, sin embargo, tiene una razón específica, y es porque no hemos celebrado dentro de la iglesia una misa a la Divina Pastora.

       Por lo tanto es obligante celebrar esta misa del día de hoy dentro del templo. Y en medio de los grandes motivos que hoy nos congregan, porque hoy es el domingo, Día del Buen Pastor, aparte de esto, nos congrega también, en medio de lo que significa los sentimientos humanos, la verdad de la alegría, la efusión de la alegría por la presencia de la Pastora unida a su Pastor, que en estos días hemos tenido la alegría de compartir en todo el Valle del Mocotíes su presencia entre nosotros, pero que ya hoy vamos a tener que despedirla, para darle paso y oportunidad a otros pueblos, sobre todo para que retorne a su lugar donde ella habita, que es la ciudad de Barquisimeto y en concreto el Santuario de la Divina Pastora en la Parroquia Santa Rosa de Lima de Barquisimeto.

       Pero en todo caso, también nos congrega el motivo de esa jornada de oración con la cual nos ha convocado la Conferencia Episcopal para orar por Venezuela, para orar por nuestro país, y sobre todo para orar por los emigrantes, por los exiliados, y orar por todos aquellos que de una u otra forma han tenido que partir de nuestro país hacia otro lugar, buscando, pues, nuevos rumbos, nuevos horizontes y nuevas formas de vida, una mejor calidad de vida.

       Por lo tanto, quisiera comenzar por lo primero, y es esa reflexión sobre el Buen Pastor. De repente, en este ambiente tropical en el cual nos desenvolvemos, como que no está muy bien identificada la figura del pastor, o tal vez nos hace falta adentrarnos en la realidad de lo que es el pastor. El pastor, es en primer lugar aquel hombre que tiene que estar en el campo, aguardando sin horario ninguno el cuidado de las ovejas, y tiene que estar día y noche cuidando de sus ovejas, y eso tiene una razón: porque son grandes rebaños. No se trata de una oveja, no se trata de un grupito de ovejas, se trata de rebaños, y cuando hablamos de rebaños hablamos de grandes grupos, de grandes masas.

Por lo tanto, en medio de lo que significa el cuidado de todas las ovejas, eso evidentemente implica también el estar cerca de ellas, por una única razón: porque el pastor tiene que estar pendiente para que esas ovejas coman bien, para que esas ovejas se alimenten adecuadamente. Y por eso, el pastor bueno tiene que extender a mano hacia donde está la oveja, para poder darle los pastos abundantes para que ella pueda también saciar el hambre. Pero el pastor tiene que también cuidar de las ovejas, en el sentido de que tiene que conducirla hacia donde hay abundante agua para que ella pueda saciar la sed. Y entonces, en medio de lo que significa la labor de ese pastor, y no de cualquier pastor, sino del verdadero pastor, extendiendo la mano para que esa oveja coma, muchas de ellas se alimentan de la palma de su amo. Por tanto, el pastor, cuidando de que la oveja pueda alimentarse bien y saciar su sed también tiene que cuidar para que no venga el lobo y haga estragos en medio de ellas. Para que el lobo no venga y las confunda. Para que el lobo no se revista de oveja y entonces pueda producir en medio del rebaño, no solamente una deserción, sino que pueda producir una confusión en medio del rebaño, y entonces las espante y que las ovejas crezcan en esa estampida, muchas de ellas salen heridas, otras tantas salen muertas, otras tantas salgan con un gran dolor. Esa es la misión del pastor.

Comprendiendo entonces que el pastor tiene que estar día y noche cuidando de ese rebaño, ya podemos comprender por qué Jesús se atribuyó la figura del pastor y llegó a decir “yo soy el buen pasto, y el buen pastor da la vida por sus ovejas”. Pero hay otro detalle, podemos hablar del pastor, pero es que un pastor sin ovejas no es pastor, es necesario que esté el rebaño para que el pastor lo pueda cuidar.

Y hay que entender cuál es el significado de la oveja. Hay un elemento muy importante, y es que las ovejas son mansas, las ovejas no necesitan que las empujen, las ovejas no necesitan que las atropellen, las ovejas no necesitan que las griten, las ovejas simplemente conocen a su pastor, y cuando la oveja conoce al pastor entonces basta que el pastor la llame por su nombre, para que la oveja pueda reconocer la voz del pastor y entonces pueda obedecer y seguirlo, y no seguirlo por seguirlo, sino que la oveja sigue a su pastor porque ella confía plenamente en él, confía que no le va a producir ningún daño, confía que lo único que busca el pastor es que la oveja esté feliz. Siendo así, entonces, tenemos al verdadero y auténtico pastor que es Cristo Jesús. Y por eso el mismo Jesús dice “el buen pastor da la vida por su rebaño”, el buen pastor no lo hace como los asalariados, el asalariado no le importa absolutamente nada de las ovejas, porque simplemente él está allí para que le paguen por su trabajo. Por eso, aunque una persona esté al frente de un rebaño, no significa que sea un pastor, el verdadero pastor es el que no es un asalariado y al que le importan las ovejas. Por eso Jesús dice que a un asalariado no le importa el rebaño ni le importa las ovejas, porque a él lo único que le importa es que le paguen, está ahí por su salario, en definitiva, es un asalariado.

Ojalá, queridos hermanos, que hoy, en el día del Buen Pastor podamos comprender, no solamente quienes tenemos la responsabilidad de la conducción del Pueblo de Dios, todos quienes estamos al frente de la conducción del Pueblo de Dios tenemos que configurar nuestra vida a la vida de Jesucristo Buen Pastor, es la exhortación que hace el Vaticano II en la Constitución Lumen Gentium cuando dice: los pastores de la Iglesia deben configurar su vida a la vida de Jesucristo Buen Pastor. Es una exhortación que hace el Vaticano II, pero que es una exhortación que está dirigida a los pastores de la Iglesia, pero que no por menos está dirigida también a todo fiel cristiano y a todo fiel creyente.

Pero pastor no es solamente el obispo, pastor no es solamente el sacerdote, pastor es todo aquel que tiene en sus manos alguna responsabilidad en la conducción de la sociedad. Y hay que empezar entonces porque pastor es el padre de familia, y pastora es la madre de familia, porque tiene al frente un rebaño, tal vez un pequeño rebaño que son sus hijos y que son todos los que le rodean, pero que en definitiva es un pequeño rebaño y a ese rebaño hay que cuidar, para que el lobo no venga a hacer estragos en medio de él.

Pastor es aquel que tiene al frente cualquier responsabilidad en el orden civil, cuando tiene la responsabilidad de una corporación, la responsabilidad de algún organismo, de algún gremio, de alguna cooperativa, pero más aún quienes tiene en sus manos la responsabilidad de la conducción del ejercicio del gobierno y de la administración. Por eso, un buen gobernante y una persona que esté al frente de algún cargo en el orden de la administración ojalá y pudiera decirse que es un pastor y que está ahí no para golpear a nadie, no para llevarse a nadie por delante, sino que por el contrario, está ahí constituido para el servicio de ese pueblo y para servirle con fidelidad a ese pueblo, para no producir en él ni dolor, ni llanto, ni luto, para no producir en ese pueblo una estampida de tal forma que el rebaño tenga que dispersarse.

Queridos hermanos, hoy en el día del Buen Pastor, nos envía Jesús como el buen pastor al cuidado de sus ovejas para que cada uno de quienes tenemos esta responsabilidad lo asumamos con un carácter de servicio y sobre todo con un carácter de entrega generosa e incondicional. 

Queridos hermanos, qué coincidencia que frente a nosotros, en este día del Buen Pastor, nos hemos encontrado con la Pastora, y por eso decíamos el día de ayer que la advocación a la Divina Pastora es precisamente la devoción que más se asemeja a la figura de Jesús Buen Pastor, y por esa semejanza miramos en la Santísima Virgen, contemplamos en su imagen que su corono no es como nosotros tradicionalmente la conocemos, su corona constituye un sombrero, y un sombrero lo que hace es proteger de los rayos del sol, proteger de las gotas de la lluvia, y precisamente la Divina Pastora quiere que su sombrero nos proteja, lo decíamos ayer, nos proteja ante todo de la rabia, de la soberbia, nos proteja a nosotros de todo lo que significa el pensamiento, y que nuestras acciones vayan siempre dirigidas al bien.

Pero también quiere recordarnos el proteger nuestra memoria, nuestro entendimiento y nuestra voluntad, es decir, cuidar nuestra capacidad intelectiva que el Señor nos ha dado y que en definitiva constituye la razón de nuestro ser humano, es decir, la razón de nuestra dignidad humana. Y por eso, ese sombre quiere protegernos también de las ideologías, de cualquier pensamiento, de cualquier acción, pero fundamentalmente de todas aquellas ideologías y pensamientos que nos puedan aparatar del amor de Dios, que nos puedan apartar del camino del Evangelio, y que nos puedan apartar de todo lo bello, sobretodo de amar a Dios y amar al prójimo, y que entonces, si nos apartamos de ese camino lo único que vamos a encontrar es dolor, llanto y desesperación.

Hermanos, la Divina Pastora con su báculo en la mano, pero también mirando su rostro, lo único que vamos a encontrar es que ese cayado que ella lleva no es un cayado dirigido totalmente hacia arriba, no, es un cayado que está inclinado como es el cayado también de los obispos, que es expresión clara de que ese cayado es símbolo de gobierno, es símbolo de conducción, pero que no es un símbolo para gobernar llevándose a todos por delante, atropellando a nadie, no, es un cayado para dirigir al pueblo con el suave cayado de la dulzura, del amor, de la humildad, ese es el sentido que cobra el cayado que porta nuestra madre la Divina Pastora.

Y por eso, todas esas vestimentas que ella porta, al igual lo que ella porta en su manos, lo más grande, lo más nobel que ella nos puede dar, y es que en la otra mano porta a su hijo Jesús, es decir, el pastor y la pastora de unen en este día, no solamente por lo que significa el día, sino porque ella lo lleva en su mano, y aún más lo que decíamos ayer, porta en su mano a aquel que es el pan de la vida: “mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida”.

Por eso pues, queridos hermanos, el pastor no solamente conduce, el pastor no solamente guía, aún más, el pastor mismo se convierte en comida para sus ovejas, y de ahí viene el gran significado que tiene hoy esta celebración. El pastor no solamente extiende la mano para dar comida, la pastora no solamente extiende sus manos para darnos comida, ese mismo pastor se convierte en comida para el bien de sus ovejas. Qué hermoso, queridos hermanos, qué simbología tan grande y qué misterio tan grande el que nosotros hoy celebramos.

Por eso miremos a la Divina Pastora el día de hoy y pidámosle entonces por todo este rebaño venezolano, que en medio de las circunstancias que nos envuelven, podemos observar que es un rebaño que en estos últimos años ha estado en estampida, porque se ha producido mucha confusión, engaño, porque se han producido muchas situaciones que han traído como consecuencias tan lamentables y negativas como la división, el odio, el rencor.

Divina Pastora, aparta de nosotros todo mal. Divina Pastora reúne como una madre a todos tus hijos en esta hermosa tierra de Venezuela, y por eso en el día de hoy ofrecemos esta santa Eucaristía por todos aquellos hijos que han tenido que partir de esta tierra, unos buscando mejores condiciones de vida, porque el hombre requiere vivir, pero no vivir de cualquier manera, es vivir como verdaderamente corresponde a un ser humano, y eso es lo que muchos de nuestros hermanos, mirando, entonces, que no tienen las condiciones mínimas de vida en nuestro país, porque nuestro país no le ofrece esas condiciones, han emigrado hacia otros países buscando mejores condiciones de vida.

Peor aún es que muchos de ellos han tenido que emigrar prácticamente obligados, porque por la persecución y otras tantas veces el mismo miedo y el temor han tenido, entonces, que partir de este país. Y por eso nos colocamos a los pies de la Divina Pastora, para que todos los que quedamos en este país seamos fieles, y pidamos a Dios para que nosotros, los que somos pastores de la Iglesia, seamos fieles a ese rebaño que se nos ha encomendado, y para que los que quedamos en esta Patria grande y noble podamos levantar nuestra esperanza, porque la esperanza no defrauda, la esperanza está dentro de nosotros mismos y la esperanza forma parte de nuestra propia vida, la esperanza es parte de nuestra vida porque está dentro de nosotros, y si perdemos la esperanza lo perdemos todo, por eso tenemos que, a los pies de la Divina Pastora, poder entonces implorar también su misericordia, su perdón, pero también tenemos que implorar a los pies de la Divina Pastora para que nosotros, animados en esa esperanza, podamos un día no muy lejano, contemplar el clarear de un nuevo día, donde resplandezca fundamentalmente la verdad, donde nuestro pueblo no se deje guiar por tantos que los conducen al error. Que nuestro país pueda contemplar ese clarear de un nuevo día en la justicia,  en la verdad y en el amor. Eso es lo que hoy le pedimos a la Divina Pastora, para que nuestro país encuentre los caminos que lo puedan conducir hacia las verdes praderas del Reino de los Cielos, donde, como decíamos anteriormente, pueda encontrar abundantes pastos para calmar su hambre y por supuesto para calmar y saciar su sed. Amén.

Eucaristía celebrada en el Templo Parroquial de San Vicente Ferrer de La Playa el domingo 22 de abril de 2018, domingo del Buen Pastor. Texto íntegro de la homilía pronunciada por el Presbítero Argenis Zambrano, Cura Párroco de La Playa, transcrita por Pedro García.

P.A
García

martes, 17 de abril de 2018

La Iglesia Católica y la educación en Venezuela

¿Cuáles son los espacios en los que la Iglesia Católica venezolana puede trabajar para dignificar la vida humana en la actual crisis del país?

        
       La Iglesia puede y debe accionar en los diferentes espacios que le sea posible, sin embargo, he querido centrar la visión de este accionar eclesial desde la educación.

Hablar de humanización o dignificación es hablar de educación, es por eso que el Concilio Plenario de Venezuela, en su Documento Conciliar N° 12 intitulado “la Iglesia y la Educación”, al mencionar los actores educativos deja claro que “el propósito fundamental de toda educación es ayudar a cada ser humano a hacerse persona y miembro de una sociedad, es decir, a humanizarse y socializarse”, es por eso que, una solución, aunque a largo plazo, para salir de la actual crisis venezolana sería una educación cristiana y de excelencia, donde se integren a este trabajo en primer lugar los educandos, ya que “no siempre los educandos han sabido involucrarse en un compromiso social ni conocen suficientemente las orientaciones sociales de la Iglesia”. Un católico bien formado es clave para el futuro de la Iglesia, por eso es importante hacerle entender al mismo educando la valor incalculable de su educación y formación cristiana.

La familia, en segundo lugar, es un actor educativo de real importancia, ya que es en la familia donde hay una preocupación sobre “la salud física y emotiva de los hijos, por sus estudios, por inculcarles valores, por el mundo de relaciones que van estableciendo, por su formación religiosa”, sin embargo, cuando esto falta en las familias, como puede ser el caso de la inmensa mayoría de las familias venezolanas, es ahí donde la Iglesia ve la oportunidad para meter el Evangelio, de modo que se tenga una experiencia de Cristo, donde todos los de la casa sepan acogerse al amor y la voluntad de Dios.

En tercer lugar, la Iglesia debe dignificar la vida humana desde las escuelas, entendiendo que en la actualidad estas instituciones y la “educación en Venezuela, en general, no está pensada para la vida, ni para el trabajo, ni para las necesidades del país; y además carece de continuidad. La escuela venezolana no está formando ciudadanos con una firme conciencia cívica y democrática”, desde las escuelas católicas, y desde las pastorales educativas de cada diócesis debe hacerse frente a esta realidad, la Iglesia siempre ha sabido reconocerse como Madre y Maestra de la humanidad, animada con esto, debe impulsarse a una cristianización de la educación y así de las futuras generaciones.

En cuarto lugar están los educadores, y en el ámbito eclesial, “hay educadores católicos, que sienten poca valoración y hasta abandono por parte de las instancias de la Iglesia, y reclaman mayor atención a su labor, que es tan importante para llevar adelante una auténtica renovación de la sociedad desde la inspiración del Evangelio”. No podemos pensar en educadores mal remunerados, las políticas gubernamentales deben garantizar el pago del justo salario a los educadores, que a su vez sirve de incentivo, trayendo como consecuencia el éxito en su trabajo por parte de los docentes.

En quinto lugar está el Estado y los demás sectores gubernamentales, la Iglesia debe ser garante de que estos no caigan en la tentación de “intervenir, de forma politizada y desmedida en la educación, abarcando no sólo el sistema educativo, sino también la orientación de la sociedad en general”, es por eso que, la Iglesia actúa como árbitro con las políticas de gobiernos que se rigen por ideologías caducas e ineficientes. Para nadie es un secreto que la actual educación venezolana está siendo pisoteada por una línea de pensamiento contraria a la misma historia republicana, se han traicionado los auténticos valores bolivarianos en nombre de sí mismos.

En sexto lugar se encuentra la misma sociedad, reconocida como un compendio de “gran influjo en la orientación y resultado de la educación”, y sabiendo que es la Iglesia la primera en inmiscuirse en estos actores sociales, como los son los “medios de comunicación y las nuevas tecnologías que, por su fuerte incidencia en la determinación de aspiraciones y paradigmas, constituyen una inmensa posibilidad educativa”, aunado a esto está también “la calle”, entendida ésta como el “conjunto de interacciones del que forman parte los amigos, los modelos o ídolos de moda, los espacios reservados a niños, adolescentes y jóvenes, las diversiones y las formas de pasar el rato, así como los valores transmitidos vivencialmente por los adultos, las actividades y aspiraciones de las personas, el ambiente en las comunidades, las relaciones y el ambiente laboral en las empresas…”. Introducir a Dios en todas estas circunstancias en tarea expresa de la Iglesia y de sus agentes de pastoral.

El séptimo lugar, y no el menos importante, es para la Iglesia, que ha sabido actuar dentro del campo educativo, pero que seguirá siempre en la necesidad de aumentar su trabajo pastoral en sus “numerosos centros educativos tales como escuelas, centros y grupos juveniles, de capacitación, grupo de catequesis, movimientos juveniles y de educación popular, universidades…”. Si se quiere humanizar la sociedad venezolana, la Iglesia ve como medio y propuesta una “acción evangelizadora en la escuela católica, el compromiso educativo con los excluidos a través de respuestas alternativas, la enseñanza religiosa en las escuelas y su presencia en la educación superior.” Nótese cómo la terminología “educación popular” tiene su origen en el seno de la Iglesia, pero que con el correr de los años fue adoptada por el Estado, haciendo de esto su bandera educativa, pero que, torcidamente se alejó de su objetivo más genuino.

La Iglesia, debe actuar con presencia, con alternativas, con propuestas más que con soluciones, pues, estamos claros que, como Institución sólo podemos aportar ideas y sumar esfuerzos a una tarea que nos compete únicamente en cuanto a espacio para la evangelización.

P.A
García